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Parte
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La diplomacia ciudadana: ambigüedades conceptuales y
prácticas efectivas
Teniendo
en consideración estos rasgos distintivos, planteados de una manera muy
general y que admiten muchas excepciones y matices, se abren una serie de
interrogantes sobre la posibilidad de desarrollo de una diplomacia ciudadana
efectiva en la región.
Diplomacia ciudadana es un concepto muy nuevo que
intenta caracterizar la acción ciudadana en el ámbito internacional,
orientado a promover agendas vinculadas a los bienes públicos globales y a
superar el déficit democrático existente en el ámbito de las decisiones
internacionales, particularmente en los organismos y regímenes
internacionales. Como tal, evidentemente, no se disocia del desarrollo de
una sociedad civil global en las últimas décadas, ni de una versión
activista de la misma, siguiendo los planteamientos de Mary Kaldor.
En este sentido, esta vinculado a eclosión de la sociedad
civil global, en función de una diferencia sustancial con las concepciones
de sociedad civil asociadas con el desarrollo de los estados y de los
sistemas democráticos a nivel nacional, en tanto no existe un estado global
que permita una interlocución o el establecimiento de un contrato social con
una institucionalidad unívoca. La interlocución de esta sociedad civil
global se produce con diversos actores gubernamentales, intergubernamentales
y del mercado en el marco del llamado multilateralismo complejo y del
proceso de construcción de una gobernanza global. Desde esta perspectiva, la
sociedad civil global emerge como el factor de democratización de la
globalización a través de la promoción de la gobernanza global, del
desarrollo del derecho internacional y de una incidencia activa en torno a
bienes públicos globales en el ámbito de los foros y organismos
multilaterales. En un contexto global caracterizado por la ausencia de una
democracia y de un gobierno global, las OSC asumen, a través de su
incidencia y acción, un rol más asociado con la defensa y promoción de
postulados éticos y morales que una representatividad a través de mecanismos
electorales.
De allí, la visión de una acción multilateral que implica
interlocución y relación con diversos actores en un marco muy complejo. Esta
situación que caracteriza la emergencia de la sociedad civil global es
también aplicable a la emergente sociedad civil regional, en un contexto
dónde predominan las características antes citadas de las culturas políticas
locales y una significativa falta de madurez de la estructuras
institucionalizadas para la participación ciudadana, tanto en la mayoría de
las democracias latinoamericanas y del Caribe, como en el ámbito de los
organismos regionales.
Desde un punto de vista conceptual, existen confusiones
entre la concepción de una double track diplomacy, tal como ha sido
acuñada en los medios académicos y decisionales del Norte, más orientada a
complementar la diplomacia tradicional en la mediación en conflictos y en la
situaciones de post-conflicto, que asigna a las OSC un rol complementario a
las de los actores estatales o intergubernamentales intervinientes, y la
diplomacia ciudadana concebida en términos de una agenda propia de las
OSC locales o regionales, en base a un rol distintivo propio. Ambas pueden
tener un carácter de diplomacia preventiva, pero asignan funciones
sustancialmente distintas a las OSC.
Second track diplomacy es concebida, en este contexto,
como "informal interaction between members of adversary groups or nations
that aim to develop strategies, influence public opinion and organize human
and material resources in ways that might help resolve their conflict"8
. En este sentido, la second track diplomacy está focalizada en
conflictos específicos y en complementar el proceso oficial de su resolución
a través de los canales de la diplomacia tradicional de los gobiernos. Como
derivación de esta concepción, en el mismo contexto y tradición conceptual,
la diplomacia ciudadana o citizens´ diplomacy es concebida en
términos de los contactos y actividades no-gubernamentales de ciudadanos o
grupos de individuos que buscan mejorar las relaciones entre partes en
conflicto, y apuntan a movilizar apoyo para una resolución pacífica del
mismo9 .
La focalización de la second track diplomacy o
citizens` diplomacy en la resolución de conflictos está aún más
claramente explicitada en la conceptualización de Davies y Kaufman:
"La diplomacia ciudadana o de "segunda pista" podría ser
definida, de manera amplia, como el juntar -sin ningún status de
representación oficial- a profesionales, líderes de opinión pública u otros
individuos influyentes sobre comunidades en conflicto, para que trabajen
juntos en una mejor comprensión de las dinámicas subyacentes al conflicto y
acerca del modo en que podría transformarse de una situación violenta (o de
potencial violencia) en un proceso cooperativo para promover la construcción
de paz y el desarrollo sustentable"
10
En este sentido, complementa la first track diplomacy
tradicional de estados y gobiernos, involucra la participación de la
sociedad civil y contribuye a la evolución y maduración de una cultura
política democrática.
La diplomacia ciudadana tal como la concebimos en FDC puede
incluir acciones vinculadas a la double track diplomacy , en relación
a la resolución de conflictos, pero no se limita a ellas y va más allá, en
el marco de un rol protagónico de la sociedad civil regional y de una acción
sostenida ante los organismos intergubernamentales y ante los gobiernos, que
apunta a promover una agenda propositiva que exprese de una manera más cabal
las expectativas, demandas y aspiraciones de una ciudadanía regional (o del
entramado de redes y OSC que la configuran), a través de una compleja red de
mecanismos de consulta, de formulación de posiciones y de definición de
estrategias, iniciativas y acciones, especialmente en los ámbitos y foros
multilaterales .
En este sentido, es necesario tener en cuenta que la
articulación de una agenda propositiva entre redes con intereses específicos
y sectoriales muy diversos no es fácil y generalmente recurre, a partir de
una concepción deliberativa, a las coincidencias de orden ético que
distinguen las agendas y mandatos de la mayoría de las OSC sectoriales, en
el marco de la globalización de los derechos humanos y de la ética que ha
dado lugar a la emergencia y al desarrollo de una sociedad civil global
11.
Por otra parte, es necesario tener en cuenta que la
diplomacia ciudadana en la concepción del FDC, no sólo se concentra en la
prevención o resolución de conflictos, ya que los temas de exclusión social,
pobreza e inequidad, distintivos de nuestra región, son puntos focales de su
agenda, en función de una convergencia sobre el marco general de los
condicionantes estructurales que hacen tanto a las desigualdades sociales y
étnicas, como a la emergencia de conflictos violentos que pueden llevar a la
eclosión de conflictos armados y de violencia en la región.
En función de una agenda amplia de temas de relevancia
regional, esta concepción de la diplomacia ciudadana implica el desarrollo
de una visión y de estrategias de incidencia no limitadas a lo coyuntural,
como en la mayoría de las acciones predominantemente reactivas de los
gobiernos, sino una visión y una estrategia a largo plazo, que requiere de
una complementación entre las OSC y las comunidades de expertos y de
académicos que abordan diversos temas de su agenda, y de una interlocución
permanente con los ámbitos políticos de decisión. Esta recomendación se
enfrenta, particularmente en el caso de los temas de seguridad y paz
regional, con una serie de dificultades adicionales, en tanto el
conocimiento generado por estas comunidades epistémicas está frecuentemente
determinado por las agendas gubernamentales e intergubernamentales, y por el
hecho de que muchas OSC no incluyen esta temática entre sus prioridades.
El Foro de Diplomacia Ciudadana reunido en México en febrero
del 2002, definió, en este sentido, de una manera muy precisa este concepto
en una perspectiva regional como "el conjunto de esfuerzos, tanto de
cabildeo como de negociación como de denuncia y de movilización, dirigidos a
incidir en ciertas instancias de gobierno y en los organismos
multilaterales" por parte de las organizaciones de la sociedad civil, en
función de un esfuerzo por democratizar las relaciones internacionales y los
foros multilaterales 12.
En este marco es de señalar no sólo la reticencia de los
gobiernos, que consideran en su mayoría que la participación ciudadana se
limita básicamente al acto electoral y que no han contribuido, fuera de
algunas experiencias focales a nivel local, a la institucionalización de
mecanismos de participación y responsabilidad ciudadana más amplios, sino
también la reticencia (aunque menor en algunos casos o meramente) para
institucionalizar la participación ciudadana en los organismos regionales o
internacionales.
Si bien son de señalar los cambios recientes en algunos
ámbitos multilaterales a nivel regional como las Cumbres de las Américas y
la Organización de Estados Americanos, dónde se ha ido ampliando el diálogo
entre los gobiernos y la sociedad civil en torno a algunos temas relevantes
(iniciado básicamente en relación a los derechos humanos y a los temas
medioambientales y que ha incluido recientemente los temas de prevención de
conflictos, seguridad regional y construcción de la paz), en la mayoría de
los mecanismos subregionales, como el MERCOSUR, la Comunidad Andina de
Naciones (CAN), el Sistema de Integración Centroamericano, la CARICOM o la
Asociación de Estados del Caribe (AEC), estos cambios son muy incipientes,
lo que se refleja muy claramente en la ausencia de mecanismos efectivos de
diálogo y/o participación13. Baste mencionar, por otra parte, que en el
marco del Grupo de Río o de las Cumbres Sudamericanas los mecanismos de
participación de o de diálogo con la sociedad civil son totalmente
inexistentes.
Asimismo es de señalar, la reticencia de los actores
políticos tradicionales (partidos políticos en especial) a aceptar un rol
para la sociedad civil y la participación ciudadana, frecuentemente asociada
a una dificultad de comprensión de la creciente complejidad política y
social de las dinámicas democráticas contemporáneas, de los nuevos retos que
impone en términos de representatividad, legitimidad y participación
política, y de la desconfianza que generan organizaciones calificadas como
poco representativas por estos actores.
Notas
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