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Parte
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La eficiencia en el uso de los recursos
Sobre la
base de la utilización de este tipo de tecnologías, una economía sustentable
puede ser aún más eficiente en la utilización de los recursos. Robert Ayres,
de la Academia Nacional de Ingeniería, asegura que un 93% del material
utilizado en la producción industrial se bota como desecho, antes de que un
producto esté terminado. Cuesta dinero obtener estos "desechos", usarlos, y
disponer de ellos, pero no generan ingresos. ¿Tiene sentido, entonces, que
un negocio utilice el 93 % de sus recursos materiales para originar
productos para los cuales no existen clientes, y sobre los que hay que pagar
para deshacerse de ellos?
Amory y Hunter Lovins --cofundadores del Instituto de Rocky
Mountains, en el estado de Colorado, Estados Unidos--, son dos de los
principales promotores de la eficiencia energética como una estrategia que
ha ahorrado miles de millones de dólares en utilidades. Los hermanos Lovins
han demostrado que en Estados Unidos la eficiencia total en la utilización
de recursos puede incrementarse en más de cuatro factores, si se utilizan
tecnologías que ya existen y que pueden ponerse en práctica por períodos
retribuibles cortos.
Esto disminuiría de manera significativa el porcentaje de la
producción de desechos en la economía de EEUU, y generaría miles de millones
de dólares de ingresos adicionales. Estos ingresos adicionales pudieran ser
utilizados para beneficiar a todos los participantes en negocios que emplean
tecnologías más eficientes. El Instituto de Rocky Mountains está
popularizando estrategias en la utilización de recursos para la construcción
de edificios, diseños de autos, técnicas de producciones industriales y en
el desarrollo de bienes y raíces.
La eficiencia en la utilización de recursos y servicios
--basada en los principios ecológicos de recircular, y de no desechar
sistemas completos que amparen y unifiquen la vida de sus diversos
participantes--, se encuentra en el corazón mismo de la revolución
sustentable.
Como dijera Gil Friend, fundadora y ejecutiva principal de
Natural Logic, "...inculcar las leyes de la naturaleza en el corazón de las
empresas (...) es aplicar los casi más de cuatro mil de millones de años de
experiencia de los ecosistemas de la naturaleza en desarrollar sistemas
eficientes, adaptables, flexibles y sustentables. Después de todo, porqué
tenemos que reinventar la rueda si los departamentos de I&D [Investigación y
Desarrollo] ya se inventaron".
En los años 70, las tecnologías medioambientales
respondieron a las regulaciones medioambientales que encaraban la
contaminación industrial, una vez que ya ésta se había producido. La
revolución sustentable está produciendo una reorientación hacia la
eficiencia de la utilización de los recursos y la prevención de la
contaminación, como vías que conduzcan a la prosperidad económica y a la
equidad social. Estas tecnologías ahorran dinero, enfrentan las crisis
ecológicas, son más saludables para las personas y contribuyen tanto a los
balances financieros como a los sociales y medioambientales.
La actuación de los gobiernos
Uno de los papeles que debe desempeñar cualquier gobierno es
el de establecer las reglas acerca de cómo debe funcionar el mercado.
La mayoría de las personas acepta como algo nocivo una
inflación o deflación rampantes. De ahí que los bancos centrales regulen el
suministro de dinero y las tasas de interés para intentar producir una
estabilidad en los precios y ayudar a que el mercado funcione bien.
La mayoría de las personas acepta que el medioambiente debe
preservarse y restaurarse, y que la salud, seguridad y viabilidad económica
de la fuerza laboral deba protegerse, de ahí que se emitan y refuercen
regulaciones sobre medioambiente, salud, seguridad y empleos.
La mayoría de las personas cree que el desarrollo de
terrenos y de bienes y raíces debe estar guiado por regulaciones acerca del
uso de los terrenos que estimulen un desarrollo viable, mientras se
preservan todos los aspectos placenteros del medioambiente y la sociedad. Es
así, que se considera deben ser adoptadas e implementadas regulaciones por
zonas.
Es mediante estos y otros mecanismos que los gobiernos
establecen las reglas del mercado. No obstante, estas reglas han devaluado
al capital social y medioambiental, de ahí que el mercado haya tendido a
producir prosperidad económica a expensas del medioambiente y de amplios
sectores de la población.
Los verdaderos precios y costes
Debido a este énfasis de los gobiernos en la prosperidad
económica a expensas de la sociedad y del medioambiente durante el siglo
pasado, se ha desarrollado una gran desconexión entre los precios y los
verdaderos costes de productos y servicios. Muchos aspectos de los costes de
productos y servicios se han hecho evidentes desde los mecanismos de los
precios en el mercado en formas de degradación medioambiental y dislocación
social. Por ejemplo: el coste de la destrucción de la capa de ozono no se
facturó en el precio de los CFCs. Los costes de las alteraciones climáticas
no se han facturado en los precios de las energías fósiles y otras
tecnologías que contribuyen al efecto invernadero.
Ahora mismo, muchos gobiernos están enviando señales
erróneas al mercado. Por ejemplo, muchos gobiernos gravan con impuestos los
salarios y ganancias, mientras deducen impuestos del capital para gastos que
producen contaminación, desechos, agotamiento de recursos y trastornos
medioambientales. Esto desestimula los gastos en la empleomanía y los
estimula en aspectos que causan problemas medioambientales.
Si se gravara la contaminación, entonces los precios
estarían más de acuerdo con los costes reales. Si las ganancias provenientes
de gravámenes sobre la contaminación fueran utilizadas en rebajar los
impuestos sobre salarios y ganancias, entonces los empleos y la eficiencia
en el uso de los recursos se estimularía.
Como señalan Paul Hawken y Amory Lovins en Natural
Capitalism (Capitalismo natural) la economía mundial tiene un
exceso de desempleados y un problema con la utilización de los recursos. Si
se cambiara la estructura del mercado, de recompensar las empresas que
utilizan de manera intensiva recursos contaminantes --como las fábricas
agrícolas--, hacia recompensar las empresas que utilizan vías saludables e
intensivas en su empleomanía --como la agricultura orgánica--, la economía
mundial pudiera cambiar, de la disfunción a la sustentabilidad. La clave
para la agenda política acerca del Movimiento para el Desarrollo Sustentable
es crear estrategias que envíen las señales correctas al mercado, de modo
que el libre ejercicio del discernimiento de los que participan en el
mercado conduzca hacia una economía próspera, un medioambiente saludable y
una sociedad equitativa y justa.
La cultura de la sustentabilidad
La construcción de una economía sustentable implica un
paradigma de cambio. La civilización industrial ha estado orientada por una
filosofía mecanicista lineal, a partir de la cual era apropiado utilizar los
recursos del planeta para hacer máquinas, que hicieran cosas que después
fueran desestimadas. Era adecuado utilizar personal que manejara las
máquinas, comprara cosas hechas por esas máquinas y, en última instancia,
las botara después. Las personas y el planeta estaban al servicio de una
cultura de la máquina y de los márgenes de ganancias.
Una economía sustentable necesita estar basada en una
filosofía diferente, que reverencie al planeta y los procesos cíclicos de la
vida. Desde una perspectiva, la filosofía sustentable sugiere que se le debe
prestar atención a los últimos descubrimientos de las ciencias ecológicas, y
se debe actuar de manera que se esté en armonía con las fuerzas naturales y
los sutiles flujos del planeta. Pero, desde otra perspectiva, una filosofía
sustentable significa un viaje hacia el futuro.
Las sociedades más tradicionales consideran al planeta como
un ser vivo, como una madre a la cual hay que escuchar con atención y
respeto. Los mitos y rituales de las sociedades tradicionales han ayudado a
que las personas recuerden que sus propios cuerpos son pedazos de su madre,
de la Tierra. Sus vidas han dependido de respetar a todos sus hijos y de
aprender a seguir todos sus caminos. Las sociedades tradicionales se auto
sustentaron durante miles de años. Las sociedades de las civilizaciones
agrarias se auto sustentaron durante miles de años. La verdadera sociedad
industrial sólo emergió después de la Segunda Guerra Mundial y ya ha
alcanzado sus límites; ahora surgen las simientes de su autodestrucción.
Necesitamos balancear las percepciones tradicionales con las
modernas. Todas las culturas, cada grupo étnico, tienen tradiciones,
visiones y potencialidades a las cuales podemos recurrir para crear una
civilización sustentable. Así como la naturaleza valora y estimula la
diversidad para construir una realidad ecológica más unida y fuerte, así
también la humanidad necesita valorar y estimular un liderato que emane de
la diversidad de etnicidades y culturas diferentes. Estas son las bases
sobre las cuales se puede construir una civilización sustentable unida.
La educación para lograr una economía sustentable puede
ayudarnos a aprender las nuevas y viejas maneras, aquellas científicas y
espirituales, de escuchar a la Tierra y hacer que perdure la vida de todos
sus hijos. La educación para la sustentabilidad puede ayudarnos a valorar
nuestras diferencias, a ir más allá de nuestras debilidades, y a trabajar
juntos para crear una civilización sustentable.
Con la cultura de una civilización sustentable, podremos
celebrar de dónde hemos venido, dónde estamos, y hacia dónde podemos ir.
Podemos crear visiones que nos ayuden a lamentarnos de lo que hemos perdido
y nos inspiren a guiarnos hacia donde tenemos que ir.
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