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 GOBERNABILIDAD ¿DEMOCRACIA Y REFORMAS?

Por Ángel Saldomando

Parte 6 /6

Este trabajo forma parte del libro
Gobernabilidad: entre la democracia y el mercado

Soplan nuevos vientos

Parecen estar soplando nuevos vientos. Ha quedado al descubierto la necesidad y el inicio de un viraje fundamental en dos temas centrales. Las nuevas proposiciones que dan prioridad a la lucha contra la pobreza evidencian como telón de fondo el agotamiento del consenso de Washington base del estado mínimo y el mercado puro. Los supuestos del ajuste estructural y las tesis de liberalismo a ultranza están en retroceso. Los resultados reconocidos hoy por todos los actores, muestran el agravamiento de la pobreza, de las desigualdades y una incapacidad estructural de regular y administrar por parte de los Estados, en el marco de las reformas.

El PNUD, el BM y el FMI reconocen esta situación y ello abre una brecha sobre la necesidad de un cambio de sus propuestas y de su propio papel en el desarrollo. Después de 20 años de criticas se debe reconocer que estas son acertadas, más difícil es claro está, cambiar de filosofía y de práctica.

El camino será arduo y conflictivo, de hecho las nuevas propuestas aparecen todavía como aditivos alrededor del núcleo duro. Basta señalar que aunque el ESAF aparezca ahora combinado con planes de lucha contra la pobreza, no cambia la naturaleza de las recomendaciones en materia de reformas estructurales. Aunque se reconoce ahora que esto no es viable para todos los países.

La triangulación entre un estado-nación competente, una estrategia nacional de desarrollo y el reforzamiento de fuerzas endógenas que la sustenten, son la base para fundamentar las instituciones, las prioridades sociales que ataquen las desigualdades y refuercen los arreglos democráticos que superen los procesos de exclusión. Esto es mucho más que un plan que pretende luchar contra la pobreza sin tocar el modelo promovido en los últimos 20 años. Esto no alcanza para pagar los platos rotos. Se requiere retomar concepciones más integrales sobre el desarrollo y sus paradigmas. El hecho que ahora se busquen nuevamente aditivos sociales al modelo de mercado, hace evidente que ni el crecimiento si se logra, ni el mercado librado a su lógica pura, son la base de la disminución de las desigualdades y la pobreza. En las nuevas palabras del propio BM "el potencial de crecimiento económico y la reducción de la pobreza dependen en buena medida del Estado y de las instituciones sociales"19.

En materia de gobernabilidad se reconoce ahora que no basta reformar las instituciones para facilitar el mercado y administrar los recursos sobre la base de un enfoque funcional al liberalismo dominante. También aquí vuelve aceleradamente a la palestra el papel regulador del estado, la formación de los derechos sociales junto con los individuales, la participación como desarrollo de la democracia, la preponderancia del interés público sobre la racionalidad individual de los agentes económicos en el mercado, el manejo del conflicto. En definitiva luego de la gobernabilidad para el mercado puro, nuevamente se abre un espacio para las proposiciones que postulan la gobernabilidad, como la construcción de regulaciones democráticas eficaces para el desarrollo. Es decir es el resultado de la formación del interés publico basado en arreglos sociales amplios, en la construcción de instituciones competentes basadas en un estado con capacidad reguladora, en la integración social mediante la democracia y la participación, en el manejo institucional del conflicto. Esto no puede ser importado ni construido con un modelo único de referencia. Se pueden compartir valores y objetivos, pero los procesos y sus resultados dependen concretamente de las historias nacionales.

Esto debería tener consecuencias inmediatas y concretas sobre los enfoques y sobre el dialogo tripartito entre gobiernos, actores sociales y multilaterales.

Las cosas se vuelven paradojales. Los "modernizadores" de ayer pueden pasar a convertiste en los conservadores de hoy, negándose a reconocer la perdida de vigencia de sus dogmas. Los consultores, expertos, funcionarios nacionales, verdaderos cruzados de la puesta en práctica de las recetas de reformas estructurales, sienten el piso movedizo.20

De aplicar recetas habrá que pasar a pensar como se reconstruyen estrategias nacionales con impactos que se puedan mostrar en la pobreza y la gobernabilidad democrática. Y esto es obvio, el desarrollo no es un modelo a seguir, es una vía a encontrar en las condiciones inéditas de cada país en determinados contextos internacionales. La resistencia de los gobiernos que se sienten mas seguro con el apoyo multilateral que sobre la base de la consistencia de sus políticas, las complicidades de intereses entre cooperantes y gobiernos que gesticulan mientras el dinero fluye pero que no reconocen abiertamente las deficiencias de sus acciones y hasta los que ponen dinero para influenciar la compra de proyectos por los nacionales, serán prácticas difíciles de erradicar.

Pero se están abriendo nuevos espacios. Todo esto hace visible la necesidad de identificar otro viraje complementario del anterior.

Se necesita un nuevo marco para el dialogo entre actores de la cooperación y del desarrollo.

La búsqueda de nuevas formas de diálogo es un punto importante para la viabilidad de los virajes necesarios. Ellas deben contribuir a mejorar los diagnósticos nacionales, el diseño de las acciones, aumentar la transparencia y evaluar los impactos de las políticas de manera continua disminuyendo los riesgos. Y aspecto importante, deben contribuir a sustituir la condicionalidad clásica por mecanismos más abiertos que conduzcan a acuerdos sobre objetivos y resultados y no prejuzguen sobre los modelos de desarrollo a construir.

Uno de los primeros aspectos a modificar para posibilitar un nuevo tipo de diálogo, es la condicionalidad como base de una relación entre cooperación y desarrollo. Hay que trabajar en modelos más abiertos de cooperación en los que sean reforzadas la información, el control democrático y la participación en la elaboración de los mismos.

Ello debería permitir reemplazar la condicionalidad por objetivos y resultados acordados basados en metas, evidencia empírica e indicadores acordados. Ello permite dejar abierta la cuestión de la elaboración de modelos genuinos en vez de seguir prescripciones.

Por otro lado, casi toda la evidencia muestra que la condicionalidad ha sido ineficaz para obtener resultados en términos de desarrollo, mientras que las decisiones de reforzar la cooperación podrían premiar a los países que si muestran resultados, en vez de satisfacer una condicionalidad que además en la mayoría de los casos es incumplida.

Otro aspecto en discusión son las formas de preparación y evaluación de las acciones de cooperación. Mas aun en los países cuya cooperación es múltiple y variada. Los comités tripartitos son una de las vías de trabajo para nuevas formas de diálogo sobre la evaluación y la negociación de metas y resultados. Estos comités incluyen cooperantes, gobiernos y sociedad civil. Sin embargo la dinámica institucional, el seguimiento y el contenido no han dado resultados probados. Todavía adolecen de muchos vacíos y debilidades como para ser instrumentos operativos más permanentes y verdaderos reguladores de la cooperación

Pero existe una clara preocupación sobre como pasar a nuevas formas de evaluación que incluyan a los donantes y a los receptores de la ayuda. Es decir, la manera en que se prepararán los diagnósticos, las prioridades, las acciones y las estrategias de puesta en practicas requieren pensar nuevas formas de trabajo. Se trata de reforzar las capacidades nacionales al mismo tiempo que se identifican los procesos que las harán sostenibles. Se han identificado muchas experiencias negativas en que los proyectos de cooperación, quizá con las mejores intenciones de obtener éxito, cooptan a los técnicos locales en vez de reforzar las instituciones, distorsionan salarios y precios, generan estructuras inmanejables para el país por sus costos o sofisticación, se sustituyen a las instituciones nacionales en vez de reforzar su compromiso o instauran "ventanillas" para facilitar la gestión del proyecto.

El punto es el siguiente, ¿si los que aportan los recursos buscan mecanismos de información seguimiento y evaluación, porque los que los reciben no tendrían instancias de consulta y concertación que discutirían sobre prioridades y evaluaciones? ¿Conocidas además por los respectivos parlamentos?

Ello aumentaría sin duda la transparencia y facilitaría una discusión más estratégica sobre la orientación de la cooperación, toda vez que la coordinación sectorial es insuficiente para aportar una marco de conjunto y de orientación a un problema más vasto. La relación entre gobiernos, cooperación y sociedad civil si se quiere que refuercen estrategias y procesos nacionales, deben romper con formas y procedimientos discrecionales, incoherentes y que no toman en cuenta la construcción de acuerdos de fondo sobre metas y resultados.

Podríamos concluir que las nuevas preocupaciones alientan continuar la transición, pero ello implica ciertamente replantearse las lógicas conducentes a la gobernabilidad y modificar las premisas que facilitan una u otra de las lógicas en curso.

El problema podría ser formulado de esta manera. ¿Cuáles son las premisas políticas que pueden facilitar la construcción de regulaciones democráticas? Cabe precisar aquí que en el escenario actual una parte de ellas depende de las tendencias dominantes en el ámbito internacional.

Algunas Premisas Políticas Necesarias

Es obvio que estas premisas no pueden desde una aproximación general conectarse con las especificidades nacionales. Los países se encuentran en situaciones muy diversas, sin embargo todo tiene al menos un común denominador, están entrampados entre administrar reformas que hasta ahora profundizan la brecha entre mercado desarrollo y democracia o recomponer una capacidad de iniciativa en este campo.21

Apropiarse del problema

En muchos casos sino en la mayoría, los gobiernos son reacios a abordar las implicaciones de fondo del reconocimiento de los problemas de gobernabilidad originados en la contradicción entre reformas y democracia. La existencia de voluntad política en el gobierno es por lo tanto indispensable o por lo menos la existencia de coaliciones que presionen consistentemente.

Cada país tiene su especificidad. Por ello no existe formulas listas para consumir. Pero, si los países no se apropian de la gobernabilidad como problema del desarrollo, no sólo quedarán expuestos internacionalmente a dichas presiones, sino que equivale y esto es más grave, a no tener respuestas internas y estratégicas a estas cuestiones.

El resultado de las carencias nacionales en este campo se expresará como un impacto negativo en la calidad de la formación de las prioridades nacionales, afectando el desarrollo y la democracia, el consenso interno y la legitimidad de las instituciones también se verán afectadas. Esto es un problema del desarrollo del país. Y los malos resultados serán, inevitablemente, responsabilidad del país y de quienes lo gobiernan.

Las consecuencias se expresarán por otra parte y sin duda, en una o en todas de las tres fuentes de apoyo financiero: el ahorro interno, la inversión externa y la cooperación al desarrollo en sus diversas modalidades. Una gobernabilidad deficiente tendrá costos en estos tres niveles y más aun en el último, si se es muy dependiente de ellos.

Recuperar iniciativa política

Despojarse de prescripciones demasiados normativas y condicionada sobre el cómo hacer y sobre modelos no será fácil, para desplazar la atención hacia objetivos, resultados y valores compartidos.

Existe un problema central en los gobiernos latinoamericanos. Están en su gran mayoría prisioneros del dilema entre administrar reformas con baja elaboración interna o gobernar, es decir recuperar iniciativa política y desarrollar modelos propios. El punto es aquí ¿que tipos de relación entre mercado, desarrollo y democracia se están proponiendo?

Sin embargo no se puede recuperar la iniciativa si no hay anclaje nacional de la política y reconstrucción del estado y la nación. Ello requiere de un proteccionismo inteligente y de una apertura selectiva para recuperar competencia sobre los procesos. Sin esto, los perforados espacios nacionales continuaran con las tendencias a la desintegración y a la anomia.

Replantear las reformas

En este sentido los programas de reforma de segunda generación o denominados "institucionales" debe ser replanteados como búsqueda de nuevas formas políticas e institucionales para construir mecanismos de regulación democrática y no como modelos estándar de consagración de una economía de mercado desregulada, separada de la política y la democracia y de objetivos de desarrollo claramente definidos.

Aquí se debe señalar que los países han estado sometidos a una generalizada y extraordinaria presión reformadora por parte de los multilaterales. A las reformas económicas en dirección de la desregulación, privatización y la apertura, han sucedido las reformas de instituciones estatales que han ido más allá de la reducción del estado. Ejerciendo presión sobre las políticas, sobre las normas y sobre la legislación, se intentó remodelar el estado con nuevos esquemas de gestiones exclusivamente funcionales al mercado. Paralelamente las reformas del sector social y la descentralización han acompañado el proceso extendiéndose a casi todos los países.

Esta dinámica debe ser puesta en cuestión. Existe evidencia sobre la incoherencia de los procesos entre si, sus resultados deficientes y de su aplicación estándar sin tener en cuenta las realidades nacionales.22

Replantear el diálogo con los multilaterales

Los países están en su mayoría dentro de un esquema de dependencia externa y fragilidad financiera que los hace muy vulnerables a la condicionalidad y a la adhesión a los lineamientos de los multilaterales. En los casos de extrema dependencia los mecanismos de negociación y dialogo con los multilaterales y cooperantes bilaterales constituyen un aspecto importante en las posibilidades de avance.

Reequilibrar las asimetrías de poder

Las debilidades de los actores sociales vs. las asimetrías de poder existentes, constituye un problema fundamental en el estancamiento y descomposición de la democratización. Ello contribuye a profundizar las debilidades en la institucionalidad capaz de contribuir a la formación del interés público vs. los intereses privados. Ello hace que las capacidades de negociación sean bajas fruto de las asimetrías de poder23, ello repercute en el sistema político o bloquea el avance del pluralismo y la integración política. Ello obstaculiza las posibilidades de arreglos sociales estructurantes. La inflación negociadora en América Latina tiene un saldo pobre en consecuencias políticas e institucionales con impacto en el desarrollo, esto debe ser revertido.

Esto ha favorecido un statu-quo se ha cristalizado en torno a la administración de reformas con fuertes déficit democráticos y que bloquea el desarrollo de instituciones en interacción con la construcción de ciudadanía. La conclusión es obvia necesitamos actores sociales fuertes y no la multiplicación de mediadores.

Una estrategia sectorial dinámica

Las regulaciones democráticas implican una coherencia sino una correspondencia entre los modelos institucionales, las políticas que se elaboran y los arreglos sociales que los sostienen en torno a objetivos de desarrollo. Su construcción no es lineal y difícilmente será integral y simultanea. Unos sectores arrastrarán a otros, habrá bloqueos, retrocesos y nuevos avances. Lo que importa es que la dinámica acumulativa una vez en marcha no se detenga y que la evidencia empírica lo demuestre.24

Esto implica concentrarse en estrategias con impacto difundido, en sectores definidos donde se puedan identificar e exigir objetivos y resultados, como base de la evaluación de la política y de su éxito. Esto es ahora más importante que faraónicos programas de reforma. La construcción de coherencia será un proceso político arduo donde las especificidades nacionales juegan un papel determinante.

En las condiciones de América Latina, en la fase de transición lo que importa es el empuje de procesos estructurantes, aunque las prioridades, el orden en que se ubiquen y la temporalidad política puede variar ciertamente de una situación a otra.

Cambio de clima político

No hay obviamente solución mágica, ingeniería política ni fuerza externa capaz de sustituirse a la existencia de estos procesos. En ellos debemos concentrar recursos políticos, institucionales, económicos y movilización social.

No tendremos resultados si las reformas no son replanteadas en relación a los objetivos del desarrollo y si se mantiene la suposición que el mercado es lo mismo que el desarrollo. Y no tendremos gobernabilidad democrática si no se construyen modos de regulación democráticos, que vinculen mercado desarrollo y democracia.

Esto implica necesariamente reabrir el debate sobre modelos de desarrollo, incrementar las capacidades de negociación y reconocer el conflicto como diversidad de alternativas. Un cambio de clima político es indispensable.


Notas


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