III. ¿Qué hacer?
Los agentes policiales fueron siempre desde la propia
institución policial los peores enemigos del Modelo; pues la gran mayoría
llevan a cabo su tarea, respondiendo con notable profesionalismo, vocación y
honestidad, comprendiendo perfectamente que la comunidad requiere de su
protección y ésta desde lo externo de la institución, reclamando al Estado
su derecho a vivir en seguridad.
El Modelo entonces no contó con la forma tan particular de
ser y comportarse de los policías, sin distinción de sexo, jerarquía o grado
(de la misma manera que los maestros, médicos o enfermeros en sus áreas
correspondientes por ejemplo), semejantes unos a otros cualquiera sea el
lugar del mundo donde se encuentren prestando sus servicios y conformando
una verdadera subcultura policial que trasciende lo nacional y absolutamente
diferente y diferenciada de la ideología y práctica tradicional que ha
caracterizado institucionalmente a este Modelo.
Un punto de partida válido para: ¿Qué hacer?, es comenzar
trabajando con el personal policial.
Mucho se habla del incremento de la delincuencia, que genera
preocupación e inseguridad en la población como del mal funcionamiento de la
Policía, que conlleva a su alto cuestionamiento. Lo más llamativo de todo
esto, es reconocer en algunos discursos oficiales, el reciente
descubrimiento de que la problemática de la seguridad y la cuestión
policial, hayan adquirido ribetes de tal magnitud, que se convirtieran en
asuntos de Estado. Esto verdaderamente nos alarma, pues para los
profesionales de la seguridad, tanto ésta en lo general como la agencia
policial en particular, siempre fueron inequívocamente asuntos de Estado y
sistemáticamente, fueron desoídas todas sus advertencias sobre un pronóstico
oscuro y la necesidad y urgencia de promover un cambio en el sistema para no
llegar justamente, a la realidad que estamos viviendo.
Pese a nuestras afirmaciones y determinaciones, no contamos
con una fórmula mágica, aplicable para cualquier caso y que además tenga el
éxito asegurado. Tampoco proponemos modelos, pues entendemos y pretendemos
que ello debe ser una construcción nueva y original, consecuente con la
historia, la vida cultural, social y económica de cada país; entonces, a
continuación ofrecemos una serie de consideraciones, orientaciones y
recomendaciones para observar ante una situación de cambio policial.
Se:
-
Tomará razón de la realidad policial y generar su profunda
reversión.
-
Rescatará el espíritu de la Sociedad en materia policial y
de seguridad en términos de Ley.
-
Fortalecerán sus relaciones con la Comunidad.
-
Cambiará el accionar y la metodología. Operatividad con
cientificidad y tecnología.
-
Establecerán las bases necesarias para una transformación
cultural de la Policía hacia la protección de los derechos humanos.
Carrera policial.
-
Definirá una racional estructura organizativa y funcional
de la policía.
-
Instituirán mecanismos de control de gestión y evaluación
de la labor policial.
-
Asignará y distribuirá adecuadamente el presupuesto para
el correcto desempeño de la Policía y el bienestar de sus integrantes.
Reversión de la realidad. Rescate del
espíritu de la sociedad. Relaciones con la comunidad.
Los temas tratados, nos permitieron tomar razón de la
realidad policial, que si bien se nos presenta como una problemática
emergente, es en verdad centenaria aunque urgentemente, hay que revertirla.
Esta reversión, hacia un nuevo modelo policial no hegemónico y a la vez
sustentable para un Estado de Derecho, no es imposible pero sí costosa,
sobre todo en lo cultural y espiritual más que materialmente, a la vez que
debe apoyarse necesariamente sobre una firme voluntad de realización por
parte de todos los actores sociopolíticos, y donde el Estado cumple un rol
fundamental, pues implica la destrucción de ese Modelo Policial Hegemónico,
que convenientemente creara y sostuviera en América latina, a través de sus
sucesivos gobiernos.
Para ello, se iniciará un proceso de reforma en la Policía y
con los policías, y desde ningún aspecto, sin o contra ella y sus
integrantes; que estará orientado a esa destrucción pero ejecutado muy
cuidadosamente y mediante una estrategia de sustitución simultánea que evite
los efectos perjudiciales y desalentadores, producidos a causa de los vacíos
sistémicos.
Toda reforma, además de contar con un importante cuerpo
axiológico del cual se emanan sus políticas; se sustenta sobre una serie de
pilares o ejes principales a cuyo alrededor, giran las estrategias y
tácticas que se pondrán en marcha.
En este sentido, y reconociendo a todos los trabajadores
como los actores fundamentales, y el potencial más valioso de cualquier
empresa o corporación; el eje director de cualquier reforma policial que se
denomine como tal; tendrá entonces como protagonistas y sin lugar a dudas, a
los funcionarios policiales encargados de hacer cumplir la ley como sus
condiciones de seguridad e higiene en el trabajo, en el concepto más amplio
posible: selección, formación, salario, salud y bienestar, capacitación y
actualización, seguimiento del desenvolvimiento profesional como todo otro
aspecto que haga a la defensa de sus derechos en complementación con su
servicio comunitario.
Con relación al cuerpo axiológico que guiará a la empresa,
determinándole su futuro perfil institucional, comprenderá y fijará
claramente que el propósito fundamental del trabajo policial, es la
prevención del delito y la protección de la vida comunitaria. Para ello,
ejecutará un accionar sistemático, intercolegiado y multisectorial a la vez
que orientado hacia los niveles pertinentes de la prevención, ya sea en la
eliminación de oportunidades como en la observación y reconocimiento de las
causas culturales, sociales y económicas determinantes para la producción
del delito en coordinación con todos los organismos oficiales y privados
comprometidos en la modificación del panorama social y aún más, con una
respuesta profesional que permita indicar la oportunidad y grado de
responsabilidad que éstos deban asumir.
Entonces, la Policía es un agente de control social de
contacto y referencial, en lo externo y en el ámbito colectivo, importante y
necesario, cuyas incumbencias van más allá de la preservación del orden
público, la seguridad pública y la investigación de hechos delictivos, sino
también, la determinación de sus causas generadoras, colaborando para
mejorar la calidad de vida de la comunidad, virtud a una coordinación con
todos los actores sociales. Volveremos en el tópico siguiente a tratar sobre
la Policía y la Comunidad.
Esta coordinación se logrará a través del planeamiento
policial que le permite un trabajo eficaz y eficiente ante los
requerimientos de seguridad, asegurándole la correcta asignación y desempeño
de sus funcionarios en tareas que le son específicas, a la vez que el buen
uso de los recursos y de una adecuada estructura organizativa y funcional.
De esta manera, se estaría ratificando lo dicho sobre la plena y necesaria
consideración de sus funcionarios y sus condiciones generales de labor como
de los sistemas y medios logísticos y financieros disponibles para que
éstos, puedan cumplir con el mandado de la comunidad, expresado en términos
de Ley.
Nueva metodología. Transformación
cultural. Derechos Humanos.
Se comienza entonces con la producción de un diagnóstico de
la realidad policial, imprescindible y pretendiendo definir un universo
compuesto por todas las variables ordenadas conforme sus características y
efectos (identificando particularmente las negativas) y agrupadas en:
independientes, interdependientes y dependientes, permitiéndonos a partir de
allí, producir un plan integral que establezca objetivos generales y
operacionales como las políticas, estrategias y tácticas, necesarias para la
puesta en marcha de una reforma policial sustentable.
Al decir diagnóstico, nos estamos refiriendo a la fase del
proceso planificador donde se lleva a cabo la observación, selección y
análisis de los signos (lo que se ve; lo objetivo) y los síntomas (lo que se
siente; lo subjetivo) de la realidad a tratar. Esto hace necesario
determinar una situación que será analizada integralmente para responder a
preguntas tales como: ¿Dónde se está?. ¿Cómo se está?. ¿Qué se tiene?.
¿Dónde se quiere ir?. ¿Qué se necesita? y ¿Cómo se hace para llegar a la
meta?.
En este contexto, está comprendida la realidad criminológica
territorial donde la Policía lleva a cabo su misión; por ello, contará con
los necesarios estudios de victimización y tendencias delictivas con la
correspondiente cartografía delictual y los informes científicos sobre la
delincuencia; conciliando para un futuro modelo de prevención, el
tradicional esquema de eliminación de oportunidades con aquél que promueva
el trabajo sobre las causas generadoras del delito. Efectivamente, esto
quiere decir que la policía debe comenzar a trabajar sobre una prevención
basada en políticas que hacen al desarrollo social y con el conjunto de los
operadores del sistema porque de no suceder así y continuar como hasta
ahora, las comunidades en general y la policía en particular, fracasarán en
su lucha contra la delincuencia.
El público quiere seguridad, estar y sentirse seguro, como
elementos fundamentales para su calidad de vida y el Estado debe procurarlo,
pero integralmente y no en exclusiva con la agencia policial, que representa
aunque muy relevantemente, una de las muchas profesiones que han de
interactuar, solamente una parte de ese "Todo" que es la Seguridad. Esto
requiere una apertura policial hacia una operatividad con cientificidad y
notable apoyo tecnológico, empleando todas las posibilidades y
potencialidades que ofrece la ciencia y la tecnología, desde la formación de
personal policial hasta recursos materiales e informáticos, aplicadas hacia
un sistema de prevención múltiple y de simultáneo abordaje, que no escatime
gastos, evitando precariedades e improvisaciones, dirigido y potenciado
hacia las causas y los efectos del delito, y descartando toda posibilidad de
primar respuestas hacia una u otra unilateralmente.
Una pregunta emergente y desde lo práctico, es:
¿Cuál sería la formula polinómica que nos permita conocer
por ejemplo, la cantidad de personal policial o vehículos patrulleros
necesarios para una ciudad y que responda a los cambios de la Sociedad que
la habita?.
La respuesta correcta es que no existe tal formula.
Tradicionalmente, los cuerpos policiales dentro de su doctrina de
planificación, cuentan con plantillas orientadoras que se refieren a la
conformación en cantidad y calidad de sus Cuadros de Organización, de sus
Mínimos Operacionales Necesarios, entre otras variables para su despliegue
operativo. Estos habrán servido en otras épocas y en el mejor de los casos,
producto de identificar y considerar –tal vez subjetivamente- un determinado
cuerpo de variables, pero que en la actualidad el tema de la necesidad de
funcionarios policiales o vehículos patrulleros como sus tácticas,
estrategias y metodologías, forman parte del informe científico
correspondiente al citado estudio de victimización y tendencias delictivas
para un sistema de prevención como el tratado precedentemente y que toda
institución, para no trabajar a ciegas, debe poseer referido al territorio
al cual protege.
El problema de estos estudios, es que a priori, suelen
asustar a los gobiernos en los aspectos correspondientes a sus exigencias en
materia policial que se traducen lógicamente en finanzas y tiempos, no
solamente para la puesta en marcha, sino para su mantenimiento, provocando
en la mayoría de los casos una suerte de abandono y desistimiento oficial
que deriva en el fracaso de la gestión. Pero en contrapartida, las ventajas
que ofrece un sistema preventivo de un abordaje múltiple y simultáneo, es
brindar la posibilidad que, cuanto más se invierta en políticas integrales,
orientadas al desarrollo social para revertir las causas del delito, la
inversión en recursos para la eliminación de oportunidades se hará
considerablemente menor. Y estos presupuestos deben sopesar, pues
justamente, de apoyarse en un esquema preventivo basado exclusivamente en la
utilización de personal y recursos materiales; el tiempo comprobará su
ineficacia para la neutralización del delito a la vez que imposible su
continuidad; igualmente, si se elige un sistema preventivo, apoyado
exclusivamente en el desarrollo social, se verificará que, mientras se
llevan a cabo los estudios para identificar las causas, o ya identificadas
para su reversión, la producción delictual será ilimitada e incontrolada.
El análisis normativo vigente en materia policial, en el
contexto de la legislación penal y procesal penal de cada país, es de suma
importancia para determinar, si corresponde o no su modificación en todo o
en parte. Asimismo, se hará lo propio con su estructura organizativa y
funcional, tendiente a comprender sus niveles de responsabilidad, sus vías
de comunicación, las cuestiones inherentes a la autoridad, administración y
metodología empleada en lo interno y externo, a la vez que detectar anomias,
situaciones anárquicas y enárquicas, producto del sobredimensionamiento y la
repetición funcional como la reformulación y/o actualización de funciones y
tareas, muchas de las cuales enmascaran detrás de la auxiliaridad
profesional, una contraproducente delegación funcional. El organigrama
policial será racional, reducido, integral con demanda de poco personal para
tareas administrativas, con miras a retomar la senda de la operatividad
continua, efectiva y eficaz, propiciándose también, la privatización de
actividades referidas por ejemplo, a talleres mecánicos como de obras y
mantenimiento en general, archivo, impresiones y encuadernación, limpieza y
aún las comunicaciones, entre otras.
Mucho se habla de la controversia entre "garantismo y mano
dura" que polariza la opinión de todos los sectores en "garantistas y
duros". Nuestra meta debe orientarse a comprender y practicar que "la única
mano dura, es la que garantiza la Ley", la cual posee el peso más pesado y
duro por ser la que fija un camino de vida que garantiza una justicia
igualitaria para todos. Ahora bien, dicho esto, cabe agregar que esta Ley
debe enmarcar no solamente en un fuerte y decidido enfrentamiento contra el
delito, sino también contra sus causas motivadoras porque si los derechos de
los habitantes consagrados en las diferentes constituciones de cada país
(salud, trabajo, educación, acción social, libertad, expresión, etc. ) se
hubieran cumplido aunque en términos mínimos, se hubiera tenido un beneficio
colateral que es la prevención del delito.
En este mismo sentido, la Policía no es un organismo
independiente a la cual se contrata para un servicio también independiente y
que realiza a su antojo e incontroladamente; es el instrumento creado y
sostenido por el Estado para la Defensa de su Comunidad, haciendo
exclusivamente, todo aquello que la Ley determine que haga y no prohíba.
Entonces, las atribuciones que la Ley le otorgue, serán por mandato y en
defensa de la gente, comprendiéndose en ello, los mecanismos de
anticorrupción y abuso de la función que la misma Ley fijare.
A riesgo de ser reiterativos u obvios, quede bien en claro
que el poder es de la Ley y no de la Policía, esta última cumple con aquello
que la Ley le ordena que haga y pueda hacer, como todo aquello que la misma
no le prohíba hacer. Así también, determinará perfectamente la manera de
enfrentar al delito y a sus causas generadoras.
Me pareció de suma importancia incluir en este segmento a la
Inteligencia Policial, una especialidad de interés de toda conducción que
lamentablemente fuera históricamente mal empleada pero debe estar convocada
para desarrollar un papel significativo y relevante en la determinación de
la realidad criminológica del ámbito de responsabilidad territorial donde se
ejerza la misión policial. Debe trabajar también en la investigación
criminal mediante la reunión y análisis de toda la información
correspondiente a las sucesivas etapas del "iter criminis", preponderando
las predelictuales y consecuentemente la postdelictual.
Así también conocer al oponente, determinar su modo de
operar para adelantarse a sus acciones y neutralizarlo. Su producción
laboral, tendrá incidencia directa en el despliegue operativo y metodológico
policial con el propósito de lograr una saturación de verdaderos y
potenciales objetivos para la delincuencia, accionando para evitar su
proliferación, adelantándose a la comisión del delito y/o neutralizar su
producción.
Pero la falta de ésta, conlleva en el mejor de los casos, a
un trabajo improvisado y a ciegas, realizando una saturación indiscriminada
y desesperada de objetivos que torna insostenible todo esquema de prevención
por lo costoso y desgastador. Además sin incidencia en la disminución del
accionar de la delincuencia la cual en contraposición, aumenta.
En suma, la Inteligencia Policial conciliará la teoría
repetitiva del delito, conformando un mapa criminal que ubicará en tiempo y
espacio al delito como su desplazamiento histórico con la teoría del
raciocinio delictivo, considerando entonces la posibilidad de la
planificación criminal por parte del sujeto que aporta con ello una
situación imponderable.
Otro eje fundamental en todo proceso de reforma, lo
constituye la determinación de una Carrera Policial que haga posible y sea
el soporte académico-profesional de esa transformación cultural.
Efectivamente, en principio debemos sumar el hecho de que
nunca fue tratada como un área profesional, de la misma forma que fueron la
salud, justicia o educación, entre otras. Siempre la Policía fue destinada a
prestar un servicio, primero a la institución Estado y en segundo término a
la Comunidad y en donde, la autoridad moral y técnica, rarísimas veces se
concilió con la autoridad formal, tanto en las designaciones como en el
ejercicio funcional. A modo de ejemplo, ningún gobierno designaría al frente
del área de Salud a un abogado o en el área de Arquitectura y Urbanismo a un
Odontólogo; menos aún para el área de Justicia, a quien no posea título de
abogado, pero en cambio el área policial, fue siempre permeable para coronar
a ciertos profesionales como abogados o integrantes de las Fuerzas Armadas,
en franco desconocimiento y negación de la carrera policial. Pero esto no es
casual, advirtiéndose en algunas agencias, precariedad o falta de una
política de personal que conlleve a una buena selección y un soporte
académico que los aparte de meras técnicas investigativas y del manejo de
algunas armas como del seguimiento profesional de los funcionarios
policiales para reaseguro de la Comunidad, de la Institución y de ellos
mismos ante la posibilidad de cualquier práctica inconstitucional.
Volveremos sobre esta cuestión más adelante.
Racional estructura organizativa y
funcional.
De propiciarse una reforma en materia jurídico-policial,
ésta contendrá en su espíritu, el de la comunidad que será convenientemente
rescatado y en este aspecto, un mero acuerdo político-partidista no es del
todo aconsejable. El tema policial, es tan suficientemente delicado e
importante por su incidencia en la calidad de vida de los habitantes, que
amerita sin duda promover un gran debate legislativo y aún llamar a la
consulta popular vinculante; contemplándose además, las conclusiones de las
encuestas, jornadas, seminarios y reuniones de expertos como consultas con
todos los actores sociopolíticos "per se" o a través de sus organizaciones.
Toda normativa, sentará las bases doctrinarias para una nueva cultura
policial que se manifestará en su labor cotidiana y en virtud a una
metodología orientada hacia la prevención del delito con promoción y respeto
de los derechos humanos. Además, fijará una racional estructura organizativa
y funcional absolutamente desburocratizada y con perfecta determinación de
sus unidades y cargos, tanto en lo interno para los fines de la empresa como
en lo externo, en su servicio de protección a la comunidad.
En este último aspecto, entendemos y recomendamos, una
organización policial que cumpla claramente con la división del trabajo,
separando entonces, a "los que operan de los que piensan", es decir entre
los elementos cuya misión y funciones se orientan a llevar a cabo las tareas
físicas y operativas, de aquellos cuya misión y funciones, sean las de staff
o asesoramiento. De esta manera, no aportamos nada nuevo, pues estamos
ratificando el tradicional Sistema de Organización, conocido como Mixto o
Lineal de Estado Mayor (también conocida como de supervisión doble o
múltiple), sin pretender con ello, retroceder en el tiempo u olvidarnos de
la época en que vivimos con respecto a la moderna concepción de la empresa;
pero es el que mejor responde a regímenes estatutarios y jerarquizados de
carácter oficial como son los policiales en América Latina y El Caribe.
Ahora bien, este sistema es el que tiene la mayoría (por no decir todos) de
los cuerpos policiales, los cuales lamentablemente, no supieron ni pudieron
explotarlo debidamente, a raíz de su acatamiento fiel al Modelo Hegemónico,
que lo convirtió en la cara opuesta y perversa de lo militar y de un
militarismo perjudicial; impidiéndole así, desarrollarlo en su real magnitud
y potencialidad, desplazando continuadamente o bien restándoles importancia,
a las áreas de staff o planeamiento bajo el pretexto de fortalecer las
operativas, en el marco de una realidad criminológica descontrolada y
desbordante, que los superaba.
Desde la óptica estrictamente técnica y organizacional, en
toda estructura policial, deberá verificarse la existencia primero y sus
efectos después, de todos los elementos que hagan a una organización
administrativa inequívocamente democrática. La cuantificación y
cualificación de estos componentes, varía conforme con el criterio de
análisis empleado, no obstante lo cual, podemos considerar que en la
generalidad, deben estar presentes, el elemento activo de toda organización,
representado por las personas y sus actos, el vínculo asociativo, la
coordinación, el elemento finalista como así también, los aspectos
relacionados al tipo de organización, a la horizontalidad y la división del
trabajo, la verticalidad, responsabilidad, autoridad y jerarquía, la
consultoría y la auxiliaridad, el control de gestión y la capacitación
interna.
En principio, debe reconocerse e identificarse, correcta y
adecuadamente la condición de organización compleja de todo sistema policial
que se pretenda instaurar y/o reformar. Seguidamente y como ya expresáramos,
el punto de partida esencial y principal, son las personas que integran la
organización policial, y preponderantemente los actos que éstos realizan
dentro, y para la misma.
Contendrá además un potenciado vínculo asociativo, producto
de la previsión de mecanismos para las relaciones internas y ejecutados
conforme a una coordinación racional y sistemática.
Hablar del elemento finalista, sobre la base de lo dicho
precedentemente, quiere decir que las acciones llevadas a cabo en la
organización por el personal policial, están dirigidas a la realización del
propósito fundamental de la misma, que en nuestro caso, es la Seguridad
Pública de los habitantes.
Las cuestiones de horizontalidad y distribución del trabajo,
deben encontrarse igualmente previstas, mediante la existencia de espacios
institucionales propicios para la especialización policial como la
existencia de una escala jerárquica, y la necesaria subordinación de quienes
son los ejecutores del trabajo propiamente dicho para con aquellos que
constituyen el centro de coordinación o vértice piramidal de la conducción;
o dicho de otra manera, entre los que operan de los que piensan. Debe
verificarse también, la debida aplicación de principios de unicidad y
uniformidad, característicos en toda organización, sobre todo en las
policiales, en el marco de la correcta división del trabajo, evitándose así,
la sobrestructuración y clonación funcional.
En cuanto a la verticalidad como las cuestiones inherentes a
la responsabilidad, autoridad y jerarquía, igualmente estarán comprendidas,
al reconocerse inequívocamente, un tipo de organización que concilie la
jerarquía de mando con la supervisión doble y múltiple, o dicho de otra
forma, de línea y staff, compatible y aconsejada en virtud de la condición
de compleja y formal que tienen los sistemas policiales en general,
permitiendo cumplirse simultáneamente, con los aspectos relacionados a la
disciplina y la autoridad pero con asesoramiento y supervisión, desde y
entre los diferentes niveles, y a través de canales técnicos. En este mismo
contexto, estará bien determinado, el orden de prelación de los elementos
que componen la estructura del sistema policial, lo cual, además de
especificar los diferentes niveles de responsabilidad de la conducción,
cumple con la verticalidad de la línea de la orden, en sentido descendente
de arriba hacia abajo y por ende, la consecuente respuesta inversa, de abajo
hacia arriba. Además, en cada unidad orgánica determinada en todo
anteproyecto, se especificará su rango y misión, cumpliéndose de esta manera
con la doctrina tradicional del derecho y la organización, en cuanto a la
anterioridad del cargo al funcionario que ha de ocuparlo y de todo aquello
que la Ley pretende que éste último, ejecute en su nombre. Esto hace a la
autoridad formal necesaria dentro de la organización, para disponer el
cumplimiento de todas las acciones tendientes al logro de los fines
policiales, y que se complementará con la legislación vigente en materia de
personal.
Con relación a la función consultiva y auxiliar,
representada a través de los organismos de staff, esto se cumplirá
plenamente a la luz del tipo de organización elegido. Efectivamente, dentro
de la estructura policial, quedarán establecidas convenientemente dos áreas
ocupadas respectivamente por la consultoría y la auxiliaridad. En la
primera, se contemplan fundamentalmente, dos unidades tradicionales para el
asesoramiento de la conducción, y con sus funciones bien delimitadas para la
operatoria policial como son, la jurídica y la técnica. En la segunda, la
auxiliaridad estará reconocida mediante la determinación de unidades
orgánicas características para el cumplimiento de funciones como las de
Personal, Logística, Comunicaciones, Informática, Administración, Sanidad,
etc, que serán agrupadas convenientemente. Sin perjuicio de ello, la génesis
y espíritu de la norma legal que formalice la estructura policial, obligará
también a todos los diferentes elementos especializados que integran la
organización del sistema policial, a aportar su cuota de asesoramiento y
auxiliaridad.
No falta quienes, por interés, utilitarismo, desconocimiento
o convicción, confunden al sistema de organización policial mixto como
perteneciente a un militarismo perjudicial, lo cual es incorrecto, pues si
bien se reconocen aspectos tradicionales de clara doctrina militar, de
ninguna manera debe tildárselo de inadecuado o antidemocrático, y si está
aplicado a pleno, se concilian perfectamente todos los aspectos relacionados
con el ejercicio libre de la profesión policial en materia de protección
ciudadana, a la vez que aportando conocimientos especializados, originalidad
y creatividad para el asesoramiento de los diferentes elementos con tareas
operativas, sobre la mejor manera de llevarlas a cabo y en un ámbito donde
debe existir necesariamente, la unidad de mando, la autoridad, la disciplina
y la estabilidad. Estamos convencidos que coadyuvará a la generación de una
democrática cultura policial sustentable, y con esto lamentamos muchísimo
alarmar a quienes inequívocamente confunden autoridad y disciplina, con
autoritarismo o militarismo perjudicial; únicamente pretendemos que aprendan
sobre instituciones policiales. Si durante mucho tiempo, gracias al Modelo
Policial imperante, autoridad más obediencia haya sido igual a delito e
impunidad, gracias a los intereses inconfesables de unos pocos, felizmente
muy pocos; no podemos ni debemos permitirlo más y decir basta. Las
instituciones como dijimos, no son las corruptas sino los hombres;
obediencia más autoridad, a los fines del trabajo policial, no son malas
palabras sino condiciones de ética profesional que conllevan a la protección
de la vida de las personas. En este mismo contexto, desde un punto de vista
académico y teórico, el sistema de organización mixto, por sí solo, no
implica un perverso militarismo; a esta ideología, lo llevaron aquellos
funcionarios, partidarios del Modelo Hegemónico, que por otra parte, les
resultaba altamente beneficioso en lo personal. De igual forma, tampoco lo
estrictamente militar implica militarismo perjudicial o totalitarismo, sino
que son los hombres que la dirigen, que promueven prácticas
antidemocráticas; aunque no obstante ello, sea incorrecto y nada ideal su
aplicación en las agencias policiales, pues lo militar es de génesis
diferente a lo policial.
Podemos avanzar un poco más, considerando que toda agencia
policial, debajo de su nivel más alto de conducción (Jefe policial de
carrera), necesariamente conformará su Plana Mayor en función de mínimos
organismos superiores para atender integralmente las áreas de: Prevención
del Delito y Protección Ciudadana, Planificación, Control de Gestión y
Opinión Pública. La primera, dedicada a lo explicitado en su misma
denominación y es la que desarrollará el trabajo operativo proyectado para
la tutela de la comunidad, es decir, la atención primaria e inmediata de las
personas. La segunda, fijará la más amplia doctrina institucional en función
de las políticas de seguridad formuladas por la autoridad de gobierno a la
vez que producirá el planeamiento integral de la Fuerza. La tercera,
dedicada a detectar, corregir y/o neutralizar situaciones psicosociales
conflictivas y/o delictivas dentro de la organización y la cuarta, con
incumbencias en las relaciones con la comunidad en el concepto más amplio
posible, desde la publicidad de los actos institucionales para conocimiento
de la población hasta responder concretamente a la necesidad que ésta,
participe e interactúe en la formulación de propuestas públicas para su
propia seguridad.
Algunos ordenamientos jurídicos determinan funciones
judiciales a la Policía, en consecuencia nada impide que sean creados e
intercalados los estamentos necesarios para el cometido. Por otra parte,
este esquema general, debe desarrollarse convenientemente, estableciéndose
los mecanismos de comunicación y coordinación para responder al sistema de
prevención elegido.