Yo al igual que Eduardo Ballón, soy otro angustiado en esta
mesa, porque no soy un desertista político ni sociólogo ni antropólogo, y me
preguntaba por qué me pidieron que me sentara acá, y al final la única
explicación es porque soy chileno y tengo que hablar de Chile. Pero a pesar
de eso, estoy muy contento, tengo mucho placer de estar de nuevo aquí en el
Claeh, institución con la que tenemos una relación histórica de muchos años
y por eso acepté este desafío de tener que contarles y hablarles un poco
sobre la realidad de Chile.
En primer lugar, lo que habría que señalar es que
efectivamente la coalición de gobierno de la Concertación ya va a cumplir
casi quince años de gobierno, lo cual en el caso de un país como el nuestro
es bastante relevante porque es la primera vez en la historia que una
coalición de gobierno tiene una prolongación en el tiempo de esta magnitud;
y además que todavía goza del apoyo de una mayoría ciudadana. En el caso
nuestro, el gobierno progresista de la Concertación que incluye
demócratas-cristianos, socialistas, partido por la democracia y radicales,
tuvo que asumir después de un largo período, de una larga noche oscura de
dictadura en la cual una de las cosas que hoy día nos damos cuenta que
ocurrió es que como sociedad fuimos fuertemente impactados por ese período.
Hay un proceso de cambio de identidad muy fuerte en la
sociedad chilena en ese tiempo, y si a eso le sumamos que a comienzos de los
noventa, cuando asume la Concertación nos encontramos con dos fenómenos que
son comunes a todos nuestros países, que es el de la globalización y de la
modernización, entonces ustedes entenderán que la realidad, el escenario con
que comienza la Concertación no era un escenario fácil. La fragilidad de la
recuperación de la democracia también estaba presente, los militares estaban
al acecho igual de manera de que lo que nosotros hemos denominado período de
transición, ha sido muchísimo más largo y más complejo de lo que
imaginábamos al inicio, o sea, podemos decir hoy día que con el tercer
gobierno de la Concertación, con el gobierno del presidente Lagos, estamos
terminando ese ciclo y se comienza a percibir un nuevo período que
evidentemente es un período que tiene que ser de cambio, un período de
cambio no sólo como desafío para la Concertación y para las fuerzas
progresistas sino también es parte del discurso hoy día de la derecha.
De manera que en la cabeza de todos los chilenos está este
sentido del cambio y por lo tanto, la Concertación tiene el desafío de
pensar qué de nuevo le vamos a ofrecer a los chilenos. Y para poder decir
qué de nuevo le vamos a ofrecer a los chilenos, yo creo que hay también que
hacer un análisis quizás un poco crítico de lo que es hoy día nuestra
sociedad y lo que es hoy día lo que se llama progresismo en Chile.
En ese sentido, lo primero que uno observa es que nuestra
sociedad tiene un profundo cambio cultural, un profundo cambio de valores, y
eso se puede observar bajo tres hechos o tres fenómenos: uno que se ha
perdido el sentido del nosotros, se ha perdido el sentido de lo colectivo,
el sentido de lo asociativo; y eso lo vinculamos con un segundo hecho que
lleva a que seamos una sociedad donde los sentidos están puestos en los
procesos de individualización. Es decir, una sociedad donde las personas
entienden que los procesos de cambio, de mejoramiento de su situación
personal y familiar pasa por sus propias capacidades y sus propias
oportunidades que sea capaz de construirse. Y junto con este proceso de
individualización hay un proceso también de individualización negativo, ya
que se produce en algunos sectores, sobretodo en los sectores más precarios.
Y lo tercero es esta cultura del consumo, que hace del mercado el elemento
central donde se establecen las relaciones y el espacio fundamental donde la
gente se procesa sus posibilidades de cambio, de mejoramiento y de
oportunidades. Es decir, hemos reemplazado la cultura del trabajo por la
cultura del consumo.
Junto a eso, en términos de realidad social podemos observar
también que se ha ido produciendo, si bien el gobierno de la Concertación ha
logrado un conjunto de cosas positivas como por ejemplo lograr una
transición exitosa, lograr un desarrollo económico que ha permitido un
mejoramiento objetivo de las condiciones de vida —hoy día nuestros pobres
son menos pobres comparativamente con lo que lo eran hace veinticinco años
pero también los ricos son más ricos, son más poderosos que hace veinticinco
años. Y eso ha generado un proceso de desigualdad muy profundo que no se
compadece con una economía que ha estado en crecimiento sostenido durante
los últimos veinte años; y donde hoy día nuestros indicadores de desigualdad
son de los peores que hay en el mundo.
Entonces, hay un déficit muy profundo que ha llevado a un
proceso de fragmentación de la sociedad, fragmentación visible además desde
el punto de vista urbano de nuestras ciudades —uno puede recorrer la
ciudades de Chile y saber perfectamente dónde están los barrios de la gente
con dinero y los barrios de la gente marginal o la gente que tiene menos
recursos—. Eso también lleva a que esta fragmentación la gente se refugie en
su propio territorio, y hay poca comunicación trasversal entre los
ciudadanos, la gente tiene su propia identidad ahí, tiene sus propios
códigos, tiene su propia forma de subsistencia y no tiene mayor vinculación
con los sectores más integrados de la sociedad.
Otro factor es que la gente vive el presente, esto implica
el abandono de las perspectivas de futuro; lo cual desde el punto de vista
de la acción política hace este conjunto de elementos que para los partidos
políticos sea muy dificultoso poder desarrollar su acción política y
entender estos nuevos códigos con los cuales tienen que trabajar. Y lo
concreto es que no los entienden y por lo tanto, se ha producido un
distanciamiento de la política hacia los ciudadanos y de los ciudadanos
hacia la política.
Cuando uno se pregunta ¿qué es el progresismo en Chile?, es
como la pregunta de ¿qué es hoy ser de izquierda? Es bastante difícil
responderlo. Cuando me dijeron que había que hablar sobre las relaciones
entre un gobierno progresista y la sociedad civil, yo decía bueno, ¿qué
significa un gobierno progresista? Y lo que se me ocurrió es poder
ilustrarles de alguna manera qué se entiende (o qué entiendo) por
progresismo en Chile.
Podría distinguir tres tipos de progresismo. Un progresismo
tradicional que es el que proviene de las vertientes de pensamiento
histórico más comunitario, más colectivista como el socialcristianismo, la
socialdemocracia, el socialismo; que es un progresismo que quienes mantienen
esas matrices es a quien les cuesta más hoy en día leer el país; y sus
cuestionamientos son más de tipo ético, valórico, que un cuestionamiento a
la sociedad que tenemos; hay un cuestionamiento al neoliberalismo pero no
hay una propuesta alternativa sobre la cual trabajar. Entonces, es un
progresismo que —yo diría— está un poco inmovilizado frente a la realidad.
Hay un segundo progresismo que es el que está más contento, porque es el que
le es más fácil leer la realidad, que es un progresismo liberal que
visualiza, a la sociedad hay que leerla a partir del mercado, de la
televisión y de los shoppings. Entonces, la sociedad, las nuevas plazas
públicas donde se encuentra la gente, se sociabiliza son los shoppings donde
se construye opinión pública y se informa a través de la televisión, y se
dan las relaciones en el mercado. Y él que no está en el mercado no está en
la sociedad. Este es un progresismo que está dentro de la Concertación
también, y que lee los cambios de manera bastante simplificada.
Y hay otro progresismo que es más moderno, que es el que
intenta leer la sociedad de forma más integrada, mirarla más en su conjunto,
y a partir de eso tratar en la nueva realidad de desarrollar una acción
pública, una relación política de nuevo tipo. Pero objetivamente, si uno
quisiera hacer finalmente una conclusión sobre la acción política de estos
tres progresismos en función de una sociedad más participativa, de una
sociedad más integrada de ciudadanos comprometidos con los procesos
políticos y con el país, ninguno de los tres progresismos logra entusiasmar
y convocar a esta ciudadanía a participar en la realidad de hoy.
En relación a la sociedad civil, ya he dicho algunas cosas
sobre cuáles son los procesos que están ocurriendo ahí, pero quizás es
interesante también mirar que la modernización del Estado no ha traído para
la sociedad instancias de fortalecimiento. No ha sido correspondiente la
modernización del Estado, las transformaciones que ha tenido el Estado no se
han reflejado en la posibilidad de una ciudadanía que logre participar en
los asuntos públicos, no tenemos una ley de participación ciudadana que
permita eso, a pesar de que la constitución señala de forma ambigua y
general que todos los ciudadanos tienen derecho a participar en los asuntos
públicos, no existen los canales, no existen los mecanismos, no existen los
instrumentos para que la sociedad civil efectivamente participe y pueda ser
a la vez un controlador de lo que hacen el gobierno y sus funcionarios.
Esta sociedad también en la medida que los partidos
políticos no logran la representación política, no logran expresarse en la
vida ciudadana como antiguamente, históricamente los partidos estaban
implicados a nivel de la sociedad civil en sus organizaciones sindicales,
campesinas, estudiantiles, etc. Hoy eso no ocurre, además nosotros hoy no
tenemos movimientos sociales. Eso no significa que haya un tejido social
débil en la sociedad chilena, hay quizás hoy más organización social que
nunca; lo que pasa que es una organización social muy fragmentada, que
muchas veces se construye una organización en función de un propósito muy
específico, obtenido y logrado ese propósito desaparece esa organización y
se vuelven a organizar cuando tienen otro problema, otra situación frente a
la cual volver a levantar otra organización.
No hay conexión entre las distintas organizaciones, no
tenemos referentes nacionales que representen organizaciones de la sociedad
civil. La Central Única de Trabajadores que fue en el pasado una
representación muy fuerte de los trabajadores, muy potente, con mucha
incidencia en la vida pública y política, hoy es bastante marginal y
fundamentalmente se mantiene porque las asociaciones de funcionarios, de
empleados del Estado participan en ellas (son los profesores, los
funcionarios públicos, los trabajadores de la salud), esos son los que
logran que todavía la Central Única de Trabajadores tenga una cierta
representación. Pero lo que es el mundo del trabajo de la empresa privada,
de los sectores agrarios, no tienen prácticamente una representación en la
Central Única.
Lo mismo pasa con los estudiantes que en el pasado fueron
organizaciones muy fuertes. Hoy incluso, por primera vez, la Federación de
Estudiantes de la Universidad de Chile fue ganada por la derecha, y sus
reivindicaciones son corporativas, no son reivindicaciones ciudadanas,
políticas, de país.
Entonces, tenemos una sociedad que si bien participa cuando
es convocada, es una sociedad que hoy no tiene una coordinación, una
relación entre organizaciones y sectores afines. Son organizaciones,
también, en su mayoría, bastante desideologizadas, o sea, son organizaciones
que responden fundamentalmente a necesidades de los barrios, culturales, de
minorías, etc. O sea, no son organizaciones que están dentro de una
perspectiva ideológica, desde un proyecto político.
En relación al Estado y sus vínculos del gobierno con la
ciudadanía, podemos decir que aquí ha ocurrido un proceso bastante
interesante también para mirarlo. Es que en una primera fase del gobierno de
la Concertación, cuando estaban todas estas preocupaciones por no generar
conflicto al interior de la sociedad que repercutieran por cierto en la
posibilidad que los militares de nuevo pudieran dar algún golpe, se llamó a
la ciudadanía, a mantener la calma, a no generar conflicto, a apaciguar, su
expectativa y decir: bueno, aquí hay un gobierno, este gobierno va a
responder por sus exigencias, por sus demandas, por sus expectativas y vamos
a tratar de hacerlo bien; y para eso convocó, al gobierno, a los mejores
cuadros técnicos que habían en la sociedad civil.
Ya van catorce años y han procesado un conocimiento del
Estado en términos técnicos, de su funcionamiento que hace bastante difícil
sus recambios, y por lo tanto no sólo se han burocratizado, en el buen
término, sino que se ha generado una tecnocracia al interior del Estado
desvinculada de la sociedad. Es muy difícil establecer un diálogo con los
técnicos del gobierno, ya no sólo en términos de ideas sino en términos
físicos. Es muy difícil que concurran cuando uno los invita a conversar, a
dialogar sobre sus temas, y cuando lo hacen aparecen, dicen lo que tienen
que decir y se van, y no escuchan, lo que la gente quiere preguntarles o
comentarles. Entonces, es una tecnocracia un poquito arrogante, que se
siente muy sabedora de lo que hace, pero es una tecnocracia que ha ido
perdiendo la sensibilidad de lo que pasa en la sociedad, y eso tiene un
peligro muy fuerte.
Es cierto también que el gobierno ha tenido que cumplir un
doble rol en relación a la sociedad: frente a una ausencia de partidos
políticos que intermedien la relación entre sociedad y Estado, el gobierno
ha tenido que cumplir las dos cosas, o sea, ha tenido que ser un gestor del
Estado, tiene que hacer funcionar el Estado, y tiene que ver cómo establece
las relaciones con la sociedad. Entonces, ha creado una serie de canales
formales de participación, de conexión con la sociedad; pero como son muy
formales, como son muy estructurados, como son muy burocratizados, lo que
llega también es una opinión de la sociedad civil, una demanda de la
sociedad de la misma forma, o sea, muy recortada, muy fragmentada y que no
da cuenta entonces de, efectivamente cuál es la expresión ciudadana hoy.
Entonces el peligro, para terminar, que nosotros vemos es
que si bien ha habido, catorce, quince años de Concertación que han logrado
estabilizar de alguna manera la democracia, darle gobernabilidad al país,
lograr crecimiento económico, paz social, etc., hoy es un gobierno y un
sistema político de representación política desde la Concertación bastante
impopular, bastante alejado de los cambios que ocurren y de las
sensibilidades que hay a nivel de la sociedad, y se nos ha metido con mucha
fuerza el populismo, el neopopulismo de la derecha que logra penetrar
sectores populares y tener representación en sectores populares donde nunca
antes los tuvo. Y así como en el año 2000 casi perdimos la elección con
Lagos —hemos ganado recién en una segunda vuelta— se ha mantenido una
adhesión en las encuestas muy fuerte. Y el próximo año que hay elecciones
presidenciales no sabemos cuál va a ser el resultado. Lo interesante para la
Concertación es que uno de los cambios más importantes es que es posible que
el candidato de la Concertación sea una mujer. Eso desde el punto de vista
cultural en el país es un tremendo cambio, una tremenda novedad y que se
esté logrando aceptar que una mujer puede ser presidenta en Chile significa
que por lo menos en estos quince años algo ha pasado de positivo y la
sociedad no está tan pérdida a pesar de todo, frente al futuro.