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Peterson González Rivas:
La choferesa, la jefa de un servicio médico, de una unidad policial,
de un equipo de campaña política...: estas jefas son obviadas constantemente
en los textos periodísticos.
En
los textos de la Red de Periodistas y en su revista A PRIMERA PLANA se habla
de periodismo democrático e inclusivo. ¿Que significa esto en términos
profesionales para un periodista joven como usted?
Tradicionalmente nuestros textos hablan del hombre en
referencia a la persona, al ser humano. El trato a la mujer como ser y al
término que la nombra, está totalmente excluido.
Los textos periodísticos no escapan de eso. Al contrario,
escribimos sobre el presidente, el jefe, el bombero, el chofer... La chofer,
la jefa de un servicio médico, de una unidad policial, de un equipo de
campaña política... : estas jefas son obviadas constantemente en los
productos comunicativos todos.
Cambiar esa realidad al escribir y al hablar, es
inclusión y, poner sobre el tapete la participación, o no participación
de la mujer, en los ejes fundamentales de desarrollo nacional, es
democracia.
Las agrupaciones profesionales en
República Dominicana, y también los grupos populares, no parecen vivir su
mejor momento. ¿Cómo explica que la Red de Periodistas se enrumbe hacia su
expansión cuando otros segmentos se observan debilitados?
Precisamente es esa debilidad un motivo más para mantener,
fortalecer y expandir el trabajo de la Red. Los y las periodistas que la
integramos creemos que más que deprimirnos, tenemos una oportunidad para
influir en la sociedad, para cambiar patrones erróneos y discriminatorios
sobre todo, porque en tiempos de debilitamiento y crisis grupales, estos
patrones retardatarios tienden a aprovechar esa brecha y fortalecerse. Hay
que salirle al frente.
Tenemos una
oportunidad para
influir en la
sociedad, para cambiar
patrones erróneos
y discriminatorios
Ofrezca, si puede, un ejemplo, de
cómo usted hace periodismo con perspectiva de género en un diario como El
Caribe que presenta enfoques novedosos, interesantes y a veces audaces en
sus modos de reflejar las noticias
Un ejemplo bastante práctico y elocuente es Crucita
Martínez, una joven que fue bañada por su novio de una sustancia que le dañó
todo el cuerpo, llamada ácido del diablo. Su caso parecía ser uno más de
violencia doméstica y otro más de tantos que hay en los tribunales. En El
Caribe nos enteramos, estuvimos en un juicio contra el agresor de
Crucita en su provincia de San Cristóbal.
Al día siguiente El Caribe narraba no sólo el hecho,
sino la vida de la joven, las terribles consecuencias en su realidad, en su
hijo, en su familia, en su barrio, en la provincia. Y algo muy importante
además, descubrimos que en esa provincia más de la mitad de los conflictos
que maneja la Fiscalía son por violencia contra mujeres indefensas, muchas
de ellas, al borde de la muerte o de la depresión total como Crucita.
Aunque el joven
reportero relata estos hechos como si fueran ajenos a él. Lo cierto es que
fue su empeño y la indignación que acompañaba su quehacer, por estar ya muy
sensibilizado con el aporte adicional que su profesionalismo podía impregnar
a la noticia al tratarla con perspectiva de género, los que identificaron
ángulos novedosos de justicia y promoción de la equidad en aquel suceso de
violencia contra la mujer.
Hacerlo fue bueno
también para Peterson González que estuvo nominado en 2002 para el Premio a
la Excelencia Periodística, el certamen más importante y prestigioso en el
periodismo dominicano. El lo refiere así, de modo impersonal:
Posteriormente el trabajo formó parte
de un concurso periodístico en el que fue premiado con una nominación a
la Excelencia Periodística, junto a otros (también de su autoría) que
narraban historias de niñas y niños víctimas de incestos y otras
denominaciones de violación sexual.