¿Cómo se vincula Body Shop a campañas por los derechos
humanos y el desarrollo sustentable?
En 1993
conocí una delegación de la población de los ogoni, en Nigeria, que
reclamaba justicia y reivindicaciones contra la compañía de la gigante
multinacional Shell, la cual estaba devastando sus territorios con las
exploraciones y la producción de petróleo. En el trabajo con las ONGs
convertimos su campaña en una causa internacional célebre. Pero,
trágicamente el vocero de los ogoni, Ken Saro-Wiwa, y ocho ogonis más fueron
ejecutados por el gobierno de Nigeria en 1995. No obstante, nuestra campaña
continuó y finalmente otros 19 prisioneros de los ogoni fueron liberados. En
1997, después de cuatro años de presiones constantes, la Shell dio a conocer
nuevas normas revisadas de operaciones donde la compañía se comprometía con
los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Un año más tarde, lanzaron
sus "Ganancias y Principios", una campaña publicitaria en la que reconocían
el interés de "un amplio grupo de accionistas en nuestro negocio". Quiero
pensar que tuvimos algo que ver en lo que realmente significa ser un
ciudadano corporativo.
En septiembre de 2001 uní las fuerzas del Body Shop a
Greenpeace, junto a varios miles de organizaciones y consumidores
individuales, en una campaña internacional contra la Exxon-Mobil (ESSO), la
compañía petrolera y de gasolina más grande del mundo y "Enemigo No.1 en el
Calentamiento Global". Esta es la compañía que se niega a aceptar la
relación que existe entre quemar combustible y el calentamiento global, y
que les ha dado la espalda a las inversiones, así sea de un solo centavo, en
energías alternativas renovables, como el viento y la energía solar.
Para mí, organizar campañas y buenos negocios significa
también dar a conocer soluciones, no se trata sólo de oponerse a las
prácticas destructivas o los abusos de los derechos humanos. Un área clave
donde mis negocios y mis intereses personales se combinan de manera natural
es en las iniciativas comerciales de la comunidad de Body Shop. Todo comenzó
en 1989 cuando asistí al encuentro de Altamira, en protesta contra un
proyecto de una hidroeléctrica que hubiera inundado miles de acres de selva
tropical sumergiendo las tierras de tribus del Amazonas. Tenía que hacer
algo de índole práctico para ayudar a que estas gentes preservaran su
cultura. ¿Semillas? En específico, semillas de Brasil que los indios recogen
de la selva por medios sustentables, y que cuando se trituran producen un
aceite brilloso que sirve como humidificador y acondicionador. La primera
relación comercial con estas gentes de la selva, no acostumbradas a ningún
tipo de actividad comercial, estuvo cargada de dificultades y peligros. Pero
después de 13 años hemos seguido comerciando con ellos, e incluso hemos
establecido un proyecto de Farmacia Verde, la cual produce medicamentos
basados en el conocimiento tradicional que estos habitantes tienen de las
plantas selváticas, lo cual reduce su dependencia de fármacos modernos
inapropiados y caros.
Todos los años visito varios de nuestros proyectos. En
noviembre de 1999 visité Teddy Exports –socios a largo plazo del sur de la
India— GPI en Nepal y nuestros nuevos socios de los pueblos indígenas de
Chepang, quienes cultivan hierbas para nuestra línea de Ayurvedic. En enero
de 2001 visité los 130 productores de aceite de ajonjolí en Nicaragua,
quienes reciben un precio justo y estable por sus semillas. Como resultado,
estos campesinos han construido un negocio sustentable con influencia en el
mercado, mientras administran una tienda subsidiada, una cooperativa de
créditos y emplean a un agrónomo cubano especializado en métodos orgánicos.
El trato con Body Shop no los va a hacer ricos de la noche a la mañana, pero
sí va a permitir que estos campesinos mantengan el tipo de vida que han
escogido y logren su autonomía a través de la cooperación. Me siento muy
orgullosa de nuestros esfuerzos por lograr que las relaciones comerciales
justas de nuestra comunidad lleguen a los negocios ya establecidos. El Body
Shop tiene ya 42 proyectos de ese tipo en 26 países y esperamos desarrollar
más.
Siempre el público nos ha identificado al Body Shop y a mí.
Hoy ya es imposible separar los valores de la compañía de aquellas cosas de
las que apasionadamente me he ocupado – responsabilidad social, respeto por
los derechos humanos, protección de los animales y el medioambiente, y una
fe absoluta en el comercio de la comunidad. No obstante, el Body Shop no es,
ni ha sido nunca, el trabajo de una sola persona. Es una operación global
con miles de personas que trabajan hacia metas comunes y comparten los
mismos valores. Es esto lo que le ha proporcionado fortaleza a sus campañas
y su comercio, y le ha permitido distinguirse de los negocios de las grandes
cadenas.
¿Por qué promovió una Nueva Academia de Negocios?
En mi primer libro –una historia autobiográfica de los
primeros años del Body Shop, titulada Body and Soul (Cuerpo y alma)
y publicada por Ebury Press—escribí que nunca le daría empleo a nadie de la
Escuela de Negocios de Harvard. Llegué a esa conclusión después de que un
genio del mercadeo (de Harvard, me apresuro a añadir) le dijo al Wall
Street Journal que, para sobrevivir, el Body Shop necesitaría de una
gran campaña publicitaria; especialmente en 1988, cuando estábamos ampliando
nuestras operaciones en Estados Unidos.
Pero yo siempre me he ganado la fama de romper el molde,
cuando se trata de prácticas de negocios tradicionales. Por ejemplo, rompí
una regla importante en ventas cuando decidí utilizar las vidrieras de las
tiendas del Body Shop para promover, no nuestros productos, sino nuestros
propósitos y campañas; desde las campañas de Amnistía Internacional, hasta
mensajes acerca de la violencia doméstica y la autoestima. Para crecer
siempre hemos dependido de nuestra reputación y de lo que se va trasmitiendo
de boca a boca, no de esfuerzos masivos sobre la base de anuncios. Parece
que ha dado resultados. El Body Shop opera ahora en 50 países, con más de
1,900 productos en el mercado, y sus salidas se han extendido a 24 idiomas,
en 12 zonas geográficas.
Años después de que este "sabio" de Harvard dijo que yo iba
a fracasar, he aquí que he estado impartiendo cursos de tres semanas como
conferencista invitada de la Escuela de Negocios de Stanford. Incluso, entre
los estudiantes de Maestría en Administración de Negocios (MBA), he sentido
la fuerza de la inteligencia colectiva y reafirmado la creencia de que los
modelos de negocios de los programas de MBA están llenos de imperfecciones.
No por lo que se enseña, sino por lo que se deja de enseñar. Los programas
clásicos de MBA enseñan acerca del balance final, pérdidas y ganancias y sus
proporciones, pero no acerca del medioambiente o la responsabilidad social.
Los empresarios son --como he dicho antes-- optimistas
patológicos, y siempre van a dar vueltas en círculos viciosos alrededor de
los problemas. Yo aparecí entonces con una idea, con un tipo de educación
sobre negocios totalmente diferente, basada en la ética y la responsabilidad
social en las prácticas de los negocios. Ayudé a fundar la Nueva Academia de
Negocios, en 1997. Su propósito era, y es, transformar para bien la
educación sobre los negocios.
La Nueva Academia brinda un programa de maestría, en
asociación con la Escuela de Administración de la Universidad de Bath, que
ofrece el título de Maestría en Ciencias, en Responsabilidad y Prácticas de
Negocios. Doy conferencias allí y me gusta mucho hacerlo. El alumnado
proviene de todos los puntos del planeta y todos están ansiosos por aprender
nuevas formas de hacer las cosas. Cuando se gradúan, emergen al mundo como
una red entusiasta de profesionales que trabajan unidos en nuevas empresas e
investigaciones transformando los negocios para bien.
¿Cuáles son los nuevos planes?
Aunque ya no participo de los comités ejecutivos, todavía me
ocupo de mi negocio del Body Shop. Busco nuevos productos durante mis
viajes, trabajo como parte del equipo de innovadores y también en las
campañas de punta. Y constantemente me pregunto cómo puedo insuflarle
valores a una industria que de por sí no está cargada de valores. De la
única manera que puedo hacerlo es quizás volviendo a la idea de comerciar
con comunidades pobres de México, África, o buscando inspiración en un nuevo
compromiso de la compañía, tal y como mi viaje a Rumania en 1990 estimuló el
surgimiento de Romanian Relief Drive (Camino para el Alivio de Rumania),
ahora llamado Children on the Edge (Niños al Borde); o como una visita a
Glasgow condujo a nuestra asociación con Soapworks, una fábrica local que
produce jabones.
La parte más emocionante de mi vida es esta. Pienso que en
la medida en que uno envejece se vuelve más radical. Hay una cita de Dorothy
Sayers que me gusta mucho: "No hay fuerza terrestre capaz de detener a una
mujer en edad avanzada". En noviembre de 1999 volé a Seattle a hablar en
contra del papel de la Organización Mundial de Comercio y fui testigo de la
"Batalla de Seattle". Estoy fascinada con las publicaciones. En el año 2000,
publiqué mi autobiografía Business and Unusual (Negocios fuera de
lo común), y en 2001 edité Take it Personally (Tómalo como
algo personal), una colección de ensayos provocadores que desafían los
mitos de la globalización y el papel de la OMC.
Las emociones y éxitos de estos empeños me incitaron a
iniciar mi propia compañía de comunicaciones, Anita Roddick Publications.
Quiero decir que fabricamos "armas de destrucción masiva". Estamos
experimentando con varias formas y medios para enaltecer y hacer avanzar
aquellas cosas que siempre me han interesado: los derechos humanos, el
medioambiente y el disenso creativo. Nuestros dos primeros libros
aparecieron en 2003, Brave Hearts, Rebel Spirits: A Spiritual Activists
Handbook (Corazones valientes y espíritus rebeldes: Manual de
activistas espirituales) y A Revolution in Kindness (Una
revolución de la bondad)
Lancé mi propio sitio web
www.AnitaRoddick.com en 2001 y
estoy maravillada por las potencialidades de la web para unir a personas con
ideas comunes, y para movilizarlas hacia las acciones de masas. Estamos
entusiasmados con la posibilidad de experimentar en otros medios también,
quizás con vallas subversivas, programas de televisión, u otros proyectos de
impresos. Como dijo alguien una vez, sólo estamos limitados por nuestra
imaginación.
Dos de mis grandes pasiones son las campañas que estamos
llevando a cabo como parte de las Publicaciones Anita Roddick. Una está
basada en la explotación de las corporaciones multinacionales, para lo cual
hemos unido esfuerzos con el National Labour Committee (Comité Nacional del
Trabajo), y hemos ayudado a impulsar una resistencia creativa que ha
proporcionado algunos avances visibles. También nos hemos unido a un grupo
de activistas de derechos humanos para liberar a tres prisioneros políticos
estadounidenses conocidos como Los Tres de Angola. Estos tres hombres,
quienes fueron activistas políticos negros en la década de los 70, han
cumplido sentencia por más de 31 años en celdas de aislamiento de una
prisión de Angola por crímenes que no cometieron. Es mi intención hacer lo
que esté a mi alcance, durante todo el tiempo que haga falta, para que se
sea conocida esta historia y sean liberados.
Con el Body Shop y las Publicaciones Anita Roddick
continuaré luchando por los derechos humanos y contra las iniciativas y
estructuras que los violan e ignoran. Es un mandato lo suficientemente
grande como para mantenerme ocupada durante los próximos 30 años.
Más información:
Karen Bishop o Helen Cocker a Anita Roddick Publications Ltd
Para escribir a Anita Roddick:
anita@anitaroddick.com