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Roberto Codas es uno de los precursores de la agricultura
orgánica en Paraguay. En Iturbe, 1000
agricultores pasaron de ser campesinos
marginales condenados a la miseria, a ser
líderes en calidad, tecnología y sustentabilidad
produciendo azúcar orgánica.
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¿Pudiera
presentarse a los lectores de Futuros?
Después de muchas jornadas vividas como miembro de la
generación que comenzó sus luchas en el 68, adopté la idea del desarrollo
sustentable como marco para la reflexión y la práctica del cambio social.
Se hace necesario pensar el
presente de cara al futuro, y para hacerlo de manera compartida entre
quiénes tenemos hoy la responsabilidad de decidir y quiénes gozarán o
sufrirán las consecuencias de nuestras decisiones.
En los años ochenta, transité el camino de la "militancia
ecologista" y me encandiló la luz de las insignes luchas de los
revolucionarios centroamericanos, para luego aplacarme sus desenlaces y el
retorno a más de lo mismo.
Aprendí (y sobreviví) como testigo desde la ventana
privilegiada de la profesión periodística ejercida en los años setenta, en
el contexto de las dictaduras latinoamericanas y sus guerras sucias.
Cuando logré entender la oportunidad, retorné a mis orígenes
de empresario agroindustrial buscando la síntesis de todo lo pensado y
actuado, y de esto me parece útil compartir lo básico, que no trata de ser
ninguna receta para el éxito o técnica milagrosa, pero sí el registro de lo
actuado, algunas constataciones prácticas y el recuento de ciertas ideas
poderosas.
La experiencia de la producción del azúcar orgánica que Ud.
menciona en su artículo
("Desarrollo
sustentable para la práctica cotidiana)
es impresionante. ¿pudiera mencionarme otros ejemplos o es esta experiencia una excepción?
América Latina ya cuenta con un conjunto de experiencias muy positivas en la producción y comercialización de productos orgánicos. En el café,
son miles de productores orgánicos en toda la
región, y la conversión a la
producción orgánica les ha permitido ingresos mucho más atractivos que con el producto convencional. Lo mismo pasa con la caña de azúcar. En
Paraguay, somos varias empresas las que estamos
produciendo orgánicamente y hoy en día más de la
mitad del azúcar que se produce en el país es orgánica. En Brasil hay también experiencias exitosas en muchos productos. Y Argentina
mantiene su posición como país en que la
producción orgánica es más desarrollada y
diversificada, con sistemas de calidad locales muy confiables.
Dicho todo esto, sin embargo, hay que admitir que la mayor parte de la agricultura que se practica en el
continente sigue siendo no sustentable,
predominando en los productores y empresas una visión cortoplacista, que siempre resulta en daños ambientales y, no pocas veces, en problemas sociales cada vez más graves. La "gran tarea" de quiénes proponemos
una visión de transformación social basada en la
sustentabilidad de los
procesos productivos es entonces mostrar cómo se puede producir de este modo de manera rentable y competitiva, e ir expandiendo así los agrosistemas sustentables.
¿Cómo maneja el empresariado latinoamericano el
equilibrio entre la maximalización de ganancias
con el concepto de "responsabilidad social y
ecológica"?
No conozco recetas universales o que puedan aplicarse sin tener en cuenta las condiciones locales y específicas a cada rubro y situación. Dicho
de otro modo, pueden existir muchos equilibrios
posibles, y aunque el empresariado sea un actor
central, no es el único que debe tomar las
decisiones. El equilibrio se debe y puede lograr
concretamente, en la medida que se incorpore en el
análisis y el proceso de decisiones dos
consideraciones fundamentales: a. no dejar nada relevante fuera del análisis, asegurarse que todos los costos y beneficios son evaluados
y contabilizados debidamente, para así poder
determinar claramente a quiénes
puede afectar lo que se propone hacer y a quiénes podrá también beneficiar; y b. incluir en el proceso de toma de decisión la perspectiva de la generación siguiente, para no usar hoy parte del patrimonio que le
corresponde como legado sin haber tenido opción de decidir cómo utilizarlo.
Estas dos premisas implican que todos los interesados deben ser parte del proceso de análisis y decisión. Así, el "equilibrio" que se logre
será resultado de un proceso compartido y
responsablemente asumido por todos.
Las organizaciones de la sociedad civil regional
perciben generalmente al sector privado como el
causante de conflictos sociales que llegan a veces
a explotar en guerras civiles y otras formas de violencia. ¿Cree
Usted que -bajo las sombrillas del desarrollo humano y la responsabilidad social de las empresas- existe un potencial para avanzar hacia
la reconstrucción de esas percepciones y generar
alianzas entre ambos
sectores?
Mi experiencia concreta es que los empresarios encuentran beneficioso tener en cuenta los temas sociales y ambientales de manera más
integral, especialmente después de enfrentar
situaciones adversas por no hacerlo.
También están los que lo hacen a partir de una visión nueva y una reflexión sobre valores humanos fundamentales. Y de ahí a
plantearse alianzas con organizaciones de la
sociedad civil (OSCs) hay algunos pasos
más que dar, pero los empresarios son crecientemente receptivos, en la medida que reconocen que lo social no es su campo de experiencia y
que las OSCs pueden hacer un aporte
significativo en tal respecto. Para enmarcar
estas iniciativas innovadoras, hay varias "sombrillas", entre ellas
las que menciona la pregunta. El camino no es
corto y no está exento de complejidad, pero el
efecto demostrativo de numerosas experiencias
positivas ya logra atraer a cada vez más empresarios y líderes sociales a trabajar cooperativamente.
Tal vez lo más poderoso en acercar al empresariado y las OSCs es la percepción compartida de que nuestras sociedades están
fundamentalmente sin paradigma viable de
desarrollo y que solamente nosotros mismos podemos
encaminar dicho proceso, en un esfuerzo mancomunado. Y que un sector por sí solo no lo podrá lograr. |