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  El futuro del desarrollo sustentable. Primera Parte

Desarrollo humano sustentable

Por James Hurd Nixon     

Parte 3 /3

La eficiencia en el uso de los recursos

Sobre la base de la utilización de este tipo de tecnologías, una economía sustentable puede ser aún más eficiente en la utilización de los recursos. Robert Ayres, de la Academia Nacional de Ingeniería, asegura que un 93% del material utilizado en la producción industrial se bota como desecho, antes de que un producto esté terminado. Cuesta dinero obtener estos "desechos", usarlos, y disponer de ellos, pero no generan ingresos. ¿Tiene sentido, entonces, que un negocio utilice el 93 % de sus recursos materiales para originar productos para los cuales no existen clientes, y sobre los que hay que pagar para deshacerse de ellos?

Amory y Hunter Lovins --cofundadores del Instituto de Rocky Mountains, en el estado de Colorado, Estados Unidos--, son dos de los principales promotores de la eficiencia energética como una estrategia que ha ahorrado miles de millones de dólares en utilidades. Los hermanos Lovins han demostrado que en Estados Unidos la eficiencia total en la utilización de recursos puede incrementarse en más de cuatro factores, si se utilizan tecnologías que ya existen y que pueden ponerse en práctica por períodos retribuibles cortos.

Esto disminuiría de manera significativa el porcentaje de la producción de desechos en la economía de EEUU, y generaría miles de millones de dólares de ingresos adicionales. Estos ingresos adicionales pudieran ser utilizados para beneficiar a todos los participantes en negocios que emplean tecnologías más eficientes. El Instituto de Rocky Mountains está popularizando estrategias en la utilización de recursos para la construcción de edificios, diseños de autos, técnicas de producciones industriales y en el desarrollo de bienes y raíces.

La eficiencia en la utilización de recursos y servicios --basada en los principios ecológicos de recircular, y de no desechar sistemas completos que amparen y unifiquen la vida de sus diversos participantes--, se encuentra en el corazón mismo de la revolución sustentable.

Como dijera Gil Friend, fundadora y ejecutiva principal de Natural Logic, "...inculcar las leyes de la naturaleza en el corazón de las empresas (...) es aplicar los casi más de cuatro mil de millones de años de experiencia de los ecosistemas de la naturaleza en desarrollar sistemas eficientes, adaptables, flexibles y sustentables. Después de todo, porqué tenemos que reinventar la rueda si los departamentos de I&D [Investigación y Desarrollo] ya se inventaron".

En los años 70, las tecnologías medioambientales respondieron a las regulaciones medioambientales que encaraban la contaminación industrial, una vez que ya ésta se había producido. La revolución sustentable está produciendo una reorientación hacia la eficiencia de la utilización de los recursos y la prevención de la contaminación, como vías que conduzcan a la prosperidad económica y a la equidad social. Estas tecnologías ahorran dinero, enfrentan las crisis ecológicas, son más saludables para las personas y contribuyen tanto a los balances financieros como a los sociales y medioambientales.

La actuación de los gobiernos

Uno de los papeles que debe desempeñar cualquier gobierno es el de establecer las reglas acerca de cómo debe funcionar el mercado.

La mayoría de las personas acepta como algo nocivo una inflación o deflación rampantes. De ahí que los bancos centrales regulen el suministro de dinero y las tasas de interés para intentar producir una estabilidad en los precios y ayudar a que el mercado funcione bien.

La mayoría de las personas acepta que el medioambiente debe preservarse y restaurarse, y que la salud, seguridad y viabilidad económica de la fuerza laboral deba protegerse, de ahí que se emitan y refuercen regulaciones sobre medioambiente, salud, seguridad y empleos.

La mayoría de las personas cree que el desarrollo de terrenos y de bienes y raíces debe estar guiado por regulaciones acerca del uso de los terrenos que estimulen un desarrollo viable, mientras se preservan todos los aspectos placenteros del medioambiente y la sociedad. Es así, que se considera deben ser adoptadas e implementadas regulaciones por zonas.

Es mediante estos y otros mecanismos que los gobiernos establecen las reglas del mercado. No obstante, estas reglas han devaluado al capital social y medioambiental, de ahí que el mercado haya tendido a producir prosperidad económica a expensas del medioambiente y de amplios sectores de la población.

Los verdaderos precios y costes

Debido a este énfasis de los gobiernos en la prosperidad económica a expensas de la sociedad y del medioambiente durante el siglo pasado, se ha desarrollado una gran desconexión entre los precios y los verdaderos costes de productos y servicios. Muchos aspectos de los costes de productos y servicios se han hecho evidentes desde los mecanismos de los precios en el mercado en formas de degradación medioambiental y dislocación social. Por ejemplo: el coste de la destrucción de la capa de ozono no se facturó en el precio de los CFCs. Los costes de las alteraciones climáticas no se han facturado en los precios de las energías fósiles y otras tecnologías que contribuyen al efecto invernadero.

Ahora mismo, muchos gobiernos están enviando señales erróneas al mercado. Por ejemplo, muchos gobiernos gravan con impuestos los salarios y ganancias, mientras deducen impuestos del capital para gastos que producen contaminación, desechos, agotamiento de recursos y trastornos medioambientales. Esto desestimula los gastos en la empleomanía y los estimula en aspectos que causan problemas medioambientales.

Si se gravara la contaminación, entonces los precios estarían más de acuerdo con los costes reales. Si las ganancias provenientes de gravámenes sobre la contaminación fueran utilizadas en rebajar los impuestos sobre salarios y ganancias, entonces los empleos y la eficiencia en el uso de los recursos se estimularía.

Como señalan Paul Hawken y Amory Lovins en Natural Capitalism (Capitalismo natural) la economía mundial tiene un exceso de desempleados y un problema con la utilización de los recursos. Si se cambiara la estructura del mercado, de recompensar las empresas que utilizan de manera intensiva recursos contaminantes --como las fábricas agrícolas--, hacia recompensar las empresas que utilizan vías saludables e intensivas en su empleomanía --como la agricultura orgánica--, la economía mundial pudiera cambiar, de la disfunción a la sustentabilidad. La clave para la agenda política acerca del Movimiento para el Desarrollo Sustentable es crear estrategias que envíen las señales correctas al mercado, de modo que el libre ejercicio del discernimiento de los que participan en el mercado conduzca hacia una economía próspera, un medioambiente saludable y una sociedad equitativa y justa.

La cultura de la sustentabilidad

La construcción de una economía sustentable implica un paradigma de cambio. La civilización industrial ha estado orientada por una filosofía mecanicista lineal, a partir de la cual era apropiado utilizar los recursos del planeta para hacer máquinas, que hicieran cosas que después fueran desestimadas. Era adecuado utilizar personal que manejara las máquinas, comprara cosas hechas por esas máquinas y, en última instancia, las botara después. Las personas y el planeta estaban al servicio de una cultura de la máquina y de los márgenes de ganancias.

Una economía sustentable necesita estar basada en una filosofía diferente, que reverencie al planeta y los procesos cíclicos de la vida. Desde una perspectiva, la filosofía sustentable sugiere que se le debe prestar atención a los últimos descubrimientos de las ciencias ecológicas, y se debe actuar de manera que se esté en armonía con las fuerzas naturales y los sutiles flujos del planeta. Pero, desde otra perspectiva, una filosofía sustentable significa un viaje hacia el futuro.

Las sociedades más tradicionales consideran al planeta como un ser vivo, como una madre a la cual hay que escuchar con atención y respeto. Los mitos y rituales de las sociedades tradicionales han ayudado a que las personas recuerden que sus propios cuerpos son pedazos de su madre, de la Tierra. Sus vidas han dependido de respetar a todos sus hijos y de aprender a seguir todos sus caminos. Las sociedades tradicionales se auto sustentaron durante miles de años. Las sociedades de las civilizaciones agrarias se auto sustentaron durante miles de años. La verdadera sociedad industrial sólo emergió después de la Segunda Guerra Mundial y ya ha alcanzado sus límites; ahora surgen las simientes de su autodestrucción.

Necesitamos balancear las percepciones tradicionales con las modernas. Todas las culturas, cada grupo étnico, tienen tradiciones, visiones y potencialidades a las cuales podemos recurrir para crear una civilización sustentable. Así como la naturaleza valora y estimula la diversidad para construir una realidad ecológica más unida y fuerte, así también la humanidad necesita valorar y estimular un liderato que emane de la diversidad de etnicidades y culturas diferentes. Estas son las bases sobre las cuales se puede construir una civilización sustentable unida.

La educación para lograr una economía sustentable puede ayudarnos a aprender las nuevas y viejas maneras, aquellas científicas y espirituales, de escuchar a la Tierra y hacer que perdure la vida de todos sus hijos. La educación para la sustentabilidad puede ayudarnos a valorar nuestras diferencias, a ir más allá de nuestras debilidades, y a trabajar juntos para crear una civilización sustentable.

Con la cultura de una civilización sustentable, podremos celebrar de dónde hemos venido, dónde estamos, y hacia dónde podemos ir. Podemos crear visiones que nos ayuden a lamentarnos de lo que hemos perdido y nos inspiren a guiarnos hacia donde tenemos que ir.


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