La OEA, las Cumbres y la participación de la sociedad civil
La OEA es
sin duda la OM que más ha avanzado en la puesta en marcha de mecanismos de
participación de la sociedad civil. Su hasta hace pocas semanas Secretario
General, César Gaviria, señalaba con acierto: "La presencia de la sociedad
civil en las Asambleas de la OEA y en el Proceso de Cumbres influyó para que
hoy en día la Organización sea una de las instituciones más avanzadas en
cuanto a la participación de la sociedad civil". A la vez, admitía: "[...]
hay cerca de 100 organizaciones de la sociedad civil registradas ante la
Organización que trabajan con nuestros cuerpos políticos, cerca de 250 que
han suscripto acuerdos de cooperación con la Secretaría General y 1.380
colaborando con nuestras áreas técnicas. En este sentido, las organizaciones
de la sociedad civil han provisto a los cuerpos políticos de información en
materias tan diversas como igualdad, equidad, diversidad, no discriminación,
y en materia de derechos humanos, gobernabilidad y desarrollo sostenible"14
. Durante su mandato, se promovieron diferentes instancias de participación
mediante las siguientes resoluciones:
- 1999- el Consejo Permanente aprueba CP/RES. 759 "Directrices para la
Participación de Organizaciones de la Sociedad Civil en las actividades de
la OEA". Las Directrices delimitan el alcance de la participación de las
OSC en las actividades de la OEA, proporcionando parámetros definidos para
dicha participación; otorgan a las OSC acreditadas el derecho a participar
en reuniones de los órganos políticos de la OEA, incluidos el Consejo
Permanente y sus subcomisiones y grupos de trabajo, el Consejo
Interamericano para el Desarrollo Integral (CIDI), y en conferencias de la
OEA; introducen además la política de acreditación, que define los
requisitos que deben cumplir las OSC para disfrutar de reconocimiento
formal ante la OEA 15 .
- 2003- El Consejo Permanente aprueba CP/RES. 840 "Estrategias para
Incrementar y Fortalecer la Participación de la Sociedad Civil en las
actividades de la OEA", en la cual exhorta a la Secretaría General, entre
otros asuntos, a mantener informadas y solicitar opinión de las OSC sobre
proyectos de resoluciones, dar amplia difusión de los mecanismos
existentes de participación en las actividades del organismo, que cuenten
con información sobre las reuniones generales y temáticas y asegurar su
presencia en las asambleas generales; y a los estados miembros a invitar a
las organizaciones a participar activamente en reuniones sobre estos
asuntos y a definir pautas institucionales precisas sobre esta
participación.
- 2004- Aprobación por el Consejo Permanente de la CP/RES.864 que crea
el Fondo Específico para apoyar la participación de la sociedad civil en
las actividades de la OEA y las Cumbres de las Américas, que solventa
gastos de pasajes y estadías para facilitar la participación de las
organizaciones; se compone de donaciones privadas y aportes de los estados
miembro, y cuenta con una junta de selección, con un representante de la
sociedad civil, que asigna los recursos en base a los pedidos recibidos.
En suma, la OEA ha dado pasos significativos en el
establecimiento de pautas reglamentarias para favorecer la participación de
las OSC en sus actividades.
Hubo una destacada participación de la sociedad civil en los
últimos dos eventos de mayor relevancia sobre los cuales a continuación se
presentará una breve reseña.
La Cumbre Extraordinaria de las Américas (Monterrey, México)
En enero pasado se desarrolló la Cumbre Extraordinaria de
las Américas (CEA). Es posible afirmar que la Declaración de Nuevo León,
suscripta por los 34 presidentes convocados, recogió aproximadamente la
mitad de las propuestas presentadas por las organizaciones de la sociedad
civil, que se elaboraron durante una reunión realizada en noviembre de 2003.
Esto significó una gran efectividad de la participación de las OSC, si se
toma como indicador la declaración política final pues, a diferencia de las
otras cumbres, no hubo en este caso un plan de acción.
El carácter extraordinario de esta cumbre implicó el enorme
desafío de diseñar, en un breve lapso, mecanismos idóneos, inclusivos
temáticamente y extensivos geográficamente, que facilitaran una consulta
amplia a las OSC y, a la vez, permitieran evaluar los mandatos asumidos por
los gobiernos en la cumbre precedente.
Se pudieron realizar sólo dos encuentros, organizados
gracias a la buena voluntad y predisposición de un conjunto de OSC, del
gobierno mexicano y de la Secretaría de Cumbres de la OEA. El primero,
realizado en México DF en noviembre de 2003, contó con la presencia de 71
OSC de 21 países de la región. Dos representantes
16 expusieron el 8 de diciembre de 2003,
en Washington DC, ante el Grupo de Revisión e Implementación de Cumbres (GRIC)
de la OEA, las recomendaciones surgidas en dicho encuentro respecto de los
tres temas de la CEA: gobernabilidad democrática, crecimiento con equidad y
desarrollo social.
El segundo encuentro se celebró en la víspera de la CEA en
Monterrey, con 55 OSC de 9 países. La ausencia de recursos económicos y de
tiempo material suficiente limitó la participación a un puñado de OSC con
capacidad financiera y, desde ya, a las organizaciones mexicanas. Una de las
intenciones del encuentro fue discutir el borrador de la declaración de la
cumbre, pero no fue posible dado que, de acuerdo a lo manifestado por las
autoridades del gobierno anfitrión y de la OEA, no estuvo concluido hasta el
día mismo de la cumbre.
El día previo al inicio de la CEA se desarrolló el diálogo
informal entre los representantes de las OSC y los representantes de los
gobiernos, a nivel de cancilleres y representantes ante la OEA. Las cumbres
no han habilitado el diálogo con los presidentes. Ese evento fue poco
sustancial, forzado, breve, excesivamente protocolar, y con notables
ausencias entre los gobiernos. Es claro que ese espacio, necesario para la
culminación del proceso, carece de relevancia en términos de un trabajo real
de incidencia sobre la agenda y sobre las declaraciones. La incidencia se
concreta sobre las instancias previas, y cuanto más distancia exista entre
los foros de sociedad civil y la reunión de cumbre, mayor capacidad existe
para influir sobre la decisión.
Este proceso hizo emerger las enormes dificultades de hacer
frente a la asimetría de recursos disponibles entre los gobiernos y las OSC
y, a la vez, de las diferencias entre las OSC de distintas latitudes: el
apoyo de los gobiernos y del sector privado a las organizaciones de los
países más desarrollados de la región impiden en muchas ocasiones una
participación geográficamente equilibrada de las OSC que, sumado a la sede
de la reunión, inclinó la balanza hacia las organizaciones de Estados Unidos
y Canadá. Por otro lado, un proceso como el de cumbres significa seguir una
agenda compleja, la concentración de conocimiento experto, y representa otro
desafío de magnitud para las OSC.
Pese a dichas restricciones, las recomendaciones elaboradas
en los foros de las OSC para la CEA fueron bien recibidas. De todos modos,
nuestras naciones acostumbran a firmar tratados y compromisos multilaterales
que no se traducen per se en objetivos de política pública a nivel
nacional o en orientaciones en materia internacional: por eso es clave el
papel de las OSC para recordarles a los gobiernos la necesidad de poner en
marcha los acuerdos asumidos.
En ese sentido, se recibió con agrado que la Declaración de
Nuevo León haya recogido el reclamo casi permanente de las OSC con vocación
por este proceso: "Alentaremos la participación de la sociedad civil en el
proceso de Cumbres de las Américas, para lo cual nos proponemos
institucionalizar los encuentros con la sociedad civil", afirmaron los
presidentes. Esta voluntad debe orientar algunas líneas de acción en el
corto plazo: i) institucionalizar ese espacio en el marco de la OEA y, sobre
todo, de los estados miembro, a partir de la vigencia estricta y efectiva de
las resoluciones antes señaladas; ii) dotarlo de recursos institucionales
concretos que eviten encuentros meramente rituales, con competencias
específicas que permitan a las OSC tener voz en el seguimiento de la
implementación nacional y hemisférica de los mandatos de las Cumbres,
contando con información relevante, oportuna y adecuada; iii) reducir la
distancia entre el trabajo de los grupos técnicos de la naciones y las OSC,
sin confundirlos; iv) preparar el terreno para la participación de las OSC
en la próxima cumbre.
La XXXIV Asamblea General de la OEA (Quito, Ecuador)
Entre el 6 y el 8 de junio último se celebró en Quito, la
XXXIV Asamblea General de la OEA.
El 26 y 27 de abril pasado en dicha ciudad se había
realizado el Foro Hemisférico de la Sociedad Civil, que contó con la
participación de cerca de 100 OSC de la región y de unas 200 ecuatorianas.
Organizado conjuntamente por la Secretaría de Cumbres de la OEA, el gobierno
anfitrión y un grupo de organizaciones sociales, elaboraron una serie de
recomendaciones que fueron presentadas a la Comisión sobre Gestión de
Cumbres Interamericanas y Participación de la Sociedad Civil en las
Actividades de la OEA (CISC) y el Consejo Permanente.
Entre muchas de las OSC participantes del foro se advirtió
la falta de conocimiento de las potencialidades y los límites del sistema
interamericano. Por lo tanto, se hace indispensable un mayor conocimiento
por parte de las OSC del funcionamiento de la OEA, en especial con relación
a las facultades de cada uno de los estados miembros. De ese modo, esos
espacios de trabajo se tornarán realmente más productivos y eficientes.
La Declaración de Quito sobre Desarrollo Social y Democracia
frente a la Incidencia de la Corrupción tuvo una aceptación de carácter
general y poco precisa en relación a las recomendaciones de la sociedad
civil en los distintos temas: acceso a la información, Convención
Interamericana contra la Corrupción, financiamiento político, justicia y
combate a la corrupción.
El día previo a la Asamblea General se realizó el llamado
diálogo entre los representantes gubernamentales y los participantes de la
sociedad civil. A diferencia de lo ocurrido en Monterrey, en Quito, la
reunión fue extensa, asumida con mayor seriedad, predisposición y con una
asistencia perfecta de parte de los gobiernos. Las razones de dicho cambio
entre dos reuniones tan próximas carece de una explicación adecuada, pero
parece quedar en claro que la rutina de este diálogo se va afianzando al
interior de la OEA. La designación de diálogo de este intercambio sigue
siendo aun más ampulosa de lo debido, pues no hay espacios raleas de
intercambio recíproco, de reflexión abierta y discusión franca; sigue siendo
un espacio protocolar donde hay poco lugar para el debate, pero es un
espacio conquistado por las OSC que permite, al menos, que se puedan hacer
escuchar las distintas voces y los distintos dialectos de la plural e
irreductible sociedad civil del hemisferio.
Notas