I. La realidad policial
Identificamos y proponemos a continuación,
una serie de presupuestos que básicamente representan los más importantes y
necesariamente deben ser analizados en su conjunto.
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Conflictos con la comunidad. Distanciamiento.
-
Inadecuada estructura institucional. Disfuncionamiento.
-
Desempeño exclusivo de tareas operativas. Eliminación de
oportunidades y otras supletorias.
-
Descontrol del accionar de la delincuencia. Desprotección.
-
Casos de violaciones a los derechos humanos y de
corrupción.
-
Precaria e inadecuada capacitación profesional.
-
Pérdida de identidad.
-
Influencia política.
-
Influencia de los medios masivos de comunicación social.
-
Falta de recursos financieros para atender debidamente a
los funcionarios policiales en sus necesidades y decoro personales.
-
Falta de sistemas y medios logísticos para cumplir
acabadamente su misión específica.
Conflictos con la comunidad.
La Policía tiene conflictos con su comunidad desde el
preciso instante de su creación. Esto tiene mucho que ver con los aspectos y
características de la misión a cumplir como de la metodología
tradicionalmente empleada para llevarla a cabo, aunque más adelante veremos
la existencia de componentes más fuertes y profundos. Estos conflictos, se
traducen preponderantemente en actos de violencia, corrupción, violaciones
sistemáticas a los derechos humanos, descontrol del accionar de la
delincuencia y aún su aislamiento institucional; todo lo cual converge en la
desprotección ciudadana, en su distanciamiento y alto grado de
cuestionamiento social.
En la generalidad, todas las formaciones policiales se
dedican por imperio de la Ley al mantenimiento del Orden Público y la
Seguridad Pública para la protección de su Comunidad contra el accionar de
la delincuencia. Por supuesto que ningún habitante cuestionaría a priori
todos o alguno de estos propósitos superiores aunque sí reprocharía –y lo
hace- sobre la forma o manera que la Policía los cumple. Y sobre este
aspecto debemos agregar algo muy importante para dejar bien en claro que la
policía no hace lo que quiere, sino aquello que le es ordenado. Sería
entonces mediatizar nuestro estudio, si nos cerráramos y consideramos que la
problemática referida a su cuestionamiento o mal funcionamiento, nace y
muere con ella.
Con respecto a sus actividades en procura del Orden Público
y la Seguridad Pública como razón de Estado para el bien común, fueron
históricas y sistemáticamente tergiversadas por los diferentes gobiernos;
orientándolas hacia un fuerte control y disciplinamiento social a la vez que
enmascarando detrás de la agencia policial, no solamente un marcado
absolutismo, sino la realización de intereses ideológicos y
político-partidistas.
Efectivamente, sus potencialidades jurídicas y corporativas
ya sean humanas, de recursos logísticos y financieros, fueron
desgastadamente distraídos para la contención y/o resolución de conflictos
emergentes del campo social, donde la represión policial se observó como la
repuesta oficial y de primerísima línea; en lugar de destinarlas a la
protección de la ciudadanía y el desarrollo comunitario.
Inadecuada estructura institucional.
Para el cumplimiento de su misión, particularmente en las
acciones contra la delincuencia, se dispone de una estructura organizativa y
funcional rígida, obsoleta y preponderantemente negada hacia todo avance
tecnológico, producto de un marco legal inadecuado y tendencioso.
La lectura de estas estructuras a través de sus organigramas
por ejemplo, demuestra en la generalidad un macro despliegue con
innecesarias dependencias, repetición de funciones, confusas y tediosas
líneas de comunicación a la vez que un difícil acceso del público a la
Institución Policial.
Este macro despliegue vulnera toda posibilidad de lograr un
servicio de acción rápida a la comunidad orientado principalmente a la
prevención y en su defecto a la represión.
Al decir rígida y obsoleta, es porque se advierte como los
cambios operados en los últimos años en el mundo y sus sociedades han dejado
en el camino a la Institución Policial y develado su incapacidad de
absorción y adaptación.
Por otra parte el concepto de preponderantemente negada
hacia todo avance tecnológico se puede comprender desde un ejemplo: " Una
oficina cualesquiera de una Institución Policial cualesquiera, en cuyo
interior se haya instalado un sistema de computación con conexión permanente
a Internet " no significa un avance hacia un proceso de informatización. Si
a ello le sumamos un empleado que no sabe usar el sistema o a medias aprende
primero juegos informáticos y luego a buscar recursos en línea, aún no
logramos ningún cambio. Más allá de una falta de conducción por permitir
estas situaciones, se devela que si la tecnología no está acompañada por un
verdadero cambio cultural que por otra parte revertiría lo de rígida y
obsoleta, toda estructura organizativa y funcional de la policía con la cual
se pretenda proteger a la comunidad será utópica y fallida.
Desempeño exclusivo de tareas
operativas.
Como ya dijimos, una estructura organizativa y funcional
inadecuada, producto de una legislación también inadecuada han conminado
tradicionalmente a la policía a impulsar y mantener un esquema de prevención
basado exclusivamente en la eliminación de oportunidades, preponderando una
saturación de objetivos en forma indiscriminada y eventual como de precarias
técnicas de investigación, requiriendo además grandes aportes económicos por
parte de la Comunidad, habida cuenta de alimentarse permanentemente de
personal policial, de recursos materiales y financieros.
La falta de actividades relacionadas a la conformación de
una cartografía del delito con su correspondiente informe científico,
permitiendo así la identificación y el conocimiento de las causales del
delito con el propósito de colaborar en el desarrollo social; la ubican en
desventaja y le impiden un trabajo efectivo y eficaz en los niveles
pertinentes de la prevención. Es decir, además de evitar que el delincuente
delinca, se pretende lograr que el delincuente no sea tal y la víctima no
llegue a serlo; lo cual requiere de una planificación policial que incluya y
permita una coordinación multisectorial e interdisciplinaria orientada a la
elaboración de un diagnóstico criminológico del territorio donde ejerce su
función con todos los operadores del sistema.
A modo de ejemplo, una tradicional medida fue siempre
estructurar grandes despliegues de policías y patrulleros en su ámbito de
responsabilidad como mega operativos puntuales y coyunturales. Pero si bien
eliminaron muchas posibilidades de delinquir en los lugares donde fueron
fijados sus asientos; no le han asegurado el control de la delincuencia; es
más, le producen el desconcierto de comprobar su aumento, muchas veces
tildándolo de inexplicable, derivando en su fracaso institucional. Esta
clase de esquemas preventivos, en el mejor de los casos reacciona
positivamente después de la comisión del delito y trabajando en sus efectos,
pero con poca incidencia para evitarlo, aunque la realidad también nos
demuestra que ni aún después, cumple acabadamente con su misión por la
carencia de Planeamiento e Inteligencia como de personal, de medios y
sistemas logísticos con los cuales responder, degenerando así en impunidad,
desconcierto, reproche y desprotección social.
Descontrol del accionar de la
delincuencia.
Y en este punto nos apartamos de la doctrina del Derecho. El
concepto de impunidad desde la óptica del ciudadano común, quien paga sus
impuestos para sostener un sistema que no le sirve es absolutamente
diferente, habida cuenta que no lo esta asegurando ni le brinda protección.
La impunidad entonces, comprendida desde esta ventana comunitaria, es
también la falta de calidad y cantidad de funcionarios, recursos y métodos
para responder ante el delito, procurando la contención pública ante
situaciones de victimización. Esta pasividad o actividad ineficaz contra el
delito que implica no haber llegado a tiempo y dejar que las personas sean
víctimas, es de inequívoca responsabilidad del gobierno y principalmente de
la Policía.
Esta situación se agudiza al absorber funciones supletorias
que importan tareas que no le corresponde hacer y que se encuentran
tipificadas en otras normas jurídicas pero convenientemente incorporadas por
Ley como cuestiones de auxiliaridad para con diferentes organismos. Esto
demuestra una clara falencia del Estado en su organización y funcionalidad a
la vez que provoca una sensible pero notable pérdida de identidad de los
funcionarios policiales, quienes constantemente se preguntan si en realidad
están trabajando para una Institución Policial o son custodios de detenidos,
vigilantes privados, guardadores de automotores secuestrados o empleados a
pleno de los otros poderes del Estado.
Efectivamente, los detenidos en dependencias policiales como
la custodia de secuestros producto de ilícitos, las notificaciones
judiciales y otros trámites de efecto privado, son en realidad una
deliberada y perversa delegación de funciones enmascarada en la auxiliaridad,
distorsionando la misión policial y haciendo peligrar la seguridad
ciudadana.
La Comunidad entonces, se siente desprotegida y enfadada
principalmente con la Policía pues la obligan a ubicarse en primera fila de
una obra de teatro en la cual observan el triunfo de la delincuencia. Por su
parte, el funcionario de policía se siente también defraudado por el Estado
al observar y protagonizar a diario, cuánto se dedica en recursos y
esfuerzos a tareas distintas a la policial, en desmedro de aquélla que le
corresponde hacer por mandato de la gente y por su propia elección en
oportunidad de elegir ingresar a la Fuerza Policial.
Casos de violaciones a los derechos
humanos y de corrupción.
Con todo el dolor de alguien que es Policía, me veo en la
obligación de comenzar este segmento con la siguiente frase:
" los policías son lo más barato que la plata puede
comprar "
Sea como sea, está en el imaginario social que la Policía es
una Institución corrupta y violenta, creada para hacerle la vida más difícil
al ciudadano y por ende, es mejor no involucrarse o como decía mi abuelita
"mejor perderla que encontrarla".
Este imaginario colectivo está cada vez más fuerte y mejor
sustentado por el notorio compromiso judicial que en mayor grado vienen
teniendo los funcionarios encargados de cumplir la ley a quienes se le
imputa la comisión de delitos en situaciones relacionadas o no con el
cumplimiento de su misión. Algunos de ellos tienen que ver con apremios
ilegales, exacciones ilegales, cohecho, abuso de autoridad entre otras
figuras de responsabilidad penal, en ejercicio o fuera del servicio.
Estas situaciones se ven preponderantemente impulsadas por
los medios masivos de comunicación social y organizaciones no
gubernamentales, los cuales a su manera realizan investigaciones de control
de gestión sobre las fuerzas policiales. En segundo término es el ciudadano
común que cada vez más está llegando a la Justicia a denunciar hechos
delitos que involucran a la Policía. Muy de lejos, lamentablemente, se
advierte la detección y neutralización por la propia Policía sobre hechos de
corrupción cuando tendría que ser a la inversa.
Cierto es que la gente siente (subjetividad) a priori
desconfianza en la Policía pues ante un potencial contacto con ella, tiene
la certeza que no le solucionará la situación que padece y además será
víctima de malos tratos, apremios o exacciones ilegales. Situaciones éstas
cada vez más y mejor comprobadas en procesos judiciales (objetividad).
Corresponde analizar si estamos en presencia de actos
individuales o sistemáticos. Volveremos sobre este tema en el siguiente
capítulo.
Precaria e inadecuada capacitación
profesional.
Advertimos en la generalidad la mala formación de nuestros
funcionarios policiales. Se denota un marcado desconocimiento de la labor
profesional que deben cumplir, lo cual se traduce desde la demora hasta la
impericia en el cumplimiento de su deber en determinadas situaciones del
quehacer policial. Y esto ha merecido el reproche comunitario, el alto
cuestionamiento a través de los medios periodísticos, llegando inclusive a
responsabilidades de índole penal ante la justicia.
Una vez más recurrimos al imaginario colectivo para decir
que está instalada en la gente la certeza que el funcionario policial es de
malos modales y por ende ante cualquier requisitoria lo tratará mal y sumado
a ello no solucionará su problema por desconocimiento del procedimiento.
Esto se refuerza por la acción de los medios periodísticos, organizaciones
no gubernamentales o la misma justicia que advierten, denuncian o inician
procesos sobre actos de impericia en circunstancias de actuación policial.
Una base doctrinaria precaria con escasa teoría y práctica,
importa su incapacidad para resolver situaciones urgentes y aún emergentes
de su función. Y esto se comprueba en muchísimas ocasiones, algunas de las
cuales es el mismo funcionario policial que dice no conocer bien sobre algún
tema como tampoco el o los motivos por los cuales fue asignado a la
cobertura de tal o cual objetivo de seguridad.
Contactos llevados a cabo con funcionarios policiales, han
develado que ni siquiera conocen correctamente sus derechos, deberes y
prohibiciones como tampoco su régimen disciplinario interno.
Pérdida de identidad.
La multiplicidad de tareas que se le piden a diario a los
funcionarios policiales, muchas de ellas no policiales con el pretexto de su
auxiliaridad para con otros organismos del estado, le hacen pensar
seriamente en su condición de tal.
Esto genera situaciones de shock entre el personal policial,
quien comprueba en la labor cotidiana como sus esfuerzos extraordinarios
contra el delito y el debido cumplimiento del deber, fueron y son en vano.
En este desaliento por el resultado de su trabajo policial,
mucho tienen que ver las demás instituciones involucradas en la resolución
del conflicto social violento, asumiendo responsabilidades directas las
autoridades judiciales y legislativas que ofrecen una labor lenta, ineficaz,
improvisada, precaria y con claro desconocimiento funcional que hace
peligrar a la Comunidad.
Un ejemplo válido es la prolongada custodia de detenidos,
situación irregular e ilegítima pues viola los derechos humanos de ambas
partes en nombre y pretexto de esa citada auxiliaridad para con el Poder
Judicial.
En suma, se vulnera los derechos de los policías como
trabajadores dado que están haciendo algo para lo cual no fueron capacitados
pero aunque sean capacitados no se respeta las expectativas de vida que
sustentaron al ingresar a la Fuerza policial y no menos importante, los
derechos de las personas detenidas al tergiversarse la labor penitenciaria,
normada por instrumentos legales especiales y diferentes con respecto a los
policiales.
Por otra parte, son notables los comentarios de los agentes
policiales, quienes no encuentran en la mayoría de sus superiores, al
funcionario referente y líder que los conduzca con profesionalismo,
honestidad y respeto.
Desde sus cómodos despachos estatales, están más preocupadas
en la opinión publicada de la prensa o de los sectores de oposición política
que de la opinión pública de la gente o del esfuerzo y la vida de los
agentes policiales.
Influencia política.
El poder político se manifiesta en general con notable
influencia perjudicial, avanzando sobre la institución policial con
designios ideológicos, partidistas y coyunturales como en términos
electoralistas que nada tiene que ver con su misión, o teniéndola la obligan
a cumplirla obedeciendo estrictamente sus órdenes sin posibilidad de
revisión e inspección pero en cambio sí, a hacerse cargo de las
responsabilidades emergentes de los futuros fracasos o responsabilidades
penales.
Esto produce un condicionamiento que vulnera muy fuertemente
su normal desempeño, pues el pretendido es un poder político consecuente con
sus relaciones interinstitucionales y referidas estrictamente a la
dependencia estructural, fijando los lineamientos gubernamentales para la
Seguridad Ciudadana como de los sistemas de verificación o control. Evitará
extralimitarse en sus atribuciones e incidir negativamente en la labor
cotidiana de los cuerpos policiales, aunque lamentablemente se ha comprobado
que en muchas ocasiones, su perjudicial influencia ha llegado hasta niveles
mínimos y primarios de neto corte policial, tales como ordenar traslados y
designaciones de personal, servicios policiales, ubicación de patrulleros,
formas de llevar a cabo procedimientos, custodias o paradas policiales,
entre otros supuestos, desestimando la autoridad y disciplina internas, sin
el pleno y necesario conocimiento profesional para ello.
En este mismo contexto y primando la necesidad de satisfacer
meros intereses particulares y/o partidistas, se han generado megas
estructuras organizativas y se han elegido funcionarios en algunas agencias
policiales con anterioridad a la creación de los cargos para ejercerlos, en
contradicción con la doctrina más elemental y tradicional del Derecho como
de la Organización, o caracterizándose por la falta de idoneidad y capacidad
para asumirlos. Esto ha conducido a un generalizado disfuncionamiento y
falta de control institucional que en lo interno convergen en burocracia y
en el relajamiento integral de la administración, y en lo externo,
posibilitando diferentes situaciones que incluyen sistemáticas violaciones a
los derechos humanos, actos de corrupción y de libre albedrío, incluyéndose
el desamparo del trabajador policial y la negación y/o incumplimiento de sus
derechos.
Volveremos sobre este tema en oportunidad del Capítulo
siguiente.
Influencia de los medios masivos de
comunicación social.
La influencia de los medios masivos de comunicación social
es fundamental para cualquier Sistema de Seguridad dentro del cual la
Policía desarrolla su esquema operativo.
Si la actuación de los medios de comunicación se ubica como
reaseguro del buen desempeño integral de este sistema, evitando con ello
situaciones indeseables e ilícitas que pueden ir desde modificar los
programas en todo o en parte, hasta acompañar y alentar las medidas cuando
demuestran ser positivas, llegando inclusive a denunciar actos de
corrupción; su influencia será positiva y estará contribuyendo no solamente
a la eficacia y eficiencia del mismo, sino al saneamiento de las
instituciones. En este caso, encontramos en la Prensa a través de todas sus
posibles formas y manifestaciones un instrumento válido de control
institucional externo en la vida democrática porque todos los actos
policiales son públicos en extremo, salvo que con ello se entorpezca el
debido proceso judicial.
Si por el contrario, su actuación se orienta a la mera
comercialización de resultados o provocar la alarma social ante inexistentes
situaciones o maximizar otras innecesariamente, estamos en presencia de una
influencia nociva y perversa.
Empero, estamos asistiendo a diario, tal es el caso de la
República Argentina como ejemplo, a espectáculos periodísticos de neto corte
amarillo y que bajo el pretexto de la libertad de prensa y el derecho de la
gente a estar informada, instalan y mantienen en la misma un profundo
sentimiento de inseguridad. Este sentimiento (factor subjetivo) se suma a la
realidad criminal de cada comunidad representada por su índice del delito
(factor objetivo), derivando en reacciones negativas.
Esto no quiere decir bajo ningún concepto que se pretende
una población complaciente que absorba obedientemente toda clase de
situaciones, es más, la exteriorización de los sentimientos comunitarios
basados o no en la objetividad del accionar de la delincuencia, es
absolutamente legal y legítima. La interacción permanente y cotidiana entre
los vecinos y su Policía, es fundamental en todo despliegue operativo pero
se han dado casos donde deliberadamente se activa a las personas en contra
de las instituciones con el único propósito de atraer a una audiencia
televisiva.
Así como la Institución Policial debe ser extremadamente
profesional y conformada por personas exhaustivamente seleccionadas,
capacitadas y controladas permanentemente, el periodismo policial debe estar
representado igualmente por verdaderos profesionales con alto sentido de
responsabilidad. Porque lamentablemente, la precaria e inadecuada
capacitación profesional comprobamos tanto en el funcionario policial como
en el periodista que cubre las noticias.
Falta de recursos financieros para
atender debidamente a los funcionarios policiales en sus necesidades y
decoro personales.
Un tema importantísimo es el salario de los funcionarios
policiales, que representa un gran problema de Estado por resolver.
¿Hasta dónde se pretende explotar la lírica de la vocación
de servicio, de la integridad, de la moral y de las buenas costumbres?.
¿Cómo puede exigírseles conductas poco menos que
excepcionales y anticorruptas a quienes en muchísimas ocasiones no tienen
para comer o se presentan al servicio dejando a sus familias sin dinero y
además, bajo condiciones laborales deplorables?.
Tengamos presente que el trabajo policial es riesgoso e
insalubre por lo que una jornada de labor mínima de conformidad a los
contenidos de las legislaciones nacionales en la materia y además bien paga,
es la adecuada, debida y aconsejada.
Las situaciones dramáticas propias de la función y vividas a
diario por los agentes policiales, importan la necesidad de un seguimiento y
apoyo psicológico que en la generalidad no se cumple (por no decir que no
existe), generándose una falta de contención y atención que pueden derivar
en peligrosas patologías, muchas veces exteriorizadas y canalizadas a través
de sí mismo, de la comunidad en general, de los imputados en particular como
del grupo familiar al cual deterioran y/o destruyen.
Por otra parte, la Policía es y funciona gracias al esfuerzo
y patrimonio personal, tanto espiritual como pecuniario de sus trabajadores
policiales; de lo cual el Estado, se beneficia continua y cotidianamente a
la vez que le resulta vital para el sostenimiento del sistema imperante por
cuanto funciona carente de toda clase de recursos oficiales. De igual manera
y a escala institucional de las diferentes dependencias, autofinancian su
misión en el mejor y lícito de los casos con la colaboración de la
comunidad.
¿Cuál será entonces el peor e ilícito de los casos?. Es
evidente que se generan situaciones permeables a la corrupción que
ampliaremos en el próximo capítulo.
Entonces, esta realidad no es peor gracias a las personas de
los funcionarios policiales encargados de hacer cumplir la ley que nunca han
bajado sus brazos y siempre, todos los días, se enfrentan contra el delito
en defensa de la Comunidad, muy a pesar de sus vidas y de sus afectos y
dentro de un esquema laboral donde sus derechos como trabajadores bajo el
pretexto de la vocación de servicio, pocas veces o nunca se han tenido o se
tienen en cuenta.
Falta de sistemas y medios logísticos
para cumplir acabadamente su misión específica.
El tradicional esquema policial se basa fundamentalmente en
agentes policiales en patrulleros. La gente advierte por no decir padece la
falta de este esquema en su comunidad. No hay suficientes funcionarios
encargados de hacer cumplir la Ley como patrulleros para cubrir todos los
potenciales objetivos de la delincuencia. Si se comete un delito, esto
quiere decir que en esa oportunidad no había un policía previamente asignado
para evitarlo.
Tengamos cuidado, un esquema policial ideal jamás debe
basarse en que la Policía debe estar las 24 horas del día en todos lados
pues sabemos que el delito tiene origen multicausal de manera tal que no es
rígido que si se comete un delito entonces es porque no había un agente de
policía.
¿Y las otras áreas del Estado dónde están?. Refiriéndonos a
Salud, Educación, Acción Social, Trabajo por ejemplo y entre otras. Esto nos
lleva a concluir que la Policía debe desplegarse virtud a una planificación
que responda a un Sistema Integrado de Seguridad pues por sí sola, las
posibilidades de neutralizar la actividad criminal serán limitadas o
inútiles.
También hemos dicho que aún después de la comisión del
delito se advierte la falencia de la policía en cuanto a su misión de hacer
cesar el mismo y proceder a la detención de sus autores pues se comprueba la
falta de personal policial y medios logísticos y financieros para atender
esta etapa. El vecino llama a la Policía y está, lamentablemente concurre
cuando puede. A veces pronto pero otras con mucho retrazo pues no tienen
capacidad operativa y logística de respuesta.