Control de gestión y evaluación de la
labor policial.
Un tema medular es el control de la gestión y evaluación de
la labor policial que necesariamente debe existir en todas las estructuras
organizativas y funcionales democráticas, con su base filosófica orientada a
ese propósito y contando con los mecanismos de sustento para la prevención,
mediante la detección, identificación y neutralización, a través de actos
ejecutivos, de cualquier situación de carácter organizacional y/o jurídica
que condicione o posibilite el fracaso de la operatividad policial.
En este sentido, todo anteproyecto ofrecerá el espacio
institucional interno, adecuado para cumplir con este ineludible requisito
de toda buena administración, sin perjuicio de otros sistemas estatales
provinciales, previstos para el acceso externo y fluido hacia la
organización policial con propósitos similares.
El plan, como producto de la planificación integral de toda
policía, debe ser periódicamente monitorizado de manera tal de comparar los
efectos de su ejecución con los esperados al momento de su diseño a la vez
que efectuar las correcciones que surjan de su misma aplicación y a
consecuencia de modificación de variables propias de la coyuntura.
La policía debe brindar un servicio eficaz, eficiente, de
calidad y fundamentalmente, honesto y fuera de toda sospecha, situación que
amerita ser verificado y evaluado permanentemente.
Es necesario entonces cuantificar y cualificar las
actividades orientadas a la prevención del delito, buscando conocer cuánto
ha bajado como las de control del delito permitiendo conocer índices de
intervención, neutralización y esclarecimiento y las actividades
relacionadas con la anticorrupción en todas sus posibles facetas.
En cuanto a su ubicación en el espectro gubernamental,
entendemos que la Policía debe poseer la vinculación más directa posible con
el poder político, evitando innecesarias intermediaciones y con ello, no
aportamos nada nuevo al reconocer que toda agencia policial por su devenir,
características, amplitud y calidad de su misión, debe conformar un
organismo con rango de Secretaría de Estado.
Los funcionarios designados para la conducción de una nueva
Policía, serán funcionarios de carrera, exhaustivamente seleccionados,
exigiéndoles la idoneidad y el conocimiento suficientes para ocupar sus
cargos en cuanto a la función y tareas a desarrollar; lo cual quiere decir
que además de la autoridad formal, posean autoridad técnica o moral,
evitando lamentables improvisaciones a expensas de los contribuyentes,
quienes tendrían que subvencionar a funcionarios con notable desconocimiento
sobre como brindarles seguridad y protección, o que éstos, pretendan
aprender o llevar a cabo un postgrado académico desde tales cargos, para
todo caso no es posible permitir que se "aprenda sobre la marcha". En este
mismo contexto, la estructura determinará el mecanismo de relación con los
funcionarios policiales en situación de retiro, a los fines de mantenerlos
informados sobre el devenir institucional, como si es voluntad de éstos, y
salvo que expresamente no estuviera normado en los respectivos regímenes
locales de personal, se constituyan de manera individual o grupal, en
fuentes permanentes de asesoramiento integral.
Correcta asignación y distribución
presupuestaria para la Policía y los policías.
Habíamos hecho un adelanto de este tema oportunidad del
capítulo anterior donde abordamos como presupuesto de la Realidad Policial
la falta de recursos financieros para atender debidamente a los funcionarios
policiales en sus necesidades y decoro personales como de sistemas y medios
logísticos para cumplir acabadamente su misión específica.
La cuestión financiera es de suma importancia. Todo sistema
policial en el marco del más amplio sistema integrado de seguridad, es caro
y no admite regateos. Aún así trabajar en prevención policial virtud a una
planificación que admita adecuadamente el análisis científico del delito
conforme pautas claras en materia de Política Criminal, tiene una proporción
muy favorable, haciéndola económica y beneficiosa para las comunidades que
algunos autores la ubican en 5 a 1 ó 7 a 1. Así como en un hospital, resulta
inadmisible la falta de un médico o un medidor de presión para la atención
de la salud de la población; una dependencia policial jamás puede carecer de
personal, patrulleros o insumos para la protección comunitaria. Un
despliegue policial requiere de funcionarios policiales a los que hay que
pagar y bien, como de sistemas logísticos que comprendan recursos materiales
suficientes para evitar toda posibilidad de improvisación y eventualidad que
conlleva a la corrupción. Por ello, la asignación como la distribución de
estas finanzas, requiere de un alto grado de profesionalidad y
responsabilidad (misión específica de los elementos de staff en su
organización) como del control de gestión (interno y externo).
En suma y para finalizar este capítulo, todo futuro sistema
policial dentro de uno mayor cual es el de la Seguridad Ciudadana, cumplirá
con las exigencias y formalidades técnicas, inherentes a una organización
administrativa democrática, permitiendo una correcta operatoria en un Estado
de Derecho, tanto en lo interno, externo, discrecional, como del control de
gestión.
No advierto procesos de reforma policial en América Latina
que merezcan citarse pese a que se publicita que existen. Se advierten
algunos cambios que implican marchas y contramarchas pero en realidad se
observan procesos de deforma y destrucción policial donde sus ideólogos e
impulsores consideran que dejar sin empleo a cierto número de agentes,
crear, quitar o cambiar de nombre a un elemento policial o instrumentar un
quimérico e irrealizable plan de seguridad es suficiente.
Corolario.
El propósito fundamental de toda Institución Policial en
cualquier región del mundo, sin perjuicio de la legislación vigente de cada
país, es la Aplicación de la Ley.
Esta importantísima frase que sintetiza la expresión más
pura de la juridicidad, mediante la realización de deseos, esperanzas y
expectativas de cada Sociedad a través de su Contrato Social, debería ser
concluyente y determinante, sin ser necesario mayor abundamiento o
explicación.
Empero, la historia nos demuestra, en la generalidad y muy
especialmente en la particularidad de nuestro país, que las fuerzas
policiales se han visto envueltas en situaciones altamente comprometidas con
una franca violación a los derechos humanos de la propia comunidad a la cual
pertenecen y sirven, sembrando una dudosa constitucionalidad en su cotidiano
quehacer laboral y poniendo en tela de juicio su profesionalidad a la vez
que provocar un alto cuestionamiento y reproche político y social.
Independientemente y más allá de una evaluación mucho más
profunda sobre el comportamiento de la Institución Policial en su Comunidad,
en el marco del ordenamiento jurídico local, sus integrantes tienen una
tradición y cultura de "Cumplimiento de la Orden". Esa Orden, escrita o
verbal, la emana un Superior quien ejerce una influencia inmediata y
paradigmática, mucho más fuerte y coercitiva que la letra misma de la Ley.
Es importante entonces que la Orden Policial sea a su vez la
expresión más pura de la Ley. Y que esta Ley, sea la mejor posible.
Entonces, debemos formar personas para una cultura
democrática pues así tendremos policías con cultura democrática a quienes se
capacitará en lo específico de la misión a cumplir para que sus órdenes
guarden el espíritu de la Ley a la vez que interpretar rápidamente aquellas
que guardan rasgos ilegales como también ilegítimos.
Pero esta formación debe corresponderse también con la
situación que se plantea en los regímenes policiales; por un lado la
no-deliberación, es decir no deliberar en cuanto al apego, respeto y
cumplimiento de la Ley, pero por el otro, mostrar nuestra condición de
profesionales que nos obliga a repasar su letra y verificar en el plano
institucional la posibilidad de que su aplicación, pueda implicar
injusticias o consecuencias graves que escapan a su marco tutelar.
La Policía entonces está obligada a responder ante estas
situaciones por los canales establecidos porque de esta manera responderá a
su compromiso con el orden democrático. Vale aclarar que no es nuestra
misión proponer leyes, eso es inequívoco de la Legislatura quien detenta el
"poder de policía" pero sí, su repaso y alertar sobre consecuencias injustas
que su aplicación pueda ocasionar.
Vean como la selección de personas para ser Policías como su
capacitación y formación para la función y el seguimiento personal, revisten
carácter de excelencia. Por que cada policía formado y egresado de los
correspondientes institutos, es quien deberá discernir en el aquí y ahora de
una calle cualesquiera de nuestra Patria, virtud a mérito, oportunidad y
conveniencia y con la autoridad que emana de la Ley qué conducta adoptar
frente a determinada situación en la que esté involucrado un cohabitante,
incluyendo la factibilidad de regular sus derechos constitucionales.
Es preferible entonces que no haya ingreso de aspirantes a
funcionarios policiales a que ingrese personas que no reúnan los requisitos
indispensables para tan importante función.
Por lo expuesto y tratándose de Agencias Policiales no sería
inadecuado hablar de Aplicación de la Ley para los Derechos Humanos
con lo cual sentenciaríamos que ninguna Policía como alguno de sus
integrantes, pretenda ubicarse por encima o más allá de la Ley.
La Institución Policial o alguno de sus integrantes que
sustente una cultura que importe Aplicar la Ley a expensas de la comisión de
algunos delitos, en realidad además de no estar aplicándola, la está
violando mediante la adopción de conductas ilícitas o mafiosas.
Dicho esto, debemos reconocer a la Institución Policial como
la Defensora Oficial de los Derechos Humanos de los habitantes de su
Comunidad y consecuentemente llevar a cabo todas las acciones orientadas a
la generación de una nueva cultura donde Aplicar la Ley por parte de la
Policía sea ni más ni menos la respuesta a una estrategia y tácticas de
respecto a los Derechos Humanos. Si no fuera así, tendríamos cualquier
cuerpo, formación o banda, pero nunca una Policía.
Para ello y como dijimos, es imprescindible generar una
nueva cultura policial, es decir un cambio filosófico que se traduzca en
mentalidad y metodología diferentes, donde el habitante se sienta protegido
como regla general y no como suceso extraordinario.
Pero además, Aplicar la Ley en el marco de respeto y
protección de los Derechos Humanos, es también velar por las condiciones de
seguridad e higiene en el trabajo donde cada funcionario policial se sienta
plenamente protegido por el Estado en su condición de tal.
Esto significa entonces, el inexcusable compromiso estatal
de sustentar en adelante una conducta policial de transparente
constitucionalidad y de protección laboral de sus trabajadores.
Empero, los responsables de fijar los lineamientos políticos
y técnicos que hacen a su desempeño, parecieran denotar un marcado
confundimiento o desconocimiento de la materia, toda vez que se evidencia un
divorcio entre las actuales legislaciones policiales y el espíritu de la
comunidad que exige de su policía una respuesta acorde que no siempre
recibe.
Surge entonces, la necesidad urgente de reformular los
regímenes policiales --lo cual no es absolutamente imposible-, principiando
con una Ley marco que redefina en función de un correcto rescate por parte
del legislador del espíritu comunitario, permitiéndole fijar una metodología
distinta al modelo hegemónico tradicional, fortaleciendo sus relaciones con
la mandante. Esta norma, determinará también los controles de gestión
convenientes para evitar su mal empleo, coyuntural o permanente, en tareas
que no le son propias o estén normadas por otros instrumentos como en
situaciones inequívocamente delictivas, de cuestionable constitucionalidad,
muchas de ellas bajo pretexto de combatir el delito.
Hoy, estoy totalmente convencido que los responsables de
fijar los lineamientos políticos y técnicos que hacen a la Policía, no
poseen ni quieren poseer, siquiera una idea y menos aún el conocimiento
sobre el tema a la vez que una clara falta de voluntad política para
promover un verdadero cambio en materia policial; estoy convencido también
que una mezcla de soberbia, ausencia de idoneidad para ocupar cargos
públicos, obsecuencia y poder; conforman una situación muy especial y
particular, donde tanto el ciudadano común como el funcionario policial, se
encuentran completamente desprotegidos ante la delincuencia y el propio
Estado.
Referencia Bibliográfica.
Cheves, Raúl Marcelo; "Policía en naciones Unidas II",
Segunda Edición Actualizada (2000).