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"Los gobiernos progresistas en la región y
su relación con la sociedad civil"
fue el tema del coloquio realizado en el Centro Latinoamericano de
Economía Humana, CLAEH, en Uruguay. Futuros pone a disposición de sus
lectores las presentaciones del encuentro
Ver otras intervenciones. |
Los "gobiernos progresistas en la región"
es un título muy apropiado porque por primera vez tenemos en
nuestra región, tres gobiernos progresistas: Chile, Argentina y Brasil. Hoy
llevan diferentes períodos de tiempo en el poder; el de Chile es el más
antiguo, tenemos dos más nuevos, y una posibilidad en Uruguay, que mirando
las encuestas hay grandes probabilidades (por supuesto que en este momento,
y mirando la situación española, nunca se sabe desde
antes qué puede ocurrir), pero nosotros creemos que sí, que puede haber un
gobierno progresista en nuestro país. Y esta coincidencia de orientaciones
en cuatro países de la región creo que es algo muy auspicioso. Primero,
América Latina nos consta que es de todos los continentes el más desigual,
el más injusto en la distribución de su renta, en el que hay mayor pobreza y
grandes fortunas, en el que hay una marginalidad muy importante. Y
especialmente en esta región que estamos ahora —no es el caso de Chile,
porque Chile es distinto, ya lleva varios períodos de gobierno progresista,
ha sido el gobierno desde la salida de la dictadura— pero en los otros tres,
y sobre todo en Argentina y en Uruguay, los gobiernos anteriores son en gran
medida —por supuesto, que también hay otros factores, a nivel internacional
y coyuntural, las distintas crisis que ha habido en el mundo hasta llegar a
la crisis de Brasil, que ya es más de la zona, algo que no se podía prever
tan seguramente— responsables de la situación de exclusión social y de
marginalidad, los gobiernos anteriores han tenido mucho que ver.
Por lo tanto, nosotros —aquí lo digo como ciudadana, pero
también lo digo como presidenta de la ANONG— miramos con muchísimo interés y
con entusiasmo esta posible modificación de la orientación en nuestro
próximo gobierno. Y creemos que este coloquio que vamos a tener aquí es muy
importante, porque el intercambio de experiencias entre aquellos que ya han
estado en esas circunstancias y los que vamos a entrar, es muy útil —y lo
digo egoístamente— para nosotros que recién podríamos entrar en esa
situación. Por supuesto que viendo las distintas circunstancias de la
realidad social, de la realidad política y de las posibles mayorías o no
mayorías que estos gobiernos tengan en los organismos legislativos, pero
creo que es algo en que la discusión puede hacerse muy, pero muy
conveniente.
Desde el punto de vista de nuestra sociedad civil nuestras
organizaciones de la sociedad civil no son las mismas que salieron de la
dictadura. Aquí en el Cono Sur, no sólo en Uruguay, las organizaciones de la
sociedad civil no estuvieron bien vistas por los gobiernos de la dictadura,
pero tampoco por los gobiernos posteriores. Todas nuestras ONG también
tuvimos una posición de muy poco relacionamiento con el Estado.
La situación cambió en la realidad social uruguaya, y
también cambió para nosotros —vamos a reconocerlo—en nuestra financiación.
La cooperación para el desarrollo que venía sobre todo de los países y las
organizaciones europeas dejó de venir, hoy no somos en absoluto una
prioridad, ni mucho menos; y eso nos acercó al Estado.
Por otro lado, tenemos que ser concientes que hay en el
mundo como una especie de «reconocimiento» (no sé si el reconocimiento es
real o es solamente verbal) del papel de la sociedad civil. En este momento,
somos llamados a cuánta reunión hay a niveles gubernamentales, a niveles de
organismos internacionales, aún a reuniones empresariales, a los más
distintos foros a tratar de decir algo.
El otro día un dirigente sindical en un coloquio de una ONG
dijo: «los dirigentes sindicales tenemos conocimientos extensos como un
océano, con la profundidad de diez centímetros»; yo a esta fecha, diría de
mí lo mismo porque en los meses que llevo de presidenta he tenido que hablar
de las cosas más exóticas. Y eso nos preocupa, porque significa que estamos
en el candilero. ¿Por qué?, porque somos el proveedor de servicios más
barato y más confiable. Confiables en el sentido de que no somos
deshonestos, en que sabemos lo que estamos haciendo. Creo que muchas veces
los organismos gubernamentales aunque no lo digan, tienen esa idea de
nosotros.
La Asociación Nacional de ONGs, ANONG no es una organización
que tenga una vinculación con un partido político, no es una organización
neutra porque quien está a favor de crear ciudadanía, a favor de eliminar la
marginalidad y la exclusión social nunca es neutro, pero no somos en
absoluto partidarios y vamos a actuar en esa consecuencia. Pero un gobierno
que tiene como sus prioridades, como debería tenerlo un gobierno
progresista, que es eliminar la pobreza, lograr que la infancia en nuestro
país tenga igualdad de derechos y no que unos estén signados por el lugar
donde nacieron a ser «carne de cárcel» frente a otros que ya lo tienen todo,
por decir dos cosas mínimas; yo creo que en ese sentido, nosotros vamos a
tener una relación que puede ser interesante porque podemos querer, tener
objetivos muy similares.
Ahora bien, nosotros pensamos que la sociedad civil no es un
administrador de pobreza, no es un ejecutor de actividades programadas por
otro. Creo que tenemos conocimientos, capacidad y además el derecho a estar
allí. Nosotros no representamos a nadie, nosotros somos una parte de la
sociedad que estamos más cerca de toda esa diversidad que son los problemas
de la sociedad civil, y creo que debemos estar no sólo en la ejecución como
estamos hoy —y que a veces nos llevamos los palos en las malas ejecuciones—
sino que debemos estar en el diseño y en la implementación de estos
programas; y eso es lo que nosotros hemos estado tratando de decir más de
una vez a autoridades de gobierno.