Tomado del libro "Seguridad
Humana, Prevención de Conflictos y Paz"
publicado por FLACSO Chile
Paz
Un diccionario básico de términos filosóficos1, nos recuerda
que la paz "No se limita a la ausencia de guerra. La
concordia y el
entendimiento entre los hombres no pueden lograrse más que con un proyecto
cultural, político…". San Agustín entendía como "La tranquilidad en el
orden". Habitualmente, se le asocia a la realización de la justicia,
definida como "…virtud cardinal, se manifiesta por el respeto del derecho
del otro (dar a cada uno lo que le es debido… valor básico para la moral y
la política".
La más novedosa aproximación en la material, es el concepto
de Cultura de Paz, originalmente planteado por el religioso peruano Felipe
MacGregor, desarrollado con encomiable entusiasmo por Federico Mayor,
Director General de la UNESCO y eventualmente asumido por la Asamblea
General de Naciones Unidas. Consiste, según su Res. 52/113 en valores,
actitudes y conductas que plasman y suscitan a la vez interacciones e
intercambios sociales basados en principios de libertad, solidaridad, que
rechazan la violencia y procuran prevenir los conflictos tratando de atacar
sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo la negociación
y que garantizan a todos el pleno ejercicio de todos los derechos y
proporcionan los medios para participar plenamente en el proceso de
desarrollo de su sociedad."
El concepto de la Cultura de Paz no debe ser banalizado por
invocaciones genéricas. En la Conferencia General de la UNESCO, Octubre de
1997, al tratar de dicha cuestión manifesté: "Para que los países sean
creíbles no bastan protestas o declaraciones, sino que debe demostrarlo con
criterios que no tienen nada de misteriosos. En lo interno, la creación de
condiciones para el funcionamiento efectivo de sociedades libres,
democráticas y pacíficas. Hacia el exterior, el respeto a los principios y
dispositivos del derecho internacional, el cumplimiento de los tratados, la
educación para la paz, la auténtica buena voluntad y la búsqueda sincera de
la cooperación."
En consecuencia, las afirmaciones de estar a favor de la
paz, deberán acompañarse en el ámbito internacional del cumplimiento de las
condiciones señaladas y, en el interior de los países, de inequívocas
demostraciones de respeto a los derechos humanos, uso legítimo del poder
político o financiero, lucha contra la violencia familiar, la
discriminación, la exclusión y por la participación de todos en el
desarrollo.
En dos palabras, para alcanzar y consolidar la paz, es
indispensable que en los ámbitos internos y externos de nuestra aldea
global, la democracia y el derecho, conceptos inseparables y condiciones de
la paz, encuentren la manera de realizarse. Nunca como hoy ha sido tan clara
la conciencia de su necesidad histórica, tan específicos los compromisos
asumidos ni tan apremiante el deseo de los pueblos por hacerlos realidad.
Concepto de Seguridad
Dependiendo de la amplitud que se asigne al concepto de
seguridad, el número de amenazas puede ser restringido o amplio. Una visión
estrecha de la seguridad restringe el rol militar a la defensa de la
soberanía y al rechazo de agresiones directas contra el Estado pues en
principio, las "amenazas" a la seguridad, deben ser contrarrestadas por la
defensa o sea la posibilidad del empleo de la fuerza militar. Otros
problemas requieren distinto tipo de respuestas. Sin embargo, la Declaración
de Bariloche de Ministros de Defensa de las Américas de octubre 1966, parece
adherir a la tendencia a la ampliación del número de "amenazas" y considera
como tales, además de las anteriores, a asuntos como: marginalidad de
grandes sectores, la producción y el tráfico de drogas, terrorismo, crimen
organizado, violaciones a los derechos humanos. Otros consideran también
amenazas a temas como: migraciones irregulares, medio ambiente, falta o
debilidad de instituciones democráticas, atraso técnico y científico,
explosión demográfica, racismo, fundamentalismo político, subversión, etc.
Estos problemas suscitan inquietud y afectan el normal
discurrir de la vida política económica y social pero no se advierte cuáles
serían las respuestas, si dentro de conceptualizaciones "amplias" de
seguridad o de "seguridad integral" se les consideran "amenazas" y como
tales, asuntos que interesan a los sistemas de defensa, vale decir de la
posibilidad del empleo de la fuerza que constituye el último recurso de la
seguridad. En efecto, hay cierta tendencia a "militarizar" las respuestas,
lo que implica creciente participación del sector de defensa y de los
militares en asuntos que son ajenos a su naturaleza y funciones, incluyendo
políticas de desarrollo.
De otro lado, debe entenderse que las "nuevas amenazas" o
"amenazas militares" hacen parte de una agenda desarrollo- subdesarrollo en
la cual los problemas originados en los países pobres no solamente
comprometerían su seguridad sino también la regional y mundial. Esta
"amenaza" del Sur" es ambigua y preocupante pues refiere a problemas que
provienen del propio continente, no interesan a todos de la misma manera y
los generadores de amenazan no son, como en el caso clásico, los Estados
sino grupos de personas o situaciones políticas, económicas o sociales.
En el mundo globalizado, se advierten situaciones
conflictivas descentralizadas que corresponden a varios tipos. Hay una
violencia urbana no política relacionada a la estructura social como el caso
de Johannesburg, Río de Janeiro y otras ciudades. Hay una violencia política
insurgente o subversiva como los casos de Sendero Luminoso, las FARC de
Colombia y una serie de movimientos en el Medio Oriente, Filipinas y otros
lugares. Otra forma de violencia política está vinculada al delito en los
casos de tráfico de armas y lavado de dinero. La relación del crimen
internacional organizado con el incremento de criminalidad local es evidente
en estos casos. En casi todas esas ocasiones se producen violaciones más o
menos masivas de los derechos humanos.
Para terminar de complicar el panorama, después de los
atentados terrorista en Nueva York del 11 de septiembre, se habla con total
naturalidad de un "conflicto de civilizaciones" según el pensamiento de
Samuel Hungtinton, que enfrentaría al mundo islámico con occidente.
Independientemente de la inconveniencia de admitir este tipo de
planteamiento, cabe tener muy en cuenta la peligrosidad de las actuales
circunstancias.
La conflictividad estructurada de alta previsibilidad de la
guerra fría ha sido reemplaza por una conflictividad desestructurada de
escasa previsibilidad. Por otra parte, del concepto clásico de seguridad de
los Estados se está pasando a examinar preocupaciones sobre la seguridad de
las personas. Esto incluye los nuevos conceptos de seguridad humana,
seguridad democrática y varios otros como seguridad cooperativa o seguridad
compartida. De la clásica disuasión, los Estados más progresistas pasan a
considerar la cooperación y la integración como elementos centrales de sus
sistemas de seguridad.
Seguridad Hemisférica
También en el ámbito interamericano, la OEA ha venido
asumiendo el concepto de Cultura de Paz, acompañándolo de la necesidad de
promoverla mediante la educación. Esta debe basarse en los principios de la
Organización, especialmente los que conciernen el logro de un orden de paz y
justicia, el fortalecimiento de la cooperación, el cumplimiento de las
obligaciones derivadas de los tratados, la solución pacífica de las
controversias, el no uso o amenaza del uso de la fuerza, la no intervención
y la defensa de la soberanía e integridad territorial de los miembros, todo
ello con la condición y en el marco del sistema democrático.
La situación de paz externa en el hemisferio, la ausencia de
amenazas extra continentales de tipo clásico y la generalización de los
gobiernos democráticos crean un ambiente propicio para la nueva
consideración del significado de la seguridad para los Estados, las
sociedades y las personas. Sin embargo, no es fácil encontrar parámetros
para la seguridad en una asociación donde los intereses diferentes se
traducen en una asimetría evidente. Uno de los miembros tiene intereses y
compromisos estratégicos globales y a los demás preocupa básicamente su
situación interna y el entorno inmediato, sin carecer por ello de interés en
la seguridad hemisférica.
El "nuevo" tratamiento de estas cuestiones se inició en 1991
al término de la guerra fría. La Comisión de Seguridad Hemisférica es el
foro oficial donde los gobiernos se expresan en estos temas. Sus resultados
aún no compiten con los entendimientos de las áreas militares. En efecto,
algunos países tienen dificultades con el Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca TIAR, la Junta y el Colegio Interamericano de Defensa,
que subsisten a pesar de estar políticamente superados por el fin de la
guerra fría. Debería diseñarse un esquema hemisférico de seguridad que
contemple las preocupaciones de todos los países. La Conferencia Especial
sobre Seguridad Hemisférica, prevista para el 2004 debería ser una buena
oportunidad para culminar este propósito. Sin embargo, los países
latinoamericanos son renuentes a examinar entre ellos criterios para el
tratamiento más informado y equilibrado de los temas de seguridad
hemisférica.
En la Comisión Especial de Seguridad Hemisférica se examinan
medidas de fomento de la confianza y la seguridad, nueva conceptualización
de seguridad, aspectos institucionales, transparencia en las adquisiciones
militares, etc. Se han celebrado varias conferencias de Ministros de Defensa
de las Américas. Continúan las ya tradicionales conferencias de comandantes
generales de las fuerzas armadas. La mayoría de las actividades son
militares y si bien el mejoramiento de las relaciones castrenses es
conveniente, ello no es sinónimo de mayor seguridad para todos los países.
Un sistema de seguridad hemisférica democrática y
cooperativa que aspire a consolidar la paz, debe centrarse en la cooperación
y la integración sin amenazar la soberanía e independencia de ningún Estado.
Incluirá medidas de confianza mutua, control y limitación de armamentos,
desarme, institucionalidad de la seguridad hemisférica, adecuada
participación de Estados Unidos y tratamiento consecuente en la OEA y en
Naciones Unidas. Consecuentemente, no se trata de crear una alianza militar
ni un sistema de defensa centrado en torno a la posibilidad del empleo de la
fuerza militar, sino un sistema de seguridad basado en la cooperación.
Seguridad en América Latina
Sin seguridad no hay viabilidad nacional y los ciudadanos
quedan desprotegidos frente a antiguas y nuevas amenazas, externas e
internas. Sin embargo, en la realidad latinoamericana el tema es socialmente
desconocido, académicamente marginal y políticamente escamoteado. Como son
evidentes su significación y urgencia, que no reciba mayor atención es parte
de las paradojas latinoamericanas.
Ha habido muy poco pensamiento latinoamericano en materias
de seguridad y defensa, fuera de las visiones geopolíticas especialmente
apreciadas durante los gobiernos militares, que llevaron a mayores gastos y
adquisiciones y también a riesgos de conflicto. No hay un público interesado
en cuestiones de desarme. Los partidos políticos solamente tienen vagas
referencias a la paz y la amistad y el desarrollo aunados a la necesidad de
"mantener un sistema de defensa adecuado", concepto que, inclusive en sus
aspectos más genéricos, pocos países han representado. Los militares se
consideran autorizados a definir visiones de seguridad y defensa, en parte
por "default" de la sociedad y los políticos.
La región se deleita en un discurso sobre los elementos
comunes de la identidad que no se han traducido en acción en el campo de la
seguridad y menos aún en el de la defensa. Los avances en materia de
cooperación política y de integración regional, no se extienden
automáticamente al ámbito militar. Numerosas declaraciones y entendimientos
políticos en materia de seguridad, fomento de confianza, reducción de
armamentos y gastos militares y temas afines, simplemente no son llevados a
la práctica. Preocupa la ausencia, hasta hace poco, de mayores propuestas en
material de armas y desarme.
El tratamiento que se ha dado a los temas de seguridad entre
países latinoamericanos es esencialmente bilateral. Es relativamente poco lo
que se ha hecho en materia "sub-regional" y por regional se entiende el
ámbito interamericano donde hay evidente asimetría en estas y otras
materias. Es curioso que se traten en ese marco asuntos que los vecinos no
consiguen tratar entre ellos. Los conceptos de seguridad cooperativa,
seguridad compartida y "defensa no ofensiva" deben merecer mayor interés de
la región.
El problema histórico, que no ha concluido, es el de la
gobernabilidad de sociedades complejas en Estados débiles, donde las fuerzas
armadas han aparecido siempre como la institución más sólida, con grados de
autonomía que bordean la independencia y se han considerado dotadas de una
misión trascendente. En tales condiciones, la cuestión no es la de una
"subordinación constitucional" de las fuerzas al gobierno, que en la
práctica no ha funcionado, sino las posibilidades de establecer una efectiva
"conducción democrática" de las fuerzas armadas.
Para ello, la aproximación hacia la seguridad democrática
tendrá que basarse en elementos como el Estado de Derecho, la aproximación
de las políticas de defensa a las políticas exteriores, el examen de las
auténticas necesidades nacionales de seguridad, la prioridad al
fortalecimiento de las instituciones de la democracia, la superación de
ambigüedades en las relaciones civiles militares, la responsable formulación
de roles y misiones para las fuerzas armadas, los despliegues militares no
ofensivos la cabal observancia de los derechos humanos, la no utilización de
las fuerzas armadas para fines políticos partidarios, la atención a las
condiciones económicas que supone que nuestros países no retomarán los
niveles de gasto militar que alcanzaron hace poco años y, finalmente, la
educación para la paz.
América Latina, si se le compara con otras regiones, parece
una región relativamente estable y segura. Solamente subsiste una situación
remanente de la guerra fría y, en general, hay paz internacional y algunos
problemas aún no resueltos probablemente carecen de potencial de conflicto
armado. Paradójicamente, América Latina es también una zona sumamente
violenta debida a factores como subversión y terrorismo, producción y
tráfico de drogas, delincuencia común nacional y transnacional, enorme
presencia ilegal de armas individuales y preocupa su volatilidad política
por la relativa fragilidad de las nuevas democracias y de algunas de las
antiguas.
En el caso de América Latina, también será necesario
reconceptualizar la seguridad como la preservación y consolidación del
sistema democrático. La defensa, como posibilidad de recurrir legítimamente
al empleo de las fuerzas armadas, deberá concentrarse en las áreas que
tienen que hacer con su misma razón de ser: la protección frente a la
agresión armada extranjera o a la amenaza armada interna contra el sistema
democrático, la participación en las operaciones de mantenimiento de la paz
de las Naciones Unidas y en el sistema de defensa civil en caso de desastres
naturales. En derecho internacional los usos legítimos de la fuerza están
claramente definidos y, en consecuencia, los instrumentos para ello o sea
las fuerzas armadas no pueden tener objetivos equívocos como "alcanzar los
objetivos nacionales."
La democracia aumentaría las posibilidades de paz y
seguridad, con fuerzas militares menores o menos costosas, pero respaldadas
por la sociedad, a partir de conceptualizaciones de seguridad que incluyan
definiciones apropiadas de roles y misiones para tales fuerzas. Esta
definición implica una manera diferente de percibir y conceptualizar las
amenazas. Tal definición debe ser políticamente formulada, lo que implica
que la seguridad y defensa sean efectivamente tratadas como políticas de
Estado y objeto de interés público, examen académico, debate parlamentario y
decisiones políticas. Los responsables políticos, incluyendo el Consejo de
Ministros, deben tener responsabilidades concretas en la definición de
visiones estratégicas y también en la formación, composición, equipamiento,
despliegue y utilización de las fuerzas armadas. Es así como funciona en las
sociedades democráticas.
La seguridad de la región debe construirse sobre bases
jurídicas y condiciones políticas y producir confianza real. Estas bases
pueden ser:
-
Generales, hemisféricos o latinoamericanas como el Tratado
de Tlatetolco que ha permitido crear una Zona Libre de Armas Nucleares que
permite a la región disfrutar de la ausencia total de tales armas, el
proceso general de democratización en toda la región que ha sucedido a los
regímenes militares que incrementaron las fuerzas, los gastos militares y
las adquisiciones de armas y priorizaron esquemas "geopolíticos" con
opciones de conflicto abierto que crecían permanentemente; y el sistema
interamericano y sus obligaciones legales respecto al mantenimiento de la
paz y la solución pacífica de las controversias y sirve como un foro para
la consideración de asuntos de seguridad internacional.
-
Subregionales como los esfuerzos centroamericanos en el
"Tratado Marco para la Seguridad Democrática" que contienen significativas
MFC y dispositivos para la consolidación de los regímenes democráticos, el
respeto de los derechos humanos, el control civil de los militares, etc.;
andinos como la Declaración de Ayacucho que representó un esfuerzo
histórico, la de Galápagos en 1989 donde se adoptaron resoluciones
respecto a materias de seguridad y fomento de la confianza, Cartagena
relativa al rechazo a todas las armas de destrucción masiva.
Adicionalmente, los Presidentes aprobaron los lineamientos de una política
exterior común, el reforzamiento del carácter político del proceso y
regímenes de fomento de la confianza y la seguridad; Cono Sur donde las
posibilidades de conflicto entre Argentina y Brasil y Argentina y Chile
han sido superadas, los dos últimos países solicitaron a CEPAL una
metodología para la comparabilidad de sus gastos militares que están por
poner en aplicación. Finalmente, los Presidentes del MERCOSUR y de Bolivia
y Chile proclamaron al área como una Zona de Paz y libre de armas químicas
o bacteriológicas. El Grupo de Río ha alcanzado también entendimientos en
materia de seguridad y MFC.
-
Bilaterales, con un número sustantivo de acuerdos sobre
MFC entre varios pares de países, con diferentes niveles de sofisticación
y cumplimiento.
Seguridad Humana
El concepto de seguridad humana es clave en el mundo de hoy
y hace parte del sistema democrático. Aunque enunciado recientemente, estaba
implícito en planteamientos de seguridad en las sociedades más democráticas
y progresistas. Ha sido políticas y académicamente promovido por Canadá y
tratado en la OEA.
El concepto se desarrolla a partir de la modificación de la
naturaleza del conflicto que es ahora esencialmente interno y no tanto entre
Estados; y también de la globalización que da lugar a nuevas formas de
violencia y crimen transnacional que comprometen la seguridad individual de
las personas y de las naciones. La visión de la seguridad humana cuestiona
que pueda haber un Estado seguro con ciudadanos inseguros pues la seguridad
del Estado no es una finalidad en sí misma, disociada de la seguridad de las
personas. En esto coincide con la revalorización de la persona que se
traduce en entender el Estado al servicio de las personas y no al revés.
La seguridad humana tiene dos aspectos básicos que se
refieren a problemas crónicos como hambre, enfermedad y represión; pero
también a perturbaciones abruptas de la vida diaria. En el segundo caso se
trata de catástrofes naturales o graves crisis que pueden conducir a
tragedias humanas. De esta suerte, la seguridad humana puede verse amenazada
por problemas de tipo económico, alimentario, de salud, seguridad personal,
ambiental, comunitario o cultural y político, integrando necesariamente
elementos de desarrollo para el logro de la paz social.
La seguridad humana no debe considerarse contradictoria con
la seguridad de los Estados. Se trata más bien de una manera distinta y
superior de interpretarla mediante la reorientación del énfasis hacia las
necesidades de seguridad de las personas, sin perder de vista que precisan
también una garantía de seguridad frente, por ejemplo, a la eventualidad de
un ataque externo, pero sin agotarse en ello. En su aspecto operativo deberá
referirse a asuntos como los derechos humanos y libertades fundamentales, el
creciente tráfico y utilización de armas pequeñas, la producción y tráfico
ilícito de drogas, las minas antipersonal, la corrupción y la impunidad, la
violencia generalizada y la facilitación del logro del desarrollo humano.
La viabilidad del concepto depende del insustituible
sustento político de la democracia. En la Asamblea General de la OEA en
Windsor, el Canciller de Canadá señaló: "Todos nuestros ciudadanos deben
tener la posibilidad de vivir en sociedades que reflejen sus intereses,
satisfagan sus legítimas aspiraciones y garanticen una participación
efectiva en la vida política, económica y social de nuestros países. Esta es
la piedra angular de la seguridad humana". Por su parte, el Jefe de la
Delegación de Estados Unidos consideró que el concepto apunta a la dignidad
y valor inherentes al individuo, principio del que derivan las libertades y
derechos relativos a democracia, derechos humanos y responsabilidad del
Estado de proteger a sus ciudadanos. Se preguntó: ¿Por dónde comenzamos a
definir la seguridad humana? En una palabra: democracia.
Las instituciones democráticas fuertes proveen el único
cimiento sólido de la compleja arquitectura a la seguridad humana. Al
fortalecer las instituciones de justicia y democracia y mejorar el buen
ejercicio del gobierno, protegemos los derechos humanos, mejoramos la
seguridad pública y hacemos posible el logro de una vida mejor para todos
nuestros ciudadanos.
Solución Pacífica de Controversias
Algunos piensan que los conflictos no ocurren porque "la
disuasión" funciona. No obstante, hay otras razones por las cuales no
proliferan los conflictos clásicos: el peso del derecho internacional, la
relación costo-beneficio ya que el conflicto puede ser un pésimo negocio, la
mayor interdependencia económica, el crecimiento de la institucionalidad
democrática, el posible deterioro de la imagen internacional y las presiones
internacionales contrarias al conflicto.
El considerable número de problemas y diferencias
internacionales que se resuelven pacíficamente de acuerdo a derecho, pasa
por complete desapercibido frente a las diferencias que llevan al conflicto
que reciben, contrariamente, enorme publicidad. La relativa ausencia de
conflictos clásicos entre Estados no se debe pues a la falta de problemas
ni, necesariamente, a la eficacia de la disuasión.
Para dejar atrás la hipótesis de conflicto y los aprestos
bélicos es preciso la estricta observancia del derecho internacional y
cumplimiento de los compromisos asumidos, solución pacífica de las
diferencias y no uso de la fuerza; concertación política y consulta
diplomática; integración económica, social y cultural, políticas y medidas
de fomento de la confianza; acuerdos de desarrollo fronterizo conjunto;
comisiones de vecindad; vinculación y cooperación militar; y, finalmente,
diseños de lineamientos de seguridad cooperativa en función de las
necesidades de los Estados medianos y pequeños, y de las subregionales y
regionales.
En el plano interno se requiere elementos como: estado de
derecho, decisiones políticas, superación de ambigüedades en las relaciones
civiles-militares, adecuada formulación de roles y misiones para las fuerzas
armadas, cabal observancia del respeto a los derechos humanos, no
utilización de la fuerza armada para fines políticos partidarios, no
recuperación de los niveles de gasto militar alcanzados hace años y
educación para la paz. Se requiere también un cambio cualitativo en la
manera como los liderazgos políticos, social y académico entienden sus
responsabilidades en material de paz, seguridad y desarrollo.
En nuevas condiciones de seguridad puede ser necesario
redimensionar y reorganizar las fuerzas armadas, que deben mantenerse
esencialmente profesionales, evitándose cualquier deformación de roles que
puedan llevar a su crecimiento indefinido. Las fuerzas armadas del futuro
deben ser profesionales, modernas, eficaces y adaptables a nuevos roles y
misiones pero ello no significa que deban ser desmesuradas o excesivamente
costosas.
Para los países latinoamericanos y caribeños, la posesión de
grandes fuerzas militares no garantiza la seguridad ni el bienestar y más
bien, deben adoptar visiones estratégicas que promuevan la estabilidad de
todos los países. Para esto será necesario desarrollar y profundizar las
medidas de seguridad y confianza; mantener los acuerdos sobre las armas que
no deben poseerse y, si posible, ampliar su número; mantener el equilibrio
estratégico relativo; desarrollar el estudio, comparación, comprensión
mutual y compatibilización de las doctrinas estratégicas. El planeamiento
estratégico-militar deberá hacerse a partir de una base disuasivo-defensiva,
lo que supone doctrina, instrucción, armamento, equipo, logística, aptos
para disuadir y no capaces de proyectar fuerza militar fuera del propio
territorio; así como descartar la posibilidad de fuerzas supranacionales.
En consecuencia, gobiernos, instituciones y sectores
sociales pueden considerar la pronta aplicación de propuestas para la mayor
difusión de informaciones sobre asuntos de seguridad y defensa y la
formación de civiles, el tratamiento de estos temas a nivel bilateral y en
grupos como la CAN, el MERCOSUR y el Grupo de Río, darles tratamiento
político como asuntos de Estado y no exclusivamente del gobierno o
militares, apoyar al Centro Regional de Desarme y Desarrollo de las Naciones
Unidas y promover la realización de estudios e investigaciones con
participación civil al interior de los países y entre ellos.
A partir de la paz internacional que se disfruta, la tarea
en la actualidad es avanzar hacia formas de seguridad externa e interna que
sean democráticas, políticamente definidas, socialmente apoyadas y
económicamente menos costosas. América Latina y especialmente América del
Sur tienen, como pocas regiones en desarrollo, la posibilidad de alcanzar
mayor seguridad, desarrollo y bienestar para sus poblaciones. Transformar
esa posibilidad en realidad es responsabilidad esencialmente política, pero
también académica y social.
Notas
[1]
Diccionario de Términos Filosóficos. Francois Robert. Acento Editorial.
Madrid. 1994