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Parte
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2. El vínculo entre desarrollo humano y las tecnologías de
la información
La relación entre
las tecnologías de la información y el desarrollo humano ha sido poco
estudiada hasta el momento. En este sentido, podemos decir que no obstante
la euforia en relación a las tecnologías de la información y comunicación y
los procesos de desarrollo, es poco lo que se comprende actualmente sobre el
papel de estas tecnologías en dichos procesos (Gómez & Hunt & Lamoureux,
1999)8.
La Comisión sobre Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de Naciones Unidas
(1995)ha remarcado ya esta idea diciendo que "...aunque la revolución
tecnológica alrededor de las tecnologías de la información ha hecho crecer
el interés – entre los formuladores de políticas, el sector empresarial o el
mundo académico – aún es poco lo que se conoce sobre los obstáculos que
deben afrontarse para acceder a estas tecnologías y el impacto de las mismas
en los procesos de desarrollo. Estas cuestiones necesitan comprenderse
mejor...". En este sentido, quedan aún muchos interrogantes por responder y
el debate sigue abierto.
Sin embargo, aunque pocas, se han dado algunas respuestas. Quizá la más
relevante durante los últimos años es la que ha venido de parte del Programa
de Naciones Unidas para el Desarrollo (2001). Así, se ha indicado que las
nuevas tecnologías de la información pueden contribuir en gran manera a la
consecución de las capacidades de la población9
que resultan básicas para alcanzar una ampliación en las opciones de la
misma10.
De modo más específico, como indica Kofi Annan (1997), Secretario General de
Naciones Unidas, la tecnología de la información tiene un enorme potencial
para promover y potenciar el desarrollo humano.
En este sentido, para el PNUD, la disponibilidad de Internet, estandarte de
las nuevas tecnologías de la información, en primer lugar, elevaría de un
modo directo la capacidad humana en la medida que el conocimiento
(presuponemos que la información que se puede obtener a través de Internet
deriva en conocimiento siempre y cuando se produzcan los procesos cognitivos
adecuados) que se deriva de su uso puede mejorar
ámbitos como la salud, la nutrición, etc. aumentando las posibilidades de
participar más activamente en la vida social, económica y política de la
comunidad.
Al hablar de conocimiento, aquí, estaríamos considerando: la creación de
conocimiento nuevo (por tanto, un conocimiento no existente); el
redescubrimiento de conocimientos de otros (épocas, culturas y sociedades
diferentes); y, las lecciones aprendidas por otros en la aplicación de un
conocimiento propio.
Se plantea que este conocimiento se traduzca en conocimiento útil para ser
aplicado a la solución de los problemas y las situaciones de la realidad que
se pretende transformar (el conocimiento sin aplicación, pues, no será un
agente de cambio). Así, el conocimiento obtenido a partir del uso de
Internet, en cuanto a desarrollo humano, ha de reflejarse en aplicaciones
concretas que transformen la realidad. Organismos como el Banco Mundial han
argumentado que el "conocimiento para el desarrollo" es crucial para el
futuro de los países en vías de desarrollo y que las capacidades de estos
países para aplicar el creciente stock de "conocimiento electrónico global"
será progresivamente más importante (SPRU Research, 2002). Como afirma Peter
Drucker (1994), los países en vías de desarrollo no pueden seguir centrando
sus procesos de desarrollo sobre la ventaja comparativa de su mano de obra
(es decir, en mano de obra industrial de bajo coste); la ventaja comparativa
que ahora cuenta es la aplicación del conocimiento. Como menciona Lundvall
(1992) el recurso más fundamental para los
modernos procesos de desarrollo es el conocimiento.
Por otra parte, innovaciones tecnológicas como Internet constituyen un medio
para lograr el desarrollo humano debido a sus repercusiones en el
crecimiento económico gracias al aumento de productividad que genera (por
ejemplo, se crean nuevas actividades e industrias, como es el caso del
sector de la tecnología de la información y las comunicaciones, que
contribuyen al crecimiento económico y a la creación de empleos). Junto a la
vertiente más económica, las opciones que Internet ofrece en multiplicidad
de campos como los sanitarios o educativos constituyen el argumento
principal por el que se apuesta por las nuevas tecnologías de la información
desde el PNUD11.
Esta postura ha sido reforzada por todas aquellas aportaciones que han
defendido que el impacto de Internet en los países en vías de desarrollo
puede ser muy alto en la medida que éstos pueden experimentar una mejora en
la productividad económica, en su gobernanza, en su educación, salud y
calidad de vida (Adam, 1996; Press, 1996)12.
Además, Moñux Chércoles (2001)nos dice que la concepción tripolar (basada en
la educación, la salud y el ingreso)de desarrollo humano que plantea el
PNUD, está directamente relacionada con la tecnología. En este sentido, la
tecnología de la información puede mejorar procesos productivos revirtiendo
en la mejora de la situación económica; por otra parte, la tecnología es la
clave del aseguramiento de muchos de los servicios comunitarios básicos:
agua potable, comunicaciones, electricidad, etc.; finalmente, advierte que
no puede pasar desapercibida la idea sobre la dimensión de poder que tiene
la tecnología si es apropiable: el poder transformar la vida en una vida
mejor, de aumentar las capacidades de las personas para su participación
creativa y rentable en la sociedad.
Estas reflexiones alrededor del potencial de la tecnología de la información
para el desarrollo humano vienen a consolidar la idea que Mayo (1995)lanzaba
al indicar que las nuevas tecnologías de la información estaban produciendo
una reingeniería social – transformando la manera en la que la gente vive,
trabaja, se divierte, viaja y se comunica – creando nuevos modos de vida.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que las nuevas tecnologías de la
información no son intrínsecamente ni buenas ni malas. Los resultados
dependen de su aplicación y, si bien una aplicación acertada puede conducir
a la obtención de bienestar, un uso desacertado podría desembocar en
perjuicios para la población afectada13.
Ante esto, PNUD (2001 b) ha manifestado que, con
estrategias y acciones oportunas, inspiradas en valores democráticos, las
tecnologías de la información pueden ser más una oportunidad que un riesgo.
Antes de la aparición de los aportes del PNUD, los conceptos básicos sobre
las tecnologías de la información y la comunicación para el desarrollo
pasaban por el trabajo desempeñado desde el Banco Mundial. Dentro del
organismo, la labor de Hallberg y Bond (2000)suponía una muestra del
creciente interés por analizar las posibilidades de instrumentos como
Internet para potenciar los procesos de desarrollo humano.
Sin embargo, la perspectiva adoptada es mucho más economicista. En este
sentido, se apunta que las nuevas tecnologías de la información se ponen al
servicio de aquellos países menos avanzados para eliminar las fronteras en
lo que al mercado se refiere, de manera que esto les permitiría: producir
bienes de manera más eficiente al deslocalizar los subsistemas productivos y
flexibilizar el proceso, reduciendo los costes; fortalecer el comercio
internacional de servicios que, hasta ahora, se debían vender y comprar en
el lugar de producción; disminuir las barreras de entrada en los mercados.
Sin embargo, con este tipo de enfoque más económico para los problemas del
subdesarrollo, parece que se olvidan, o no se les da suficiente importancia,
a algunos aspectos clave.
En primer lugar, no todos los países parten de la misma situación.
Básicamente se presentan las oportunidades que ofrecen las nuevas
tecnologías de la información como si los países de "menos ingresos" – según
la expresión empleada por el propio Banco Mundial – pudieran movilizar el
mismo porcentaje de recursos que los países ricos y como si su poder en los
mercados fuera equiparable al de aquellos (o como si muchos de ellos no
estuvieran atenazados por una deuda externa difícil de sufragar).
En segundo lugar, parece que se recogen conceptos largamente defendidos
desde sectores críticos (por ejemplo las ONGs)como el de sostenibilidad o el
criterio de idoneidad para que las soluciones tecnológicas se ajusten a las
situaciones particulares (que están en la base de lo que desde éstas se
puede entender por tecnología apropiada). A pesar de ello, las ideas que hay
detrás distan mucho de ser las propuestas por las organizaciones que
apuestan por el desarrollo humano. En este sentido, el enfoque tan "macro" (Moñux
Chércoles, 2001)presentado por los expertos del Banco Mundial no parece
ajustarse a la situación real, a escala humana, de millones de personas que
sufren la pobreza en el mundo14.
En este sentido, nos hallamos con propuestas que apuestan por el potencial
de las nuevas tecnologías pero que, a veces, pierden de vista la dimensión
humana del desarrollo (Richardson, 1997). Así, para evitar situaciones como
ésta se propone que, para que Internet contribuya en el proceso de
desarrollo humano, ésta debe permitir que la población potencie los recursos
que la comunidad necesita para mejorar sus condiciones de vida. Richardson
(1997)considera que Internet puede ayudar a la gente a alcanzar sus metas de
desarrollo, pero que esta red no debe ser utilizada simplemente como una
tecnología estática. Si esto se produjera, los equipos de Internet acabarían
relegados como tecnología inapropiada para el desarrollo o descartada debido
a los intentos fallidos de hacer de ella un medio útil y oportuno a nivel
local. Para que esto no se produzca, es necesario involucrar a los
beneficiarios de la tecnología y contar con ellos para la planificación en
el uso de Internet, de cara a aprovechar sus inmensas oportunidades (Prats &
Giné, 2001). Internet contribuye a satisfacer necesidades que, de otro modo,
no se podrían llevar a cabo (Negroponte, 1995) y
este potencial es el que la avala para confiar en ella como una herramienta
al servicio del desarrollo humano.
Más recientemente Gómez y Casadiego (2002)han tomado el testigo lanzado por
el PNUD o el Banco Mundial tratando de enriquecer el actual debate sobre el
uso de las nuevas tecnologías para el desarrollo humano tratando de aportar
nuevas pautas ante las posibles deficiencias de posturas como las del Banco
Mundial15.
En el fondo, se preguntan, desde una perspectiva de desarrollo humano, para
qué sirve Internet. Para ellos, el desafío que encierra esta pregunta es
inmenso, ya que no se trata únicamente de conformarse con la instalación de
computadoras sino que el reto se encuentra en cambiar las desigualdades
sociales existentes16.
En estesentido, el auténtico desafío, es averiguar cómo usar las
oportunidades estratégicas que ofrecen las nuevas tecnologías de la
información y la comunicación para cerrar las brechas sociales (Khelladi,
2001).
Para que las nuevas tecnologías de la información puedan tener algún tipo de
impacto sobre los procesos de desarrollo humano, se debe partir de una
premisa básica: la conectividad no es un fin en sí mismo, sino una
herramienta que puede ayudar a construir soluciones concretas para los
problemas y necesidades de la gente (Americas Canada, 2002). No importa
tanto la conectividad sino para qué se usa. En este sentido, el asunto de
las nuevas tecnologías de la información y el desarrollo humano no es tanto
una cuestión de máquinas y de tecnología sino de relaciones entre personas (Abdallah
García, 2002). Potenciar el desarrollo humano no se consigue con el solo
acceso a la tecnología sino que se necesita poder fortalecer las capacidades
necesarias para usarlas. Hay que poder apropiarse de las tecnologías y
convertirlas en herramientas que ayuden a encontrar soluciones a los
problemas concretos. Estos aspectos son clave si se desea realmente que
Internet se convierta en una herramienta al servicio de los procesos de
desarrollo humano (Durant, 1997).
Siguiendo con lo anterior, diremos que se ha producido el proceso de
apropiación de Internet cuando se haya incorporado fluidamente dentro del
quehacer cotidiano de la comunidad el uso de la red. En otras palabras,
cuando esta comunidad pueda discernir cuando es o no conveniente utilizar la
herramienta para la resolución de los problemas cotidianos y como combinarla
con otros instrumentos. En este sentido, una persona, una comunidad o un
país se habrá apropiado de Internet cuando pueda preguntarse primero ¿qué
deseo resolver? Y una vez respondido esto, tenga los recursos y
conocimientos suficientes para responder ¿cómo puede ayudarme Internet a
lograrlo?, hacer un uso efectivo de esta tecnología y lograr la solución del
problema planteado (en este sentido, se va más allá del uso mismo de la
tecnología porque se establece una relación explícita y permanente entre la
realidad en la que se vive y la utilización de la tecnología).
Por otra parte, en este punto, debe tenerse en cuenta que los procesos de
desarrollo requieren tiempo. Las transformaciones profundas que se necesitan
para que realmente se fortalezca la democracia, se aumente la prosperidad
con equidad para todos y se realice el potencial humano de manera integral,
no son cosas que puedan conseguir de un día para otro. En este sentido, los
procesos se deben ajustar a los tiempos y los ritmos de las comunidades
involucradas. En este sentido, los proyectos que tratan de vincular a las
tecnologías de la información con los procesos de desarrollo humano tienen
que anclarse en la realidad local de la gente, sus organizaciones, sus
costumbres y su cultura. De este modo, adaptándose a las prácticas sociales
locales, las tecnologías de la información pueden ayudar a abrir nuevas
oportunidades.
Tras estos matices, lo que autores cómo Gómez y Casadiego (2002)tratan de
anunciar, coincidiendo con los postulados del PNUD, es que las tecnologías
de la información juegan un papel importante para el desarrollo humano, en
la medida en que se convierten en herramientas para la generación de nuevos
conocimientos útiles, y contribuyen a la transformación de la realidad17.
Sin embargo, Martínez y Gómez (2001)se han apresurado a aclarar que, si bien
se ha hablado del potencial beneficio del uso de Internet para el desarrollo
humano, se ha hecho poco trabajo para advertir de sus posibles consecuencias
negativas. En este sentido, se afirma que el uso de Internet puede causar
efectos contraproducentes (aunque muchas veces estos no sean intencionales).
Así, para ellos, es una tarea urgente el identificar las amenazas y los
riesgos en el uso de las tecnologías de la información para el desarrollo.
En concreto, han planteado tres:
El aumento de las
desigualdades. Como toda tecnología de la comunicación, Internet se
convierte en un potencial medio para reforzar las desigualdades sociales y
económicas existentes en la sociedad y hacer que las nuevas oportunidades
se distribuyan entre quienes, por su condición de clase, color, lengua,
sexo o edad, ya puedan tener acceso a éstas. Por otra parte, promover
acceso a Internet, sin preocuparse por su uso y apropiación puede no tener
efecto alguno a la hora de transformar las desigualdades sociales o
contribuir al desarrollo.
Homogeneización e
imposición. Los contenidos, lengua o cultura dominantes en Internet pueden
tener efectos negativos al uniformizar ideas, preferencias y visiones del
mundo. Así, se podrían estar reproduciendo las relaciones de dominación
existentes en la sociedad.
Aislamiento y fragmentación.
El uso de las tecnologías de la información puede provocar distanciamiento
y aislamiento cuando el mundo virtual, por ejemplo, recibe más atención
que el mundo real.
Estos tres riesgos nos indican que, del mismo modo que
pueden contribuir al desarrollo, las tecnologías de la información también
son capaces de amenazar la realización del potencial humano, el
fortalecimiento de la democracia y la prosperidad económica con equidad18.
Así pues, podemos hablar de la existencia del riesgo de que las nuevas
tecnologías de la información puedan contribuir a un nuevo "apartheid
global" en la medida en que su uso puede llegar a contradecir los objetivos
del desarrollo (Bezanson & Sagasti, 1995).
En este sentido, a pesar de los anunciados beneficios que puede aportar
Internet y ante este conjunto de amenazas, no podemos pasar por alto la
existencia de una tendencia escéptica en relación a la capacidad de la
tecnología de la información para potenciar los procesos de desarrollo
humano.
En resumen, podemos decir que las nuevas tecnologías de la información han
protagonizado una revolución que, es fuente de oportunidades y amenazas (Moñux
Chércoles, 2001).
En esta coyuntura no son extrañas algunas reflexiones que consideran que la
apuesta o no por la tecnología de la información se convierte en una de las
elecciones más decisivas a las que se enfrenta cualquier país o comunidad,
ya sean éstos, grandes o pequeños, ricos o pobres (McRobie, 2001). Es una
elección importante ya que su influencia puede ser generalizada (puede
acabar determinando lo que se produce, cómo y dónde es producido, etc.).
Tratando de solucionar la indecisión, la importancia de Internet para el
progreso de los países y sociedades en vías de desarrollo ha sido reconocida
por gobiernos y agencias internacionales en un estado de creciente consenso
sobre la importancia estratégica de las tecnologías de la información (Kenney,
1995; Mansell & Wehn, 1998). Además, partiendo de investigaciones previas
sobre los usos sociales de la tecnología (como por ejemplo la de Castells –
1998 – o la de Ciborra – 1996 -), autores como Madon (1999)argumentan, ante
las dudas, que Internet es perfectamente manejable y adaptable a las
necesidades locales. Esto no supone olvidar que la red ha de rediseñarse de
una manera dinámica a medida que la sociedad se transforma, y ello debe
hacerse conscientemente: conociendo las posibilidades y los riesgos. En este
sentido, es necesaria la planificación estratégica y un creciente compromiso
por parte de todos los actores implicados para que Internet se convierta en
una herramienta al servicio del desarrollo humano (Girvan, 1994)19.
Como la Comisión sobre Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de Naciones
Unidas (1997)ha expresado, existe suficiente evidencia sobre el potencial de
las nuevas tecnologías de la información para el desarrollo. En este
sentido, es necesario que se implementen estrategias sobre el uso de estas
tecnologías de la información para alcanzar las metas del desarrollo. Cada
país o comunidad necesita encontrar la manera más efectiva de maximizar los
beneficios de las nuevas tecnologías de la información al tiempo que se
controlan sus riesgos. El balance de estas decisiones, consecuentemente,
acabará difiriendo entre países y comunidades.
Así pues, en cuanto a la tecnología para el desarrollo no hay un único
camino posible, ya que diariamente se están tomando decisiones bajo
criterios políticos, sociales o económicos que determinan el sentido de las
vías del tren de la tecnología de la información, optando por un camino y
olvidando otros. A pesar de los beneficios que puedan derivarse de esta
capacidad adaptativa esta situación también genera incertezas y provoca que
el debate siga abierto y las desconfianzas no desaparezcan.
A ello, añadir que las nuevas tecnologías, en relación a los procesos de
desarrollo humano, serán más o menos efectivas en función del contexto en el
que se desenvuelva cada país o comunidad en el proceso de desarrollo (Patel,
1997; Hall, 1987).
Debe seguirse trabajando para aportar un poco más al vínculo que se
establece entre las nuevas tecnologías de la información y el desarrollo
humano. Pero ante esta tarea, simplemente recordar que, en general, es muy
difícil evaluar los resultados positivos y negativos que tienen las
tecnologías de la información y la comunicación en el desarrollo humano
(Gómez & Casadiego, 2002). Hay muchas anécdotas y mucha euforia20
(Gómez & Hunt & Lamoureux, 1999), pero sólo hace muy poco comienzan a
aparecer esfuerzos realmente sistemáticos para evaluar y aprender lo que se
está haciendo y el impacto de los diversos programas existentes están
teniendo. El reto está, no en recopilar las anécdotas exitosas, sino
analizar las relaciones cambiantes, los problemas o los resultados
intangibles; en resumen, una encrucijada importante21.
Notas
[ 8]
Moñux Chércoles (2001) apunta, además, que la tecnología, tradicionalmente
ha estado fuera de la esfera de reflexión política y sociológica.
[9]
Entre estas capacidades se citan como esenciales para los procesos de
desarrollo el tener conocimientos, el tener acceso a los recursos necesarios
para alcanzar un nivel de vida decoroso y poder participar en la vida de la
comunidad (Sen, 1999).
[10]
En el documento del PNUD "Poner el adelanto tecnológico al servicio del
desarrollo humano" (2001), se indica que el desarrollo supone crear un
entorno en el que las personas puedan hacer plenamente realidad sus
posibilidades y vivir en forma productiva y creadora de acuerdo con sus
necesidades e intereses. En este sentido, el desarrollo consiste en la
ampliación de las opciones que los pueblos tienen para vivir de acuerdo a
sus valores. El desarrollo humano comparte aquí una visión común con los
derechos humanos. El objetivo es la libertad humana, la cual resulta vital
para el desarrollo de las capacidades y el ejercicio de los derechos. Las
personas deben tener libertad para hacer uso de sus opciones y participar en
las decisiones que afectan sus vidas. En este sentido, el desarrollo humano
y los derechos humanos se refuerzan mutuamente, ayudan a garantizar el
bienestar y dignidad de todas las personas y fomentan el respeto por sí
mismo y por los demás.
Al margen de esto, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo se
resguarda de hacer afirmaciones absolutamente categóricas. Así, nos indica
que si bien las nuevas tecnologías de la información pueden ser instrumentos
al servicio del desarrollo humano, éstas también pueden ser fruto del
desarrollo. Con esto se abren las puertas a una relación de
retroalimentación y se deja una opción en la que las nuevas tecnologías de
la información, además de medios para potenciar los procesos de desarrollo
humano, podrían ser el resultado de estos mismos procesos.
[11]
Desde el PNUD (2001)y por parte de autores como Martínez y Gómez (2001)se
advierte que hay que tener en cuenta que el mercado no basta para canalizar
el desarrollo tecnológico hacia las necesidades humanas. El mercado no
necesariamente eliminará la mala salud, la desnutrición, el aislamiento y la
carencia de conocimientos que padecen los estratos más desfavorecidos. En
este sentido, hacer de la tecnología un instrumento al servicio del
desarrollo humano a menudo requiere de esfuerzos deliberados e inversiones
públicas a fin de crear y diseminar ampliamente las innovaciones.
[12]
SPRU Research (2002)utiliza un enfoque muy similar al adoptado por el
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y afirma que las aplicaciones
de las nuevas tecnologías de la información tienen un gran potencial de cara
a elevar los niveles de calidad de vida de los ciudadanos de los países en
vías de desarrollo. Fundamentalmente se destaca que un mayor impacto puede
percibirse en aquellas áreas consideradas básicas dentro de las necesidades
humanas (salud, educación o alimentación, entre otras)y en aquel sector más
amplio de la salud, las necesidades específicas, el medio ambiente o la
agricultura.
[13]
La tecnología es un producto humano que no es neutral, pero que tampoco es
autónomo. La dirección del cambio tecnológico no está marcada sólo por la
investigación científica y la innovación sino también por la evolución
social, los intereses económicos y las decisiones políticas. Es por ello que
la CEPAL (2000)ya ha advertido, en referencia a las tecnologías de la
información, que, a pesar de lo defendido por el pensamiento económico
neoliberal, el mercado por sí solo no va a corregir los desequilibrios que
se produzcan. Corresponde, pues, al estado y a la sociedad civil el legislar
y trabar para que las TIC contribuyan a reforzar los valores políticos y
sociales.
Ante esta idea de no neutralidad y no autonomía, podemos decir que las ideas
tecno-optimistas y las tecno-pesimistas se tocan, puesto que ambas parten de
una idea de autonomía. Para los optimistas, la tecnología seguirá su curso
imparable reportándonos importantes beneficios – y ciertas consecuencias
secundarias que habrá que asumir – y para los pesimistas, la tecnología se
encontrará en realidad fuera del control humano, llevándonos a una
alineación por la máquina.
[14]
Cabe decir que, desde Naciones Unidas, se coincide en algunos de los
análisis económicos que plantea el Banco Mundial, especialmente en lo que
tiene que ver con la importancia del cambio económico al que estamos
asistiendo y a las oportunidades de mercado que se abren para las empresas
de los países en desarrollo. Sin embargo, el PNUD identifica muchos más
riesgos que los recomendados por el Banco Mundial, dejando claro que éstos
van más allá de los que se desprenden de no ser capaces de adaptarse a los
cambios. De manera más realista que el Banco Mundial, el PNUD deja claro que
se trata de avanzar en la construcción de un espacio tecnológico
internacional más justo. Lo que para el Banco Mundial es un camino marcado,
que hay recorrer de manera adecuada para no quedarse aún más aislados, para
el PNUD es un camino por trazar, que debe diseñarse atendiendo a las
necesidades específicas de cada país y de cada contexto local. No se trata,
por tanto, de adaptarse a unos cambios positivos y a priori en cualquier
caso, sino de configurar los cambios tecnológicos en el sentido de producir
cambios sociales deseables. En definitiva, el Banco Mundial - como otras
organizaciones económicas multilaterales – espera que los problemas sociales
se resuelvan por la vía de un crecimiento económico alentado por estas
tecnologías, mientras que, desde el PNUD – como desde organizaciones que
trabajan en cooperación para el desarrollo – se mira el problema desde el
punto de vista del desarrollo humano, apostando por una tecnología orientada
tanto a las necesidades sociales como a las económicas.
[15]
En su obra hacen referencia general a las nuevas tecnologías a pesar de que
el enfoque apunta hacia las nuevas tecnologías de la información. Además,
entienden el concepto de desarrollo humano como el fortalecimiento de la
democracia con justicia social, la prosperidad económica con equidad y la
realización del potencial humano de manera integral.
[16]
Esto nos introduce en la dicotomía ya planteada por Camacho Jiménez (2001)en
cuanto a la relación entre desarrollo e Internet. Fundamentalmente, destaca
dos visiones principales. Por un lado, los que apuestan más hacia el acceso,
impulsados por el lema "Internet para todos" y que ha sido asumido en gran
medida por algunos gobiernos y organismos internacionales. En este caso, se
propone que el acceso, visto como la posibilidad de conexión a la red, es un
fin y producirá desarrollo por sí mismo. Por otro lado, se encuentran las
propuestas que enfatizan en la necesidad de utilizar la herramienta de forma
apropiada de manera que se sobrepase la simple conexión y que el uso de la
red responda a los requerimientos y visiones particulares de las
comunidades, organizaciones y países.
[17]
Camacho Jiménez (2001)incide en este punto e indica que el énfasis debe
estar en la transformación de la realidad que se busca y no en la Internet
misma. La Internet es un instrumento para actuar sobre esta realidad.
Además, indica que la visión más tradicional propone proveer acceso a la
Internet, enseñar a usar la herramienta y luego ver qué cambios se
produjeron o qué cambios pueden producirse debido al uso de la nueva
tecnología. Desde un nuevo enfoque, se debe reflexionar primero sobre la
transformación de la realidad que queremos producir y después pensar en qué
tipo de uso y qué tipo de acceso es necesario para lograr ese objetivo.
[18]
Martínez y Gómez (2001)consideran que sólo con una ciudadanía informada,
organizada y capaz de usar y apropiarse de los recursos de Internet, se
puede hacer frente a las amenazas que puede suponer la introducción de las
tecnologías de la información en la sociedad.
[19]
Larson (2000)argumenta que las nuevas tecnologías de la información deben
convertirse en una parte integral en referencia a las estrategias de
desarrollo. Desde su perspectiva, las nuevas tecnologías pueden fomentar de
manera más rápida los procesos de desarrollo y pueden apoyar los objetivos
de estos procesos en otros sectores.
[20]
Prueba de esta situación de euforia es hallar postulados como los que
afirman rotundamente que las tecnologías de la información y la comunicación
se nos ofrecen actualmente como la vía de acceso a un mundo mejor en todos
los ámbitos de la vida y, por supuesto, como el atajo que deben tomar los
países en desarrollo para alcanzar a los más ricos (Villarroel Ortega,
2001). Hay que aclarar que, generalmente, estas visiones de carácter más
optimista responden a importantes intereses económicos.
[21]
La importancia de la cuestión aumenta si atendemos a que Internet provoca
una transformación de la dinámica social que hay que estar analizando
permanentemente (Camacho Jiménez, 2001).
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