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En una década, 1000
agricultores pasaron de ser campesinos
marginales condenados a la miseria, a ser
líderes en calidad, tecnología y sustentabilidad. Hoy
son protagonistas de este agrosistema orgánico y sustentable,
articulado internacionalmente (dicho de otro modo, globalizado) pero en
condiciones de equidad.
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Fábrica de azúcar
orgánica en Iturbe, Paraguay |
La práctica de la sustentabilidad en un contexto de no
desarrollo
Lo antedicho buscó explicitar los "términos de gestión" que
utilizamos en una iniciativa de desarrollo local que ahora cumple diez años,
constituyéndose en uno de los casos de agroindustria orgánica que han
prosperado en el Paraguay, y que describimos a continuación.
Marco general: el Paraguay de mediados de los años
noventa, país que suele disputar los últimos lugares en estadísticas de
pobreza con Haití o Bolivia, en ese momento viviendo un prolongado letargo
económico, mientras experimentaba sus primeros años de régimen democrático
luego de 35 años de dictadura y se llevaba a cabo la integración con
Brasil, Argentina y Uruguay en el MERCOSUR.
Descripción del sector: el agrosistema de la caña
de azúcar, que en el Paraguay es de importancia marginal en el producto
bruto; peor aún, en el contexto MERCOSUR, la industria azucarera paraguaya
solamente representa el 1 % del total de este sector productivo. Con la
integración regional, se lo consideraba condenado a desaparecer del
Paraguay.
Situación local: más de 1.000 agricultores
independientes (en realidad microempresarios rurales) cultivaban unas
5.000 hectáreas de caña de azúcar que vendían a un ingenio azucarero que,
en los buenos años, había llegado a producir unas 20.000 toneladas de
azúcar para el mercado local paraguayo y, en ocasiones, exportaba una
cantidad menor (alrededor de 1.000 toneladas) de azúcar crudo al mercado
protegido de Estados Unidos, bajo el sistema de cuota que rige en dicho
país. Con la tendencia ya mencionada, la empresa se encontraba al borde
del cierre y los agricultores estaban en su gran mayoría sin condiciones
de mantener o renovar sus cultivos.
En este contexto, se plantea la conversión de los
productores independientes y del ingenio para la producción orgánica, pero
apuntando a lograr estándares de calidad y productividad que pudieran
compararse a los de la industria "convencional" a nivel internacional. Ya
existían pequeños proyectos de producción orgánica de azúcar en el Paraguay
y otros países, pero eran cuasi artesanales, y de limitada calidad y
productividad.
Introducir la idea de calidad y productividad "impuso"
algunos elementos entonces inusuales para la producción orgánica
tradicional. Entre otros: lograr "economía de escala", y apuntar a abrir
"nichos de mercado" de alta calidad que maximizaran el valor económico de la
producción.
Para esto, planteamos desde el inicio establecer alianzas
internacionales con actores que tuvieran acceso a mercados y tecnologías "de
punta", y dar especial énfasis a la investigación y adaptación local de las
tecnologías disponibles3. Esto obligó
a negociar con actores económicos de dimensión enorme, comparados a la
empresa industrial y los agricultores que se constituyeron en asociación de
productores.
Las alianzas internacionales implicaron concesiones de suyo
arriesgadas: comprometerse a abastecer cantidades importantes de azúcar, con
normas de calidad elevadas y a precios altos comparados con el deprimido
mercado del azúcar convencional, pero no tanto como los precios ocasionales
pagados por azúcares orgánicos. Para la empresa industrial, implicó buscar
marcas internacionales que se interesaran en vender azúcar orgánico poniendo
sus nombres, y no intentar salir con una marca propia. Lo que se logró fue
acuerdos de compra de largo plazo (5 años) con precios estables, que a su
vez permitieron garantizar a los agricultores la vigencia del sistema
orgánico y la compra de su caña de azúcar a precio superior al vigente para
la producción convencional.
Y se instaló en el mercado internacional un standard de
calidad para el azúcar orgánico hasta entonces considerado inalcanzable, que
hoy constituye el segmento superior en dicho mercado.
A diez años, los resultados en síntesis son los siguientes:
- Se exporta hoy el total del azúcar que se produce con la caña de más
de 1000 agricultores, que en promedio reciben un 20 % más que otros
productores de caña (no orgánica) en el Paraguay. En una década, pasaron
de ser agricultores marginales condenados a la miseria en algún barrio
marginal urbano o a la emigración a ser líderes en calidad, tecnología y
sustentabilidad. De los participantes potenciales en esta "aventura" (unos
1200 cañicultores), más del 80 % son hoy protagonistas de este agrosistema
orgánico y sustentable, articulado internacionalmente (dicho de otro modo,
globalizado) pero en condiciones de equidad.
- Las unidades productivas están certificadas como orgánicas y se
manejan con un concepto integral de sustentabilidad (no como parcelas
monocultivadas), utilizando las técnicas de conservación de suelos,
fertilización, diversificación, etc. que permiten mantener la calidad de
la tierra y el ambiente en el largo plazo.
- El proceso integral (agrícola, industrial, comercial y logístico)
tiene todas las certificaciones internacionales exigidas a los productos
alimenticios de mayor calidad: con ello se garantiza la integridad y
trazabilidad orgánicas, se asegura la calidad alimentaria, se registra y
controla los puntos críticos en el proceso industrial. Se establece y
cumple la cadena de custodia en todo el proceso, desde el cultivo hasta el
consumidor final. Y, debido a que en esta materia todavía no está
globalizado el procedimiento, se tiene que duplicar o aún triplicar la
certificación, pues las normas y autoridades certificadoras son distintas
en Europa y Estados Unidos.
- Uno de sus mayores "enemigos", que lleva aproximadamente el 50 % de lo
que los consumidores pagan por la calidad alimentaria orgánica, son los
impuestos y otros gravámenes que imponen los países importadores. El
consumidor del mundo desarrollado paga en promedio 10 US$ por kilo de
azúcar orgánico. De dicho precio, 1,5 dólares van al agricultor, 1,5 a la
industria procesadora, 1 al importador, que es dueño de la marca y tiene
presencia en el mercado de destino, 1 al comerciante (tienda o
supermercado) y los 5 restantes son impuestos que a su vez alimentan los
subsidios agrícolas.
- El otro oponente formidable es la producción agrícola intensiva que
explota la tierra y aplica técnicas de máxima producción y productividad
sin visión de largo plazo, y que todavía es apoyada por organismos
internacionales de crédito y los gobiernos, sin excepción, que financian y
subsidian este tipo de producción que da resultados positivos aparentes,
aplaca la miseria rural predominante dando recursos a clientelas
políticas, todo esto en la medida que se mantiene como "externalidad" los
costos ambientales y sociales.4
Pero, a pesar de dichos factores contrarios, se puede
concluir que la sustentabilidad puede ser practicada a escala local,
articulada internacionalmente (en lo global) cuando se trabaja con un
sentido de incorporación y ampliación del capital social y buscando la
calidad y la transparencia en los procesos y resultados.
En el caso paraguayo, país que no ha experimentado
desarrollo (ni sostenible ni del otro), el efecto multiplicador es notorio,
pues actualmente más del 50 % de la producción nacional de azúcar es
orgánica, y el país es el líder mundial en este producto.
Notas
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