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ISSN 1913-6196

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 MOVIMIENTOS DE PUEBLOS INDÍGENAS Y AFRODESCENDIENTES EN AMÉRICA LATINA:
RETOS DESDE LO LOCAL Y LO MUNDIAL

Por Amanda Romero Medina  

Parte 3 /3

Ponencia presentada en el Encuentro PCS Movimientos Sociales,
iniciativas de resistencia y desarrollo desde la perspectiva
 étnico-territorial y de género: Una mirada de lo global a lo local

La Declaración y el Plan de Acción de Durban: lecciones desde la sociedad civil latinoamericana

Los aportes de agencias internacionales de cooperación al desarrollo y la existencia de grupos de la sociedad civil organizados, permitieron que la participación latinoamericana en la CMDR fuera importante, si bien reflejó lo que serían las conclusiones posteriores, de desventaja para el tratamiento y consideración del tema de los pueblos indígenas.

La experiencia de Santiago fue una pauta fundamental para la contribución de la Alianza Estratégica en Durban, si bien la presencia de delegados y delegadas latinoamericanos no logró tener una voz coordinada, concertada y propositva, en parte por el desorden y la imprevisión que lamentablemente se vivió en el Foro de la Sociedad Civil y el Foro de Jóvenes contra el Racismo, la Discriminación Racial y la Xenofobia que tuvieron lugar en Durban previos a la Conferencia Mundial propiamente dicha.

Pese a que muchos delegados y delegadas latinoamericanos brillaron por su ausencia en las discusiones de fondo de Durban, bien porque algunos de ellos se volcaron a actividades paralelas organizadas por diversos actores, como el proyecto "Voces" patrocinado por la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y la ONG "Minority Rights", o bien porque no se comprendió la importancia del tema, las redes participantes pudieron incluir algunos de los temas de Santiago en los grupos de trabajo que produjeron la Declaración y Plan de Acción de Durban, respectivamente.

Estos dos instrumentos, difundidos escasamente en Latinoamérica, pese a los esfuerzos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y algunas ONG y redes regionales, tienen la ventaja de ser documentos actuales que reúnen las recomendaciones de órganos de vigilancia de los tratados de la ONU, convoca a acciones concretas en los campos de la educación, la salud, la vivienda y otros derechos económicos, sociales y culturales, y da un marco para hacer realidad la lucha contra el racismo y la discriminación racial tal y como lo plantea la Convención del mismo nombre de 1965, señalando acciones específicas relacionadas a los derechos de las mujeres, los niños, las niñas y las personas jóvenes.

Los estados Europeos Occidentales e Israel fueron los sectores que más oposición hicieron en Durban a los planteamientos de los países del Sur y la sociedad civil, porque ven como una amenaza las recomendaciones relativas a la indemnización a las víctimas de racismo y discriminación racial, algo que en Durban estuvo liderado por varias naciones africanas, que buscarían de ese modo, atraer inversiones para sus países, acosados por el hambre, la pobreza, las guerras civiles y las enfermedades como el VIH-SIDA o la malaria, resultantes en gran parte del colonialismo y la esclavización de su población para la trata trasatlántica. En este último punto, la posición de los grupos y redes latinoamericanos ha sido la de demandar indemnizaciones por los daños causados por la industria esclavista, a través de la exigencia del cumplimiento de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales y demás obligaciones de los gobiernos, algo que los Estados de la región acogieron parcialmente. El texto final solamente dejó establecidas las indemnizaciones por actos de racismo hacia el futuro, no sobre hechos ocurridos en el pasado.

En evaluaciones posteriores a la Conferencia, las organizaciones y redes de los pueblos étnicos han reflexionado sobre la necesidad de continuar haciendo esfuerzos con los Ministerios de Relaciones Exteriores y en general con los gobiernos de sus países, puesto que en la mayoría de ellos no existe voluntad política para incluir acciones concretas que posibiliten la implementación del Plan de Acción. Los Planes de Desarrollo, por ejemplo, de los gobiernos latinoamericanos no tienen en cuenta este instrumento en la práctica, ni se han dado los pasos necesarios para establecer mecanismos de diálogo con las organizaciones de la sociedad civil y los Estados a fin de cumplir con las obligaciones internacionales derivadas de los Pactos y convenios internacionales que de modo acertado recogen las conclusiones de Durban.

Quizás uno de los avances en el plano internacional que se desprende de la Conferencia Mundial es el establecimiento por las Naciones Unidas de un Grupo de Trabajo de Expertos Internacionales sobre los Derechos de las personas Afrodescendientes. Lamentablemente, luego de dos sesiones sigue estando ausente la voluntad política de los países europeos occidentales, que no han nombrado su representante para el Grupo de Trabajo.

Con miras a brindar herramientas de debate y darle contenido al Grupo de Trabajo, se celebró en mayo del 2003 un Taller Latinoamericano y del Caribe sobre Políticas de Acción Afirmativa para los Afrodescendientes, auspiciada por la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. En un diálogo inédito, en donde las organizaciones, redes y grupos de Afrodescendientes tuvieron voz y pudieron incluir sus preocupaciones en las recomendaciones, la ONU ha formulado recomendaciones concretas en las esferas de la salud, la educación, la vivienda, las políticas públicas y la participación de estos pueblos, que bien vale la pena revisar para el trabajo mancomunado con pueblos indígenas y otros pueblos étnicos.2

En el contexto de este taller se produjeron importantes acercamientos entre grupos y redes que anteriormente han estado separadas, de repente empujadas por la necesidad de tener mejor y más oportuno acceso a recursos de la cooperación internacional bilateral, multilateral y privada. Es así como se suscribió un Acta de entendimiento entre la Red de "Alianza Continental de Pueblos Afrodescendientes" y "Afroamérica XXI", que a instancias de las Organizaciones Mundo Afro, apuntarían a superar escollos en el trabajo internacional.

Los retos desde lo local y lo mundial para las organizaciones de pueblos étnicos.

Las comunidades latinoamericanas de pueblos étnicos han hecho una contribución definitiva a la identidad nacional y regional, pero sus demandas siguen sin cumplirse y su situación de dispersión se presenta como un obstáculo para su impacto en las acciones desde otros sectores de la sociedad civil regional.

De allí que los retos actuales y futuros para la inclusión de sus agendas en las de carácter nacional, regional latinoamericano y mundial (global), tendrían que tomar en consideración los siguientes aspectos:

  1. La construcción de sujetos de derecho activos, incluyentes y autónomos
  2. La sistematización de las experiencias locales desde un discurso étnico propio con un enfoque de género y derechos humanos.
  3. La movilización social hacia el cumplimiento de demandas por parte de los estados nacionales de la región.
  4. La participación democrática en espacios con otros pueblos étnicos regionales, en torno a agendas y problemas comunes.
  5. La utilización de los espacios e instrumentos internacionales de derechos humanos dentro de planes estratégicos.
  6. El intercambio de experiencias con otros pueblos y países que aporten al fortalecimiento de la identidad propia y el aprendizaje común sobre temas que les afectan.

La construcción de sujetos de derecho activos, incluyentes y autónomos

Los procesos de transformación social y de movilización colectiva alrededor de metas alcanzables se producen en América Latina por la combinación de factores internos en el desarrollo de los grupos y organizaciones, pero también en relación con los imperativos que plantea la coyuntura externa.

Experiencias como la brasilera o la ecuatoriana en el momento actual indican que un trabajo de base fundado en procesos de capacitación, educación, investigación y construcción de capacidades propias es la condición necesaria para poder avanzar en la participación política desde una perspectiva de los sectores populares y de pueblos étnicos.

Sin embargo, para alcanzar este tipo de presencia nacional, se hace preciso profundizar en procesos de construcción colectiva de sujetos que por sí mismos ubiquen en sus prioridades políticas, su mandato o misión y su visión estratégica los principios de la lucha contra todas las formas de discriminación, la toma democrática de decisiones, la transparencia en el manejo de los fondos y las relaciones y la rendición de cuentas respecto de la acción social que se han comprometido a llevar adelante, en función de diagnósticos participativos que cuentan con la identificación de las necesidades personales, grupales y societales.

Cuando se habla de la lucha contra todas las formas de discriminación, el reto fundamental para las comunidades étnicas latinoamericanas debe tomar en consideración los avances y la presencia de las mujeres, niñas y jóvenes en los procesos sociales, su contribución en el sostenimiento y reproducción de la cultura y los obstáculos que impiden que ellas sean protagonistas de su propio destino. Con el respeto por las tradiciones y costumbres culturales en diversas comunidades indígenas y Afrodescendientes, se plantea el reto de analizar formas de abordar el aporte femenino en las condiciones actuales del mercado y las políticas económicas neoliberales, que cada vez más empujan a las mujeres en la búsqueda de soluciones prácticas para sobrevivir con sus familias y enfrentar conjuntamente con sus hombres la pobreza. A la constatación del cada vez más alto porcentaje de mujeres gitanas, indígenas y Afrodescendientes que están involucradas en actividades productivas, se debe agregar la necesidad de que los procesos de toma de decisiones sobre sus vidas en el seno de sus comunidades guarde relación con el respeto por ellas como sujetos de derechos.

De igual forma, nuestra experiencia pedagógica nos indica que es necesario emprender procesos de educación y capacitación con las organizaciones étnicas, a fin de superar posturas endorracistas, trabajar por elevar la autoestima y ligar estos procesos con las agendas políticas en lo local, lo provincial o estatal y lo nacional. En esta tarea, la valoración por los aportes culturales de los distintos segmentos poblacionales deberán considerar asimismo las miradas diferentes de las generaciones mayores o de las jóvenes, para que las presiones del consumo materialista no acaben por destruir los principios de reciprocidad, solidaridad y lealtad que permiten la pervivencia de los pueblos.

El fortalecimiento de la familia nuclear, la familia extensa y la comunidad como eje del desarrollo de los individuos pertenecientes a los pueblos étnicos implica la revisión de situaciones delicadas como el uso de la violencia en el seno del hogar, la influencia de los medios de comunicación y el papel de la escuela en la construcción de referentes que garanticen el uso sano del tiempo libre y de relaciones armónicas, basadas en el reconocimiento de las diferencias, las aptitudes y las capacidades de cada persona en la comunidad.

Allí tienen prelación las actividades tendientes a apoyar a niños, niñas y jóvenes en la perspectiva de su participación social en un marco de lucha contra la violencia, que incluye de manera especial para nuestra región, el establecimiento de programas encaminados a acabar contra todas las formas de militarismo y prácticas patriarcales y autoritarias que no permiten el disfrute de los derechos humanos.

La sistematización de experiencias locales desde un discurso étnico propio, con un enfoque de género y derechos humanos

A pesar de que existen variadas y múltiples experiencias latinoamericanas de desarrollo humano, social, económico y político, que demuestran su respeto por el medio ambiente y por formas asociativas y solidarias, hace falta un trabajo más serio y sostenido de sistematización de las mismas, que vaya más allá de los requerimientos de agencias de cooperación al desarrollo, autoridades locales o proyectos coyunturales.

Dichas sistematizaciones han de producirse y difundirse empleando los recursos de la cultura oral, los medios audiovisuales y la capacidad de difusión que los pueblos étnicos han manejado ancestralmente, con un énfasis en las experiencias positivas desde las mujeres, los grupos mixtos y la defensa de los derechos humanos, que les posibiliten aprender formas de resistencia y proyectarse hacia acciones más concertadas en lo nacional, lo regional y lo mundial.

La larga trayectoria en proyectos de desarrollo, medio ambiente, salud, educación, derechos civiles y políticos, y actividades artísticas o culturales deberán articularse de mejor manera en espacios creados para tal fin, con el propósito de contribuir a la formación de un discurso desde lo étnico, que recupere los saberes y que dialogue con otras experiencias nacionales.

La movilización social hacia el cumplimiento de demandas por parte de los estados nacionales de la región.

El creciente empobrecimiento de los pueblos latinoamericanos causado por la imposición de políticas macroeconómicas para las cuales la producción campesina o indígena rural no es viable, que concentra la riqueza económica y el poder político y que profundizan y empeoran las formas de racismo y discriminación, hace que América Latina sea una región con movimientos sociales que amenazan con estallar violentamente, a menos que se introduzcan profundas y urgentes transformaciones no solamente legales, sino políticas prácticas.

Pese a que se reconoce que el papel de las empresas transnacionales y de gobiernos de países en desarrollo determinan en buena medida el ejercicio del poder en nuestros países e impiden la libre determinación política, con un impacto negativo para el crecimiento con desarrollo humano para la región, la realidad es que en ese escenario no ha desaparecido el estado nacional y que los discursos de democracia y participación siguen en la agenda de nuestros gobernantes.

A pesar de reformas cada vez más regresivas en especial relativas a la seguridad social y el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales, los pueblos étnicos, en conjunto con otros movimientos sociales, poseen aún instrumentos y canales de acción no-violenta que permiten avizorar que cuando se construye un discurso étnico propio, la causa mayor de demanda de respeto a esos derechos, se enriquece y puede contar con un acervo más rico para la movilización social, como lo demuestra la historia latinoamericana reciente.

Es preciso, entonces, transformar la visión de Estado que algunos líderes y pueblos étnicos mantienen en América Latina, de un ente paternalista que nos hace el favor de mirar y considerar a las comunidades étnicas, por una en que éste, como construcción social, adquiere compromisos con los electores y electoras, y proporciona servicios conforme a disposiciones legales y constitucionales, sin los cuales su legitimidad se socava o es inexistente.

En consecuencia, las acciones de vigilancia ciudadana, las formas de participación y de consulta previa deberán analizar las potencialidades y riesgos de una interlocución con el Estado, tomando en cuenta los factores e intereses externos e internos que están en juego en la solución de problemas específicos de las comunidades, en los ámbitos rural, urbano, local, departamental o nacional.

Los desarrollos recientes de actividades comunes de comunidades étnicas en el plano regional latinoamericano marcan una pauta esperanzadora sobre las perspectivas de fortalecimiento de los movimientos sociales. Desde los esfuerzos que congregaron a diversos sectores en torno del Jubileo 2000, pasando por la creación de espacios y redes de pueblos indígenas y Afrodescendientes, se cuenta actualmente con iniciativas para enfrentar acuerdos como el ALCA, en la que se aglutinan organizaciones de productores agrícolas, por ejemplo, alrededor de la CLOC, la Coordinadora Latinoamericana de organizaciones del Campo.

La participación democrática en espacios con otros pueblos étnicos regionales, en torno a agendas y problemas comunes.

De igual forma, la identificación de espacios de debate ambiental también cuentan con alianzas estratégicas de organizaciones sociales, no gubernamentales y redes indígenas y Afrodescendientes, que se agrupan en torno a agendas y problemas como la lucha contra la introducción de productos transgénicos, la reducción o eliminación de cuotas de producción de alimentos, el manejo de los recursos naturales y las demandas relativas a las medidas de precaución frente a proyectos a gran escala en los terrenos turístico, minero, petrolero, de generación de electricidad, etc.

Las organizaciones de pueblos indígenas y Afrodescendientes de la región siguen hasta la fecha asistiendo a espacios nacionales e internacionales por separado. Las diferencias y disputas intestinas prevalecen en el momento de acercar propuestas que atiendan las necesidades comunes, como pueblos diferenciados. La dinámica de visibilidad que han logrado algunos dirigentes y organizaciones de pueblos étnicos ha conducido a un activismo desaforado en algunos de nuestros países, en donde los pueblos étnicos no tienen tiempo para discutir o multiplicar con sus comunidades los aprendizajes, discusiones y propuestas que surgen de eventos, conferencias y seminarios que abordan problemáticas claves para su desarrollo como grupos.

No solamente la asistencia a reuniones con ministerios y entidades públicas mantiene ocupada a la dirigencia, sino que las decisiones que allí se toman como dadas en un proceso de consulta en los que las y los dirigentes participan, no cuentan necesariamente con espacios de socialización, control y verificación por parte del grueso de los pueblos afectados.

A pesar de la existencia de mecanismos de asambleas y discusiones en las que asisten las personas mayores de las comunidades, en muchos casos, se mantiene el divorcio entre el acceso a niveles de escolaridad altos, la recuperación y el mantenimiento de procedimientos democráticos propios de las comunidades étnicas, para la toma de posición y de decisiones. Esto sucede por lo general, cuando la representatividad étnica es asumida por los gobiernos, las ONG, las iglesias u otras instancias, a partir de delegaciones no otorgadas a miembros de organizaciones sociales, no gubernamentales, religiosas o culturales que no cuentan siquiera con condiciones espacio-temporales para consultar sobre temas fundamentales para el futuro de sus pueblos.

Si esto sucede en el seno de organizaciones indígenas o Afrodescendientes por separado, el problema se agrava aún más al momento de producirse una participación conjunta en eventos, discusiones, o espacios donde se debaten temas de interés para estos grupos. Tal es el caso de definiciones normativas, de reformas legales o constitucionales, de reglamentación de leyes referidas a la educación, la salud, la vivienda, el desarrollo o el medio ambiente; que, como en el ejemplo de Colombia, hacen que situaciones como las de los impactos de las fumigaciones de cultivos de coca o amapola, no tengan en el momento una posición conjunta, estudiada y coherente desde los pueblos indígenas, y que éstos, en desarrollo del Convenio 169 de la OIT, no hayan hecho acercamientos con pueblos Afrodescendientes y comunidades campesinas afectadas por el mismo problema, para hacer un pronunciamiento común ante el Estado colombiano.

La utilización de los espacios e instrumentos internacionales de derechos humanos dentro de planes estratégicos.

Un reto fundamental para los pueblos étnicos consiste en la apropiación más consciente y seria de los instrumentos internacionales de derechos humanos, a fin de que éstos se constituyan en herramientas para la acción social y política en los planos nacional, regional e internacional.

La educación en derechos humanos con una perspectiva étnica deberá, por tanto ocuparse del estudio y aplicación práctica de instrumentos como la Convención Internacional contra el Racismo y la Discriminación Racial, la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, al lado del conjunto de Pactos, Convenciones, Recomendaciones y Reglas definidas en diversos órganos inter-gubernamentales, en la medida en que dichos instrumentos poseen una jerarquía jurídica respecto de las constituciones y las leyes nacionales. Las propuestas educativas podrán, de ese modo, concretar enfoques integrales, con atención a la edad, el género, o la condición de las personas de los grupos con los que se trabaja.

Si se emprende de manera decidida esta acción educativa en estrecha relación con las necesidades y prioridades de los pueblos étnicos latinoamericanos, muy seguramente se podrá dar una respuesta más cercana a las mismas, con un contenido y un discurso fundado en la realidad inmediata. Pero la mera asistencia a eventos, por importantes que estos sean, no podrá dar frutos en el avance del movimiento de estos pueblos. Se requiere que se diseñen planes estratégicos de largo alcance, en donde las actividades, propuestas y sueños se concreticen a través de múltiples enfoques, en los que el cabildeo, la incidencia, la relación entre los ejemplos de lo local y las demandas más generales y su viabilidad práctica, vayan dando resultados frente a un contexto mundial globalizado.

El intercambio de experiencias con otros pueblos y países que aporten al fortalecimiento de la identidad propia y el aprendizaje común sobre temas que les afectan.

Finalmente, la riqueza de los encuentros humanos y en particular, en este caso, la de los pueblos étnicos es lo que ha ido dando pistas sobre la acción global. Para ello, las organizaciones de pueblos indígenas y Afrodescendientes tienen el reto de establecer más y mejores relaciones de intercambio, a través de mecanismos como las pasantías, la organización de actividades de solidaridad presencial, la organización de misiones humanitarias, de verificación de situaciones violatorias de los derechos humanos y del derecho que regula los conflictos con la visión de identificar las enseñanzas, los obstáculos, los actores y problemas comunes, a fin de edificar una sociedad latinoamericana que finalmente, reconozca las contribuciones de estos pueblos y les garantice el ejercicio de sus derechos humanos en pie de igualdad, dentro de la diferencia.


Notas


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