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 MOVIMIENTOS DE PUEBLOS INDÍGENAS Y AFRODESCENDIENTES EN AMÉRICA LATINA:
RETOS DESDE LO LOCAL Y LO MUNDIAL

Por Amanda Romero Medina  

Parte 2 /3

Ponencia presentada en el Encuentro PCS Movimientos Sociales,
iniciativas de resistencia y desarrollo desde la perspectiva
 étnico-territorial y de género: Una mirada de lo global a lo local

El movimiento de los pueblos Afrodescendientes: más de una década de progreso

Mientras que el recorrido del movimiento indígena en casos como el colombiano cuenta con una existencia de más de tres décadas, el de los pueblos Afrodescendientes se desarrolla de manera vertiginosa desde finales de los años ochenta.

En su surgimiento convergen una serie de factores que lo favorecen: de un lado, el acercamiento de algunos dirigentes de movimientos afro a programas medioambientales y de desarrollo, que ayudan a canalizar aspiraciones históricas como el reconocimiento de los aportes de los pueblos Afrodescendientes a la preservación del medio ambiente y la formulación de propuestas de un desarrollo que tenga en consideración los aspectos culturales de esas comunidades; de otro lado, la militancia de muchos dirigentes en partidos y agrupaciones políticas de oposición a los partidos tradicionales de caciques latinoamericanos, empujados por la desilusión producida por el incumplimiento de promesas de mejoramiento de la calidad de vida de los Afrodescendientes, de inclusión en pie de igualdad y de combate a la discriminación racial. De igual manera, se reconoce el papel de la iglesia católica en la creación de grupos de trabajo juveniles y de personas adultas dentro de las comunidades Afrodescendientes, que en el contexto de la experiencia latinoamericana de las comunidades eclesiales de base, permiten un conjunto de escenarios propicios para una reflexión desde el derecho a la igualdad de oportunidades, la lucha contra la injusticia social y la explicación sobre las causas profundas de la pobreza y la marginalidad.

Las metodologías patriarcales, sin embargo, tienen un impacto directo en varios de los movimientos Afrodescendientes latinoamericanos, en la medida en que a menudo se construyen liderazgos que no logran articularse a las necesidades básicas de las comunidades, y antes por el contrario, se ubican dentro de una competencia de personalidades afro que compiten por los fondos, el prestigio ante sus iguales y el acceso a los círculos de poder económico, social, religioso y político.

En ese sentido, los desarrollos del liderazgo ocurren de manera descoordinada e inclusive contrapuesta, con planteamientos que recorren el camino de experiencias en otras regiones del mundo, o que surgen de una forma intuitiva desde caudillos que prometen sacar a sus hermanos de la miseria y el atraso. Los ejemplos de la resistencia pacífica de movimientos como el de Martín Luther King en los Estados Unidos han tenido con frecuencia un menor impacto que, la lucha contra el racismo y el apartheid en Sudáfrica liderados por Nelson Mandela, o las alternativas violentas de grupos norteamericanos.

Pese a que existe un acervo importante de experiencias de autogestión, promoción y defensa de los derechos de pueblos Afrodescendientes en la región latinoamericana, la relación entre las y los líderes que acceden a una formación superior con sus comunidades es precaria, jerárquica y pocas veces logra hacer una transferencia de conocimientos o un diálogo de saberes comprometido con un cambio en las relaciones sociales, económicas y culturales.

Sin embargo, a raíz de iniciativas de agencias de financiamiento internacional, en particular de la banca multilateral, se identifican algunas de estas experiencias en la región y se propician encuentros de reflexión sobre políticas de desarrollo que convocan, de alguna manera, a activistas con una trayectoria crítica, puesto que provienen de un trabajo de lucha por el reconocimiento de sus derechos en el ámbito nacional e internacional, aunque debe decirse, no contaban con un espacio y una visibilidad que les permitiera tener voz y voto en los asuntos de políticas públicas que les beneficiaran.

En el caso colombiano, por ejemplo, la inclusión del tema Afrodescendiente y sus derechos en la Constitución Nacional se logra solamente en la fase final de su redacción, tras el proceso de la Asamblea Constituyente. La relación con los representantes indígenas hace que se coloque el artículo transitorio 55, que daría lugar posteriormente a la Ley 70, lo que refleja, a finales de los años ochenta, que los obstáculos para la inclusión de los derechos de las y los Afrodescendientes iba a requerir de una labor sostenida, no solamente para sensibilizar a la opinión nacional, sino para que las determinaciones en materia de políticas tuvieran un sustento en los presupuestos gubernamentales y sobre todo, la voluntad política de llevar a la práctica los derechos consagrados.

Los pasos dados por organizaciones de Afrodescendientes que se convocaron en encuentros temáticos fueron dando sus frutos en el surgimiento y fortalecimiento de diversas organizaciones de base, ONG y proyectos adscritos a instituciones religiosas, académicas, ambientales o gubernamentales, que sentaron las bases de un nuevo activismo, que dejaba atrás, en cierto modo, una concepción del trabajo relacionado exclusivamente en lo cultural o deportivo, superando estereotipos y luchando contra prácticas endorracistas1, que perdían de vista una perspectiva más política, en cuyo seno pudieran prosperar de manera integral los elementos culturales, los de género, los socioeconómicos y los de un proyecto político propio.

Varios de estos dirigentes latinoamericanos, hombres y mujeres, que dirigen estas organizaciones de base, o no gubernamentales, dieron lugar durante la década pasada, a movimientos y redes que comenzaron a articular un discurso y una práctica volcada a lo étnico-político. Algunos, con la realización de proyectos de capacitación y educación en las comunidades, con intercambios internacionales, con países del norte y aún con experiencias con organizaciones africanas, pero sobre todo, con acciones centradas en el uso de los instrumentos de derechos humanos, presentaron sus casos ante instancias de la OEA y la ONU, con resultados muy positivos para su causa. Otros, llevaron sus reflexiones y demandas en espacios internacionales, como las diversas Cumbres Mundiales organizadas por las Naciones Unidas: Río de Janeiro, Beijing, Copenhague y Viena, fueron, entre otros, los escenarios de este surgimiento de una postura específicamente relacionada con los derechos de estas poblaciones.

La Red de Organizaciones Negras Centroamericanas, ONECA; las Organizaciones Mundo Afro, OMA, en el Cono Sur; la Red de Mujeres Afrocaribeñas, la Red "Afroamérica XXI" y la "Alianza Continental de los pueblos Afrodescendientes" conformada a finales de los noventa, son hoy en día una muestra del desarrollo del trabajo más coordinado y estructurado sobre ejes nacionales y regionales.

El camino hacia Durban: las demandas históricas de las Minorías Étnicas

Si bien las organizaciones de pueblos indígenas y Afrodescendientes de América Latina se resisten políticamente a ser tratados como minorías étnicas, el uso de este término se refiere a los parámetros de protección y defensa propuestos a lo largo de la historia de los instrumentos de las organizaciones inter-gubernamentales de derechos humanos.

Con las excepciones notorias de Brasil, en donde más del 50% de la población es Afrodescendiente, o de otros países latinoamericanos donde la mayoría de la población es o bien indígena o Afrodescendiente, en la región andina estos pueblos constituyen una minoría respecto del resto de la población.

Para ellos, el marco de protección como poblaciones vulnerables, afectadas por la sistemática violación de sus derechos y puestas en un alto riesgo de desaparición, se convierte en un factor de urgencia, puesto que están dentro de los grupos con mayor pobreza de la región, acosados por la pérdida de sus medios de vida y por la violencia generalizada, en especial la relacionada con el conflicto armado interno.

Con el propósito de analizar estas situaciones y buscar un espacio de construcción colectiva desde los derechos, las más importantes redes de los pueblos Afrodescendientes de la región andina comenzaron en Septiembre de 1999 un proceso de preparación hacia la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y formas conexas de intolerancia, CMDR, que la Organización de Naciones Unidas anunciara para el año 2001.

Este proceso incluyó la realización de diversos eventos de capacitación y formulación de propuestas. En la región Andina, se produjo, por ejemplo, una Declaración Conjunta de organizaciones de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia, que establecieron las pautas sobre lo que serían sus demandas ante la Primera Reunión Preparatoria de la Conferencia, realizada en Ginebra. Posteriormente, en el proceso de diálogo entre la ONU y la sociedad civil, se conformaron equipos regionales que prepararían reuniones paralelas a las oficiales con el fin de recoger las necesidades, preocupaciones y propuestas de las organizaciones de pueblos étnicos.

Es así como tras un proceso concertado, se llegó a la realización de la Conferencia Regional en Santiago de Chile, en Diciembre del 2000. Allí, se produjo un debate que sería un hito en la discusión política sobre los derechos de indígenas, Afrodescendientes y gitanos:

  • Se introdujo el término Afrodescendiente, para colocar un lenguaje común que identificara a las personas de ascendencia africana nacidas en este continente, a fin de aclarar que más allá del fenotipo, el color de la piel o las características físicas, se trata de rescatar la cultura y las raíces comunes de estos grupos de población, que además, requerían diferenciarse del término "afroamericano", distintivo de las personas de ascendencia africana nacidas en los Estados Unidos.

  • Se aprobó por los delegados y delegadas de los Estados del continente americano, que las y los Afrodescendientes son pueblos, al igual que los indígenas, y que las discusiones sostenidas alrededor de la Declaración Americana sobre Pueblos Indígenas hacía dicho reconocimiento, sin desmedro de los debates sobre la manera en que el reconocimiento de la libre determinación de estos pueblos afecta conceptos como la soberanía nacional o la integridad territorial de los estados de la región.

  • Se incluyeron temas de preocupación regional referidos a la lucha contra el racismo y la discriminación racial, en relación con temas conexos como la discriminación basada en el género, la discapacidad física o mental, la orientación sexual y las situaciones derivadas de conflictos económicos o la violencia, relativas a la existencia en la región de poblaciones desplazadas internas y refugiadas, en particular en la sub-región Andina.

El Foro paralelo de la sociedad civil dejó al descubierto que las divisiones y tensiones entre los distintos grupos y redes seguían siendo un motivo de separación de esfuerzos, en especial por la confusión que se generó respecto de la interpretación del título de la Conferencia alusivo a "formas conexas de intolerancia". Tanto el Foro Andino como el Foro Continental adoptaron el nombre de "Foro por la Diversidad y la Pluralidad", que llevó a que el protagonismo central se asumiera desde organizaciones no gubernamentales que trabajan por el derecho al respeto a la orientación sexual, las discapacidades y otras formas de discriminación, dejando quizás de lado el eje principal del debate, relativo a la lucha contra el racismo, la discriminación racial y la xenofobia, en especial los problemas que enfrentan las comunidades de pueblos indígenas, gitanos y Afrodescendientes.

Sin embargo, la propia dinámica de las discusiones y la naturaleza del trabajo hacia la CMDR ayudaron a decantar las prioridades para muchas de las organizaciones presentes, que se dieron cita posteriormente en Montevideo, a fin de precisar una agenda común entre organizaciones no gubernamentales, de pueblos indígenas y Afrodescendientes, que darían lugar a la "Alianza Estratégica" cuyo papel en Durban, fue destacado.


Notas


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Primera Parte
Segunda Parte
Tercera Parte

Siguiente: La Declaración y el Plan de Acción de Durban  

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