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ISSN 1913-6196

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 MOVIMIENTOS DE PUEBLOS INDÍGENAS Y AFRODESCENDIENTES EN AMÉRICA LATINA:
RETOS DESDE LO LOCAL Y LO MUNDIAL

Desarrollo Humano Sustentable

Por Amanda Romero Medina  

Parte 1 /3

Ponencia presentada en el Encuentro PCS Movimientos Sociales,
iniciativas de resistencia y desarrollo desde la perspectiva
 étnico-territorial y de género: Una mirada de lo global a lo local

Introducción

La construcción social de los pueblos indígenas y afrodescendientes en América Latina para alcanzar su identidad cultural y sus derechos revela una larga historia de luchas por su reconocimiento como pueblos diferenciados del conjunto de la población de la región.

Con procesos disímiles, que corresponden a las contingencias del modo en que se construyeron los estados nacionales latinoamericanos, los pueblos étnicos han pasado por períodos sucesivos de persecución, opresión, cooptación o marginalización de la toma de decisiones en materia de políticas públicas. Tanto los pueblos indígenas como los africanos esclavizados que fueron víctimas del tráfico de personas, protagonizaron en los siglos XVIII y XIX importantes levantamientos de reivindicación de sus derechos, en contra de la barbarie que significó la colonización europea en todo el continente.

Muchas de esas luchas, en apariencia aisladas, aglutinaron a núcleos importantes de pueblos étnicos en un esfuerzo por reclamar su autonomía de los países coloniales, con experiencias destacadas como la de valerosos dirigentes como Benkos Biohó en cercanías a Cartagena, en el caso de Colombia. Dichos esfuerzos fueron factores decisivos para que su visibilidad avanzara en la medida en que existían coincidencias entre los intereses de hijos de europeos nacidos en América y las de los pueblos indígenas y afrodescendientes, llevados casi al exterminio por la política de asimilación, dominación y sometimiento. Así, los grandes movimientos indígenas y de negros cimarrones se unieron a los ejércitos libertadores de Bolívar o San Martín, con la promesa de que las vidas entregadas en batallas contra la colonización española les darían por fin un lugar en pie de igualdad al resto de la población latinoamericana.

Pero la realidad fue demostrando unos resultados distintos y las promesas no fueron cumplidas. De allí que la estratificación social impuesta por los modelos de Estado nacional constituidos tras múltiples guerras civiles dejaron planteadas las raíces del racismo y la discriminación racial, que son el origen de los problemas que enfrentan los pueblos indígenas y afrodescendientes en nuestros países. La pobreza y la marginación que durante los últimos doscientos años han soportado los pueblos étnicos no son el producto de determinismos geográficos, religiosos o basados en el fenotipo: son obra del modelo capitalista desarrollado en América Latina que postergó a estos pueblos a unas condiciones de vida miserables y difundió estereotipos sobre ellos a fin de garantizar la hegemonía de sectores raciales blancos o mestizos, que muy a menudo se pretenden blancos para mantenerse en el usufructo del poder económico, político y social.

Arrinconados a los lugares más inaccesibles geográficamente, los pueblos indígenas y afrodescendientes dieron muestras de una valerosa resistencia expresada en el mantenimiento de su lengua, su religión, sus costumbres y su cultura, mientras sostenían relaciones con la llamada sociedad mayoritaria, que los despreciaba y consideraba "atrasados". Ejemplo de ello son los Garífunas centroamericanos, los palenqueros hablantes de una variedad de bantú en la zona norte de Bolívar, en Colombia, o los pueblos indígenas de cientos de grupos étnicos y familias lingüísticas variadas, que han sobrevivido tres, cinco siglos gracias a su capacidad de adaptación al medio basada en el respeto por la naturaleza y formas de vida sencillas y por ende, profundamente humanas.

En la actualidad en nuestra región existen países donde los pueblos étnicos son mayoría, pero se continúan prácticas que desconocen su propia existencia, a través de la inexistencia de políticas públicas que defiendan sus derechos y de estereotipos que han conducido a la pérdida de autoestima de sus miembros, al punto de renegar de su auto designación como indígenas, como sucede en el caso peruano con los pueblos andinos, que prefieren llamarse a sí mismos "campesinos"; o de reconocerse como negros, porque el argumento del mestizaje es el único valido para la cohesión del conjunto de la población como en Brasil o algunos países del Caribe; o bien cuando por obra de leyes absurdas, como en el caso de Bolivia, las autoridades estatales responsables de los censos de población denominan "indios" en la cédula de identidad a los afrodescendientes, que siendo una minoría dentro del conjunto nacional, mantuvieron como los demás descendientes africanos en Latinoamérica, su identidad cultural.

Las presiones externas relativas a modelos de desarrollo capitalistas, en especial aquéllos de carácter extractivo y depredador, junto con la falta de un reconocimiento del papel de estas comunidades de pueblos étnicos en lo local y lo regional, han dado lugar a la presencia de conflictos en el seno de estas comunidades o de disputas interétnicas, muy frecuentemente influenciados por prácticas políticas autoritarias, patriarcales o de corte político tradicional, que deja de lado las relaciones de reciprocidad y lealtad aprendidas en la familia extensa y la comunidad local, y cede a intereses partidarios ligados al poder económico y político dominante a nivel nacional.

Los derechos indígenas: un camino de lo local a lo mundial

Mientras que los pueblos indígenas emprenden, en este marco, una lucha con procesos nacionales diversos, se destaca la forma en que sus protagonistas trazan un camino de defensa de la territorialidad, la lengua, la cultura y la identidad, que en los últimos treinta años obtiene su punto más importante en la reivindicación por la autonomía según los usos y costumbres de estos pueblos en las legislaciones nacionales y posteriormente, en el plano internacional.

Las luchas indígenas latinoamericanas están llenas de ejemplos de entrega de la vida de valiosos dirigentes, hombres y mujeres, que utilizando una estrategia de interlocución con actores diversos, plantea consideraciones de orden ético y político por la forma en que se entiende el desarrollo y la preservación de su modo de vida.

Es a comienzos de la década de 1990 cuando los pueblos indígenas, a través de múltiples coaliciones, alianzas y deliberaciones que incluyen importantes estudios de órganos de las Naciones Unidas, registran como un logro la promulgación por la Organización Internacional del Trabajo, OIT, del Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales, instrumento único que proporciona un marco de reflexión y acción para los Estados del mundo en el respeto por los derechos diferenciados para este segmento poblacional en el mundo.

Las luchas sociales de más de dos décadas en América Latina también empiezan a reflejar transformaciones y reformas legales, que en cabeza de la promulgación de nuevas constituciones nacionales, incorpora un conjunto de derechos para los pueblos indígenas que eran inéditos para la región. En el caso colombiano, la Constitución de 1991 sería pionera en la discusión sobre la definición del país como multicultural y plurilingüe.

En el plano regional, los pueblos indígenas se organizan desde lo local para participar en debates en el seno de la Organización de Estados Americanos y plantear un proyecto de Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas que busque ser modelo para la estancada discusión de un instrumento similar en el espacio de la ONU.

Pero quizás uno de los logros más destacados de esta lucha en el escenario mundial por el reconocimiento de derechos se ha dado con la creación del Foro Permanente de Pueblos Indígenas de la ONU y más recientemente, con el nombramiento por parte de la Comisión de Derechos Humanos, de un Relator Especial sobre los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, que recayó en el mexicano Rodolfo Stavenhaguen.

Al lado de estos espacios institucionales que han sido creados por la persistente acción propositiva de los pueblos indígenas, es necesario destacar que los avances en lo internacional tienen un correlato directo en las luchas nacionales, que –con sólidas raíces en lo local-, han ido configurando un modo de hacer política desde lo indígena: movilizaciones por la demanda de actuaciones de funcionarios públicos, en procura de la satisfacción de derechos a la vida, a soberanía alimentaria, al acceso a servicios de agua, de transporte, de electricidad, entre otros, son parte de inventario de experiencias latinoamericanas. También, los pueblos indígenas se han movilizado ante los políticos y los gobernantes por la omisión en el cumplimiento de obligaciones contraídas con éstos según las normas internacionales, por ejemplo, frente a la pretensión de empresas nacionales o multinacionales por patentar obtentores vegetales para su comercialización, en especial referidos a la industria farmacéutica.

En estos procesos de movilización social, los pueblos indígenas han sido protagonistas directos en su crítica a modelos autoritarios de ejercicio del poder y al impacto de la violencia en contra de comunidades enteras que fueron arrasadas por dictaduras militares o gobiernos represivos y corruptos. Los casos más destacados en el pasado reciente son los de Guatemala, México y Ecuador.

En Guatemala, la experiencia de las CPR, Comunidades de Población en Resistencia, tanto en la sierra como en la selva, que durante diez años lograron permanecer ocultos, para huir del conflicto armado, contiene enseñanzas imprescindibles para el análisis de otras experiencias de resistencia pacífica a la guerra.

La existencia de la resistencia indígena relacionada con los procesos en Chiapas, Guerrero y otros lugares de México refleja un acumulado de experiencias en las que se combina el uso de los medios de comunicación, la construcción de procesos desde la base para la defensa de los derechos propios y la búsqueda de relaciones entre la comunidad internacional y las situaciones locales, para prácticas de solidaridad que cuestionan las raíces de la injusticia, ubicándolas en la necesidad de transformar la globalización neoliberal y proponer formas de relacionamiento fundadas en la autonomía y el derecho a la libre determinación.

En Ecuador, la relación estrecha entre las expresiones partidarias del movimiento indígena organizado y otros sectores sociales, logró hace tres años la salida de gobernantes corruptos del Estado. Los desarrollos posteriores, con sus altibajos, señalan, sin embargo, que las alianzas estratégicas plantean retos actuales respecto del mantenimiento de una agenda propia que no olvide las demandas de las bases y que pueda, al propio tiempo, mantener el protagonismo indígena en esferas decisivas para el futuro de esta hermana nación.

Al lado de estas experiencias, cuya validez y vigencia siguen estando a la orden del día, las organizaciones de pueblos indígenas mantienen un activismo sostenido alrededor de temas cruciales para su desarrollo: la Red de Mujeres Indígenas de América Latina, los encuentros de pueblos indígenas de la región Andina o la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, son apenas ejemplos de este rico movimiento social que gira alrededor de agendas como las reformas constitucionales regresivas que se viven actualmente, la amenaza sobre la biodiversidad de proyectos de desarrollo a gran escala en territorios indígenas, la persistencia de la violencia y los ataques a las dirigencias en los países de la región, entre otros.


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