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ISSN 1913-6196

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 GOBERNABILIDAD ¿DEMOCRACIA Y REFORMAS?

Democracia y derechos humanos

Por Ángel Saldomando

Parte 1 /6

Este trabajo forma parte del libro
Gobernabilidad: entre la democracia y el mercado

La relación entre gobernabilidad y procesos políticos en América Latina tiene un importante vínculo con los programas de reforma económica e institucional que transformaron y que caracterizan actualmente las economías de mercado en la región. Este vínculo sin embargo no ha sido explicitado suficientemente como eje dominante en los procesos políticos y el papel que ha jugado además como contexto internacional condicionante. Es normal que la atención sobre los procesos políticos, se concentre en aspectos más específico de las realidades nacionales tales como el desempeño del gobierno, su impacto social, los reacomodos políticos y los conflictos que se producen. Pero se debe subrayar que pese a los particularismos nacionales, estos no invalidan una tendencia general dominante que condiciona los procesos políticos en la región.

La búsqueda de modos de gobernabilidad se ha desarrollado no sólo condicionada por las situaciones nacionales y de sus respectivos regímenes políticos, vinculada a los procesos de democratización. Es cada vez más evidente que lo anterior se ha encontrado enmarcado o en dependencia, de la configuración del mercado introducida por las reformas y de su relación con la democracia.

Hasta hace poco los procesos políticos caracterizados por las democratizaciones en curso en América Latina, parecían tener una agenda marcada sólo por los aspectos normativos y formales de la democracia. La agenda económica salida del ajuste y las reformas parecía tener su propia vida, su justificación intrínseca y sus propios canales autónomos de reproducción. Los progresos de la democracia eran regularmente verificados por la continuidad de las elecciones y los progresos de las reformas por su calendario de ejecución, generalmente especificados en los documentos de política acordados con el FMI y el BM en el marco de la condicionalidad.

Los intentos de ligar ambos procesos desde un punto de vista de sus resultados y sus consecuencias en la sociedad y en la política no prosperaban mucho, en los ambientes oficiales y multilaterales. La democracia y su progreso tenían sus requisitos políticos y las reformas sus exigencias técnicas, marchando por separado en los análisis. Cuando se relacionaron fue para analizar, en una perspectiva funcionalista, la fortaleza de las coaliciones que las sostenían y determinar su ritmo, variando las alternativas entre políticas de choque o de gradualismo.

Cabe señalar que las nociones de choque o gradualismo se elaboraron en torno a la secuencia y a la temporalidad de aplicación de las reformas, definiéndolas así como rápidas o lentas. Sin embargo la cuestión fundamental en relación a los procesos políticos no tiene que ver sólo con el ritmo, lo esencial es el impacto, la capacidad de absorción de la sociedad y el tipo de reconfiguración que se produce, cuando se transforman aspectos importantes de su institucionalidad, sus relaciones sociales y de sus arreglos internos.

Las relaciones entre mercado y democracia se ordenaron en una secuencia lineal donde reformas económicas y democratización eran las dos caras del paradigma social dominante.

En esta secuencia la democratización como eje dominante era clara, muchos menos lo era la relación con la contrapartida económica y si ambas se complementarían mutuamente.

Si tomamos las transiciones a la democracia o el inicio de "la ola democrática" como algunos le denominaron, como la tendencia dominante en la agenda de los procesos políticos en la región, podemos reagrupar los países en torno tres grandes clasificaciones relacionadas con la democracia como punto de referencia básico para los procesos de construcción de gobernabilidad democrática desde mediados desde los 80 hasta mediados de los 90.

SITUACIÓN POR PAĺSES

SITUACIÓN

PAĺSES

Países de restauración de la democracia o que salieron de procesos de transición

Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay, Honduras, Haití, Uruguay, Panamá

Países de posguerra y que entraron en transiciones a la democracia con acuerdos de paz

Guatemala, Nicaragua, El Salvador.

Países con problemas de reproducción, agotamiento o crisis de sus sistema políticos

Colombia, México, Venezuela, República Dominicana

Países con estabilidad democrática importante

Costa Rica

De los 19 países mencionados 18 se encontraban en procesos determinados por una agenda política democratizadora y de búsqueda de renovación de sus regímenes políticos.

Los criterios para la de elaboración de las situaciones en torno a las cuales reagrupamos los países son los siguientes:

  • Países de restauración de la democracia o que salieron de procesos de transición: Se trata de países en los que existían regímenes militares y donde, sin que se dieran rupturas radicales, se abrieron procesos evolutivos de recuperación de las libertades públicas y de restauración de un sistema democrático convencional. Ello estableció una agenda en torno al retiro de la presencia militar directa de la política, en algunos casos acompañado con el desmantelamiento de estructuras represivas y autoritarias y el desarrollo de expectativas fuertes sobre una democratización dinámica al mismo tiempo que de conservación de la estabilidad.
  • Países de posguerra y que entraron en transiciones a la democracia: Se trata de los países que vivieron conflictos bélicos abiertos a través de los cuales se plantearon los problemas de cambio político y social y que concluyeron por medio de acuerdos de paz, los que organizaron la apertura política para la fuerzas contestarias e iniciaron procesos con altas expectativas democratizadoras pero que básicamente coincidieron en estructurar economías de mercado y democracia convencionales.
  • Países con problemas de reproducción, agotamiento o crisis: Se trata de países que por diferentes medios habían asegurado la conservación régimen político por períodos prolongados. En el caso de Venezuela y Colombia, el pacto bipartidista aseguró estabilidad pero entró en crisis en el primero y en agotamiento en el segundo. Aquí las expectativas de renovación y cambio son altas. Los regímenes de partido único como el mexicano también entró en crisis
  • Países estables: El único caso mas claro es el de Costa Rica, donde es posible apreciar altos niveles de consenso en que el bipartidismo asegura la estabilidad.

Las agendas políticas eran diversas según los países y con énfasis diferentes pero el eje común era encontrar una democratización estable. Pero esta estabilidad dependía también de una relación, en muchos casos renovada, entre mercado y democracia que generara una mejoría del ambiente político y socioeconómico. Sin embargo esto también debía de algún modo responder a las expectativas políticas y económicas acumuladas durante muchos años de recesión, ajuste, autoritarismo, desgaste político y crisis.

Esas expectativas no eran homogéneas y nada fáciles de conciliar. Entre el impacto social del ajuste y la necesaria reducción de la pobreza, entre las tendencias a la democratización y la generación de estabilidad, que puede congelar las desigualdades de poder, entre la modernización y los efectos de la desregulación y la reforma económica, las tensiones son grandes, suscitan conflicto y agudizan la defensa de las posiciones adquiridas por los grupos más poderosos y dominantes en detrimento de aquellos que han visto deterioradas estructuralmente sus posiciones relativas en la sociedad en los últimos 20 años.

En el marco de estas situaciones diversas y en medio de expectativas contradictorias o difíciles de armonizar, cuando menos, ¿Cuales son los resultados que se pueden constatar en materia de gobernabilidad democrática? Y ¿desde que perspectiva teórica y metodológica pueden ser evaluados en términos de avance o retroceso?

Si partimos de los principios sistémicos de la gobernabilidad democrática, como el marco conceptual e instrumental, que debían ser alcanzados para satisfacer una relación estable entre mercado y democracia y que permitiera responder a las expectativas es legítimo intentar una verificación empírica de los avances realizados.

Esto implica superar el concepto restringido de elecciones, libertades públicas y estabilidad política. Es necesaria una exploración de la calidad de los procesos de construcción de gobernabilidad democrática y su incidencia en los modos de administración y reproducción del orden social. Particularmente en su capacidad de articular mercado y democracia.

Desde este punto de vista existe evidencia que la ola democrática llegó hasta las costas electorales y se diluyó luego en los escollos de una democracia delegativa cada vez más hueca y alejada de las expectativas de los ciudadanos. La razón de fondo parece estar en justamente en el fracaso de construir una relación virtuosa entre democracia y mercado en el marco de las reformas. Los datos de pobreza, inseguridad, violencia y de legitimidad de las instituciones tienen una relación proporcional entre ellas, en el marco de una volatilidad del crecimiento y de vulnerabilidad creciente a los choques externos.


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