El énfasis de la presente Administración sobre la prevención
oportuna de posibles amenazas es un paso importante y necesario en la
política exterior estadounidense. Por mucho tiempo, el mundo ha respondido
demasiado tarde a conflictos sociales cuya intensidad aumentaba resultando
en actos tan lamentables como el genocidio, el abuso de los derechos
humanos, el fracaso de estados frágiles, el terrorismo y el tráfico
clandestino de armas de destrucción masiva. Desde 1990, la comunidad
internacional ha intentado superar esta "cultura de reacción" al transitar a
una "cultura de prevención". Desafortunadamente, el enfoque militar y de
poderío económico estadounidense como principal instrumento de política
exterior difiere drásticamente del entendimiento que la comunidad
internacional tiene acerca de como reducir los focos de conflicto y prevenir
la guerra de manera efectiva.
Un cuerpo creciente de investigación y literatura está
contribuyendo a formar un movimiento global para la prevención pacífica de
conflictos armados. La publicación del reporte de la Comisión Carnegie en la
Prevención de Conflictos Armados (Carnegie Commission on the Prevention of
Deadly Conflict) en 19982, seguido 3 años después por el reporte del
Secretario General de las Naciones Unidades sobre la Prevención de
Conflictos Armado3 y el reporte "La Responsabilidad de Proteger"
por la Comisión sobre la Intervención y Soberanía de los Estados4 ha marcado
importantes avances en el esfuerzo de la comunidad mundial para un mejor
entendimiento, pronóstico y prevención de brotes de conflictos violentos.
En el 2001, el Secretario General Kofi Annan hizo un llamado
para el desarrollo de nuevas capacidades de los gobiernos, organizaciones
multilaterales, la sociedad civil y las Naciones Unidas para tomar acciones
preventivas genuinas en todas las etapas de conflicto—desde tensiones
latentes, a guerras en desarrollo, hasta la construcción de una paz
duradera. Dichas acciones incluyen el desarrollo de sistemas de alerta
oportuna y acción diplomática preventiva; el fortalecimiento de la ley
internacional y buen gobierno; la reducción de la proliferación de armas, la
protección de los derechos humanos, el apoyo para el desarrollo sostenible y
distribución justa de los recursos; el abatimiento de la pobreza, el combate
a problemas de salud (en especial del HIV/SIDA), la reducción de tensiones
étnicas, la construcción de sociedades civiles a nivel mundial y la
obtención de seguridad básica para la gente de todo el planeta.
Muchas entidades en la comunidad internacional han logrado
avances en el desarrollo e instrumentación de políticas de prevención
pacífica. La Unión Europea, La Unión de Países Africanos y otras
organizaciones multilaterales están trabajando para desarrollar nuevos
mecanismos para la prevención de conflictos regionales. Suecia ha creado una
política nacional para la prevención de conflictos violentos. El Programa de
Desarrollo de las Naciones Unidas (UNDP por sus siglas en inglés), El Banco
Mundial y algunas agencias de desarrollo estadounidenses, incluida la
Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) están
explorando diferentes alternativas para integrar la prevención de conflictos
en sus programas de trabajo. Las organizaciones no gubernamentales (ONGs)
dedicadas a la asistencia humanitaria, desarrollo, y el mantenimiento de paz
alrededor del mundo han creado La Sociedad Global para la Prevención de
Conflictos Armados (Global Partnership for the Prevention of Armed Conflict)
y están planeando llevar a cabo una conferencia en las Naciones Unidas
durante 2005, la cual ayudará a fortalecer el rol de la sociedad civil en la
prevención de conflictos.
Una nueva agenda para la prevención pacífica de conflictos
armados se desarrolló originalmente a partir del reconocido fracaso de la
comunidad internacional en la era posterior a la Guerra Fría, para prevenir
adecuadamente crisis humanitarias masivas, incluido el genocidio en Ruanda y
el asesinato masivo de Srebrenica. La comunidad internacional, los Estados
Unidos incluido, se había cansado de reaccionar de manera tardía y poco
significativa en dichos conflictos que pudieron ser prevenidos. Era
necesario un cambio en el paradigma de la reacción tardía a un modelo de
prevención anticipada. En el verano del 2001, el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas, con el gobierno del presidente Bush, representando a los
Estados Unidos, aprobó una resolución dirigida a "mejorar la efectividad de
Naciones Unidas en identificar conflictos en todas sus etapas, desde la
prevención hasta los acuerdos que conlleven a la paz duradera." El
Secretario General Kofi Annan urgió a los diferentes países "a hacer de la
prevención la piedra angular de la seguridad colectiva en el siglo XXI."5 En
Julio del 2003, La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una
resolución en la que los Estados Miembros se comprometieron a trabajar en la
prevención de conflictos armados, y donde se especifican los distintos
papeles que juegan los gobiernos, las agencias de Naciones Unidas, la
sociedad civil y el sector privado en la prevención.6
Los ataques del 11 de septiembre del 2001 y las recurrentes
amenazas terroristas han puesto de manifiesto la importancia de instrumentar
una agenda de seguridad que pueda pronosticar mejor posibles amenazas;
prevenir sus brotes violentos, erradicar disputas actuales e identificar sus
raíces. Sin embargo, más que instrumentar las lecciones de prevención
pacífica que la comunidad internacional ha logrado reunir, los Estados
Unidos han revertido su política hacia la obsoleta herramienta del
unilateralismo y la abrumadora acción militar— instrumentos que prometen
exacerbar las amenazas y desencadenar posibles ataques terroristas. La
acción militar puede erradicar ciertos elementos de amenaza para la
sociedad, pero no puede remover las raíces del conflicto y en su lugar puede
fortalecerlas.
Notas