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 GOBERNABILIDAD ¿DEMOCRACIA Y REFORMAS?

Democracia y derechos humanos

Por Ángel Saldomando

Parte 4 /6

Este trabajo forma parte del libro
Gobernabilidad: entre la democracia y el mercado


¿Cuáles son las posiciones frente a esta tendencia?

Es una idea general admitida que América Latina es un continente donde democracia y desarrollo no han logrado articularse en un ciclo virtuoso y duradero. Ello dio lugar a otra idea general admitida que caracterizaba los ciclos políticos en la región como pendulares. Entre ciclos populistas y reformistas, cuando en democracia se acumulaban las presiones populares, y autoritarios y represivos, cuando estas presiones eran contenidas.7 Las explicaciones sobre las dificultades para generar este ciclo y sobre esta inestabilidad estructural, dio lugar a varias teorías comprensivas del fenómeno apoyadas en las tesis de la dependencia y en las estructuralistas. Se diferenciaban en aspectos importantes pero rechazaban el tipo de modernización capitalista liberal que generaba exclusión y pobreza.

Pese a las diferencias existía una visión dominante que afirmaba que la relación entre economía y democracia debía generar "pleno empleo y solidaridad sistémica"8, con más democracia en el marco de un modelo de desarrollo endógeno.

Terminada la última oscilación autoritaria, aunque debe decirse que en algunos países era más bien una posición fija, entramos en una fase democratizadora y reformista; esta vez en dirección de un modelo económico extrovertido y desregulado, subordinado al capital transnacional. Parafraseando a V. Tokman de la idea dominante de empleo y solidaridad sistémica pasamos a la realidad de la sobrevivencia, la competición desigual y la descomposición social.

Sin embargo el discurso dominante mantuvo la ilusión. La libertad política aportada por la democracia era la contrapartida de la libertad económica aportadas por las reformas del modelo económico. Por una mágica simbiosis las reformas económicas eran intrínsecas portadoras de democracia y viceversa, no importaba si estas habían sido impuestas por regímenes autoritarios a sangre y fuego o en condiciones de dudosa legitimidad política. El producto de esta simbiosis sería en cualquier caso una democracia eficiente, la modernización y el bienestar.

Ahora el consenso se está extendiendo en torno a la evidencia de que esto no está ocurriendo y con ello el malestar se ha hecho más evidente. El camino recorrido desde la mitad de los 80 hasta este nuevo siglo no había carecido sin embargo, de análisis críticos, de advertencias y de crisis recurrentes. El modelo sin embargo ha seguido adelante apoyado en coaliciones internas, articuladas con poderosas presiones internacionales.

Esta degradación de la democratización en América Latina y la ausencia de resultados consistentes en lo económico y social está reactivando el debate sobre la continuidad o las alternativas de la actual relación entre mercado y democracia, construida por los programas de reforma.

Cuatro tipos de posiciones se han desarrollado frente a esta constatación:

  1. Continuar las reformas, promover aquellas que no han sido aplicadas en su totalidad, mejorar la gestión, agregar planes de lucha contra la pobreza con participación comunitaria y local.
  2. Mejorar la democracia como sistema de gobierno.
  3. Incompatibilidad entre reformas liberales y democracia.
  4. Construcción de modos de regulación democrática del desarrollo.

En el marco de la sobredeterminación del proceso político por las reformas el posicionamiento en relación a ellas y su relación con la democracia se convierte en una cuestión fundamental.

Si vemos la sobredeterminación como una pirámide relaciones de abajo hacia arriba, la posiciones identificadas apuntan a niveles distintos de la pirámide de relaciones.

1. Continuar las reformas. Esta posición sostiene que las dificultades y falta de resultados se deben a una fricción propia a los procesos de cambio y modernización, que en algunos casos pueden disminuir el apoyo político a las reformas. Desde este punto de vista la preocupación en torno a las reformas no deben atraer la atención sobre sus efectos transitorios en el corto plazo. Lo importante es el largo plazo y en este sentido lo que se debe evaluar son las perspectivas de crecimiento a largo plazo. Lo que debe mejorarse es la gestión de las reformas, sus mecanismos de puesta en práctica y su complementariedad con programas sociales eficaces focalizados en estratos pobres.

Esta posición es expresada así por el BID "¿Las reformas económicas de la pasada década valen el esfuerzo que costó hacerlas? En una u otra forma, esa pregunta todavía domina el debate público sobre política social y económica en América Latina. Frustrados por el persistente desempleo y por la percepción de que las reformas no han mejorado las condiciones de vida de los más necesitados, desde muchos sectores se han criticado recientemente las reformas económicas que la mayoría de los gobiernos de la región aún lleva a cabo. En algunos países, los sindicatos han declarado huelgas y los partidos de oposición han organizado protestas callejeras en contra de las reformas..." El BID concluye que "Según la edición 1997 del informe del BID "Progreso Económico y Social en América Latina", esas reformas de "segunda generación", que también deben incluir las leyes impositivas y laborales, son cruciales para ampliar los beneficios de reformas anteriores y aumentar el crecimiento. "El potencial no aprovechado de todas estas áreas de reforma ofrece margen para aumentar la tasa de crecimiento a largo plazo de la región por encima del 5 por ciento", dice Ricardo Hausmann, el economista jefe del BID, en la introducción del informe"9.

Estos argumentos han originado los programas de reforma institucional llamados de segunda generación.

Sin embargo el corto plazo parece ser siempre en esta línea de reflexión, el momento en que se formulan las preguntas en torno a los resultados, mientras que la respuesta se ubica siempre en un largo plazo indefinido. Como muchos han señalado esta posición persiste en una afirmación ideológica de las reformas que no considera la cristalización durable de sus consecuencias negativas en América Latina y no tolera otras alternativas.

2. Mejorar la democracia. Se ha hecho frecuente la afirmación que la democratización se ha estancado en América Latina, mucho de ello se atribuye a las imperfecciones institucionales y a la incapacidad o descomposición de la clase política. Consecuente con lo anterior se propone mejorar la institucionalidad, la cultura y formación política y la participación ciudadana. Estos postulados insisten en aspectos normativos y de funcionamiento del sistema político intentando combinarlo con una introducción de demanda para equilibrar el funcionamiento de la relación mercado democracia.

La agenda política del futuro democrático pasa entonces por:

  • Elevar la calidad de la democracia
  • Afrontar el tema de la pobreza y la desigualdad como un factor de gran influencia en la calidad y estabilidad de la democracia
  • Profundizar la cultura democrática
  • Reforma institucional:
  • Introducir mecanismos de resolución de los conflictos entre el ejecutivo y el legislativo
  • Reforzar los organismos electorales administrativos y jurisdiccionales garantizando su autonomía, imparcialidad y capacidad de gestión10.

Encontramos aquí las posiciones más convencionales acerca del buen gobierno y sobre estilos de gobiernos. Sin embargo en esta visión se evita un análisis del impacto de las reformas sobre los aspectos sustantivos de la democracia como juego de opciones y sobre los actores capaces de promoverlas.

3. La incompatibilidad entre reformas y democracia. Las criticas y advertencias sobre las consecuencias de las reformas han tenido en esta posición su principal origen. Esta sostiene que las reformas han estimulado una economía de especulación y de exportación primaria que ha desintegrado la relación entre desarrollo y democracia descomponiendo ambos polos de la relación. La evidencia la encuentra en los resultados económicos sociales y políticos del modelo de reformas liberales.

"Las élites políticas y tecnocráticas provocaron el mayor proceso de concentración de renta, de exclusión social -en el sentido de exclusión de derechos, comenzando por el derecho al empleo formal-, de violencia urbana y rural y de debilitamiento rápido de sistemas políticos democráticos -conquistados con gran esfuerzo en los países- del continente.

Fue impuesta y consolidada la hegemonía del capital financiero, mediante programas de estabilización monetaria que no se basaron en el fortalecimiento estructural de nuestras economías -con crecimiento industrial y agrícola, desarrollo tecnológico propio, fortalecimiento de la capacidad adquisitiva del mercado interno, proyectos nacionales de construcción de sociedades democráticas y humanizadas-, sino en la atracción de capital especulativo mediante tasas de interés astronómicas. Tasas que, a su vez, imponen la parálisis prolongada de la economía, endeudamiento generalizado, incremento exponencial de la deuda pública y empobrecimiento generalizado de la población.

Esa corrosión de las bases sociales de la democracia conduce a la degradación de los sistemas políticos, anclados en economías y Estados financierizados, en máquinas de exclusión social capitaneadas por los ministerios económicos y por los bancos centrales y en elites corruptas, que aceleran la privatización del Estado"11.


Desde este punto de vista la incompatibilidad de las reformas del modelo y la democracia como sistema político corrector es estructural y requiere de una profunda transformación del modelo. Las propuestas que se derivan de esta posición conducen al diseño de alternativas que pasan por un cambio de hegemonía social y política en la conducción de las estrategias económicas y políticas para replantear el modelo.

"América Latina requiere una radical revolución democrática social, política y moral. Requiere la ruptura con las políticas del FMI y el BM, con la afirmación de la soberanía de nuestros Estados, apoyados en la integración continental de México a Uruguay y en una amplia política de alianzas internacionales, que privilegie el sur del mundo, comenzando por China, por India y por África del Sur. Internamente eso requiere políticas de distribución de renta que hagan de la capacidad reprimida de consumo popular la palanca para la expansión productiva de la economía industrial y agrícola, para la generación de más empleos, para el despegue tecnológico y para la reconstrucción de sujetos sociales y políticos democráticos"12.

Sin duda que muchas interrogantes quedan planteadas sobre el contenido y el diseño político de una replanteamiento del modelo, en particular sobre la democratización radical y sobre el papel del mercado. En el primer caso es posible imaginar procesos radicales de apertura política y en diseños institucionales innovadores, en el segundo punto es más complejo y el hecho que no se aborde explícitamente es una medida de la dificultad de replantear el papel del mercado y de su relación con el desarrollo en un diseño que acentúa los aspectos anticapitalistas de este último.

4. La regulación democrática. En esta posición se constata en modo similar la contradicción entre reformas y democracia desde el punto de vista de una relación virtuosa entre ambos capaz de producir bienestar social y respuestas adecuadas del sistema político. Asume de un modo más clásico la necesidad de recomponer una capacidad de regulación nacional y democrática del mercado, apoyada en el estado y en la participación.

"Por eso es que creemos en la importancia de la regulación del mercado. El mercado no funciona sólo, no es un mecanismo automático. El mercado es un complejo sistema de presiones sociales al que concurren actores con derechos idénticos, pero con fuerzas muy desiguales. Las regulaciones deben tender a permitir que todos los actores , que todas las personas con capacidad de emprender iniciativas económicas tengan igualdad de condiciones en su emprendimiento, reduciendo las desigualdades en el punto de partida...Los mercados de libre competencia no son mercados de competencia salvaje. La libre competencia es un sistema regulado por un arbitro imparcial representado por la ley y gestionado por el gobierno..De allí la importancia de una intervención pública a favor de la igualdad en procura de un circulo virtuoso que nos conduzca al desarrollo"13.

En alguna manera esta visión intenta renovar de una manera más dinámica y progresiva las estancadas capacidades de resolver los conflictos entre capital y trabajo y entre privilegiados y excluidos. En una versión más cargada de intencionalidad política que la anterior se sostiene que "el problema no es entre "estatistas" y "liberales" o ente futuristas y "nostálgicos", sino, en lo esencial entre los continuadores del modelo político, económico y social liberal y los que pretendemos la democratización de nuestra sociedad en lo político, económico y social"14.

Queda como interrogante el determinar las posibilidades reales de innovar sin afrontar el actual esquema de reformas y su sobredeterminación de la política y la economía.

El intento de identificar los diferentes posicionamientos sobre la relación entre reformas y democracia implica aislar el núcleo duro de cada uno, a riesgo de magnificar algunas diferencias y disminuir coincidencias. Sin embargo esto es secundario para el análisis por lo menos en la perspectiva desarrollada aquí. Lo importante no es cuanto comparten los valores normativos democráticos las cuatro visiones identificadas, esto puede ser lo esencial en otros tipos de análisis.

Lo fundamental en el enfoque sostenido aquí es como analizan la relación entre reformas y democracia a partir de una lectura de sus resultados en el marco de las transformaciones vividas en los últimos 15 años en América Latina.

Las perspectivas de estos posicionamientos equivale a identificar variables importantes de los posibles escenarios de evolución del proceso político en la región. Acertadamente sin embargo, se puede llamar la atención sobre las especificidades nacionales que invalidan generalizaciones forzadas a partir de diversas situaciones. Pero, en la medida en que reformas y democratización se convirtieron en el común denominador con que se analiza la evolución regional, es legítimo situar estos aspectos como elementos de homogeneización política que autoriza un análisis más extendido que los exclusivos parámetros nacionales. Además, el hecho que las reformas y su sobredeterminación de las democratizaciones, sean el principal contenido del diseño de ordenamiento global de los países contribuye poderosamente a una sintonía común de los procesos aunque evidentemente esto no conduzca a una sincronización política automática y evidente.

Cabe destacar que la preocupación por la continuidad y estabilidad de las reformas así como de una eventual retorno de situación, ha sido una motivación fuerte para elaborar lecturas regionales15 que detectaran los signos precursores de una u otra eventualidad, ya sea en dirección de una esperada consolidación o bien de anticipar los síntomas de un eventual contagio a partir de focos de contestación. Los análisis sobre la evolución de las reformas y la democratización se han convertido en algunos casos en base para determinar el nivel de riesgo de un país y el nivel de adhesión a los paradigmas promovidos por los multilaterales. En ambos casos una evaluación negativa del país en un contexto regional alineado, lo sitúa como "oveja negra" lo que activa amonestaciones, recomendaciones y presiones internacionales a las que a veces son también inducidos a solidarizarse los otros países.


Notas

[7] Esta idea fue utilizada en muchos análisis y retomada muy oficialmente por CEPAL a finales los 80 "En vez de una resolución de este conflicto del capitalismo moderno hubo intentos por sofocarlo en una oscilación pendular entre respuesta populistas a las múltiples demandas de las mayorías, ya plenamente incorporadas y la represión" Transformación ocupacional y crisis social en A.L." CEPAL 1989 pág 57.

[8] La frase pertenece a Victor Tokman en Diálogo y concertación social" coloquio tripartito de Bogotá OIT 1997. Pág. 110

[9] Boletín electrónico del BID

[10] DEMOCRACIA EN AMÉRICA LATINA: PROBLEMAS Y RETOS EN LA ACTUALIDAD. José Molina Universidad del Zulia, Venezuela Profesor Visitante Universidad de Michigan

[11] América Latina Neoliberalismo o democracia. Emir Sader octubre 2001. Nova Hispania Venezuela versión electrónica.

[12] dem

[13] La dinámica del desarrollo: En busca del círculo virtuosos. Cesar Yánez. Primera Línea 25 de abril 2001 Santiago Chile.

[14] Gobernar o administrar. Jaime Insunza noviembre 2000 Santiago. Chile. Las comillas son del texto original.

[15] No me refiero aquí a los ya tradicionales informes regionales de organismos multilaterales como el BID, CEPAL, BM, ONU etcétera. Hago alusión al incremento de informes, estudios, evaluaciones específicamente orientados a producir información sobre el estado de las reformas.


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