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ISSN 1913-6196

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Chile: quince años de un gobierno de concertación

Por Luis Magallón   

"Los gobiernos progresistas en la región y
su relación con la sociedad civil"
 
fue el tema del coloquio realizado en el Centro Latinoamericano de Economía Humana, CLAEH, en Uruguay. Futuros pone a disposición de sus lectores las presentaciones del
encuentro
Ver otras intervenciones.

Yo al igual que Eduardo Ballón, soy otro angustiado en esta mesa, porque no soy un desertista político ni sociólogo ni antropólogo, y me preguntaba por qué me pidieron que me sentara acá, y al final la única explicación es porque soy chileno y tengo que hablar de Chile. Pero a pesar de eso, estoy muy contento, tengo mucho placer de estar de nuevo aquí en el Claeh, institución con la que tenemos una relación histórica de muchos años y por eso acepté este desafío de tener que contarles y hablarles un poco sobre la realidad de Chile.

En primer lugar, lo que habría que señalar es que efectivamente la coalición de gobierno de la Concertación ya va a cumplir casi quince años de gobierno, lo cual en el caso de un país como el nuestro es bastante relevante porque es la primera vez en la historia que una coalición de gobierno tiene una prolongación en el tiempo de esta magnitud; y además que todavía goza del apoyo de una mayoría ciudadana. En el caso nuestro, el gobierno progresista de la Concertación que incluye demócratas-cristianos, socialistas, partido por la democracia y radicales, tuvo que asumir después de un largo período, de una larga noche oscura de dictadura en la cual una de las cosas que hoy día nos damos cuenta que ocurrió es que como sociedad fuimos fuertemente impactados por ese período.

Hay un proceso de cambio de identidad muy fuerte en la sociedad chilena en ese tiempo, y si a eso le sumamos que a comienzos de los noventa, cuando asume la Concertación nos encontramos con dos fenómenos que son comunes a todos nuestros países, que es el de la globalización y de la modernización, entonces ustedes entenderán que la realidad, el escenario con que comienza la Concertación no era un escenario fácil. La fragilidad de la recuperación de la democracia también estaba presente, los militares estaban al acecho igual de manera de que lo que nosotros hemos denominado período de transición, ha sido muchísimo más largo y más complejo de lo que imaginábamos al inicio, o sea, podemos decir hoy día que con el tercer gobierno de la Concertación, con el gobierno del presidente Lagos, estamos terminando ese ciclo y se comienza a percibir un nuevo período que evidentemente es un período que tiene que ser de cambio, un período de cambio no sólo como desafío para la Concertación y para las fuerzas progresistas sino también es parte del discurso hoy día de la derecha.

De manera que en la cabeza de todos los chilenos está este sentido del cambio y por lo tanto, la Concertación tiene el desafío de pensar qué de nuevo le vamos a ofrecer a los chilenos. Y para poder decir qué de nuevo le vamos a ofrecer a los chilenos, yo creo que hay también que hacer un análisis quizás un poco crítico de lo que es hoy día nuestra sociedad y lo que es hoy día lo que se llama progresismo en Chile.

En ese sentido, lo primero que uno observa es que nuestra sociedad tiene un profundo cambio cultural, un profundo cambio de valores, y eso se puede observar bajo tres hechos o tres fenómenos: uno que se ha perdido el sentido del nosotros, se ha perdido el sentido de lo colectivo, el sentido de lo asociativo; y eso lo vinculamos con un segundo hecho que lleva a que seamos una sociedad donde los sentidos están puestos en los procesos de individualización. Es decir, una sociedad donde las personas entienden que los procesos de cambio, de mejoramiento de su situación personal y familiar pasa por sus propias capacidades y sus propias oportunidades que sea capaz de construirse. Y junto con este proceso de individualización hay un proceso también de individualización negativo, ya que se produce en algunos sectores, sobretodo en los sectores más precarios. Y lo tercero es esta cultura del consumo, que hace del mercado el elemento central donde se establecen las relaciones y el espacio fundamental donde la gente se procesa sus posibilidades de cambio, de mejoramiento y de oportunidades. Es decir, hemos reemplazado la cultura del trabajo por la cultura del consumo.

Junto a eso, en términos de realidad social podemos observar también que se ha ido produciendo, si bien el gobierno de la Concertación ha logrado un conjunto de cosas positivas como por ejemplo lograr una transición exitosa, lograr un desarrollo económico que ha permitido un mejoramiento objetivo de las condiciones de vida —hoy día nuestros pobres son menos pobres comparativamente con lo que lo eran hace veinticinco años pero también los ricos son más ricos, son más poderosos que hace veinticinco años. Y eso ha generado un proceso de desigualdad muy profundo que no se compadece con una economía que ha estado en crecimiento sostenido durante los últimos veinte años; y donde hoy día nuestros indicadores de desigualdad son de los peores que hay en el mundo.

Entonces, hay un déficit muy profundo que ha llevado a un proceso de fragmentación de la sociedad, fragmentación visible además desde el punto de vista urbano de nuestras ciudades —uno puede recorrer la ciudades de Chile y saber perfectamente dónde están los barrios de la gente con dinero y los barrios de la gente marginal o la gente que tiene menos recursos—. Eso también lleva a que esta fragmentación la gente se refugie en su propio territorio, y hay poca comunicación trasversal entre los ciudadanos, la gente tiene su propia identidad ahí, tiene sus propios códigos, tiene su propia forma de subsistencia y no tiene mayor vinculación con los sectores más integrados de la sociedad.

Otro factor es que la gente vive el presente, esto implica el abandono de las perspectivas de futuro; lo cual desde el punto de vista de la acción política hace este conjunto de elementos que para los partidos políticos sea muy dificultoso poder desarrollar su acción política y entender estos nuevos códigos con los cuales tienen que trabajar. Y lo concreto es que no los entienden y por lo tanto, se ha producido un distanciamiento de la política hacia los ciudadanos y de los ciudadanos hacia la política.

Cuando uno se pregunta ¿qué es el progresismo en Chile?, es como la pregunta de ¿qué es hoy ser de izquierda? Es bastante difícil responderlo. Cuando me dijeron que había que hablar sobre las relaciones entre un gobierno progresista y la sociedad civil, yo decía bueno, ¿qué significa un gobierno progresista? Y lo que se me ocurrió es poder ilustrarles de alguna manera qué se entiende (o qué entiendo) por progresismo en Chile.

Podría distinguir tres tipos de progresismo. Un progresismo tradicional que es el que proviene de las vertientes de pensamiento histórico más comunitario, más colectivista como el socialcristianismo, la socialdemocracia, el socialismo; que es un progresismo que quienes mantienen esas matrices es a quien les cuesta más hoy en día leer el país; y sus cuestionamientos son más de tipo ético, valórico, que un cuestionamiento a la sociedad que tenemos; hay un cuestionamiento al neoliberalismo pero no hay una propuesta alternativa sobre la cual trabajar. Entonces, es un progresismo que —yo diría— está un poco inmovilizado frente a la realidad.

Hay un segundo progresismo que es el que está más contento, porque es el que le es más fácil leer la realidad, que es un progresismo liberal que visualiza, a la sociedad hay que leerla a partir del mercado, de la televisión y de los shoppings. Entonces, la sociedad, las nuevas plazas públicas donde se encuentra la gente, se sociabiliza son los shoppings donde se construye opinión pública y se informa a través de la televisión, y se dan las relaciones en el mercado. Y él que no está en el mercado no está en la sociedad. Este es un progresismo que está dentro de la Concertación también, y que lee los cambios de manera bastante simplificada.

Y hay otro progresismo que es más moderno, que es el que intenta leer la sociedad de forma más integrada, mirarla más en su conjunto, y a partir de eso tratar en la nueva realidad de desarrollar una acción pública, una relación política de nuevo tipo. Pero objetivamente, si uno quisiera hacer finalmente una conclusión sobre la acción política de estos tres progresismos en función de una sociedad más participativa, de una sociedad más integrada de ciudadanos comprometidos con los procesos políticos y con el país, ninguno de los tres progresismos logra entusiasmar y convocar a esta ciudadanía a participar en la realidad de hoy.

En relación a la sociedad civil, ya he dicho algunas cosas sobre cuáles son los procesos que están ocurriendo ahí, pero quizás es interesante también mirar que la modernización del Estado no ha traído para la sociedad instancias de fortalecimiento. No ha sido correspondiente la modernización del Estado, las transformaciones que ha tenido el Estado no se han reflejado en la posibilidad de una ciudadanía que logre participar en los asuntos públicos, no tenemos una ley de participación ciudadana que permita eso, a pesar de que la constitución señala de forma ambigua y general que todos los ciudadanos tienen derecho a participar en los asuntos públicos, no existen los canales, no existen los mecanismos, no existen los instrumentos para que la sociedad civil efectivamente participe y pueda ser a la vez un controlador de lo que hacen el gobierno y sus funcionarios.

Esta sociedad también en la medida que los partidos políticos no logran la representación política, no logran expresarse en la vida ciudadana como antiguamente, históricamente los partidos estaban implicados a nivel de la sociedad civil en sus organizaciones sindicales, campesinas, estudiantiles, etc. Hoy eso no ocurre, además nosotros hoy no tenemos movimientos sociales. Eso no significa que haya un tejido social débil en la sociedad chilena, hay quizás hoy más organización social que nunca; lo que pasa que es una organización social muy fragmentada, que muchas veces se construye una organización en función de un propósito muy específico, obtenido y logrado ese propósito desaparece esa organización y se vuelven a organizar cuando tienen otro problema, otra situación frente a la cual volver a levantar otra organización.

No hay conexión entre las distintas organizaciones, no tenemos referentes nacionales que representen organizaciones de la sociedad civil. La Central Única de Trabajadores que fue en el pasado una representación muy fuerte de los trabajadores, muy potente, con mucha incidencia en la vida pública y política, hoy es bastante marginal y fundamentalmente se mantiene porque las asociaciones de funcionarios, de empleados del Estado participan en ellas (son los profesores, los funcionarios públicos, los trabajadores de la salud), esos son los que logran que todavía la Central Única de Trabajadores tenga una cierta representación. Pero lo que es el mundo del trabajo de la empresa privada, de los sectores agrarios, no tienen prácticamente una representación en la Central Única.

Lo mismo pasa con los estudiantes que en el pasado fueron organizaciones muy fuertes. Hoy incluso, por primera vez, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile fue ganada por la derecha, y sus reivindicaciones son corporativas, no son reivindicaciones ciudadanas, políticas, de país.

Entonces, tenemos una sociedad que si bien participa cuando es convocada, es una sociedad que hoy no tiene una coordinación, una relación entre organizaciones y sectores afines. Son organizaciones, también, en su mayoría, bastante desideologizadas, o sea, son organizaciones que responden fundamentalmente a necesidades de los barrios, culturales, de minorías, etc. O sea, no son organizaciones que están dentro de una perspectiva ideológica, desde un proyecto político.

En relación al Estado y sus vínculos del gobierno con la ciudadanía, podemos decir que aquí ha ocurrido un proceso bastante interesante también para mirarlo. Es que en una primera fase del gobierno de la Concertación, cuando estaban todas estas preocupaciones por no generar conflicto al interior de la sociedad que repercutieran por cierto en la posibilidad que los militares de nuevo pudieran dar algún golpe, se llamó a la ciudadanía, a mantener la calma, a no generar conflicto, a apaciguar, su expectativa y decir: bueno, aquí hay un gobierno, este gobierno va a responder por sus exigencias, por sus demandas, por sus expectativas y vamos a tratar de hacerlo bien; y para eso convocó, al gobierno, a los mejores cuadros técnicos que habían en la sociedad civil.

Ya van catorce años y han procesado un conocimiento del Estado en términos técnicos, de su funcionamiento que hace bastante difícil sus recambios, y por lo tanto no sólo se han burocratizado, en el buen término, sino que se ha generado una tecnocracia al interior del Estado desvinculada de la sociedad. Es muy difícil establecer un diálogo con los técnicos del gobierno, ya no sólo en términos de ideas sino en términos físicos. Es muy difícil que concurran cuando uno los invita a conversar, a dialogar sobre sus temas, y cuando lo hacen aparecen, dicen lo que tienen que decir y se van, y no escuchan, lo que la gente quiere preguntarles o comentarles. Entonces, es una tecnocracia un poquito arrogante, que se siente muy sabedora de lo que hace, pero es una tecnocracia que ha ido perdiendo la sensibilidad de lo que pasa en la sociedad, y eso tiene un peligro muy fuerte.

Es cierto también que el gobierno ha tenido que cumplir un doble rol en relación a la sociedad: frente a una ausencia de partidos políticos que intermedien la relación entre sociedad y Estado, el gobierno ha tenido que cumplir las dos cosas, o sea, ha tenido que ser un gestor del Estado, tiene que hacer funcionar el Estado, y tiene que ver cómo establece las relaciones con la sociedad. Entonces, ha creado una serie de canales formales de participación, de conexión con la sociedad; pero como son muy formales, como son muy estructurados, como son muy burocratizados, lo que llega también es una opinión de la sociedad civil, una demanda de la sociedad de la misma forma, o sea, muy recortada, muy fragmentada y que no da cuenta entonces de, efectivamente cuál es la expresión ciudadana hoy.

Entonces el peligro, para terminar, que nosotros vemos es que si bien ha habido, catorce, quince años de Concertación que han logrado estabilizar de alguna manera la democracia, darle gobernabilidad al país, lograr crecimiento económico, paz social, etc., hoy es un gobierno y un sistema político de representación política desde la Concertación bastante impopular, bastante alejado de los cambios que ocurren y de las sensibilidades que hay a nivel de la sociedad, y se nos ha metido con mucha fuerza el populismo, el neopopulismo de la derecha que logra penetrar sectores populares y tener representación en sectores populares donde nunca antes los tuvo. Y así como en el año 2000 casi perdimos la elección con Lagos —hemos ganado recién en una segunda vuelta— se ha mantenido una adhesión en las encuestas muy fuerte. Y el próximo año que hay elecciones presidenciales no sabemos cuál va a ser el resultado. Lo interesante para la Concertación es que uno de los cambios más importantes es que es posible que el candidato de la Concertación sea una mujer. Eso desde el punto de vista cultural en el país es un tremendo cambio, una tremenda novedad y que se esté logrando aceptar que una mujer puede ser presidenta en Chile significa que por lo menos en estos quince años algo ha pasado de positivo y la sociedad no está tan pérdida a pesar de todo, frente al futuro.


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