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 Importancia, alcance y limitaciones de las mediciones de la democracia

Por Joan Oriol Prats    

Parte 1 /2

Introducción

Conocer el nivel de democracia que existe en un país resulta cada vez más importante para la eficacia de la cooperación y la ayuda al desarrollo. Las deudas y el dinero concedidos a regímenes poco democráticos y autoritarios la mayoría de las veces únicamente favorecen a las elites establecidas y suponen una carga para las generaciones presentes y futuras del país, condenadas a sufrir violaciones de sus derechos políticos y sociales y a pagar las deudas contraídas por sus gobernantes para enriquecerse.

En la actualidad el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se preguntan más bien poco por la calidad de las democracia a la hora de establecer sus programas de préstamo o ayuda.  Por ejemplo, el Banco Mundial distribuyó más de 18 mil millones de dólares en ayuda al desarrollo durante el 2003 sin importarle si los gobiernos que gestionan el dinero respondían ante sus ciudadanos democráticamente o estaban controlados por dictadores tiránicos.  De esta forma acabó tratando y concediendo préstamos a más de 10 dictaduras. Y esto a pesar de que los estudios realizados por sus propios analistas e investigadores muestran la importancia de la democracia para la prestación de servicios y la eficacia de la ayuda. 

¿Por qué ha prestado dinero entonces el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a dictadores como Mobutu Sese Seko o Jean-Claude Duvalier? Gran parte de la respuesta se halla en la doctrina que impera en muchos organismos internacionales y que desliga los problemas de pobreza e inversión del respeto a los derechos políticos y sociales básicos. No obstante, tal y como denuncian muchos organismos no gubernamentales y las propias Naciones Unidas, la no injerencia en los aspectos políticos conlleva serios peligros en cuento a la eficacia de la ayuda y los préstamos de las instituciones financieras internacionales. 

Otro problema añadido es que resulta muy complicado establecer criterios objetivos de democratización a partir de los cuales condicionar las ayudas sin discrecionalidad.  No obstante, si bien los indicadores y las estadísticas sobre cuestiones socioeconómicas han avanzado mucho durante el último siglo, los índices y estadísticas sobre cuestiones políticas se encuentran mucho más desatendidos. Resulta enormemente más fácil encontrar estadísticas e indicadores sobre crecimiento, inversión y gasto en educación o salud, que sobre la ideología de los gobernantes, el número efectivo de partidos políticos, las coaliciones de gobierno que han existido o la calidad de la democracia. 

En los últimos años la ciencia política se ha hecho eco del problema y ha avanzado en la construcción de indicadores y series temporales sobre la democracia. A raíz de estos nuevos indicadores se han realizado un gran número de estudios estadísticos para analizar los determinantes y los efectos de la democracia. No obstante su alcance se ha visto restringido sobre todo al ámbito académico y su aplicación al ámbito de la cooperación ha sido muy limitado. A continuación se realiza un breve balance sobre los avances asociados a la construcción de indicadores de democracia y los principales escollos que enfrentan actualmente. Estos últimos provienen sobre todo de la necesidad y dificultad para tener en cuenta las instituciones informales que operan en cada país.

Alcance de los indicadores de democracia

El estudio de la democracia resulta de especial importancia para el bienestar y el desarrollo. A través de las instituciones democráticas se proveen bienes públicos básicos, se produce la redistribución y se corrigen los fallos del mercado. La importancia de la democracia también se ha recalcado  por su impacto positivo sobre el crecimiento, la inversión, el respeto a los derechos humanos, el acceso a los servicios básicos, y otros elementos básicos del desarrollo. No obstante, hasta hace relativamente poco tiempo todas la teoría de la democracia carecía de fundamentos empíricos fuera de los estudios de caso o la política comparada.

Los indicadores de democracia han sido desarrollados principalmente por fundaciones privadas y universidades. Un ejemplo de los primeras es Freedom House, que a partir de encuestas a paneles de expertos ha elaborado indicadores de democracia para más de 190 países desde 1972. Las dimensiones que tiene en cuenta este indicador son los niveles de derechos políticos y de libertades civiles. También desde el ámbito académico se han impulsado iniciativas que, como la liderada por Ted Robert Gur en la Universidad de Maryland ha elaborado indicadores de democracia también basados en la opinión de expertos y que cubren desde el siglo XIX a la actualidad.

Otros esfuerzos se han centrado en indicadores objetivos no basados en percepciones. Este es el caso del número efectivo de partidos o el grado de proporcionalidad del sistema electoral. Entre este tipo de trabajos se encuentran  el del equipo del Instituto del Banco Mundial liderado por Thorsten Beck, que ha recopilado datos para más de 100 países del mundo desde 1960 hasta finales del siglo considerando más de 50 variables políticas. También en esta línea se ha avanzado en cuanto a la elaboración de indicadores más específicos para un conjunto amplio de países y años, como demuestran el indicador de 'frenos y contrapesos' de Witold Henisz o el de Particularismo elaborado a partir de características específicas del sistema electoral por el equipo del Banco Interamericano de Desarrollo.

Sin entrar en detalle en la elaboración de estos indicadores, es importante resaltar que gracias a los mismos se han podido validar muchas de las hipótesis concernientes a los determinantes y efectos de la democracia. De esta manera, los indicadores de democracia han permitido validar la influencia que el nivel de crecimiento económico, de desigualdad y las dotaciones de recursos naturales juegan en la democratización de los países. Así, se ha mostrado empíricamente como el crecimiento económico estimula la democratización  a través de mayores aspiraciones civiles y políticas de la población. También hay diversos estudios que muestran que mayores niveles de desigualdad y una elevada dependencia de recursos naturales como el petróleo bloquean la democratización puesto que los dirigentes no están dispuestos a abrir la participación y perder sus rentas.

Limitaciones de los indicadores de democracia

Los indicadores de democracia han permitido contrastar varias hipótesis que durante mucho tiempo han sido motivo de disputa entre académicos. No obstante, cada vez resultan más evidentes sus limitaciones para otras aplicaciones más concretas, como podrían ser el establecimiento de condicionantes democráticos en los préstamos de cooperación al desarrollo o la evaluación de los avances democráticos una vez establecidas las instituciones democráticas formales básicas. La falta de indicadores y metodologías más fiables sobre la calidad de las democracias impone limitaciones a la aplicación de los valores democráticos en la práctica del desarrollo. Estas limitaciones provienen principalmente del marco conceptual subyacente y de las dificultades para tener presente aquellos elementos informales de las instituciones democráticas.

La mayoría de los indicadores sobre el nivel de la democracia se inspiran en el marco conceptual propuesto por Robert Dahl. Este autor contempla dos dimensiones básicas de la democracia: (a) la participación a través del ejercicio efectivo de los derechos políticos, y (b) el debate público sobre las alternativas planteadas por los partidos en competencia. Si bien esta forma de entender la democracia permite diferenciar entre la función que cumplen los derechos políticos y la de los derechos sociales, no permite entender la democracia como un proceso sino que proporciona una visión estática que no tiene presente el punto de partida. Así por ejemplo, pueden realizarse grandes esfuerzos democratizadores en países como Colombia, Paraguay  o Bolivia pero se sigue puntuando igual en los ranking de inspiración Dhaliana.

Conviene tener presente que los indicadores de democracia muchas veces atienden únicamente a de unas condiciones mínimas de democracia, preocupándose más bien poco por su calidad en términos de transparencia, corrupción, garantía de los derechos de propiedad u otras dimensiones básicas de la institucionalidad democrática. Al mismo tiempo, los indicadores de democracia  bajo este marco conceptual enfatizan sobre todo lo electoral; es decir, la celebración regular de elecciones limpias y competitivas. Esta definición minimalista que recoge Dhal se remonta a Schumpeter y predomina en muchas círculos académicos y del ámbito de la cooperación. Esta concepción desatiende las asimetrías de información, la exclusión social, y la presencia de mecanismos informales que dificultan la relación entre ciudadanos y políticos y por tanto capacidad del sistema político para dar respuesta a las demandas ciudadanas.

En el último informe del Plan de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) titulado 'La democracia en América Latina', se elabora un Índice de Democracia Electoral (IDE) que deja patentes las limitaciones de este enfoque. El indicador muestra que en América Latina se ha logrado casi el máximo nivel de democracia electoral posible y que países como Bolivia, Brasil y Honduras tienen niveles de democracia electoral superiores a Colombia, Chile o México. Estas conclusiones resultan difíciles de entender y desde luego no permiten hablar de calidad de la democracia. Como su nombre indica, el  IDE contempla únicamente la dimensión electoral, lo que limita el análisis de la democracia en exceso restringiéndolo al cumplimiento de una serie de requisitos formales como son la existencia de sufragio universal, elecciones limpias y libres, y cargos públicos electos.

La ventaja de este índice radica en que sus componentes son observables; es decir, en última instancia responden a un hecho concreto. Así, el nivel más bajo obtenido por Chile tendría su explicación en el hecho de que una parte de su cámara alta está formada aún por senadores con título vitalicio. Como los propios autores indican, hay que tener en cuenta que el IDE no presupone un techo máximo a partir del cual no resulte posible mejorar y que tiene serias limitaciones para realizar ordenar países de más a menos democráticos.

Así pues, pese a los esfuerzos realizados todavía se carece de indicadores que proporcionen una visión más integral y realista del funcionamiento de la democracia en un país. Para ello es necesario que indicadores como el de democracia electoral se complementen con otros que tengan en cuenta otras dimensiones importantes como son los niveles de transparencia, corrupción, o clientelismo. Estos elementos subvierten los indicadores de la democracia formal impidiendo las comparaciones rigurosas. No obstante, existen serias limitaciones metodológicas para tener en cuenta estos factores en el funcionamiento de la democracia.

La primera limitación proviene de la subjetividad. Los derechos políticos, las libertades civiles, y otras dimensiones de la calidad de la democracia como la corrupción, la transparencia, o la estabilidad de los derechos de propiedad suelen medirse vía percepciones o juicios de expertos en la materia. Esto genera dificultades para ordenar los países según la calidad de sus democracias debido a los sesgos que surgen fruto de las preconcepciones que, por ejemplo, pueden considerar 'normales' ciertos comportamientos dada la situación o, en el caso de los expertos internacionales, introducir sesgos coyunturales o fruto de una concepción general del país.

Una segunda limitación se encuentra en que las series temporales disponibles para los indicadores institucionales que complementan los de democracia son demasiado cortas. En el mejor de los casos los datos disponibles son a partir de mediados del los 90. Esto introduce serias dificultades para testar hipótesis sobre su influencia en el desarrollo de los países, puesto que se carece de indicadores que confirmen los efectos positivos que el cambio estructural derivado de una mejor democracia causa sobre el desarrollo.

Sin embargo, quizás las limitaciones más importantes provienen de las instituciones informales específicas en cada país. La cuestión de la informalidad se ha ido mostrando cada vez más como un elemento clave para explicar el desarrollo en los países. En cada lugar del mundo existen pautas de interacción entre las personas y los grupos que responden a  condicionantes históricos, geográficos y socioeconómicos específicos de cada país. Estas pautas de interacción  se escapan de las formalidad establecida en la Constitución y otras leyes, aunque no necesariamente afectan negativamente su eficacia y muchas veces pueden complementarse e incluso reforzarse. 


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