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Parte 1 /2
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El texto que ofrecemos a continuación está referido a
una experiencia en África que consideramos resulta útil conocer en América
Latina. Los impactos de ciertos convenios internacionales de
comercialización sobre la situación de los derechos humanos en los países
productores son hoy día un problema global a atender. |
Este estudio es acerca de las políticas de producción y exportación
aplicadas
por los Estados Unidos y la Unión Europea
con respecto al algodón y su impacto en África Occidental y Central.
" El algodón en Africa y los derechos humanos"
es una propuesta de un enfoque basado en las obligaciones internacionales
relacionadas con los derechos humanos
En los últimos años, los precios mundiales del algodón han
sufrido notables descensos. Los pequeños cultivadores de África Occidental y
Central, para los que el algodón representa la principal fuente de ingresos,
empiezan a verse gravemente afectados por esa bajada.
La caída de los precios del algodón se debe principalmente a
las políticas de producción y exportación aplicadas por los Estados Unidos (EE.UU.)
y la Unión Europea (UE). Se trata de políticas difícilmente compatibles con
el espíritu y la letra de las normas de la Organización Mundial del Comercio
(OMC), tal y como lo confirmó recientemente el Órgano de Solución de
Diferencias de esta institución en relación con determinadas subvenciones
concedidas por los EE.UU. Lo que a menudo se desconoce es que esas políticas
también son contrarias a la letra y el espíritu de los principios
internacionales de derechos humanos
La presente sinopsis tiene por objeto ofrecer una visión
general de las repercusiones que las políticas de producción y exportación
aplicadas por los EE.UU. y la UE con respecto al algodón tienen en la vida
de los cultivadores de diversos países de África Occidental y Central. Se
analiza asimismo cómo los esfuerzos desplegados por algunos países africanos
para cumplir con sus compromisos internacionales en materia de derechos
humanos se están viendo minados por dichas políticas. La principal
recomendación es que los países en desarrollo y los grupos comprometidos con
la defensa de los derechos humanos y el desarrollo hagan un uso más
proactivo de los derechos humanos, como parte de sus estrategias de
sensibilización y reforma.
…el algodón aquí lo es todo.
Con él hemos construido escuelas y centros de salud.
Todos dependemos de esta materia prima.
Pero si los precios siguen bajos, no queda esperanza para el futuro.’
Un cultivador de la aldea de Logokourani, citado en:
Oxfam, 2002.
La promesa de la producción algodonera como medio de
subsistencia en África
Los algodoneros de África Occidental y Central figuran entre
los productores más costo-eficaces del mundo. Según las cifras disponibles
de 2001 en adelante, en Benin y Malí producir una hectárea de algodón cuesta
0,21 dólares EE.UU. por kilogramo. En Burkina Faso, el costo por kilogramo
es de 0,22 dólares, mientras que en los EE.UU. asciende a 68 céntimos.1
Los países productores de algodón de África Occidental y
Central forman parte de las naciones más pobres del planeta: según el índice
de desarrollo humano de las Naciones Unidas, Burkina Faso y Malí ocupan,
respectivamente, el tercer y cuarto puesto entre los países más pobres del
mundo. El algodón supuso en su día un considerable impulso para sus
economías: entre 1990 y 1997, la producción y las exportaciones algodoneras
permitieron a los agricultores de la región mejorar su nivel de vida. En
Burkina Faso, por ejemplo, la producción de algodón incrementó entre 1993 y
1998 en un 175%, lo que a su vez trajo consigo un aumento de los ingresos.
Como consecuencia de ello, la incidencia de la pobreza disminuyó del 50% al
42% en las zonas cultivadoras de algodón, en tanto que los niveles de
pobreza aumentaron en un 2% en las zonas restantes.2
Como demuestra un estudio publicado recientemente por la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO), el algodón representa para las pequeñas explotaciones un importante
cultivo comercial que permite a las personas, las familias y las comunidades
acceder a toda una variedad de alimentos nutritivos, servicios de atención
sanitaria y otros servicios básicos. En Malawi, los hogares rurales que
cultivan algodón dependen de forma casi exclusiva de esta materia prima como
fuente de ingresos en efectivo, ingresos que luego se destinan a la compra
de pan, leche y carne para consumo doméstico.3 En el norte de
Benin, el algodón constituye prácticamente la única fuente de ingresos en
efectivo para 100.000 hogares y genera la mitad de los ingresos familiares.4 Las posibilidades de diversificarse y cultivar otros productos son
escasas para estas familias, que se concentran en el norte del país, donde
el potencial agrícola es bajo.
Según se desprende de un estudio realizado por la
Organización Mundial de la Salud (OMS) en Burkina Faso, la producción
algodonera propicia mejoras sanitarias. Se señala, en particular, que los
agricultores que aplican una rotación sistemática entre el algodón y el maíz
obtienen mayores ingresos que los que optan por el monocultivo, sobre todo
el caupi. Esto entraña, a su vez, una dieta más equilibrada y,
consiguientemente, mejoras en lo que atañe a la salud. 5
La crisis del algodón
Los precios del algodón empezaron a bajar a mediados de los
años noventa. Entre 1997 y 2002, el precio medio del mercado mundial
disminuyó en un 40% para situarse en 42 céntimos por libra. Aunque en 2003/
04 se registró una recuperación marginal –debida a la persistencia de malas
condiciones climáticas en China, que situó los precios en 65 céntimos por
libra–, se vaticina para 2004/05 una nueva caída, de 12 céntimos a 53
céntimos por libra.6
El derrumbe experimentado por los precios del algodón desde
1997 responde a numerosas causas. Uno de los factores más decisivos es la
sobreproducción debida a la desreglamentación de los mercados algodoneros de
los EE.UU. En 1995 los EE.UU. liberalizaron su sector del algodón
suprimiendo los programas de regulación de la oferta, que antes contribuían
a equilibrar la oferta con la demanda. Esto trajo consigo un enorme
incremento de los niveles de producción, que a su vez provocó la disminución
de los precios mundiales. En 1996, en lugar de reimplantar los programas de
regulación de la demanda, el Gobierno estadounidense aprobó una Ley Agraria
que prevé el pago de ayudas directas para indemnizar a los agricultores por
los bajos precios mundiales.7 Estas subvenciones permiten a los
cultivadores seguir produciendo en exceso, de modo que los Estados Unidos,
pese al elevado costo de su producción algodonera, son el mayor exportador y
el segundo productor de algodón en el plano mundial.
Las subvenciones totales abonadas por los EE.UU. y la UE a
los agricultores ascendían en 2001 conjuntamente a 4.000 millones de dólares
EE.UU.8 Según el Grupo de Trabajo sobre el Medio Ambiente (EWG),
se abonaron entre 1995 y 2002 un total de 1.680 millones de dólares EE.UU.,
en concepto de subvenciones concedidas a 285 empresas estadounidenses
dedicadas a la exportación y al desmote del algodón. El grueso de las ayudas
fueron a parar a apenas una docena de compañías, como Cargill, que recibió
más de 87 millones de dólares. Las subvenciones totales otorgadas a estas
doce empresas representaron la mitad de las ayudas totales, es decir, 843,9
millones.9
La UE no es un productor importante, pues sólo aporta un
2,5% de la producción mundial (la producción comunitaria se concentra
principalmente en Grecia). Sin embargo, las subvenciones que concede a los
cultivadores españoles y griegos son extremadamente elevadas, pues
equivalen, respectivamente, a un 180% y un 160% de los precios mundiales.10
Entre los demás factores causantes de la bajada de los
precios cabe citar: la disminución de la demanda de algodón debida a la
competencia cada vez mayor impuesta por las fibras sintéticas), el aumento
de los niveles de productividad (imputable, entre otras cosas, a las nuevas
tecnologías y al creciente empleo de variables algodoneras transgénicas) y
la lentitud que últimamente caracteriza al crecimiento económico mundial.
China, como principal productor de algodón del mundo, puede
ejercer una importante influencia sobre los precios mundiales del algodón.
El país se ha comprometido, en el contexto de su adhesión a la OMC, a
reducir las subvenciones otorgadas al sector algodonero. En la presente
sinopsis nos centraremos, no obstante, únicamente en los efectos de las
políticas de producción y exportación aplicadas por los EE.UU. y la UE con
respecto al algodón y su impacto en los medios de subsistencia y los
derechos humanos en África Occidental y Central.
Impacto en los países africanos
Tal y como demuestra un número reciente de estudios, la
disminución de los precios mundiales del algodón está contribuyendo a la
pérdida de ingresos en África Occidental y Central, lo que a su vez tiene
repercusiones negativas sobre los medios de vida en la región.
En Burkina Faso, por ejemplo, pese a que las exportaciones
han aumentado casi en un 50% desde 1994, los ingresos estatales obtenidos
del algodón disminuyeron durante ese mismo período en 60 millones de dólares
EE.UU. La incidencia de la pobreza en las zonas rurales se sitúa ahora en un
51%, siendo los niveles de malnutrición particularmente elevados entre las
mujeres y los niños. Conviene señalar asimismo que en 2001, cuando el precio
de exportación del algodón estadounidense se situaba 54 céntimos/libra por
debajo del costo de producción, Burkina Faso perdió un 1% del Producto
Interior Bruto (PIB) y un 12% de sus ingresos de exportación, Malí perdió un
1,7% del PIB y un 8% de sus ingresos de exportación y Benin perdió un 1,4%
del PIB y un 9% de sus ingresos de exportación.11
Una investigación encargada por el Instituto Internacional
de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IIPA) demostró el impacto que
la caída de los precios mundiales del algodón tenía en los pequeños
cultivadores de Benin. Según ese estudio, la reducción en un 40% del precio
en la explotación agrícola hizo que los ingresos de los algodoneros
disminuyeran en un 21% y que la incidencia de la pobreza aumentara del 37%
al 59%. En términos absolutos, la disminución de los precios en un 40% hizo
que 334.000 personas pasaran a situarse por debajo del umbral de pobreza.12
Se estima que en el conjunto de la región de África Occidental y Central el
derrumbamiento de los precios mundiales del algodón causó pérdidas directas
por valor de 250 millones de dólares EE.UU. y que las pérdidas indirectas
ascienden a otros 1.000 millones de dólares.13
Un elemento aún más importante es que la sobreproducción
hace que las exportaciones sean objeto de dumping, y ello a gran escala. En
el caso del algodón, el dumping acusa niveles preocupantes desde 1997,
siendo los EE.UU. la principal fuente de productos agrícolas objeto de
dumping. Entre 1997 y 2002 los niveles de dumping del algodón estadounidense
aumentaron considerablemente, al pasar el precio medio de situarse un 17%
por debajo del costo de producción a situarse un 61% por debajo del costo de
producción.14
Para evitar el desmoronamiento de sus industrias
algodoneras, los gobiernos de África Occidental y Central se han visto
forzados a desviar sus recursos, ya de por sí limitados, de otras esferas
cruciales como la educación, la prestación de servicios sanitarios y el
desarrollo de la infraestructura rural.15 El acceso a la
alimentación también está amenazado por los bajos precios del algodón, pues
muchos de estos países dependen de los ingresos de exportación generados por
el algodón para poder importar alimentos. Esto se aplica particularmente a
Togo, Benin, Chad, Burkina Faso y Malí, donde los ingresos de exportación
obtenidos del algodón representan más del 10% de los ingresos nacionales
totales provenientes de las exportaciones.16
La producción y el comercio algodoneros están cubiertos por
las normas de la OMC, en particular las comprendidas en el Acuerdo sobre la
Agricultura. Las políticas aplicadas por los EE.UU. y la UE a la producción
y exportación del algodón son contrarias al espíritu y la letra de las
disposiciones de la OMC, y ello por varios motivos. En primer lugar, son
prima facie incompatibles con el Acuerdo sobre la Agricultura, cuyo
objetivo es "establecer un sistema de comercio agropecuario equitativo y
orientado al mercado", previendo al efecto la introducción de "reducciones
progresivas sustanciales de la ayuda y la protección a la agricultura (...)
como resultado de las cuales se corrijan y prevengan las restricciones y
distorsiones en los mercados agropecuarios mundiales".
En segundo lugar, al impedir el mejoramiento de los niveles
de vida, esas políticas son contrarias a los objetivos enunciados en el
Acuerdo de Marrakech por el que se establece la Organización Mundial del
Comercio ("Acuerdo sobre la OMC"), que dispone expresamente que las
relaciones comerciales deben tender "al logro de niveles de vida más altos,
a la consecución del pleno empleo y de un nivel elevado, cada vez mayor, del
ingreso real y de la demanda efectiva".
El Órgano de Solución de Diferencias (OSD) de la OMC examinó
recientemente la demanda presentada contra las subvenciones estadounidenses
aplicadas al algodón, por violar éstas las normas comerciales
internacionales. El Brasil, que sometió esta diferencia a la OMC, alegaba
que si no fuera por las subvenciones otorgadas por los EE.UU., las
exportaciones de dicho país habrían disminuido en un 40%, en tanto que los
precios mundiales del algodón habrían aumentado en un 12,6%.17 El
OSD estableció que algunas de las subvenciones estadounidenses infringían en
efecto las normas de la OMC.18
Notas
www.icac.org/icac/Meetings/Plenary/60vicfalls/documents/delegates/e_cost_prod.pdf
www.ewg.org/farm/step2index.php>
http:// docsonline.wto.org>
http://www.wto.org
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