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Parte 1 /2
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Hoy sí contamos con el instrumental científico para "pensar el futuro" con
un grado de certidumbre suficiente para plantearnos destinos
alternativos y "futuros posibles" |
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Vista panorámica de Iturbe, Paraguay |
Hay
demasiado material disponible para quien quiera aportar al debate sobre
la idea de desarrollo, que aquí adjetivamos con la idea de sustentabilidad. Existen planteos y matices para casi todos los gustos y
reivindico el valor de mantener viva la reflexión teórica sobre el
desarrollo, más aún en un contexto histórico en que es evidente que nos
hemos quedado sin paradigma vigente; luego de varias décadas perdidas, una
bajo el signo del estatismo, otra del privatismo y la actual con riesgo de
perderse todavía sin "ismo" al cual inculpar.1
Pero para efectos de este ensayo, rescato dos elementos del
concepto de sustentabilidad que me han resultado útiles en transformar la
noción de desarrollo en práctica cotidiana:
- La proyección transgeneracional
- La dimensión transdisciplinaria
La sustentabilidad no se puede plantear sin "pensar el
futuro". Para ello, es necesario aprender de los resultados de decisiones
pasadas en la realidad presente. Suelo ejemplificar esto diciendo que en
algún momento de su joven madurez, a mis padres y su generación les tocó
"decidir" que la cobertura boscosa nativa del Paraguay, entonces superior al
50 %, sería extraída y reemplazada por campos agrícolas o ganaderos y que en
la actualidad no llegaría al 5 %. En algún momento de mi juventud fui
testigo de los resultados iniciales y siguientes de dicha "decisión", pero
no pude opinar ni hacer nada al respecto.
A su favor, mis padres y su generación podrían haber
argumentado que en aquel momento, no contaban con herramientas prácticas
para "pensar el futuro", y que su "decisión" fue basada en la mejor
información y perspectivas entonces disponibles.
El gran elemento diferenciador entre el momento actual --en
el que nos toca a nosotros similares procesos de decisión-- es que hoy sí
contamos con el instrumental científico para "pensar el futuro" con un grado
de certidumbre suficiente para plantearnos destinos alternativos y "futuros
posibles".
Nuestro desafío es encontrar las maneras de "compartir las
decisiones" con quienes recibirán el legado de nuestras acciones u
omisiones. Dicho de otro modo, a nosotros nos toca encontrar la manera de
hacer "gobernable" el proceso hacia la opción por un futuro sustentable, con
la dignidad humana como valor central; o, si no lo logramos, ser los
responsables principales de la inercia destructiva que caracteriza nuestro
tiempo histórico.
El otro elemento fundamental para practicar el desarrollo
sustentable en la vida cotidiana exige romper uno de los pilares de la
tradición vigente, tanto en lo académico como en la práctica de negocios y
gestión pública: hoy rige para casi todo una especialización que establece
un conjunto de variables pertinentes y otro de externalidades. Este tipo de
metodología de análisis y acción hace virtualmente imposible pensar la
sustentabilidad y actuar de acuerdo a dicho pensamiento.
Es por ello crucial "conectar" procesos, historias y
trayectorias, dinámicas, sectores, etc. en una perspectiva
transdisciplinaria. Pero esto no está exento de riesgos, ya que al no contar
con un pensamiento articulador eficaz (aquí incide la "ausencia de
paradigma"), el riesgo inherente a dicha transdiciplinariedad es un "vale
todo" conceptual, poco riguroso y de escasa productividad, en el que se
quiere conectar todo con todo y se obtiene poco en cuanto a lo que realmente
nos interesa: pensar los futuros posibles y tomar decisiones informadas a
dicho respecto.
La generación de valor sustentable
En mi práctica personal y con mis socios en emprendimientos
productivos y sociales, he encontrado que una noción de valor sustentable
ayuda a "conectar" y tiende a ordenar factores, causalidades y,
eventualmente, prioridades.
Se trata de repensar la noción de valor que nos propone la
economía política, pero con un giro conceptual fundamental, superando el
planteo de las "externalidades", abordaje que, en lo práctico, no cumple su
propósito cuando buscamos "estudiar el futuro".
Y con ello se logra, al menos como ventaja inicial, observar
los diversos procesos que se entrecruzan en cada segmento de "tejido social"
con diversas lentes y con aproximaciones específicas, tanto en lo micro como
en lo macro, desde lo local hasta lo global, pero sin limitar la mirada. En
cada momento del análisis y de la práctica, la pregunta central que conduce
el proceso tiende a ser "cómo creamos valor de manera más idónea". Y notando
siempre que el valor sustentable no se limita en su alcance a la idea de
capital financiero, sino que engloba y, en ciertos momentos, privilegia la
acumulación de "capital social".2
Notas
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