Una estrategia para el cambio
Esas
desigualdades globales son inaceptables desde el punto de vista moral e
insostenibles desde el punto de vista político. Lo que se necesita para
cambiar esta situación no es lanzarse a poner en práctica un plan utópico,
sino realizar una serie de cambios coordinados de diversa índole, que van
desde la reforma de ciertas partes del sistema económico global hasta el
reforzamiento de la gobernanza a escala local. Todo ello debe y puede
conseguirse en el contexto de economías y sociedades abiertas. Aunque los
intereses difieren, creemos que existe en todo el mundo una opinión que
coincide cada vez más acerca de la necesidad de un proceso de globalización
que sea justo e integrador.
Para conseguirlo, hemos formulado un amplio conjunto de
recomendaciones. Si se cuenta con la voluntad política necesaria, se pueden
adoptar medidas inmediatas con respecto a algunas cuestiones comerciales y
financieras que han sido objeto de largas negociaciones multilaterales y de
discusiones en los círculos políticos. La línea de acción que debe seguirse
con respecto a esas cuestiones está clara, pero algunos de los principales
actores todavía no han tomado conciencia de la urgente necesidad del cambio.
A este respecto, para poder llevar adelante las propuestas, resultan
esenciales una promoción continua y una opinión pública más decidida.
También serán importantes las actividades de promoción destinadas a preparar
el terreno para examinar nuevas cuestiones. Sin embargo, en lo que atañe a
esas nuevas cuestiones, como son el desarrollo de un marco multilateral para
los movimientos transfronterizos de personas o la rendición de cuentas de
las organizaciones internacionales, el principal impulsor de la decisión de
actuar ha de ser un diálogo de amplia base entre los actores estatales y no
estatales. De ese modo se podrá llegar a un consenso y a una decisión
respecto de lo que debe hacerse, cómo debe hacerse y quién debe hacerlo.
La gobernanza de la globalización
Consideramos que los problemas que hemos descrito no se
deben a la globalización en sí, sino a deficiencias en su gobernanza. Los
mercados globales han crecido rápidamente y sin un desarrollo paralelo de
las instituciones económicas y sociales necesarias para que éstos funcionen
de forma fluida y equitativa. Al mismo tiempo, causan preocupación la falta
de equidad de las reglas globales clave en materia de comercio y finanzas y
sus repercusiones desiguales para los países ricos y los países pobres.
Otro motivo de inquietud es la incapacidad de las políticas
internacionales actuales para dar respuesta a los desafíos que plantea la
globalización. Las medidas de apertura de los mercados y las consideraciones
financieras y económicas prevalecen sobre las consideraciones sociales. La
asistencia oficial para el desarrollo (AOD) no alcanza ni siquiera la
cuantía mínima necesaria para lograr los Objetivos de Desarrollo para el
Milenio (ODM) y hacer frente a los crecientes problemas globales. Tampoco
resulta eficaz el sistema multilateral encargado de concebir y aplicar
políticas internacionales. Adolece en general de falta de coherencia
política y no es lo suficientemente democrático, transparente y responsable.
Esas reglas y políticas son consecuencia de un sistema de
gobernanza global configurado en gran medida por países y actores poderosos.
Hay un grave déficit democrático en los propios fundamentos del sistema. La
mayoría de los países en desarrollo sigue teniendo poca influencia en las
negociaciones globales sobre las reglas y en la determinación de las
políticas de las instituciones financieras y económicas clave. Del mismo
modo, los trabajadores y los pobres apenas son tenidos en cuenta, o no lo
son en absoluto, en este proceso de gobernanza.
Empezar por la propia casa
Existe pues una amplia gama de cuestiones que debe abordarse
en el plano global, pero no bastará con abordarla. La gobernanza global no
es una esfera inalcanzable y abstracta. Se trata simplemente de la cúspide
de una red de gobernanza que va ascendiendo desde el plano local. El
comportamiento de los Estados nación como actores mundiales es el factor
fundamental para determinar la calidad de la gobernanza global. Su nivel de
compromiso con el multilateralismo, los valores universales y los objetivos
comunes, su grado de sensibilidad respecto de las repercusiones
transfronterizas de sus políticas, y la importancia que conceden a la
solidaridad mundial son otros tantos factores cruciales para determinar la
calidad de la gobernanza global. Al mismo tiempo, su manera de gestionar los
asuntos internos influye sobre la medida en que las personas se beneficiarán
de la globalización y quedarán protegidas contra sus efectos adversos. En
este importante sentido, puede decirse que la respuesta a la globalización
empieza por la propia casa, lo que pone de
manifiesto el hecho simple y a la vez crucial de que, dentro de cada nación,
la vida de las personas se desarrolla en la esfera local.
Por consiguiente, nuestro análisis tiene su fundamento en el
plano nacional. Como es evidente, no pretendemos formular recomendaciones
concretas para la enorme variedad de países que hay en el mundo, sino
establecer objetivos y principios generales que sirvan de guía para que las
políticas aborden de manera más eficaz la dimensión social de la
globalización, reconociendo plenamente que la aplicación de las mismas debe
responder a las necesidades y a la situación específicas de cada país. Desde
esa perspectiva ,es obvio que la gobernanza nacional debe mejorarse en todos
los países, aunque en unos de manera más radical que en otros. Hay un amplio
acuerdo internacional en cuanto a los elementos fundamentales por los que
todos debemos luchar con urgencia, a saber:
- una buena gobernanza política, basada en un sistema político
democrático, el respeto de los derechos humanos, el imperio de la ley y la
justicia social;
- un Estado eficaz, que garantice un crecimiento económico alto y
estable, proporcione bienes públicos y protección social, potencie las
capacidades de las personas mediante el acceso universal a la educación y
a otros servicios sociales, y promueva la igualdad de género;
- una sociedad civil dinámica, que disponga de libertad de asociación y
de expresión, y que refleje y exprese toda la diversidad de opiniones e
intereses. También resulta fundamental la existencia de organizaciones que
representen los intereses públicos ,a los pobres y a otros grupos
desfavorecidos, para garantizar así una gobernanza participativa y
socialmente justa, y
- la existencia de sólidas organizaciones representativas de los
trabajadores y de los empleadores resulta esencial para que se establezca
un diálogo social fructífero.
Se debe conceder la máxima prioridad a las políticas
destinadas a responder a la aspiración fundamental de mujeres y hombres al
trabajo decente, aumentar la productividad de la economía informal e
integrarla en la corriente económica principal y mejorar la competitividad
de las empresas y las economías.
Las políticas deben dedicarse directamente a satisfacer las
necesidades de la gente en los lugares en que ésta vive y trabaja. Por
tanto, resulta indispensable reforzar las comunidades locales delegándoles
poder y recursos, fortaleciendo las capacidades económicas locales y la
identidad cultural, y respetando los derechos de los pueblos indígenas y
tribales.
Los Estados nación también deberían reforzar la cooperación
regional y subregional como instrumento fundamental para el desarrollo y
para lograr una mayor participación en la gobernanza de la globalización.
Además, deberían potenciar la dimensión social de la integración regional.
Reforma en el ámbito global
A escala global, nuestras recomendaciones son más
específicas. Se destacan a continuación algunas de las más importantes.
-
Las normas y políticas globales en materia de comercio y
finanzas deben dejar un mayor margen de autonomía a los países en
desarrollo para que elaboren sus políticas. Esto es fundamental para que
las políticas y los acuerdos institucionales se adapten lo más posible al
nivel de desarrollo y a las circunstancias específicas de dichos países.
Se deben revisar las reglas en vigor que restringen innecesariamente sus
opciones de política para acelerar el crecimiento agrícola y la
industrialización y preservar la estabilidad financiera y económica. Las
nuevas reglas también tienen que cumplir este requisito. Las políticas de
las organizaciones internacionales y de los países donantes deben asimismo
evitar de manera más decidida los condicionantes externos y propiciar el
control nacional de las políticas. Se han de reforzar las disposiciones
relativas a la adopción de medidas positivas en favor de los países que no
dispongan de las mismas capacidades que aquellos que ya se han
desarrollado.
-
Unas normas equitativas que rijan los flujos comerciales y
de capital tienen que completarse con normas equitativas para la
circulación transfronteriza de las personas. Las presiones de la migración
internacional han aumentado, y problemas tales como el tráfico de personas
y la explotación de los trabajadores migrantes se han agudizado. Es
preciso tomar medidas para configurar un marco multilateral que
proporcione unas normas uniformes y transparentes para la circulación
transfronteriza de personas y que establezca un equilibrio entre los
intereses de los propios migrantes y los de los países de origen y de
destino. Todos los países pueden salir beneficiados de un proceso de
migración internacional ordenado y orientado, capaz de estimular la
productividad global y de eliminar las prácticas de explotación.
-
Al proliferar los sistemas de producción global, ha
surgido la necesidad de disponer de nuevas normas en materia de
inversiones extranjeras directas (IED) y de competencia. Un marco
multilateral para las IED que sea equilibrado, propicie el desarrollo y
haya sido negociado en un foro universalmente aceptado, beneficiará a
todos los países, ya que favorecerá el aumento de los flujos de inversión
directa y limitará los problemas ligados a la competencia en materia de
incentivos, que reduce los beneficios derivados de dichos flujos. Este
marco debería conciliar los intereses del sector privado, del sector
público y de los trabajadores, así como sus derechos y responsabilidades.
La cooperación en materia de política de competencia transfronteriza
dotará a los mercados globales de mayor transparencia y competitividad.
-
Las normas fundamentales del trabajo definidas por la OIT
constituyen un conjunto básico de normas laborales globales para la
economía mundial, cuyo respeto debería fortalecerse en todos los países.
Es necesario adoptar medidas más firmes para garantizar el respeto de las
normas fundamentales del trabajo en las zonas francas industriales y, de
manera más general, en los sistemas de producción global. Todas las
instituciones internacionales competentes deberían asumir la parte que les
corresponde en la promoción de estas normas, y asegurarse de que ningún
aspecto de sus políticas y programas se opone a la aplicación de esos
derechos.
-
El sistema de comercio multilateral debería reducir de
forma sustancial las barreras injustas que impiden el acceso a los
mercados de ciertas mercancías que presentan una ventaja comparativa para
los países en desarrollo, y más concretamente los artículos textiles y de
confección y los productos agrícolas. Al hacerlo, debería establecerse un
trato especial y diferenciado para salvaguardar los intereses de los
países menos desarrollados y propiciar sus posibilidades de exportar.
-
Debe aceptarse sin reservas un nivel mínimo de protección
social para los individuos y las familias como parte del fundamento
socioeconómico de la economía global, incluida la asistencia a los
trabajadores desplazados por razones de reajuste. Los donantes y las
instituciones financieras deberían contribuir al fortalecimiento de los
sistemas de protección social en los países en desarrollo.
-
El aumento de las posibilidades de acceso a los mercados
no constituye una panacea. Es fundamental elaborar una estrategia más
equilibrada de crecimiento global sostenible y de pleno empleo, en la que
se prevea el reparto equitativo entre los países de la responsabilidad del
mantenimiento de altos niveles de demanda efectiva en la economía global.
Un requisito fundamental para ello es una mayor coordinación de las
políticas macroeconómicas de los distintos países. Una estrategia eficaz
de crecimiento global aliviará las tensiones económicas existentes entre
los distintos países y facilitará el acceso de los países en desarrollo a
los mercados.
-
El trabajo decente para todos debería convertirse en un
objetivo global, que debería perseguirse mediante políticas coherentes en
el seno del sistema multilateral. Esto daría respuesta a una importante
exigencia política en todos los países y demostraría la capacidad del
sistema multilateral para encontrar soluciones creativas a este problema
crucial.
-
Debería hacerse que el sistema financiero internacional
prestara un apoyo más decidido al crecimiento global sostenible. Los
flujos financieros transfronterizos se han multiplicado de forma
espectacular; sin embargo, el sistema es inestable y propenso a las
crisis, e ignora en gran medida a los países pobres y de recursos escasos.
No podrán cosecharse todos los frutos del comercio y de las IED si no se
reforma el sistema financiero internacional para conferirle mayor
estabilidad. En este contexto, se debería permitir a los países en
desarrollo enfocar de manera prudente y gradual la liberalización de las
cuentas de capital y, al establecer la secuencia de las medidas de ajuste
en respuesta a las crisis, prestar mayor atención a los aspectos sociales.
-
Es necesario redoblar el esfuerzo para movilizar nuevos
recursos internacionales con el fin de alcanzar los objetivos globales
fundamentales, y concretamente los Objetivos de Desarrollo para el Milenio
(ODM). Debe cumplirse el objetivo del 0,7 por ciento para la AOD,
y se deberían buscar y explotar activamente nuevas fuentes de
financiación para superar este porcentaje.
-
En lo que atañe a la aplicación de reformas en la política
socioeconómica internacional, habrá que contar con el apoyo político de
todos los países, el compromiso de los principales actores globales y la
consolidación de las instituciones globales. El sistema multilateral de
las Naciones Unidas constituye la base de la gobernanza global, y está
excepcionalmente dotado para encabezar el proceso de reforma. Para que
pueda hacer frente a los desafíos actuales y emergentes de la
globalización, dicho sistema tiene que ser más eficaz y mejorar la calidad
de su gobernanza, especialmente en lo que
respecta al carácter democrático de la representación y de la adopción de
decisiones, la rendición de cuentas ante la gente y la coherencia
política.
-
Pedimos a los países desarrollados que reconsideren su
decisión de negarse al crecimiento nominal de sus contribuciones asignadas
al sistema de las Naciones Unidas. Es
indispensable que la comunidad internacional acceda a incrementar las
contribuciones financieras al sistema multilateral e invierta la tendencia
a aumentar las contribuciones voluntarias a expensas de las contribuciones
obligatorias.
-
Los Jefes de Estado y de Gobierno deberían asegurarse de
que las políticas defendidas por sus países en los foros internacionales
son coherentes y se centran en el bienestar de las personas.
-
Debería ampliarse progresivamente el control parlamentario
del sistema multilateral a escala global. Proponemos la creación de un
grupo parlamentario encargado de velar por la coherencia y la concordancia
de las políticas económicas, sociales y medioambientales a nivel mundial
,y que debería desarrollar un mecanismo integrado de supervisión de las
principales organizaciones internacionales.
-
Un requisito esencial para la mejora de la gobernanza
global es que todas las organizaciones, incluidos los organismos de las
Naciones Unidas ,asuman una mayor responsabilidad ante el público en
general respecto de las políticas que aplican. Los parlamentos nacionales
deberían contribuir a este proceso examinando periódicamente las
decisiones adoptadas por los representantes de sus países respectivos ante
dichas organizaciones.
-
Los países en desarrollo deberían contar con una mayor
representación en los órganos de toma de decisiones de las instituciones
de Bretton Woods, mientras que la OMC debería prever en sus métodos de
trabajo disposiciones para la participación plena y efectiva de dichos
países en sus negociaciones.
-
Debería darse más protagonismo a los actores no estatales,
especialmente a las organizaciones representativas de los pobres.
-
Debería fortalecerse la contribución a la dimensión social
de la globalización que hacen las empresas, los sindicatos y las
organizaciones de la sociedad civil y las redes de conocimiento y de
promoción.
-
Los medios de comunicación responsables pueden desempeñar
un papel fundamental a la hora de facilitar el impulso hacia una
globalización más justa e integradora .Una opinión pública bien informada
acerca de las cuestiones que se plantean en este informe resulta esencial
para respaldar el cambio. Así pues, las políticas han de subrayar en todo
el mundo la importancia de la diversidad de los flujos de información y
comunicación.
Movilización para el cambio
Creemos que un diálogo de amplia base acerca de nuestras
recomendaciones — especialmente sobre cuestiones que no se están tratando
actualmente en el programa global — es un primer paso fundamental a efectos
de la movilización para el cambio. Es indispensable que dicho diálogo
comience en el ámbito nacional, con el fin de sentar las bases para el
consenso y la voluntad política que se necesitan.
Al mismo tiempo ,el sistema multilateral tiene que
desempeñar un papel crucial en la introducción de reformas a escala global
.Proponemos una nueva herramienta práctica para mejorar la calidad de la
coordinación de las políticas entre las organizaciones internacionales en lo
que respecta a aquellas cuestiones en las que sus mandatos se entrecruzan y
sus políticas interactúan. Las organizaciones internacionales competentes
deberían adoptar iniciativas de coherencia política, enfocadas a la
elaboración de políticas más equilibradas que permitan lograr una
globalización justa e integradora. El objetivo sería elaborar de forma
progresiva propuestas de política integradas que armonicen de forma adecuada
las inquietudes de orden económico, social y medioambiental que se plantean
respecto de cuestiones específicas La primera de estas iniciativas debería
abordar la cuestión del crecimiento global ,la inversión y la creación de
empleo, y en ella deberían participar los organismos competentes de las
Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI),
la OMC y la OIT. Otras esferas prioritarias para iniciativas similares
serían la igualdad de género y la emancipación de la mujer; la educación; la
salud; la seguridad alimentaria, y los asentamientos humanos.
Las organizaciones internacionales competentes deberían
organizar por su parte una serie de diálogos sobre la elaboración de
políticas que impliquen a múltiples participantes, con el fin de seguir
examinando y formulando propuestas políticas fundamentales, tales como la
creación de un marco multilateral para el desplazamiento transfronterizo de
personas, la configuración de un marco de desarrollo para las IED, el
fortalecimiento de la protección social en la economía global y el
establecimiento de nuevas modalidades de rendición de cuentas para las
organizaciones internacionales.
Las Naciones Unidas y sus organismos especializados deberían
organizar un foro sobre políticas de globalización, con el fin de examinar
de forma periódica y sistemática las repercusiones sociales de la
globalización. Las organizaciones participantes podrían publicar con
carácter periódico un «Informe sobre el estado de la globalización».
En nuestras propuestas instamos a una participación más
amplia y democrática de las personas y de los países en la elaboración de
las políticas que les afectan, y también exigimos a quienes tienen la
capacidad y el poder de decisión — los gobiernos, los parlamentos, las
empresas, los sindicatos, la sociedad civil y las organizaciones
internacionales — que asuman su responsabilidad común en lo que respecta a
la promoción de una comunidad global libre, equitativa y productiva.
Notas
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