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 GOBERNABILIDAD ¿DEMOCRACIA Y REFORMAS?

Democracia y derechos humanos

Por Ángel Saldomando

Parte 5 /6

Este trabajo forma parte del libro
Gobernabilidad: entre la democracia y el mercado

Reflexiones finales

Al interrogarse sobre las premisas para realizar avances consistentes en la gobernabilidad democrática, como construcción de modos de regulación, el cuadro se ensombrece y aparece una larga lista de males y problemas que obstaculizan el desarrollo en este campo. Y entre más se remonta en el tiempo más se incrementa el historial negativo. Sin embargo la historia no es lineal ni deterministas, se trata de procesos y desenlaces, en cada uno de ellos hay posibilidades y restricciones; con relación a lo cual la acción social es determinante. El proceso en que se encuentra América latina no invita a un optimismo exagerado, y este se encuentra conectado a tendencias más globales que tampoco sugieren un ciclo virtuoso de interacciones.

Esto quiere decir que la discusión sobre un avance de la gobernabilidad democrática se desarrolla en un contexto político y temporal, en el que se han afirmado presiones en dirección de un determinado tipo de estado, de mercado y de democracia, cuyo resultado ya ha reconfigurado el escenario. 16

¿Cuál es este escenario?

Tres aspectos centrales han sido modificados con incidencias variables según los países. El papel del estado nacional, el mercado interno y las fuerzas sociales endógenas que eran considerados los pilares centrales del desarrollo. En los años 80 con los programas de ajuste y las reformas estructurales, estos pilares fueron sustituidos por la reducción del estado, la apertura y la desregulación de las economías la descentralización, la compensación social y las redes de seguridad mínima para lo pobres.

Los proyectos de desarrollo se convirtieron cada vez mas en mecanismos de amortiguamiento del ajuste, aparecieron las ongs, la cooperación horizontal y descentralizada para colmar el vacío dejado por el estado y las organizaciones sociales.

Las ideas, fuerza del desarrollo, fueron sustituidas por el mercado puro y el estado mínimo en referencia a un nuevo paradigma de sociedad. Esto condujo a la desaparición tendencial de las fuerzas endógenas, de las estrategias nacionales y de la política y la democracia.

Las estrategias nacionales aparecieron como inútiles pretensiones frente al mercado omnisciente, el único capaz de asignar los recursos de manera eficaz. Toda idea de estrategia nacional fue declarada obsoleta frente al dictado de la especialización y las ventajas comparativas dictadas por el mercado mundial.

El criticado Estado fue reducido a asegurar el orden y las fuerzas sociales endógenas reducidas a una división entre elites modernizadoras minoritarias y una masa mayoritaria de conservadores no aptos. Una rígida pirámide social se consolidó en torno al nuevo modelo, en el vértice de arriba se controlan los recursos, mientras abajo crece la pobreza y el numero de excluidos.

Esta tendencia ha desequilibrado profundamente la relación entre democracia y desarrollo, lo que se expresa por una perdida de confianza de la sociedad en el estado y en la nación. Se sospecha justificadamente que cualquiera sea la dirección política del estado esta será inútil o impotente.

El interés publico que debería ser el resultado de la triangulación entre el estado la democracia y las fuerzas sociales no tiene la posibilidad en ciertos casos de expresarse y en otros, simplemente de formarse. Y por lo tanto, de pesar en las opciones de la economía y el desarrollo.

Si a pueblos enteros se les dice que aspectos fundamentales de su vida tales como el salario, el trabajo u otros problemas de sociedad no pueden ser controlados ni siquiera discutidos es de esperarse el surgimiento de numerosas patologías sociales. Se producen entonces contradicciones irreductibles entre el ciudadano y el consumidor y entre el individuo y la sociedad.

El producto global de este proceso empuja en el sentido de confiar la evolución social al determinismo del mercado mundial y en consecuencia, con la globalización, desaparece la política y la democracia. De ahí proviene la peligrosa ilusión autoritaria de la gobernabilidad para el mercado, que se pueden construir normas y regulaciones sin la sociedad y sin los ciudadanos.

El resultado se expresa en el funcionamiento de instituciones irresponsables y de un estado sin ciudadanos, en una palabra el mercado cortado de la democracia. Las instituciones deben aplicar normas desde un punto de vista técnico y administrativo. Estas ideas simplistas permiten la reducción de la "buena gobernabilidad" a un conjunto de procedimientos, de tecnologías administrativas y de elaboración de normas, las cuales se puede apoyar y exigir dado que son consideradas como técnicas y apolíticas.

Los riesgos de los métodos gerenciales de los servicios públicos han aumentado considerablemente las derivas negativas en los siguientes aspectos:

  • Corrupción
  • Poco control democrático
  • Burocracia actuando en un vacío político y de acción colectiva
  • Legitimidad de la acción por condicionalidad
  • Autonomía de instituciones
  • Más eficacia en lo que es socialmente negativo
  • Débil aptitud para el cambio y el aprendizaje

A pesar de que las reformas pretendían tener éxito en todos estos aspectos no hay evidencia, más bien es el contrario. Por otro lado el rendimiento democrático de las instituciones se ha visto seriamente bloqueado en los siguientes elementos

  • Respuesta a las demandas sociales
  • Gestión del conflicto
  • Reducciones de la desigualdad
  • Inexistencia de arreglos sociales

Numerosos estudios muestran la agravación de la situación, cubierta sin embargo por la generalización de elecciones. Una suerte de "democradura" se instala que consagra el alejamiento del mercado, de la democracia y del desarrollo al carecer de regulaciones democráticas.

Este escenario ha dado lugar a un tipo dominante de gobernabilidad destinada a viabilizar el ajuste y la reforma económica, pero no a la construcción de regulaciones democráticas para el desarrollo. Ha combinado dosis de autoritarismo para imponer medidas económicas impopulares y dosis de concertación para neutralizar el impacto social negativo: el ajuste en relación al empleo, los ingresos y los servicios sociales.17

La aplicación de un modelo estándar de política económica dirigido a desregular, privatizar y abrir las economías hacia las presiones de la globalización ha conducido, por su parte, a un tipo de crecimiento altamente concentrado, con fuerte exclusión social y debilitamiento de la institucionalidad estatal.18

El compromiso o el arreglo entre modo de acumulación y otros intereses sociales mayoritarios no sólo se aleja como posibilidad o es deteriorado, sino que en sociedades donde éste nunca existió se profundizan los rasgos más excluyentes y se acentúa la distancia entre el régimen de acumulación y su validación social.

La canalización de intereses y el pluralismo se tornan restringidos dado que se cierran los espacios para otras alternativas o para el cuestionamiento del modelo de crecimiento. Esto opera tanto a nivel de la colusión del Estado y grupos de interés, como por la presión externa de organismos multilaterales.

El reconocimiento del conflicto se ve también restringido por la imposibilidad de hacer concesiones y redefinir las relaciones entre los grupos sociales hacia una mayor equidad. La pendiente autoritaria en el tratamiento de los conflictos con medios represivos y bajo reconocimiento político, le da a la democracia su perfil más conservador.

Esta lógica se extiende a los modelos dominantes de reforma institucional. En ella se ubican la mayoría de los países de América Latina. Supone economías reformadas o en proceso de cambio y ciudadanos que participan sólo como consumidores de bienes y servicios. La libertad y la democracia se objetiva en un sistema convencional de elecciones y en la manifestación de intereses privados e individuales por medio de la capacidad de consumo. En esta lógica lo importante es que las instituciones funcionen bien, estén despolitizadas, sean eficientes y eficaces en la oferta de servicios, reduzcan la incertidumbre y los costos de transacción, y estén ordenadas legal y contablemente.

Esto ha llevado al debilitamiento de la participación como expresión colectiva de intereses y de presiones sobre los responsables de política y sobre las mismas instituciones encargadas. Las instituciones "despolitizadas" son administradas por técnicos cada vez más autónomos de mandatos y presiones políticas, mientras aplican el modelo estándar de reforma económica y del Estado, las que sí tienen un enorme impacto político y social. Las instituciones no son instrumentos de integración social ni de organización del compromiso, con ello también se restringe el pluralismo y el reconocimiento del conflicto.

La gobernabilidad democrática queda desprovista de instituciones que respondan a las presiones de los excluidos y reconozcan los conflictos originados en esta situación. Los supuestos del ajuste y la reforma económica son ideológicos y a-históricos. (a) Existe un modelo económico liberal universal intrínsecamente superior. Pero para su correcta aplicación no deben interferir ni la política ni los intereses locales. La coartada es perfecta, si algo sale mal siempre es culpa de la política y de la incorrecta aplicación del modelo. (b) El modelo hay que aplicarlo enteramente y de una sola vez. Por ello basta una sola elección que lo posibilite y ya no hay vuelta atrás. Para ello hay que dar autonomía a las instituciones y a los técnicos de las presiones políticas y de la historia concreta de cada sociedad.

Este escenario nos hace plantear la necesidad de "continuar la transición en América Latina" Alejados en parte de la gobernabilidad autoritaria, estamos lidiando todavía con el problema de que tipo de gobernabilidad democrática construir, que reviertan los resultados negativos sobre los cuales existe mucha evidencia y que abran espacio a la construcción de regulaciones democráticas que faciliten el desarrollo humano.

El objetivo de esta transición es acrecentar la regulación democrática del mercado para avanzar hacia el desarrollo humano y como hacer de la democracia el mecanismo político eficaz para producir esas regulaciones, dándoles sostenibilidad política e institucional. Es para esta tarea que necesitamos instituciones, políticas y arreglos sociales "de tal tipo" que permitan esta doble articulación y no para difusos objetivos de "buena "administración"; que dejan el tipo de sociedad y de desarrollo como dado de antemano o confiado a la mano ya nada invisible del mercado.

Existen presiones contradictorias en torno a la dinámica del proceso político de la transición. Los sectores favorecidos por el modelo anterior desean estabilizarlo y consideran que el punto más alto de la gobernabilidad deber ser concebido como la ausencia de conflicto equivalente a estabilidad política. Y, como ausencia de debate sobre los efectos y contenido del modelo, traducido esto como la legitimidad de este. Ello hace que en esta óptica el problema de la gobernabilidad se reduzca entonces a la administración "estable y silenciosa" del modelo. Los desfavorecidos necesitan convertir las brechas abiertas en el proceso en espacios política y socialmente fuertes para replantear la naturaleza de las reformas y su relación con la democracia.


Notas


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