III
¿Vale la pena intentar que bancos con fines de lucro
incorporen departamentos de microfinanciación?
Se han hecho intentos en tal sentido, y aunque algunos de
los bancos comerciales involucrados eran estatales, existen efectivamente
casos en que los bancos pertinentes eran privados y por lo tanto constituían
ejemplos típicos de entidades con fines de lucro.
1. América Latina: un ensayo en Paraguay
El Programa Microglobal fue un proyecto bastante destacado
de incorporación de departamentos de microfinanciación en entidades
financieras, iniciado en Paraguay en 1995 con el financiamiento del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID).12
Participaron en él ocho instituciones, de las cuales sólo una era un banco
estatal. Todas las demás eran entidades financieras privadas, conocidas como
"financieras", y se habían especializado hasta entonces casi exclusivamente
en créditos de consumo. En todas estas instituciones se creó un departamento
de microcréditos con el apoyo de donantes que aportaron asistencia técnica.
Se capacitó a los empleados que cumplirían funciones de oficiales de
microcréditos para que pudieran otorgar préstamos individuales a
microempresarios, utilizando la tecnología de microcréditos habitual: una
evaluación cuidadosa de la capacidad de pago de los clientes, el
otorgamiento de un crédito de corto plazo pagadero en cuotas, y una estrecha
vigilancia de la disciplina de pago, seguidos de préstamos de más largo
plazo o de mayor monto si el cliente resultaba ser confiable. Además, el
donante ofrecía una línea de crédito, distribuida por un banco de segundo
nivel, para financiar nuevos negocios. Sin embargo, esta línea de crédito no
se otorgaba en condiciones concesionarias al banco prestador de primer
nivel. La única ventaja de aceptarla era disponer de refinanciamiento a
plazos algo mayores de los que podían obtenerse en el mercado financiero.
Hasta fines de 1996 cinco instituciones habían estado muy
activas en el nuevo negocio: habían acumulado carteras de entre 0,5 y 6
millones de dólares y otorgado créditos por un promedio de 1.300 dólares con
plazos medios de vencimiento de poco más de un año. Aunque el banco estatal
era uno de esas cinco, tras dos años de iniciado el programa ya exhibía
diferencias notables con las financieras privadas. El monto medio de los
préstamos que había otorgado casi duplicaba el de dichas financieras (2.120
dólares en comparación con 1.000 dólares), el plazo de vencimiento era
considerablemente más largo (22 meses en comparación con 12,5 meses) y la
tasa de interés ascendía al 3,3% mensual, siendo menor que la de la
institución privada más barata (4,8%) e inferior a la mitad de la que
cobraba la financiera más cara (6,8% mensual).13
Estas cifras parecen indicar que el banco estatal tenía menos interés en
generar utilidades, aunque hasta ese momento ninguna de las cinco
instituciones había alcanzado el punto de equilibrio. Sin embargo, se
informó que las dos más grandes se estaban acercando a la zona de
rentabilidad.
Al finalizar el programa, en la primavera de 2001, las
cuatro financieras privadas participantes estaban a punto de ser rentables.
Las dos más grandes habían creado carteras de créditos entre 8 y 12 millones
de dólares,14
lo que constituía una proporción significativa (25% y 70%) del
volumen total de su cartera y generaba una parte importante de los
beneficios (entre 75% y 60%).
15 Todas estas instituciones
continuaron con el negocio de la
microfinanciación, y en una de ellas los microcréditos constituyen la línea
de negocios más importante, a tal punto que utiliza la siguiente consigna
publicitaria: "La macrosolución para la microempresa".16
El monto medio de los préstamos se mantuvo en 1.000 dólares a lo
largo del tiempo y, por lo tanto, es indudable que estas instituciones
prestan servicios a microclientes. La tasa de interés real para los
préstamos en moneda local llega hasta 60% anual, una cifra bastante alta si
se considera que la inflación en Paraguay es inferior al 10%. No obstante,
tasas así no son inusuales en el país.
Lo antedicho es una prueba clara de que es posible crear
departamentos de microcréditos en las instituciones financieras con fines de
lucro de América Latina y lograr plena sostenibilidad financiera. Por ende,
las instituciones seguirán en esta actividad después de que se hayan
eliminado los subsidios otorgados para ingresar al mercado. El caso
paraguayo, sin embargo, puede no ser representativo de toda América Latina.
Paraguay no es el único país donde se han llevado a cabo experiencias de
este tipo. De hecho, el Programa Microglobal se aplicó en varios países y
sin duda Paraguay fue uno de los casos más exitosos y probablemente sea el
mejor ejemplo de un auténtico proceso de downscaling en América
Latina.17
2. Europa oriental: el caso de Kazajstán
Pasando a otro continente y echando una mirada a Europa
oriental, una especie de campo de pruebas para la innovación institucional
en las microfinanzas, la historia de los proyectos dirigidos a establecer
actividades de microfinanciación en los bancos comerciales privados es en
general mucho más breve, pero cabe esperar que se estén desarrollando
proyectos tipo comparables a las experiencias realizadas en Paraguay. El
Programa de Pequeñas Empresas de Kazajstán, puesto en marcha en 1998 con el
apoyo del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), puede ser un
excelente ejemplo.18
Participaron siete bancos comerciales privados, o privatizados en
2001. Para fines de 2002, habían desarrollado una cartera de microcréditos
de 73 millones de dólares. El promedio de los créditos otorgados es de 5.100
dólares y el saldo medio de las deudas asciende a 4.200 dólares. Estos
valores son cuatro a cinco veces mayores que los del ejemplo paraguayo. No
obstante, cabe aclarar que el monto medio de los préstamos habituales en
todos los proyectos de microcréditos de Europa oriental es considerablemente
mayor que en los de América Latina. Todavía no se puede decir mucho de la
rentabilidad de estos departamentos de microcréditos, ya que los subsidios
para el desarrollo institucional aún no se han eliminado y las cifras sobre
la contribución a los beneficios no han sido publicadas. Sin embargo, en las
entrevistas personales con ejecutivos de los bancos participantes, éstos
expresaron su compromiso de largo plazo con el negocio de la
microfinanciación, ya que las perspectivas comerciales son buenas. Además,
el banco comercial más importante de Kazajstán (Kazkommertsbank) no
sólo es uno de los bancos participantes sino que también ha desarrollado una
de las carteras de microcréditos más importantes (16,9 millones de dólares).
Estos son indicios bastante confiables de que la microfinanciación perdurará
cuando los organismos donantes las dejen.
Sin embargo, cabe señalar que en Kazajstán hay claros
indicios de que los microcréditos, especialmente los de montos más bajos, no
parecen ser considerados por los bancos como el negocio más atractivo para
asignar sus recursos propios. En primer lugar, la mayoría de los bancos
prefiere los préstamos individuales medianos y grandes, otorgados en el
marco del Programa para la Pequeña Empresa. Incluso, algunos bancos querrían
que se elevara el límite superior de los créditos otorgados en virtud de ese
programa. Los donantes que aportan los fondos, en cambio, tienen especial
interés en que el programa llegue a los microclientes más pequeños. En
segundo lugar, generalmente los empleados que han sido capacitados como
oficiales de créditos en el Programa para la Pequeña Empresa suelen ser
ascendidos por los bancos a otras funciones de mayor responsabilidad.
Pareciera que las microfinanzas se aprecian porque el programa ofrece
capacitación y transferencia de conocimientos, que tienen valor en sí
mismos, aunque el negocio de los microcréditos propiamente dicho sea menos
atractivo que las transacciones con clientes más importantes. Lo más
probable es que la sangría de recursos humanos no se detenga hasta que los
recursos escasos destinados a microfinanciación permitan generar la misma
rentabilidad que otras líneas de negocios. Esto puede ocurrir en el futuro
cercano, porque el sector financiero de Kazajstán se caracteriza por un
elevado nivel de competencia.
Es indudable que Kazajstán reúne todas las condiciones
necesarias para que el enfoque basado en la incorporación de las
microfinanzas en bancos se convierta en un éxito resonante. Sin embargo, al
igual que en América Latina, no todos los proyectos de este tipo en Europa
oriental están dando resultados igualmente buenos. Después de un comienzo
relativamente lento, el de Ucrania parece tan promisorio como el de
Kazajstán. El proyecto de Rusia, el más antiguo de Europa oriental, se
inició en 1994 pero sufrió los graves embates de la crisis financiera rusa.
Ésta no sólo afectó la calidad de la cartera de créditos, sino que llevó a
la insolvencia a varios bancos participantes. Sólo quedó en pie uno de
ellos, cuya estructura jurídica es la de una sociedad accionaria en la que
el principal accionista es el gobierno y que, en consecuencia, no puede
clasificarse como una verdadera institución con fines de lucro. Existen
varios otros proyectos, como los de Armenia, Macedonia y Rumania, pero son
demasiado recientes como para permitir un pronóstico, o son menos
prometedores que el de Kazajstán.
Si bien la información presentada se reduce a dos ejemplos
bastante exitosos, es posible extraer algunas conclusiones preliminares
sobre las posibilidades de crear departamentos de microfinanciación en
instituciones financieras con fines de lucro:
-
Existen ejemplos exitosos, pero (todavía) son pocos.
-
Esos ejemplos exitosos tienen en común las siguientes
características:
-
El mercado financiero en los dos países considerados es
muy competitivo y las instituciones con fines de lucro existentes
siempre están buscando nuevos negocios.
-
El mercado financiero para microclientes no está bien
cubierto por las instituciones sin fines de lucro existentes, que
ofrecen el mismo producto pero que tienen la ventaja comparativa de ser,
precisamente, sin fines de lucro.
En resumen, es posible realizar actividades de
microfinanciación a través de las instituciones con fines de lucro, pero
hasta ahora las experiencias exitosas no permiten inferir que se haya
iniciado la era de la microfinanciación comercial.19
Notas