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ISSN 1913-6196

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 GOBERNABILIDAD ¿DEMOCRACIA Y REFORMAS?

Democracia y derechos humanos

Por Ángel Saldomando

Parte 3 /6

Este trabajo forma parte del libro
Gobernabilidad: entre la democracia y el mercado

Relación entre reformas y confianza en la democracia

El alineamiento de América Latina con las reformas condicionadas duramente por los multilaterales, produjo un alineamiento político que condujo a democracias sobredeterminadas.2 Sin embargo el hecho de ligar tan estrechamente la suerte de la democracia a las reformas es una situación al filo de la navaja en que el éxito de la segunda es clave. Diferente es la situación en que el juego de opciones, en caso de malos resultados, permite una renovación política si los mecanismos de regulación democráticos conservan su independencia y legitimidad. El juego del todo o nada arrastra peligrosamente los procesos políticos hacia tres derivas, todas nocivas para las capacidades de regulación democrática. Se refuerzan tendencias duras y autoritarias, se pierde la legitimidad de la democracia, se refuerzan procesos de disolución de las instituciones y la política.

Sin duda que este es el camino hacia el naufragio de la gobernabilidad democrática y la descomposición de la democratización. La falta de opciones y de alternativas producto de la función exclusivamente legitimadora de las reformas, asignada a la democracia, restringe peligrosamente la formación de contrapesos, margina las crítica, acertadas o no pero que juegan una función social indispensable en democracia, y genera impunidad para las coaliciones de intereses políticas y económicas, algunas abiertamente mafiosas, que controlaron o controlan las reformas. Esta sobredeterminación de los procesos políticos por las reformas no sólo ha dejado exangüe socialmente a la región también la ha descompuesto políticamente. En el cuadro siguiente se relacionan los porcentajes de avance de las reformas por país y el índice de confianza en la democracia.

El porcentaje de progreso de las reformas según los países3 indica un avance de las reformas durante los 90 pero con una creciente pérdida de confianza en la democracia entre 1996 y 2001 en la mayoría de los casos inferior al 50 por ciento, llegando a extremos de sólo un 22 por ciento de apoyo.

Fuente: elaboración propia en base a datos de latino barómetro 2002.

El latinobarómetro en su informe sobre encuestas de opinión 2001, argumenta que en el caso de América Latina no se diferencia bien la valoración de la democracia como régimen político del desempeño del gobierno4. Esto refuerza más bien nuestra tesis que la democracia sobredeterminada comprometida en generar una continuidad legitimadora de las reformas; el desempeño del gobierno y por lo tanto de las opciones juega cada vez un rol menor. En estas condiciones es casi inevitable que la alta correlación, que ellos mismos comprueban entre el desempeño económico y el apoyo al sistema democrático, porque este ha terminado por verse en simbiosis con las reformas independientemente del gobierno de turno.

Lo más grave es que este fenómeno está ocurriendo con independencia del crecimiento económico el que se considera como la condición básica de cualquier progreso.

PIB tasas de crecimiento anuales y porcentaje de confianza en la democracia

 

ARGENTINA

BOLIVIA

CHILE

ECUADOR

COSTA R.

URUGUAY

VENEZUELA

1996

5.5

4.5

6.9

3

0.8

5

0

1997

8

4.9

6.8

5.2

5.4

5.4

6.9

1998

3.8

5

3.3

2.2

8.3

4.4

0.6

1999

-3.4

0.3

-0.5

-5.7

8

-3.4

-5.5

2000

-0.8

2.3

4.2

0.9

1.8

-1.9

3.8

2001

-4.4

1.6

3.2

5.5

1.2

-3.5

3.5

2002

-10.9

2.7

2.1

3.8

2.6

-10.7

-9

2003

5.5

2

3.5

1.5

4.5

-2.5

-13

índice 96

50

45

41

52

66

66

46

índice 01

39

35

34

28

61

67

49

Fuente: elaboración propia en base de datos CEPAL 2003 y latino barómetro 2002

Los países en rojo tuvieron el impulso reformador más intenso5, por encima del promedio latinoamericano, sus tasas de crecimiento son diversas pero en su momento los tres fueron presentados como modelos exitosos. En los tres países se constata sin embargo una severa degradación de la confianza en la democracia. Los cuatro países en azul estuvieron por debajo del promedio regional y sólo en dos casos aumentó la confianza en la democracia, aunque Costa Rica mantiene pese todo una alta confianza muy por encima del promedio latinoamericano.

Esto indica que la calidad del crecimiento como base de la integración social o validación del modelo económico no ha tenido éxito. A partir de 1999 las tasas fueron más modestas y recesivas en tres países con crisis políticas. Pero sin duda el caso más llamativo es el de Chile si relacionamos crecimiento y confianza y Argentina el más dramático por su desenlace. El estado de la gobernabilidad democrática en sus componentes fundamentales y en particular en su capacidad de regulación de la relación entre mercado y democracia aparece muy dañada.

Es decir, su capacidad de generar:

  • Una validación social de la economía mejorando la integración social.
  • Una mejor integración política mediante el pluralismo democrático.
  • Una mayor capacidad institucional y política para tratar y resolver las demandas y los conflictos.
  • Una creciente credibilidad en la opinión pública de las instituciones y en los resultados concretos de la manera en que la sociedad está funcionando. Aunque el estado de la opinión puede ser muy volátil en ciertas coyunturas esta información puede ser interpretada como un cierto nivel de acuerdos básico en torno al funcionamiento de la relación entre democracia y mercado.

Los datos recogidos mediante encuestas y una combinación de diversas fuentes de información realizado en 1999 muestran a título indicativo6 que en general la apreciación sobre estas capacidades es negativa salvo en algunos aspectos y en pocos países.

Por nuestra parte realizamos un intento similar en 1999 con datos de 1998. Para ello se reunió información disponible del mismo tipo en 14 países. Estos datos no reflejan acontecimientos más recientes como la crisis Argentina por ejemplo, pero marcan bien la tendencia que señalamos anteriormente. La información seleccionada para los países se refiere a validación social de la economía (distribución del ingreso, gasto social, pobreza, empleo). Relaciones sociales (violencia, derechos humanos) Democracia convencional (libertades civiles y derechos políticos). Estado de la opinión.

El índice de base 100 permitió la construcción de una imagen gráfica del conjunto de los países, en la que se establece valores de alto (de 66 a 100) medio (entre 33 y 66) y bajo (menos de 33).

Una primera constatación a hacer es que la mayoría de los países se encontraban en las dos metodologías por debajo de la línea media del índice. Una hipótesis a explorar es que pese a la ola democratizadora y a la mejoría de algunos indicadores no se habían logrado saltos cualitativos importantes mientras que algunos países aparecían muy degradados como Perú, Colombia y México.

Una segunda constatación es que cuando se exploran datos más estructurales la imagen de un país pueden cambiar significativamente en relación al estado de la gobernabilidad y ello independientemente de la turbulencia política.

Los países de la franja alta del índice hacían la diferencia en ese momento a su favor en relación a gasto social y niveles de pobreza, derechos humanos y democracia convencional, aunque todos tienen situaciones difíciles en materia de empleo, mientras que la equidad más fuerte en distribución del ingreso se encontraba en Uruguay.

Los países de la franja media se veían penalizados además de los indicadores socioeconómicos, por la situación de los derechos humanos y la corrupción, al que no escapaban algunos mejor ubicados como la Argentina. Chile se veía penalizado por el gasto militar, los derechos humanos y la inequidad.

Los países ubicados en la parte baja, no lograban compensar una situación en su conjunto negativa, donde destacaban indicadores muy degradados en derechos humanos y violencia que refuerzan las inequidades y degradan la democracia convencional.

Las situaciones más críticas en ese momento se referían a Colombia y Perú. Existen mejorías significativas en cuanto a la disminución del gasto militar, salvo en el caso de Chile. Existían sin embargo en muchos países situaciones de violencia orgánica. Mientras que de los 14 países al menos 7 tenían situaciones criticas en materia de derechos humanos y 12 en materia de corrupción.

En democracia convencional es donde encontramos también diferencias sorprendentes en las situaciones relativas. Pese a la generalización procesos electorales los derechos civiles y políticos aparecen bastante comprometidos.

En relación a capacidad institucional los países aparecen más concentrados en torno a la línea media del componente. Aunque hay que señalar lo aproximativo del survey del BM utilizado en el índice.

En cuanto al estado de la opinión la situación era critica en casi todos los países. Ello sugiere que probablemente pese a los procesos electorales y las expectativas de la población no han sido satisfechas y que se está generalizando la percepción que la democracia no está funcionando bien. Cabe destacar sin embargo que todos los países poseen bajos niveles de credibilidad en sus respectivas opiniones públicas acerca del funcionamiento de la democracia y la justicia.

La información reunida requiere sin duda de ser mejorada y profundizada con mayores medios, sin embargo algunas tendencias pudieron ser identificadas.

  • Una es que la restauración de procesos eleccionarios y de autoridades civiles en todos los países constituyó un avance en dirección de la gobernabilidad democrática, pero la mayoría de los países aparece entrampados en situaciones de estancamiento. Los límites de la democratización estaban apareciendo cada vez más nítidamente.
  • La segunda tendencia es que los riesgos de retroceso y crisis se mantenían desde el punto de vista de la evidencia empírica y ello indica que estamos lejos de una gobernabilidad democrática solidamente anclada. Esto se ha verificado posteriormente globalmente en Argentina, Ecuador, Colombia y en situaciones parciales, en México, Bolivia, Brasil, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador.
  • La tercera tendencia es que los datos más estructurales no muestran mejoras significativas de las amplias mayorías en relación a la degradación que han sufrido bajo el embate de dictaduras, gobiernos conservadores y reformas económicas con altos costos sociales.. Ello es evidente con relación a equidad, derechos humanos y corrupción. Los países que tenían un acumulado histórico fuerte parecen haberlo recuperado o mantenido, pero son notables excepciones como Uruguay y Costa Rica.
  • Una tendencia surge con fuerza. La tentativa de desarrollar un esquema de gobernabilidad democrática que sirva de base a la relación de mercado y democracia en las condiciones actuales se encuentran sometida a una extraordinaria tensión, por la distancia entre las tendencias de las reforma de mercado y la posibilidades reales de un esquema de regulación democrática que sea un sustento más sólido de la gobernabilidad democrática.

Ello permite afirmar que las dos tendencias dominantes mercado y democracia convencional en su forma actual, se encuentran en un punto en que aseguran las elecciones y quizá la continuidad de las reformas, pero no dejan espacios para los cambios indispensables que mejoren la situación estructural como base de la gobernabilidad democrática.


Notas


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