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ISSN 1913-6196

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  El algodón en África y los derechos humanos

Democracia y derechos humanos

Por "The Ethical Globalization Initiative" and "3D"

Parte 1 /2

El texto que ofrecemos a continuación está referido a una experiencia en África que consideramos resulta útil conocer en América Latina. Los impactos de ciertos convenios internacionales de comercialización sobre la situación de los derechos humanos en los países productores son hoy día un problema global a atender.

Este estudio es acerca de las políticas de producción y exportación aplicadas
por los Estados Unidos y la Unión Europea
con respecto al algodón y su impacto en África Occidental y Central.
" El algodón en Africa y los derechos humanos"
 es una p
ropuesta de un enfoque basado en las obligaciones internacionales
relacionadas con los derechos humanos

En los últimos años, los precios mundiales del algodón han sufrido notables descensos. Los pequeños cultivadores de África Occidental y Central, para los que el algodón representa la principal fuente de ingresos, empiezan a verse gravemente afectados por esa bajada.

La caída de los precios del algodón se debe principalmente a las políticas de producción y exportación aplicadas por los Estados Unidos (EE.UU.) y la Unión Europea (UE). Se trata de políticas difícilmente compatibles con el espíritu y la letra de las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), tal y como lo confirmó recientemente el Órgano de Solución de Diferencias de esta institución en relación con determinadas subvenciones concedidas por los EE.UU. Lo que a menudo se desconoce es que esas políticas también son contrarias a la letra y el espíritu de los principios internacionales de derechos humanos

La presente sinopsis tiene por objeto ofrecer una visión general de las repercusiones que las políticas de producción y exportación aplicadas por los EE.UU. y la UE con respecto al algodón tienen en la vida de los cultivadores de diversos países de África Occidental y Central. Se analiza asimismo cómo los esfuerzos desplegados por algunos países africanos para cumplir con sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos se están viendo minados por dichas políticas. La principal recomendación es que los países en desarrollo y los grupos comprometidos con la defensa de los derechos humanos y el desarrollo hagan un uso más proactivo de los derechos humanos, como parte de sus estrategias de sensibilización y reforma.

…el algodón aquí lo es todo.
Con él hemos construido escuelas y centros de salud.
Todos dependemos de esta materia prima.
Pero si los precios siguen bajos, no queda esperanza para el futuro.’

Un cultivador de la aldea de Logokourani, citado en: Oxfam, 2002.

 

La promesa de la producción algodonera como medio de subsistencia en África

Los algodoneros de África Occidental y Central figuran entre los productores más costo-eficaces del mundo. Según las cifras disponibles de 2001 en adelante, en Benin y Malí producir una hectárea de algodón cuesta 0,21 dólares EE.UU. por kilogramo. En Burkina Faso, el costo por kilogramo es de 0,22 dólares, mientras que en los EE.UU. asciende a 68 céntimos.1

Los países productores de algodón de África Occidental y Central forman parte de las naciones más pobres del planeta: según el índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas, Burkina Faso y Malí ocupan, respectivamente, el tercer y cuarto puesto entre los países más pobres del mundo. El algodón supuso en su día un considerable impulso para sus economías: entre 1990 y 1997, la producción y las exportaciones algodoneras permitieron a los agricultores de la región mejorar su nivel de vida. En Burkina Faso, por ejemplo, la producción de algodón incrementó entre 1993 y 1998 en un 175%, lo que a su vez trajo consigo un aumento de los ingresos. Como consecuencia de ello, la incidencia de la pobreza disminuyó del 50% al 42% en las zonas cultivadoras de algodón, en tanto que los niveles de pobreza aumentaron en un 2% en las zonas restantes.2

Como demuestra un estudio publicado recientemente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el algodón representa para las pequeñas explotaciones un importante cultivo comercial que permite a las personas, las familias y las comunidades acceder a toda una variedad de alimentos nutritivos, servicios de atención sanitaria y otros servicios básicos. En Malawi, los hogares rurales que cultivan algodón dependen de forma casi exclusiva de esta materia prima como fuente de ingresos en efectivo, ingresos que luego se destinan a la compra de pan, leche y carne para consumo doméstico.3 En el norte de Benin, el algodón constituye prácticamente la única fuente de ingresos en efectivo para 100.000 hogares y genera la mitad de los ingresos familiares.4 Las posibilidades de diversificarse y cultivar otros productos son escasas para estas familias, que se concentran en el norte del país, donde el potencial agrícola es bajo.

Según se desprende de un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Burkina Faso, la producción algodonera propicia mejoras sanitarias. Se señala, en particular, que los agricultores que aplican una rotación sistemática entre el algodón y el maíz obtienen mayores ingresos que los que optan por el monocultivo, sobre todo el caupi. Esto entraña, a su vez, una dieta más equilibrada y, consiguientemente, mejoras en lo que atañe a la salud.5

La crisis del algodón

Los precios del algodón empezaron a bajar a mediados de los años noventa. Entre 1997 y 2002, el precio medio del mercado mundial disminuyó en un 40% para situarse en 42 céntimos por libra. Aunque en 2003/ 04 se registró una recuperación marginal –debida a la persistencia de malas condiciones climáticas en China, que situó los precios en 65 céntimos por libra–, se vaticina para 2004/05 una nueva caída, de 12 céntimos a 53 céntimos por libra.6

El derrumbe experimentado por los precios del algodón desde 1997 responde a numerosas causas. Uno de los factores más decisivos es la sobreproducción debida a la desreglamentación de los mercados algodoneros de los EE.UU. En 1995 los EE.UU. liberalizaron su sector del algodón suprimiendo los programas de regulación de la oferta, que antes contribuían a equilibrar la oferta con la demanda. Esto trajo consigo un enorme incremento de los niveles de producción, que a su vez provocó la disminución de los precios mundiales. En 1996, en lugar de reimplantar los programas de regulación de la demanda, el Gobierno estadounidense aprobó una Ley Agraria que prevé el pago de ayudas directas para indemnizar a los agricultores por los bajos precios mundiales.7 Estas subvenciones permiten a los cultivadores seguir produciendo en exceso, de modo que los Estados Unidos, pese al elevado costo de su producción algodonera, son el mayor exportador y el segundo productor de algodón en el plano mundial.

Las subvenciones totales abonadas por los EE.UU. y la UE a los agricultores ascendían en 2001 conjuntamente a 4.000 millones de dólares EE.UU.8 Según el Grupo de Trabajo sobre el Medio Ambiente (EWG), se abonaron entre 1995 y 2002 un total de 1.680 millones de dólares EE.UU., en concepto de subvenciones concedidas a 285 empresas estadounidenses dedicadas a la exportación y al desmote del algodón. El grueso de las ayudas fueron a parar a apenas una docena de compañías, como Cargill, que recibió más de 87 millones de dólares. Las subvenciones totales otorgadas a estas doce empresas representaron la mitad de las ayudas totales, es decir, 843,9 millones.9

La UE no es un productor importante, pues sólo aporta un 2,5% de la producción mundial (la producción comunitaria se concentra principalmente en Grecia). Sin embargo, las subvenciones que concede a los cultivadores españoles y griegos son extremadamente elevadas, pues equivalen, respectivamente, a un 180% y un 160% de los precios mundiales.10

Entre los demás factores causantes de la bajada de los precios cabe citar: la disminución de la demanda de algodón debida a la competencia cada vez mayor impuesta por las fibras sintéticas), el aumento de los niveles de productividad (imputable, entre otras cosas, a las nuevas tecnologías y al creciente empleo de variables algodoneras transgénicas) y la lentitud que últimamente caracteriza al crecimiento económico mundial.

China, como principal productor de algodón del mundo, puede ejercer una importante influencia sobre los precios mundiales del algodón. El país se ha comprometido, en el contexto de su adhesión a la OMC, a reducir las subvenciones otorgadas al sector algodonero. En la presente sinopsis nos centraremos, no obstante, únicamente en los efectos de las políticas de producción y exportación aplicadas por los EE.UU. y la UE con respecto al algodón y su impacto en los medios de subsistencia y los derechos humanos en África Occidental y Central.

Impacto en los países africanos

Tal y como demuestra un número reciente de estudios, la disminución de los precios mundiales del algodón está contribuyendo a la pérdida de ingresos en África Occidental y Central, lo que a su vez tiene repercusiones negativas sobre los medios de vida en la región.

En Burkina Faso, por ejemplo, pese a que las exportaciones han aumentado casi en un 50% desde 1994, los ingresos estatales obtenidos del algodón disminuyeron durante ese mismo período en 60 millones de dólares EE.UU. La incidencia de la pobreza en las zonas rurales se sitúa ahora en un 51%, siendo los niveles de malnutrición particularmente elevados entre las mujeres y los niños. Conviene señalar asimismo que en 2001, cuando el precio de exportación del algodón estadounidense se situaba 54 céntimos/libra por debajo del costo de producción, Burkina Faso perdió un 1% del Producto Interior Bruto (PIB) y un 12% de sus ingresos de exportación, Malí perdió un 1,7% del PIB y un 8% de sus ingresos de exportación y Benin perdió un 1,4% del PIB y un 9% de sus ingresos de exportación.11

Una investigación encargada por el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IIPA) demostró el impacto que la caída de los precios mundiales del algodón tenía en los pequeños cultivadores de Benin. Según ese estudio, la reducción en un 40% del precio en la explotación agrícola hizo que los ingresos de los algodoneros disminuyeran en un 21% y que la incidencia de la pobreza aumentara del 37% al 59%. En términos absolutos, la disminución de los precios en un 40% hizo que 334.000 personas pasaran a situarse por debajo del umbral de pobreza.12 Se estima que en el conjunto de la región de África Occidental y Central el derrumbamiento de los precios mundiales del algodón causó pérdidas directas por valor de 250 millones de dólares EE.UU. y que las pérdidas indirectas ascienden a otros 1.000 millones de dólares.13

Un elemento aún más importante es que la sobreproducción hace que las exportaciones sean objeto de dumping, y ello a gran escala. En el caso del algodón, el dumping acusa niveles preocupantes desde 1997, siendo los EE.UU. la principal fuente de productos agrícolas objeto de dumping. Entre 1997 y 2002 los niveles de dumping del algodón estadounidense aumentaron considerablemente, al pasar el precio medio de situarse un 17% por debajo del costo de producción a situarse un 61% por debajo del costo de producción.14

Para evitar el desmoronamiento de sus industrias algodoneras, los gobiernos de África Occidental y Central se han visto forzados a desviar sus recursos, ya de por sí limitados, de otras esferas cruciales como la educación, la prestación de servicios sanitarios y el desarrollo de la infraestructura rural.15 El acceso a la alimentación también está amenazado por los bajos precios del algodón, pues muchos de estos países dependen de los ingresos de exportación generados por el algodón para poder importar alimentos. Esto se aplica particularmente a Togo, Benin, Chad, Burkina Faso y Malí, donde los ingresos de exportación obtenidos del algodón representan más del 10% de los ingresos nacionales totales provenientes de las exportaciones.16

La producción y el comercio algodoneros están cubiertos por las normas de la OMC, en particular las comprendidas en el Acuerdo sobre la Agricultura. Las políticas aplicadas por los EE.UU. y la UE a la producción y exportación del algodón son contrarias al espíritu y la letra de las disposiciones de la OMC, y ello por varios motivos. En primer lugar, son prima facie incompatibles con el Acuerdo sobre la Agricultura, cuyo objetivo es "establecer un sistema de comercio agropecuario equitativo y orientado al mercado", previendo al efecto la introducción de "reducciones progresivas sustanciales de la ayuda y la protección a la agricultura (...) como resultado de las cuales se corrijan y prevengan las restricciones y distorsiones en los mercados agropecuarios mundiales".

En segundo lugar, al impedir el mejoramiento de los niveles de vida, esas políticas son contrarias a los objetivos enunciados en el Acuerdo de Marrakech por el que se establece la Organización Mundial del Comercio ("Acuerdo sobre la OMC"), que dispone expresamente que las relaciones comerciales deben tender "al logro de niveles de vida más altos, a la consecución del pleno empleo y de un nivel elevado, cada vez mayor, del ingreso real y de la demanda efectiva".

El Órgano de Solución de Diferencias (OSD) de la OMC examinó recientemente la demanda presentada contra las subvenciones estadounidenses aplicadas al algodón, por violar éstas las normas comerciales internacionales. El Brasil, que sometió esta diferencia a la OMC, alegaba que si no fuera por las subvenciones otorgadas por los EE.UU., las exportaciones de dicho país habrían disminuido en un 40%, en tanto que los precios mundiales del algodón habrían aumentado en un 12,6%.17 El OSD estableció que algunas de las subvenciones estadounidenses infringían en efecto las normas de la OMC.18

Notas


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