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 INSTITUCIONES DE MICROFINANCIACION EN EL DESARROLLO DE MERCADOS FINANCIEROS

Desarrollo humano sustentable

Por Eva Terberger

Parte 3 /5

Tomado CEPAL Review, Nº 81 (LC/G.2216-P/E),
Santiago de Chile,
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
Diciembre, 2003

III

¿Vale la pena intentar que bancos con fines de lucro incorporen departamentos de microfinanciación?

Se han hecho intentos en tal sentido, y aunque algunos de los bancos comerciales involucrados eran estatales, existen efectivamente casos en que los bancos pertinentes eran privados y por lo tanto constituían ejemplos típicos de entidades con fines de lucro.

1. América Latina: un ensayo en Paraguay

El Programa Microglobal fue un proyecto bastante destacado de incorporación de departamentos de microfinanciación en entidades financieras, iniciado en Paraguay en 1995 con el financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).12 Participaron en él ocho instituciones, de las cuales sólo una era un banco estatal. Todas las demás eran entidades financieras privadas, conocidas como "financieras", y se habían especializado hasta entonces casi exclusivamente en créditos de consumo. En todas estas instituciones se creó un departamento de microcréditos con el apoyo de donantes que aportaron asistencia técnica. Se capacitó a los empleados que cumplirían funciones de oficiales de microcréditos para que pudieran otorgar préstamos individuales a microempresarios, utilizando la tecnología de microcréditos habitual: una evaluación cuidadosa de la capacidad de pago de los clientes, el otorgamiento de un crédito de corto plazo pagadero en cuotas, y una estrecha vigilancia de la disciplina de pago, seguidos de préstamos de más largo plazo o de mayor monto si el cliente resultaba ser confiable. Además, el donante ofrecía una línea de crédito, distribuida por un banco de segundo nivel, para financiar nuevos negocios. Sin embargo, esta línea de crédito no se otorgaba en condiciones concesionarias al banco prestador de primer nivel. La única ventaja de aceptarla era disponer de refinanciamiento a plazos algo mayores de los que podían obtenerse en el mercado financiero.

Hasta fines de 1996 cinco instituciones habían estado muy activas en el nuevo negocio: habían acumulado carteras de entre 0,5 y 6 millones de dólares y otorgado créditos por un promedio de 1.300 dólares con plazos medios de vencimiento de poco más de un año. Aunque el banco estatal era uno de esas cinco, tras dos años de iniciado el programa ya exhibía diferencias notables con las financieras privadas. El monto medio de los préstamos que había otorgado casi duplicaba el de dichas financieras (2.120 dólares en comparación con 1.000 dólares), el plazo de vencimiento era considerablemente más largo (22 meses en comparación con 12,5 meses) y la tasa de interés ascendía al 3,3% mensual, siendo menor que la de la institución privada más barata (4,8%) e inferior a la mitad de la que cobraba la financiera más cara (6,8% mensual).13 Estas cifras parecen indicar que el banco estatal tenía menos interés en generar utilidades, aunque hasta ese momento ninguna de las cinco instituciones había alcanzado el punto de equilibrio. Sin embargo, se informó que las dos más grandes se estaban acercando a la zona de rentabilidad.

Al finalizar el programa, en la primavera de 2001, las cuatro financieras privadas participantes estaban a punto de ser rentables. Las dos más grandes habían creado carteras de créditos entre 8 y 12 millones de dólares,14  lo que constituía una proporción significativa (25% y 70%) del volumen total de su cartera y generaba una parte importante de los beneficios (entre 75% y 60%). 15 Todas estas instituciones continuaron con el negocio de la microfinanciación, y en una de ellas los microcréditos constituyen la línea de negocios más importante, a tal punto que utiliza la siguiente consigna publicitaria: "La macrosolución para la microempresa".16 El monto medio de los préstamos se mantuvo en 1.000 dólares a lo largo del tiempo y, por lo tanto, es indudable que estas instituciones prestan servicios a microclientes. La tasa de interés real para los préstamos en moneda local llega hasta 60% anual, una cifra bastante alta si se considera que la inflación en Paraguay es inferior al 10%. No obstante, tasas así no son inusuales en el país.

Lo antedicho es una prueba clara de que es posible crear departamentos de microcréditos en las instituciones financieras con fines de lucro de América Latina y lograr plena sostenibilidad financiera. Por ende, las instituciones seguirán en esta actividad después de que se hayan eliminado los subsidios otorgados para ingresar al mercado. El caso paraguayo, sin embargo, puede no ser representativo de toda América Latina. Paraguay no es el único país donde se han llevado a cabo experiencias de este tipo. De hecho, el Programa Microglobal se aplicó en varios países y sin duda Paraguay fue uno de los casos más exitosos y probablemente sea el mejor ejemplo de un auténtico proceso de downscaling en América Latina.17

2. Europa oriental: el caso de Kazajstán

Pasando a otro continente y echando una mirada a Europa oriental, una especie de campo de pruebas para la innovación institucional en las microfinanzas, la historia de los proyectos dirigidos a establecer actividades de microfinanciación en los bancos comerciales privados es en general mucho más breve, pero cabe esperar que se estén desarrollando proyectos tipo comparables a las experiencias realizadas en Paraguay. El Programa de Pequeñas Empresas de Kazajstán, puesto en marcha en 1998 con el apoyo del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), puede ser un excelente ejemplo.18 Participaron siete bancos comerciales privados, o privatizados en 2001. Para fines de 2002, habían desarrollado una cartera de microcréditos de 73 millones de dólares. El promedio de los créditos otorgados es de 5.100 dólares y el saldo medio de las deudas asciende a 4.200 dólares. Estos valores son cuatro a cinco veces mayores que los del ejemplo paraguayo. No obstante, cabe aclarar que el monto medio de los préstamos habituales en todos los proyectos de microcréditos de Europa oriental es considerablemente mayor que en los de América Latina. Todavía no se puede decir mucho de la rentabilidad de estos departamentos de microcréditos, ya que los subsidios para el desarrollo institucional aún no se han eliminado y las cifras sobre la contribución a los beneficios no han sido publicadas. Sin embargo, en las entrevistas personales con ejecutivos de los bancos participantes, éstos expresaron su compromiso de largo plazo con el negocio de la microfinanciación, ya que las perspectivas comerciales son buenas. Además, el banco comercial más importante de Kazajstán (Kazkommertsbank) no sólo es uno de los bancos participantes sino que también ha desarrollado una de las carteras de microcréditos más importantes (16,9 millones de dólares). Estos son indicios bastante confiables de que la microfinanciación perdurará cuando los organismos donantes las dejen.

Sin embargo, cabe señalar que en Kazajstán hay claros indicios de que los microcréditos, especialmente los de montos más bajos, no parecen ser considerados por los bancos como el negocio más atractivo para asignar sus recursos propios. En primer lugar, la mayoría de los bancos prefiere los préstamos individuales medianos y grandes, otorgados en el marco del Programa para la Pequeña Empresa. Incluso, algunos bancos querrían que se elevara el límite superior de los créditos otorgados en virtud de ese programa. Los donantes que aportan los fondos, en cambio, tienen especial interés en que el programa llegue a los microclientes más pequeños. En segundo lugar, generalmente los empleados que han sido capacitados como oficiales de créditos en el Programa para la Pequeña Empresa suelen ser ascendidos por los bancos a otras funciones de mayor responsabilidad. Pareciera que las microfinanzas se aprecian porque el programa ofrece capacitación y transferencia de conocimientos, que tienen valor en sí mismos, aunque el negocio de los microcréditos propiamente dicho sea menos atractivo que las transacciones con clientes más importantes. Lo más probable es que la sangría de recursos humanos no se detenga hasta que los recursos escasos destinados a microfinanciación permitan generar la misma rentabilidad que otras líneas de negocios. Esto puede ocurrir en el futuro cercano, porque el sector financiero de Kazajstán se caracteriza por un elevado nivel de competencia.

Es indudable que Kazajstán reúne todas las condiciones necesarias para que el enfoque basado en la incorporación de las microfinanzas en bancos se convierta en un éxito resonante. Sin embargo, al igual que en América Latina, no todos los proyectos de este tipo en Europa oriental están dando resultados igualmente buenos. Después de un comienzo relativamente lento, el de Ucrania parece tan promisorio como el de Kazajstán. El proyecto de Rusia, el más antiguo de Europa oriental, se inició en 1994 pero sufrió los graves embates de la crisis financiera rusa. Ésta no sólo afectó la calidad de la cartera de créditos, sino que llevó a la insolvencia a varios bancos participantes. Sólo quedó en pie uno de ellos, cuya estructura jurídica es la de una sociedad accionaria en la que el principal accionista es el gobierno y que, en consecuencia, no puede clasificarse como una verdadera institución con fines de lucro. Existen varios otros proyectos, como los de Armenia, Macedonia y Rumania, pero son demasiado recientes como para permitir un pronóstico, o son menos prometedores que el de Kazajstán.

Si bien la información presentada se reduce a dos ejemplos bastante exitosos, es posible extraer algunas conclusiones preliminares sobre las posibilidades de crear departamentos de microfinanciación en instituciones financieras con fines de lucro:

  • Existen ejemplos exitosos, pero (todavía) son pocos.

  • Esos ejemplos exitosos tienen en común las siguientes características:

    • El mercado financiero en los dos países considerados es muy competitivo y las instituciones con fines de lucro existentes siempre están buscando nuevos negocios.

    • El mercado financiero para microclientes no está bien cubierto por las instituciones sin fines de lucro existentes, que ofrecen el mismo producto pero que tienen la ventaja comparativa de ser, precisamente, sin fines de lucro.

En resumen, es posible realizar actividades de microfinanciación a través de las instituciones con fines de lucro, pero hasta ahora las experiencias exitosas no permiten inferir que se haya iniciado la era de la microfinanciación comercial.19


Notas


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