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Regionalidad y diplomacia ciudadana
Sin embargo, de la misma manera que la construcción de una
ciudadanía activa esta en proceso en los ámbitos nacionales, con mayores
avances en los ámbitos locales y municipales, hay un proceso de construcción
de la ciudadanía regional, a pesar de estas reticencias y dificultades.
A la construcción de una ciudadanía regional activa
contribuyen tanto los procesos nacionales como el desarrollo de una sociedad
civil global.
No obstante, en términos de la actividad regional de una
diplomacia ciudadana ésta tiene menos glamour mediático que las acciones
locales o en el ámbito global y requiere de un trabajo más sostenido y
continuo (en un marco de cambios y transformaciones de gran aceleración) de
construcción de la ciudadanía.
A la vez, es parte fundamental de la construcción de la
regionalidad como complemento y contrapeso a la globalización, ya
que la integración regional no puede ser concebida sólo en términos de
decisiones políticas asociadas con acuerdos comerciales o la coordinación de
políticas industriales o macroeconómicas y requiere asimismo, para su
cristalización, de una activa participación de la ciudadanía. De hecho, la
construcción de un nuevo imaginario social acerca de la construcción de la
regionalidad, no sólo requiere del alejamiento de los tradicionales
enfoques estado céntricos en el tratamiento del regionalismo y la
integración regional, sino también, y de una manera especial, la necesidad
de que las regiones se construyen en base a una ciudadanía activa que recrea
tanto nuevas formas de identidad como nuevas modalidades de participación en
este proceso. La construcción social de una regionalidad por parte de
una ciudadanía activa constituye, a su vez, en la visión de numerosos
analistas del llamado nuevo regionalismo, una condicionante básica para que
la integración regional configure tanto un efectivo contrapeso a la
globalización en su versión neoliberal como un real proceso de construcción
de la integración regional "desde abajo"14
En este marco, una situación reiterativa es que muchas veces
los temas relacionados con los bienes públicos regionales escapan a la
atención de las OSC, más concentradas en reformas domésticas o en
transformaciones globales vinculadas a los bienes públicos globales y a la
potenciación internacional de sus acciones a nivel nacional. En este
sentido, el impacto de la globalización también se manifiesta, a nivel
regional, en que pone acento en los bienes públicos globales y locales en
detrimento de los bienes públicos regionales. En general, desde la
perspectiva de los observadores externos la regionalidad no es una
preocupación (y consecuentemente los donantes, con raras excepciones, no
aportan fondos para el desarrollo de este ámbito) y para los elites
gobernantes, la regionalidad se concibe en los clásicos términos de
la interestatalidad.
De allí la importancia de desarrollar capacidades de
incidencia de las OSC a nivel regional a través de una efectiva diplomacia
ciudadana a nivel regional y hemisférico, y no sólo a nivel global, en tanto
un sinnúmero de temas requieren de un enfoque específicamente regional,
incluyendo, en especial, la prevención de conflictos y la construcción de la
paz regional.
Diplomacia ciudadana, seguridad y prevención de conflictos
en la construcción de la paz regional: algunas propuestas constructivas.
En una sociedad global caracterizada por los flujos
acelerados de información y de conocimiento, se requiere de una sistemática
capacitación en el manejo de los temas regionales e internacionales, en como
afectan su vida cotidiana tanto en el plano económico, como social, político
y medioambiental, y el desarrollo de un conocimiento y una capacidad de
análisis bien informada y actualizada sobre los procesos en curso, su
impacto sobre la calidad de vida de los ciudadanos más allá de los límites
territoriales, las complejas soluciones que pueden proponerse para su
abordaje, y los mecanismos regionales e internacionales que puedan
utilizarse para implementar políticas sostenidas y eficientes para superar
estos problemas.
Para ello, no sólo hace falta impulsar adecuados programas
de capacitación en distintos temas, sino también desarrollar capacidades de
interlocución e incidencia frente a actores complejos, sean estos los
gobiernos, los partidos políticos o, en el caso regional, los organismos
intergubernamentales y los ámbitos multilaterales.
Por otra parte, la capacidad de incidencia no sólo se
incrementa con el desarrollo de un conocimiento y de una capacidad de
análisis sólidos, sino también a través de estrategias efectivas que se
desarrollen en el marco de un conocimiento cabal de los resortes y
mecanismos políticos a nivel local, nacional, regional y global, y a su
articulación.
A su vez, esta capacidad de incidencia no remite sólo a las
iniciativas de redes sectoriales, sino a un esfuerzo de coordinación y
articulación entre redes diversas, en torno a planteamientos éticos y de
transformación convergentes, para lo cual se requiere del desarrollo de
alianzas efectivas entre redes y organizaciones a nivel regional que
potencien su capacidad de incidencia sobre gobiernos y organismos
intergubernamentales.
Por otra parte, no puede soslayarse la necesidad, en la
producción de conocimientos útiles para el desarrollo de estas estrategias y
para la propia maduración de las redes sociales, la necesaria articulación
con comunidades académicas y de expertos. Esto es particularmente importante
en el ámbito de la prevención de conflictos y de construcción de la paz
regional, en tanto en América Latina y el Caribe, tradicionalmente, la
comunidad académica especializada en temas de seguridad interactúa
fundamentalmente con los gobiernos y los organismos intergubernamentales y
sólo en muy limitada medida, con las redes y organizaciones de la sociedad
civil, en una visión estadocéntrica en que predomina el tratamiento de los
temas de seguridad inter-estatal y en cuyo marco las nuevas amenazas a la
seguridad son percibidas fundamentalmente en términos de las políticas y
reacciones de los gobiernos. Asimismo, es de señalar que, en este contexto,
no existe una experiencia acumulada y sistematizada de prevención de
conflictos, aunque si en su resolución y en peace-keeping y peace-building,
inclusive en experiencias internacionales bajo ONU de las fuerzas armadas.
Una adecuada capacitación, junto con una progresiva
consolidación y maduración institucional y una efectiva capacidad de
incidencia de las redes y organizaciones de la sociedad civil ante los
gobiernos y foros intergubernamentales y multilaterales de América Latina y
el Caribe, junto con una interlocución sostenida y autónoma frente a los
actores políticos de la región, constituyen la base para que la diplomacia
ciudadana que se desarrolla progresivamente pueda incidir no sólo sobre una
construcción de una regionalidad latinoamericana y caribeña "desde abajo"
que haga, a través del tratamiento y de la incidencia en diversos temas
públicos regionales, de contrapeso a la globalización neoliberal, sino
también, en el ámbito de la prevención de conflictos y la construcción de la
paz en forma más específica, para que nuestra región continué siendo una de
las más pacíficas del planeta pero, a la vez, pueda devenir en una de las
más democráticas, justas y equitativas.
Notas
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