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 Diplomacia ciudadana, sociedad civil y prevención de conflictos en América Latina y el Caribe

Por Andrés Serbin   

Parte 4 /4

Regionalidad y diplomacia ciudadana

Sin embargo, de la misma manera que la construcción de una ciudadanía activa esta en proceso en los ámbitos nacionales, con mayores avances en los ámbitos locales y municipales, hay un proceso de construcción de la ciudadanía regional, a pesar de estas reticencias y dificultades.

A la construcción de una ciudadanía regional activa contribuyen tanto los procesos nacionales como el desarrollo de una sociedad civil global.

No obstante, en términos de la actividad regional de una diplomacia ciudadana ésta tiene menos glamour mediático que las acciones locales o en el ámbito global y requiere de un trabajo más sostenido y continuo (en un marco de cambios y transformaciones de gran aceleración) de construcción de la ciudadanía.

A la vez, es parte fundamental de la construcción de la regionalidad como complemento y contrapeso a la globalización, ya que la integración regional no puede ser concebida sólo en términos de decisiones políticas asociadas con acuerdos comerciales o la coordinación de políticas industriales o macroeconómicas y requiere asimismo, para su cristalización, de una activa participación de la ciudadanía. De hecho, la construcción de un nuevo imaginario social acerca de la construcción de la regionalidad, no sólo requiere del alejamiento de los tradicionales enfoques estado céntricos en el tratamiento del regionalismo y la integración regional, sino también, y de una manera especial, la necesidad de que las regiones se construyen en base a una ciudadanía activa que recrea tanto nuevas formas de identidad como nuevas modalidades de participación en este proceso. La construcción social de una regionalidad por parte de una ciudadanía activa constituye, a su vez, en la visión de numerosos analistas del llamado nuevo regionalismo, una condicionante básica para que la integración regional configure tanto un efectivo contrapeso a la globalización en su versión neoliberal como un real proceso de construcción de la integración regional "desde abajo"14

En este marco, una situación reiterativa es que muchas veces los temas relacionados con los bienes públicos regionales escapan a la atención de las OSC, más concentradas en reformas domésticas o en transformaciones globales vinculadas a los bienes públicos globales y a la potenciación internacional de sus acciones a nivel nacional. En este sentido, el impacto de la globalización también se manifiesta, a nivel regional, en que pone acento en los bienes públicos globales y locales en detrimento de los bienes públicos regionales. En general, desde la perspectiva de los observadores externos la regionalidad no es una preocupación (y consecuentemente los donantes, con raras excepciones, no aportan fondos para el desarrollo de este ámbito) y para los elites gobernantes, la regionalidad se concibe en los clásicos términos de la interestatalidad.

De allí la importancia de desarrollar capacidades de incidencia de las OSC a nivel regional a través de una efectiva diplomacia ciudadana a nivel regional y hemisférico, y no sólo a nivel global, en tanto un sinnúmero de temas requieren de un enfoque específicamente regional, incluyendo, en especial, la prevención de conflictos y la construcción de la paz regional.

Diplomacia ciudadana, seguridad y prevención de conflictos en la construcción de la paz regional: algunas propuestas constructivas.

En una sociedad global caracterizada por los flujos acelerados de información y de conocimiento, se requiere de una sistemática capacitación en el manejo de los temas regionales e internacionales, en como afectan su vida cotidiana tanto en el plano económico, como social, político y medioambiental, y el desarrollo de un conocimiento y una capacidad de análisis bien informada y actualizada sobre los procesos en curso, su impacto sobre la calidad de vida de los ciudadanos más allá de los límites territoriales, las complejas soluciones que pueden proponerse para su abordaje, y los mecanismos regionales e internacionales que puedan utilizarse para implementar políticas sostenidas y eficientes para superar estos problemas.

Para ello, no sólo hace falta impulsar adecuados programas de capacitación en distintos temas, sino también desarrollar capacidades de interlocución e incidencia frente a actores complejos, sean estos los gobiernos, los partidos políticos o, en el caso regional, los organismos intergubernamentales y los ámbitos multilaterales.

Por otra parte, la capacidad de incidencia no sólo se incrementa con el desarrollo de un conocimiento y de una capacidad de análisis sólidos, sino también a través de estrategias efectivas que se desarrollen en el marco de un conocimiento cabal de los resortes y mecanismos políticos a nivel local, nacional, regional y global, y a su articulación.

A su vez, esta capacidad de incidencia no remite sólo a las iniciativas de redes sectoriales, sino a un esfuerzo de coordinación y articulación entre redes diversas, en torno a planteamientos éticos y de transformación convergentes, para lo cual se requiere del desarrollo de alianzas efectivas entre redes y organizaciones a nivel regional que potencien su capacidad de incidencia sobre gobiernos y organismos intergubernamentales.

Por otra parte, no puede soslayarse la necesidad, en la producción de conocimientos útiles para el desarrollo de estas estrategias y para la propia maduración de las redes sociales, la necesaria articulación con comunidades académicas y de expertos. Esto es particularmente importante en el ámbito de la prevención de conflictos y de construcción de la paz regional, en tanto en América Latina y el Caribe, tradicionalmente, la comunidad académica especializada en temas de seguridad interactúa fundamentalmente con los gobiernos y los organismos intergubernamentales y sólo en muy limitada medida, con las redes y organizaciones de la sociedad civil, en una visión estadocéntrica en que predomina el tratamiento de los temas de seguridad inter-estatal y en cuyo marco las nuevas amenazas a la seguridad son percibidas fundamentalmente en términos de las políticas y reacciones de los gobiernos. Asimismo, es de señalar que, en este contexto, no existe una experiencia acumulada y sistematizada de prevención de conflictos, aunque si en su resolución y en peace-keeping y peace-building, inclusive en experiencias internacionales bajo ONU de las fuerzas armadas.

Una adecuada capacitación, junto con una progresiva consolidación y maduración institucional y una efectiva capacidad de incidencia de las redes y organizaciones de la sociedad civil ante los gobiernos y foros intergubernamentales y multilaterales de América Latina y el Caribe, junto con una interlocución sostenida y autónoma frente a los actores políticos de la región, constituyen la base para que la diplomacia ciudadana que se desarrolla progresivamente pueda incidir no sólo sobre una construcción de una regionalidad latinoamericana y caribeña "desde abajo" que haga, a través del tratamiento y de la incidencia en diversos temas públicos regionales, de contrapeso a la globalización neoliberal, sino también, en el ámbito de la prevención de conflictos y la construcción de la paz en forma más específica, para que nuestra región continué siendo una de las más pacíficas del planeta pero, a la vez, pueda devenir en una de las más democráticas, justas y equitativas.


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