La Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la
Globalización fue instituida por la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) en febrero de 2002. La Comisión fue un organismo independiente creado
para dar respuesta a las necesidades de las personas que resultan de los
cambios sin precedentes que la globalización provoca en sus vidas, sus
familias y en la sociedad donde viven.
La Comisión estudió las distintas facetas de la globalización, la diversidad
de las percepciones de la opinión pública acerca del proceso y sus
repercusiones en el progreso económico y social. Además, buscó nuevos
métodos que permiten combinar objetivos económicos, sociales y
medioambientales teniendo en cuenta los conocimientos existentes en el mundo
entero. Al formular sus recomendaciones, la Comisión trató de fundamentarlas
en un amplio consenso de opinión entre todos los principales actores. El
informe final de la Comisión ha sido publicado en febrero de 2004.
La globalización es uno de los asuntos que más intensamente
se debaten en las agendas políticas del presente. Asimismo, el debate tiende
a fragmentarse, pues las opiniones frecuentemente se polarizan según
criterios políticos o geográficos. Algunos culpan a la globalización de
agudizar el desempleo y la pobreza, otros opinan que es el medio de
solucionar esos problemas. La atención general y la investigación se
concentran en los mercados y en las ganancias o pérdidas económicas que
reportan, en lugar de concentrarse en los efectos de la globalización en la
vida y el trabajo de las personas, su familia y la sociedad a la que
pertenecen.
La falta de consenso dificulta la elaboración de políticas en el plano
nacional e internacional. Como consecuencia del enfoque inadecuado del
aspecto humano de la globalización, no existe una buena comprensión de las
fuerzas que impulsan los cambios ni de la forma en que las personas
reaccionan ante ellas. Sin embargo, esa comprensión es necesaria para
elaborar políticas que constituyan respuestas adecuadas.
Habida cuenta de estos antecedentes, en febrero de 2002, la Organización
Internacional del Trabajo constituyó la Comisión Mundial sobre la Dimensión
Social de la Globalización. Se trató de un organismo independiente que se
propuso lograr que el debate pasara del enfrentamiento al diálogo y, de esta
manera, preparar las condiciones para la acción. ¿Por qué medios los
beneficios de la globalización podrían alcanzar a un mayor número de
personas?
La Comisión exploró métodos nuevos y de acción duradera para combinar
objetivos económicos, sociales y medioambientales con el fin de que la
globalización sea útil para todos. Mediante la utilización de los mejores
conocimientos existentes, al formular sus recomendaciones se basaran en un
amplio consenso de opinión entre los principales actores interesados. El
informe final de la Comisión fue publicado en febrero de 2004.
La Comisión fue financiada principalmente por el presupuesto ordinario de la
OIT.
Introducción
Nuestro cometido, la dimensión social de la
globalización, es un tema complejo y de gran alcance. En nuestra Comisión,
estaban representados en términos generales los distintos actores e
intereses contrapuestos que existen en el mundo real. Copresidida por dos
Jefes de Estado en ejercicio, un hombre y una mujer, la una del Norte y el
otro del Sur,1
integraron la Comisión miembros procedentes de países de
distintas partes del mundo, en todas las etapas de desarrollo, y
pertenecientes a muy diversos ámbitos: gobiernos, clase política,
parlamentos, empresas y compañías multinacionales, organizaciones de
trabajadores, círculos universitarios y sociedad civil.2
Sin embargo, gracias a nuestro propósito común, llegamos
a los acuerdos compartidos que tienen ante sí. Como documento colectivo, el
informe difiere bastante del que cada uno de nosotros habría escrito a
título individual, pero la experiencia nos ha demostrado la utilidad y el
poder del diálogo como instrumento de cambio. Escuchando paciente y
respetuosamente las distintas opiniones e intereses, hemos podido encontrar
un terreno de entendimiento.
Nos estimuló el hecho de saber que era urgente adoptar
medidas para crear un proceso de globalización justo e integrador. La única
manera de llegar a lograrlo era mediante acuerdos entre una gran diversidad
de actores respecto de la línea de acción. Estamos convencidos de que
nuestra experiencia puede y debe reproducirse a mayor escala, a fin de dar
más espacio al diálogo que trata de lograr un consenso para actuar.
Una visión del cambio
El debate público sobre la globalización se encuentra en
un punto muerto. Las opiniones se reducen a las certezas ideológicas de
posiciones conocidas, y se fragmentan en distintos intereses específicos. La
voluntad de lograr un consenso no es firme .Se han estancado las
negociaciones internacionales clave, y es frecuente que no se respeten los
compromisos internacionales en materia de desarrollo.
El informe que tienen ante sí no ofrece soluciones
milagrosas ni sencillas, porque no existen. Sin embargo, con él se intenta
contribuir a acabar con la actual situación de parálisis, centrándose en las
preocupaciones y aspiraciones de la gente y en las distintas maneras de
aprovechar mejor las posibilidades que brinda la propia globalización.
Nuestro mensaje, crítico y positivo a la vez, aspira a
cambiar el curso actual de la globalización. Consideramos que los beneficios
de la globalización pueden llegar a más personas y repartirse mejor entre
los países y dentro de ellos, permitiendo que muchas más personas puedan
influir sobre su curso. Los recursos y medios necesarios existen. Los países
en desarrollo deberían contar con una mayor representación en los órganos de
toma de decisiones de las instituciones de Bretton Woods, mientras que la
OMC debería prever en sus métodos de trabajo disposiciones para la
participación plena y efectiva de dichos países en sus negociaciones.
Debería darse más protagonismo a los actores no estatales,
especialmente a las organizaciones representativas de los pobres.
Debería fortalecerse la contribución a la dimensión
social de la globalización que hacen las empresas, los sindicatos y las
organizaciones de la sociedad civil y las redes de conocimiento y de
promoción.
Los medios de comunicación responsables pueden desempeñar
un papel fundamental a la hora de facilitar el impulso hacia una
globalización más justa e integradora. Una opinión pública bien informada
acerca de las cuestiones que se plantean en este informe resulta esencial
para respaldar el cambio. Así pues, las políticas han de subrayar en todo el
mundo la importancia de la diversidad de los flujos de información y
comunicación.
Movilización para el cambio
Creemos que un diálogo de amplia base acerca de nuestras
recomendaciones — especialmente sobre cuestiones que no se están tratando
actualmente en el programa global — es un primer paso fundamental a efectos
de la movilización para el cambio. Es indispensable que dicho diálogo
comience en el ámbito nacional, con el fin de sentar las bases para el
consenso y la voluntad política que se necesitan.
Al mismo tiempo, el sistema multilateral tiene que
desempeñar un papel crucial en la introducción de reformas a escala global.
Proponemos una nueva herramienta práctica para mejorar la calidad de la
coordinación de las políticas entre las organizaciones internacionales en lo
que respecta a aquellas cuestiones en las que sus mandatos se entrecruzan y
sus políticas interactúan. Las organizaciones internacionales competentes
deberían adoptar iniciativas de coherencia política, enfocadas a la
elaboración de políticas más equilibradas que permitan lograr una
globalización justa e integradora. El objetivo sería elaborar de forma
progresiva propuestas de política integradas que armonicen de forma adecuada
las inquietudes de orden económico, social y medioambiental que se plantean
respecto de cuestiones específicas. La primera de estas iniciativas debería
abordar la cuestión del crecimiento global ,la inversión y la creación de
empleo, y en ella deberían participar los organismos competentes de las
Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI),
la OMC y la OIT. Otras esferas prioritarias para iniciativas similares
serían la igualdad de género y la emancipación de la mujer; la educación; la
salud; la seguridad alimentaria, y los asentamientos humanos.
Las organizaciones internacionales competentes deberían
organizar por su parte una serie de diálogos sobre la elaboración de
políticas que impliquen a múltiples participantes, con el fin de seguir
examinando y formulando propuestas políticas fundamentales, tales como la
creación de un marco multilateral para el desplazamiento transfronterizo de
personas, la configuración de un marco de desarrollo para las IED, el
fortalecimiento de la protección social en la economía global y el
establecimiento de nuevas modalidades de rendición de cuentas para las
organizaciones internacionales.
Las Naciones Unidas y sus organismos especializados
deberían organizar un foro sobre políticas de globalización, con el fin de
examinar de forma periódica y sistemática las repercusiones sociales de la
globalización. Las organizaciones participantes podrían publicar con
carácter periódico un «Informe sobre el estado de la globalización».
En nuestras propuestas instamos a una participación más
amplia y democrática de las personas y de los países en la elaboración de
las políticas que les afectan, y también exigimos a quienes tienen la
capacidad y el poder de decisión — los gobiernos, los parlamentos, las
empresas, los sindicatos, la sociedad civil y las organizaciones
internacionales — que asuman su responsabilidad común en lo que respecta a
la promoción de una comunidad global libre, equitativa y productiva.
Nuestras propuestas son ambiciosas pero viables. Estamos
seguros de que es posible lograr un mundo mejor.
Deseamos un proceso de globalización dotado de una fuerte
dimensión social, basada en valores universales compartidos y en el respeto
de los derechos humanos y la dignidad de la persona; una globalización
justa, integradora, gobernada democráticamente y que ofrezca oportunidades y
beneficios tangibles a todos los países y a todas las personas.
Para ello, solicitamos lo siguiente:
- Un enfoque centrado en las personas.
La piedra angular de una
globalización más justa es la satisfacción de las demandas de todas las
personas en lo que atañe al respeto de sus derechos, su identidad cultural
y autonomía; al trabajo decente, y a la plena implicación de las
comunidades locales en las que viven. La igualdad de género es
indispensable.
- Un estado democrático y eficaz.
El Estado debe ser capaz de
gestionar su integración en la economía global, así como de proporcionar
oportunidades sociales y económicas y seguridad.
- Un desarrollo sostenible
. La búsqueda de una globalización justa
debe sustentarse en los pilares, interdependientes y que se refuerzan
mutuamente, del desarrollo económico y social de la protección
medioambiental a escala local, nacional, regional y mundial.
- Mercados productivos y equitativos.
Para ello es preciso disponer
de instituciones coherentes, que promuevan oportunidades y promocionen
empresas en una economía de mercado que funcione adecuadamente.
- Reglas justas.
Las reglas de la economía global deben ofrecer a
todos los países igualdad de oportunidades y de acceso,así como reconocer
las diferencias en cuanto a las capacidades y necesidades de desarrollo de
cada país.
- Una globalización solidaria.
Hay una responsabilidad compartida en
cuanto a la prestación de asistencia a los países e individuos excluidos o
desfavorecidos por la globalización. Esta última debe contribuir a
remediar las desigualdades que existen entre los países y dentro de ellos,
y a erradicar la pobreza.
- Una mayor responsabilidad ante las personas.
Los actores públicos
y privados de todas las categorías que disponen de capacidad para influir
sobre los resultados de la globalización deben ser democráticamente
responsables de las políticas que aplican y de las medidas que adoptan.
Asimismo, tienen que cumplir sus compromisos y utilizar su poder
respetando a los demás.
- Asociaciones más comprometidas.
Son numerosos los actores que
intervienen en la realización de los objetivos sociales y económicos
globales, por ejemplo las organizaciones internacionales, los gobiernos y
los parlamentos, las empresas, los sindicatos, la sociedad civil y otros
muchos El diálogo y la asociación entre ellos representan un instrumento
democrático fundamental para crear un mundo mejor.
- Unas Naciones Unidas eficaces.
Un sistema multilateral más sólido
y eficaz es un instrumento indispensable para establecer un marco
democrático, legítimo y coherente para la globalización.
La globalización y sus efectos
La globalización ha puesto en marcha un proceso de cambio
de gran alcance que afecta a todos. Las nuevas tecnologías, asentadas en
políticas de mayor apertura, han creado un mundo más interrelacionado que
nunca. Ello no sólo entraña una mayor interdependencia en las relaciones
económicas — el comercio, la inversión, las finanzas y la organización de la
producción a escala global —, sino también una interacción social y política
entre organizaciones y personas de todo el mundo.
Los beneficios que pueden obtenerse son inmensos. La
creciente posibilidad de interconexión entre las personas de todo el mundo
está favoreciendo la constatación de que todos pertenecemos a una misma
comunidad global. Este naciente sentido de interdependencia, de compromiso
con valores universales compartidos y de solidaridad entre los habitantes de
todo el planeta puede aprovecharse para cimentar una gobernanza global
abierta y democrática que beneficie a todos. La economía de mercado global
ha puesto de manifiesto una gran capacidad productiva. Gestionada con
acierto, puede dar lugar a progresos sustanciales y sin precedentes, crear
puestos de trabajo más productivos y mejores para todos, y contribuir de
manera importante a la lucha contra la pobreza en el mundo.
Sin embargo, también somos conscientes de lo mucho que nos
queda por hacer para que esta posibilidad se convierta en realidad. El
actual proceso de globalización está produciendo resultados desiguales entre
los países y dentro de ellos. Se está creando riqueza, pero son demasiados
los países y las personas que no participan de los beneficios y a los que
apenas se tiene en cuenta, o se ignora totalmente, a la hora de configurar
el proceso. Para una gran mayoría de mujeres y hombres, la globalización no
ha sido capaz de satisfacer sus aspiraciones sencillas y legítimas de lograr
un trabajo decente y un futuro mejor para sus hijos.
Muchos de ellos viven en el limbo de la economía
informal, sin derechos reconocidos y en países pobres que subsisten de forma
precaria y al margen de la economía global. Incluso en los países con buenos
resultados económicos hay trabajadores y comunidades que se han visto
perjudicados por la globalización. Entre tanto, la revolución de las
comunicaciones globales acentúa la conciencia de que esas disparidades
existen.
Notas
[1]
S.E. Tarja Halonen
,
Presidenta de la República de Finlandia y
S.E Benjamin Mkapa,
Presidente de la República Unida de Tanzanía
[2]
Ver lista de miembros de la Comisión