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 Diplomacia ciudadana, sociedad civil y prevención de conflictos en América Latina y el Caribe

Por Andrés Serbin   

Parte 3 /4

La diplomacia ciudadana: ambigüedades conceptuales y prácticas efectivas

Teniendo en consideración estos rasgos distintivos, planteados de una manera muy general y que admiten muchas excepciones y matices, se abren una serie de interrogantes sobre la posibilidad de desarrollo de una diplomacia ciudadana efectiva en la región.

Diplomacia ciudadana es un concepto muy nuevo que intenta caracterizar la acción ciudadana en el ámbito internacional, orientado a promover agendas vinculadas a los bienes públicos globales y a superar el déficit democrático existente en el ámbito de las decisiones internacionales, particularmente en los organismos y regímenes internacionales. Como tal, evidentemente, no se disocia del desarrollo de una sociedad civil global en las últimas décadas, ni de una versión activista de la misma, siguiendo los planteamientos de Mary Kaldor.

En este sentido, esta vinculado a eclosión de la sociedad civil global, en función de una diferencia sustancial con las concepciones de sociedad civil asociadas con el desarrollo de los estados y de los sistemas democráticos a nivel nacional, en tanto no existe un estado global que permita una interlocución o el establecimiento de un contrato social con una institucionalidad unívoca. La interlocución de esta sociedad civil global se produce con diversos actores gubernamentales, intergubernamentales y del mercado en el marco del llamado multilateralismo complejo y del proceso de construcción de una gobernanza global. Desde esta perspectiva, la sociedad civil global emerge como el factor de democratización de la globalización a través de la promoción de la gobernanza global, del desarrollo del derecho internacional y de una incidencia activa en torno a bienes públicos globales en el ámbito de los foros y organismos multilaterales. En un contexto global caracterizado por la ausencia de una democracia y de un gobierno global, las OSC asumen, a través de su incidencia y acción, un rol más asociado con la defensa y promoción de postulados éticos y morales que una representatividad a través de mecanismos electorales.

De allí, la visión de una acción multilateral que implica interlocución y relación con diversos actores en un marco muy complejo. Esta situación que caracteriza la emergencia de la sociedad civil global es también aplicable a la emergente sociedad civil regional, en un contexto dónde predominan las características antes citadas de las culturas políticas locales y una significativa falta de madurez de la estructuras institucionalizadas para la participación ciudadana, tanto en la mayoría de las democracias latinoamericanas y del Caribe, como en el ámbito de los organismos regionales.

Desde un punto de vista conceptual, existen confusiones entre la concepción de una double track diplomacy, tal como ha sido acuñada en los medios académicos y decisionales del Norte, más orientada a complementar la diplomacia tradicional en la mediación en conflictos y en la situaciones de post-conflicto, que asigna a las OSC un rol complementario a las de los actores estatales o intergubernamentales intervinientes, y la diplomacia ciudadana concebida en términos de una agenda propia de las OSC locales o regionales, en base a un rol distintivo propio. Ambas pueden tener un carácter de diplomacia preventiva, pero asignan funciones sustancialmente distintas a las OSC.

Second track diplomacy es concebida, en este contexto, como "informal interaction between members of adversary groups or nations that aim to develop strategies, influence public opinion and organize human and material resources in ways that might help resolve their conflict"8 . En este sentido, la second track diplomacy está focalizada en conflictos específicos y en complementar el proceso oficial de su resolución a través de los canales de la diplomacia tradicional de los gobiernos. Como derivación de esta concepción, en el mismo contexto y tradición conceptual, la diplomacia ciudadana o citizens´ diplomacy es concebida en términos de los contactos y actividades no-gubernamentales de ciudadanos o grupos de individuos que buscan mejorar las relaciones entre partes en conflicto, y apuntan a movilizar apoyo para una resolución pacífica del mismo9 .

La focalización de la second track diplomacy o citizens` diplomacy en la resolución de conflictos está aún más claramente explicitada en la conceptualización de Davies y Kaufman:

"La diplomacia ciudadana o de "segunda pista" podría ser definida, de manera amplia, como el juntar -sin ningún status de representación oficial- a profesionales, líderes de opinión pública u otros individuos influyentes sobre comunidades en conflicto, para que trabajen juntos en una mejor comprensión de las dinámicas subyacentes al conflicto y acerca del modo en que podría transformarse de una situación violenta (o de potencial violencia) en un proceso cooperativo para promover la construcción de paz y el desarrollo sustentable" 10

En este sentido, complementa la first track diplomacy tradicional de estados y gobiernos, involucra la participación de la sociedad civil y contribuye a la evolución y maduración de una cultura política democrática.

La diplomacia ciudadana tal como la concebimos en FDC puede incluir acciones vinculadas a la double track diplomacy , en relación a la resolución de conflictos, pero no se limita a ellas y va más allá, en el marco de un rol protagónico de la sociedad civil regional y de una acción sostenida ante los organismos intergubernamentales y ante los gobiernos, que apunta a promover una agenda propositiva que exprese de una manera más cabal las expectativas, demandas y aspiraciones de una ciudadanía regional (o del entramado de redes y OSC que la configuran), a través de una compleja red de mecanismos de consulta, de formulación de posiciones y de definición de estrategias, iniciativas y acciones, especialmente en los ámbitos y foros multilaterales .

En este sentido, es necesario tener en cuenta que la articulación de una agenda propositiva entre redes con intereses específicos y sectoriales muy diversos no es fácil y generalmente recurre, a partir de una concepción deliberativa, a las coincidencias de orden ético que distinguen las agendas y mandatos de la mayoría de las OSC sectoriales, en el marco de la globalización de los derechos humanos y de la ética que ha dado lugar a la emergencia y al desarrollo de una sociedad civil global 11.

Por otra parte, es necesario tener en cuenta que la diplomacia ciudadana en la concepción del FDC, no sólo se concentra en la prevención o resolución de conflictos, ya que los temas de exclusión social, pobreza e inequidad, distintivos de nuestra región, son puntos focales de su agenda, en función de una convergencia sobre el marco general de los condicionantes estructurales que hacen tanto a las desigualdades sociales y étnicas, como a la emergencia de conflictos violentos que pueden llevar a la eclosión de conflictos armados y de violencia en la región.

En función de una agenda amplia de temas de relevancia regional, esta concepción de la diplomacia ciudadana implica el desarrollo de una visión y de estrategias de incidencia no limitadas a lo coyuntural, como en la mayoría de las acciones predominantemente reactivas de los gobiernos, sino una visión y una estrategia a largo plazo, que requiere de una complementación entre las OSC y las comunidades de expertos y de académicos que abordan diversos temas de su agenda, y de una interlocución permanente con los ámbitos políticos de decisión. Esta recomendación se enfrenta, particularmente en el caso de los temas de seguridad y paz regional, con una serie de dificultades adicionales, en tanto el conocimiento generado por estas comunidades epistémicas está frecuentemente determinado por las agendas gubernamentales e intergubernamentales, y por el hecho de que muchas OSC no incluyen esta temática entre sus prioridades.

El Foro de Diplomacia Ciudadana reunido en México en febrero del 2002, definió, en este sentido, de una manera muy precisa este concepto en una perspectiva regional como "el conjunto de esfuerzos, tanto de cabildeo como de negociación como de denuncia y de movilización, dirigidos a incidir en ciertas instancias de gobierno y en los organismos multilaterales" por parte de las organizaciones de la sociedad civil, en función de un esfuerzo por democratizar las relaciones internacionales y los foros multilaterales 12.

En este marco es de señalar no sólo la reticencia de los gobiernos, que consideran en su mayoría que la participación ciudadana se limita básicamente al acto electoral y que no han contribuido, fuera de algunas experiencias focales a nivel local, a la institucionalización de mecanismos de participación y responsabilidad ciudadana más amplios, sino también la reticencia (aunque menor en algunos casos o meramente) para institucionalizar la participación ciudadana en los organismos regionales o internacionales.

Si bien son de señalar los cambios recientes en algunos ámbitos multilaterales a nivel regional como las Cumbres de las Américas y la Organización de Estados Americanos, dónde se ha ido ampliando el diálogo entre los gobiernos y la sociedad civil en torno a algunos temas relevantes (iniciado básicamente en relación a los derechos humanos y a los temas medioambientales y que ha incluido recientemente los temas de prevención de conflictos, seguridad regional y construcción de la paz), en la mayoría de los mecanismos subregionales, como el MERCOSUR, la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el Sistema de Integración Centroamericano, la CARICOM o la Asociación de Estados del Caribe (AEC), estos cambios son muy incipientes, lo que se refleja muy claramente en la ausencia de mecanismos efectivos de diálogo y/o participación13. Baste mencionar, por otra parte, que en el marco del Grupo de Río o de las Cumbres Sudamericanas los mecanismos de participación de o de diálogo con la sociedad civil son totalmente inexistentes.

Asimismo es de señalar, la reticencia de los actores políticos tradicionales (partidos políticos en especial) a aceptar un rol para la sociedad civil y la participación ciudadana, frecuentemente asociada a una dificultad de comprensión de la creciente complejidad política y social de las dinámicas democráticas contemporáneas, de los nuevos retos que impone en términos de representatividad, legitimidad y participación política, y de la desconfianza que generan organizaciones calificadas como poco representativas por estos actores.


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