Una publicación de CDF     | Enlaces | Comentarios | Contacto | Búsqueda |

ISSN 1913-6196

Inicio Temas Autores Reseñas Libros Recursos digitales
Ediciones Documentos Multimedia Lectores opinan Entrevistas Nosotros
Año 2008 Vol. VI
Futuros 21
 Futuros 20
Año 2007 Vol. V
 Futuros 19
 Futuros 18
 Futuros 17
Año 2006 Vol . IV
 Futuros 16
 Futuros 15
 Futuros 14
 Futuros 13

Año 2005 Vol.  III

 Futuros 12
 Futuros 11
 Futuros 10
 Futuros 9
Año 2004 Vol. II
 Futuros 8
 Futuros 7
 Futuros 6
 Futuros 5
Año 2006 Vol.  I
 Futuros 4
 Futuros 3
 Futuros 2
 Futuros 1
 

Visítenos en el nuevo portal
Futuros 21

 

 CONVIVENCIA Y DESARROLLO HUMANO SUSTENTABLE

Desarrollo Humano Sustentable

Por Revista Futuros   

 

Nuestra especie se caracteriza por su propensión y necesidad de convivencia, de cohabitar espacios y relacionarse socialmente. Esa capacidad resultó determinante para su supervivencia y desarrollo en el planeta. La historia humana ha sido la de la evolución de diversas formas de regular dicha convivencia, tanto entre los seres humanos como entre ellos y la naturaleza. A lo largo de milenios la convivencia en ambos campos estuvo sesgada por una perspectiva de conquista y dominio sobre las personas y los recursos naturales. La mayor parte de aquellas escuelas de pensamiento que pretendían alcanzar un estadio de armonía entre los seres humanos pretendieron hacerlo ejerciendo la violencia y exclusión sobre los que no compartían su credo. Por otro lado, salvo algún que otro pensador aislado y grupos indígenas, fueron escasas las ocasiones en que alguien incursionara con pretensiones normativas de armonización en el ámbito de las relaciones de nuestra especie con otras y con su hábitat natural.

La idea del desarrollo humano sustentable es una ruptura disidente con esa tradición. Se pretende ahora diseñar y establecer diversos regímenes de gobernabilidad que permitan una administración y solución de los conflictos medioambientales y sociales de manera tal que se asegure el desarrollo de las personas al tiempo que se garantice el de las generaciones venideras en el marco de una nueva cultura económica y política que reconozca y se apoye en principios ecológicos y bioéticos.

Las premisas que originaron esa disidencia fueron las siguientes:

  • el ritmo de reproducción de los recursos planetarios que son explotados por nuestra especie es inferior al nuevo ritmo de extracción de aquellos que ahora le imponemos con las avanzadas tecnologías a nuestro alcance,
  • el ritmo de los mecanismos naturales de reciclaje de los desechos que generamos es inferior a su creciente cuantía y aquellos tampoco pueden asimilar los nuevos desechos de alta toxicidad que contaminan y deterioran el ambiente,
  • los nuevos adelantos tecnológicos y la proliferación de armas de todo calibre y naturaleza –incluidas las de destrucción masiva- hacen cada vez más mortíferas las guerras y peligrosa la intolerancia, obligando al diseño de nuevos sistemas de convivencia capaces de administrar y resolver los conflictos sociales por vías no violentas. Contener la proliferación de armas sin cambiar la cultura y regímenes de convivencia social ha demostrado ya, en el siglo XX, ser una visión insuficiente del problema.

Los componentes del nuevo paradigma de desarrollo humano sustentable son:

  • la sustentabilidad ecológica y social,
  • una productividad creciente,
  • la garantía de equidad de oportunidades y de cobertura de necesidades básicas,
  • la potenciación o empoderamiento (empowerment) personal e institucional -mediante el fomento y protección de la libertad y de todos los derechos humanos- a fin de poder participar, eficazmente, en aquellos procesos de decisión que afectan su existencia.

Sin embargo, la suma de esos factores no resulta suficiente para asegurar la sustentabilidad de los procesos de desarrollo humano. Es preciso construir una nueva cultura de la convivencia en que la solidaridad, el pluralismo y la tolerancia presidan las capacidades institucionales para abordar y resolver los siempre inevitables conflictos sociales por vías democráticas, políticas y pacíficas.

En el presente número de nuestra Revista Futuros se recogen un conjunto de experiencias y reflexiones de representantes de movimientos sociales cuya lucha responde a diferentes identidades sociales – de género, raza, grupo étnico, orientación sexual y otras. Sus autores son activos participantes de un movimiento mundial que engloba a diferentes grupos identatarios por la inclusión, la tolerancia y la convivencia en la diversidad. Según exponen algunos de ellos, el sujeto social construyó los movimientos identatarios, pero, al mismo tiempo, la acción ejercida desde el movimiento transformó la identidad misma de los sujetos, si cabe, dignificándolos aun más. Uno de los autores ejemplifica el proceso con una frase elocuente: "Entramos (a la Conferencia Mundial contra el Racismo) negros; salimos afro- descendientes."

La pregunta que nos formulase el sociólogo francés Alain Touraine sigue vigente: "¿Podremos vivir juntos?" La respuesta de los autores es positiva en dos niveles. Por una parte es evidente que creen realmente que "otro mundo mejor es posible" porque, según nos informan, están empeñando sus vidas -junto al grupo oprimido al que pertenecen - en cambiar el actual. Por otro lado, porque nos ofrecen pistas y ejemplos concretos de los caminos que pueden conducirnos a un mundo con un sistema de convivencia superior al presente. Sus textos no moralizan, pontifican ni demonizan. Explican y proponen.

Los conflictos que vivimos no son obra de personas malévolas, sino de sistemas perversos de ideas y organización de nuestra convivencia. Cada vez que pasamos en la calle a otro ser humano abandonado a su suerte y viramos el rostro a su desgracia, nuestra dignidad sufre con ello. El o ella no tendría que estar ahí y la sociedad debería proveernos de medios de solidaridad más eficaces que extenderle una limosna ocasional. Cuando los granjeros se ven obligados a botar la leche producida para sostener su precio mientras alguien muere de inanición sabemos que hay algo endiabladamente mal en el diseño del sistema. Y cuando después de milenios se mata a golpes y piedras a una mujer que decide romper su matrimonio, se cierran las puertas del progreso social a un ser humano por el color de su piel, se aísla socialmente a otro por su orientación sexual o se excluye a un tercero de servicios básicos por su condición de indígena, sabemos que estamos ante una situación ya intolerable de intolerancia.

¿Cuál es la conexión entre las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, la población afro descendiente marginada de la riqueza que sus antepasados contribuyeron decisivamente a crear, el indígena que lucha por el reconocimiento de su autonomía después de sobrevivir por cinco siglos múltiples políticas de opresión y exterminio, el gay al que se le golpea y acosa por no esconder su identidad y reclamar el derecho de amar y formar pareja? Estas situaciones no son patrimonio exclusivo de un cierto sistema político o económico, ni se concentran en una región geográfica. Se han dado y se dan en sistemas democráticos y autoritarios; al norte y al sur del planeta, al este y al oeste; en países desarrollados y atrasados. ¿Por qué?

En el pasado opresor y oprimido compartían de manera inconsciente un conjunto de ideas y premisas modernas acerca de la vida natural y social. Quienes aspiraron a "otro mundo mejor", creían que seria posible alcanzar –por los caminos de la política y de la economía- un paraíso terrenal, libre de conflictos, como cantaban hace siglo y medio las estrofas de un himno proletario. Pero cuando finalmente pudo ponerse en escena el guión no se parecía mucho a la profecía. Muchas de esas invisibles premisas compartidas con sus opresores, como sentido común de su época, le tendieron una trampa mortal a sus más altas aspiraciones y sueños.

La humanidad puede aprender muchas cosas del siglo XX. Que la historia no es lineal y siempre anida diferentes posibilidades (mejores y peores). Que la sociedad es por naturaleza conflictiva y que es a través de los conflictos que se producen el cambio y el progreso, por lo que lo importante no es negar la existencia de conflictos ni rehuir su examen, sino aprender a administrarlo y a darle solución por vía democrática y pacífica. Que una sociedad democrática puede transformarse en totalitaria y que una persona decente puede devenir genocida si se conjugan las circunstancias sociales propicias para ello. Que el progreso tecnológico puede ser empleado para ejercer la barbarie ecológica y social. Que la vida y el futuro de nuestra especie son inciertos. Que una sociedad democrática no puede alcanzarse si se emplea la violencia para llegar a ella. Que los recursos planetarios no son infinitos. Que el odio y la intolerancia solo generan ciclos perpetuos de odio e intolerancia.

El siglo XX fue nuestra última advertencia y llamado a corregir una historia de milenios de convivencia en sistemas de inequidad, intolerancia, y destrucción ecológica. El siglo XXI es, muy probablemente, nuestra última oportunidad.


   

Imprimir este artículo   Imprimir


Este website esta bajo la licencia de Creative Commons Licence
Cualquier material de esta revista puede reproducirse libremente de forma impresa o electrónica sin previa autorización, siempre que se cite como  fuente a la Revista Futuros y su uso no sea con fines comerciales. Agradeceríamos ser informados y que se nos hiciera llegar una copia o referencia del material reproducido.
Se exceptúan de la libre reproducción los materiales tomados de otras fuentes; para reproducir estos artículos debe pedirse autorización a la fuente original.

Las opiniones expresadas en los artículos son de los y las autores y no de Rostros y Voces  o de Citizen Digital Facilitation
Los invitamos a enviarnos sus colaboraciones, las cuales serán  publicadas de ser seleccionadas por la dirección de la revista.
Si tiene problemas o preguntas relacionadas con esta Web, póngase en contacto con el Equipo Futuros.
Última actualización: