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 Diplomacia ciudadana y participación en el sistema interamericano

Por Gustavo Gamallo   

Parte 2 /3

La OEA, las Cumbres y la participación de la sociedad civil

La OEA es sin duda la OM que más ha avanzado en la puesta en marcha de mecanismos de participación de la sociedad civil. Su hasta hace pocas semanas Secretario General, César Gaviria, señalaba con acierto: "La presencia de la sociedad civil en las Asambleas de la OEA y en el Proceso de Cumbres influyó para que hoy en día la Organización sea una de las instituciones más avanzadas en cuanto a la participación de la sociedad civil". A la vez, admitía: "[...] hay cerca de 100 organizaciones de la sociedad civil registradas ante la Organización que trabajan con nuestros cuerpos políticos, cerca de 250 que han suscripto acuerdos de cooperación con la Secretaría General y 1.380 colaborando con nuestras áreas técnicas. En este sentido, las organizaciones de la sociedad civil han provisto a los cuerpos políticos de información en materias tan diversas como igualdad, equidad, diversidad, no discriminación, y en materia de derechos humanos, gobernabilidad y desarrollo sostenible"14 . Durante su mandato, se promovieron diferentes instancias de participación mediante las siguientes resoluciones:

  • 1999- el Consejo Permanente aprueba CP/RES. 759 "Directrices para la Participación de Organizaciones de la Sociedad Civil en las actividades de la OEA". Las Directrices delimitan el alcance de la participación de las OSC en las actividades de la OEA, proporcionando parámetros definidos para dicha participación; otorgan a las OSC acreditadas el derecho a participar en reuniones de los órganos políticos de la OEA, incluidos el Consejo Permanente y sus subcomisiones y grupos de trabajo, el Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (CIDI), y en conferencias de la OEA; introducen además la política de acreditación, que define los requisitos que deben cumplir las OSC para disfrutar de reconocimiento formal ante la OEA 15 .
  • 2003- El Consejo Permanente aprueba CP/RES. 840 "Estrategias para Incrementar y Fortalecer la Participación de la Sociedad Civil en las actividades de la OEA", en la cual exhorta a la Secretaría General, entre otros asuntos, a mantener informadas y solicitar opinión de las OSC sobre proyectos de resoluciones, dar amplia difusión de los mecanismos existentes de participación en las actividades del organismo, que cuenten con información sobre las reuniones generales y temáticas y asegurar su presencia en las asambleas generales; y a los estados miembros a invitar a las organizaciones a participar activamente en reuniones sobre estos asuntos y a definir pautas institucionales precisas sobre esta participación.
  • 2004- Aprobación por el Consejo Permanente de la CP/RES.864 que crea el Fondo Específico para apoyar la participación de la sociedad civil en las actividades de la OEA y las Cumbres de las Américas, que solventa gastos de pasajes y estadías para facilitar la participación de las organizaciones; se compone de donaciones privadas y aportes de los estados miembro, y cuenta con una junta de selección, con un representante de la sociedad civil, que asigna los recursos en base a los pedidos recibidos.

En suma, la OEA ha dado pasos significativos en el establecimiento de pautas reglamentarias para favorecer la participación de las OSC en sus actividades.

Hubo una destacada participación de la sociedad civil en los últimos dos eventos de mayor relevancia sobre los cuales a continuación se presentará una breve reseña.

La Cumbre Extraordinaria de las Américas (Monterrey, México)

En enero pasado se desarrolló la Cumbre Extraordinaria de las Américas (CEA). Es posible afirmar que la Declaración de Nuevo León, suscripta por los 34 presidentes convocados, recogió aproximadamente la mitad de las propuestas presentadas por las organizaciones de la sociedad civil, que se elaboraron durante una reunión realizada en noviembre de 2003. Esto significó una gran efectividad de la participación de las OSC, si se toma como indicador la declaración política final pues, a diferencia de las otras cumbres, no hubo en este caso un plan de acción.

El carácter extraordinario de esta cumbre implicó el enorme desafío de diseñar, en un breve lapso, mecanismos idóneos, inclusivos temáticamente y extensivos geográficamente, que facilitaran una consulta amplia a las OSC y, a la vez, permitieran evaluar los mandatos asumidos por los gobiernos en la cumbre precedente.

Se pudieron realizar sólo dos encuentros, organizados gracias a la buena voluntad y predisposición de un conjunto de OSC, del gobierno mexicano y de la Secretaría de Cumbres de la OEA. El primero, realizado en México DF en noviembre de 2003, contó con la presencia de 71 OSC de 21 países de la región. Dos representantes 16 expusieron el 8 de diciembre de 2003, en Washington DC, ante el Grupo de Revisión e Implementación de Cumbres (GRIC) de la OEA, las recomendaciones surgidas en dicho encuentro respecto de los tres temas de la CEA: gobernabilidad democrática, crecimiento con equidad y desarrollo social.

El segundo encuentro se celebró en la víspera de la CEA en Monterrey, con 55 OSC de 9 países. La ausencia de recursos económicos y de tiempo material suficiente limitó la participación a un puñado de OSC con capacidad financiera y, desde ya, a las organizaciones mexicanas. Una de las intenciones del encuentro fue discutir el borrador de la declaración de la cumbre, pero no fue posible dado que, de acuerdo a lo manifestado por las autoridades del gobierno anfitrión y de la OEA, no estuvo concluido hasta el día mismo de la cumbre.

El día previo al inicio de la CEA se desarrolló el diálogo informal entre los representantes de las OSC y los representantes de los gobiernos, a nivel de cancilleres y representantes ante la OEA. Las cumbres no han habilitado el diálogo con los presidentes. Ese evento fue poco sustancial, forzado, breve, excesivamente protocolar, y con notables ausencias entre los gobiernos. Es claro que ese espacio, necesario para la culminación del proceso, carece de relevancia en términos de un trabajo real de incidencia sobre la agenda y sobre las declaraciones. La incidencia se concreta sobre las instancias previas, y cuanto más distancia exista entre los foros de sociedad civil y la reunión de cumbre, mayor capacidad existe para influir sobre la decisión.

Este proceso hizo emerger las enormes dificultades de hacer frente a la asimetría de recursos disponibles entre los gobiernos y las OSC y, a la vez, de las diferencias entre las OSC de distintas latitudes: el apoyo de los gobiernos y del sector privado a las organizaciones de los países más desarrollados de la región impiden en muchas ocasiones una participación geográficamente equilibrada de las OSC que, sumado a la sede de la reunión, inclinó la balanza hacia las organizaciones de Estados Unidos y Canadá. Por otro lado, un proceso como el de cumbres significa seguir una agenda compleja, la concentración de conocimiento experto, y representa otro desafío de magnitud para las OSC.

Pese a dichas restricciones, las recomendaciones elaboradas en los foros de las OSC para la CEA fueron bien recibidas. De todos modos, nuestras naciones acostumbran a firmar tratados y compromisos multilaterales que no se traducen per se en objetivos de política pública a nivel nacional o en orientaciones en materia internacional: por eso es clave el papel de las OSC para recordarles a los gobiernos la necesidad de poner en marcha los acuerdos asumidos.

En ese sentido, se recibió con agrado que la Declaración de Nuevo León haya recogido el reclamo casi permanente de las OSC con vocación por este proceso: "Alentaremos la participación de la sociedad civil en el proceso de Cumbres de las Américas, para lo cual nos proponemos institucionalizar los encuentros con la sociedad civil", afirmaron los presidentes. Esta voluntad debe orientar algunas líneas de acción en el corto plazo: i) institucionalizar ese espacio en el marco de la OEA y, sobre todo, de los estados miembro, a partir de la vigencia estricta y efectiva de las resoluciones antes señaladas; ii) dotarlo de recursos institucionales concretos que eviten encuentros meramente rituales, con competencias específicas que permitan a las OSC tener voz en el seguimiento de la implementación nacional y hemisférica de los mandatos de las Cumbres, contando con información relevante, oportuna y adecuada; iii) reducir la distancia entre el trabajo de los grupos técnicos de la naciones y las OSC, sin confundirlos; iv) preparar el terreno para la participación de las OSC en la próxima cumbre.

La XXXIV Asamblea General de la OEA (Quito, Ecuador)

Entre el 6 y el 8 de junio último se celebró en Quito, la XXXIV Asamblea General de la OEA.

El 26 y 27 de abril pasado en dicha ciudad se había realizado el Foro Hemisférico de la Sociedad Civil, que contó con la participación de cerca de 100 OSC de la región y de unas 200 ecuatorianas. Organizado conjuntamente por la Secretaría de Cumbres de la OEA, el gobierno anfitrión y un grupo de organizaciones sociales, elaboraron una serie de recomendaciones que fueron presentadas a la Comisión sobre Gestión de Cumbres Interamericanas y Participación de la Sociedad Civil en las Actividades de la OEA (CISC) y el Consejo Permanente.

Entre muchas de las OSC participantes del foro se advirtió la falta de conocimiento de las potencialidades y los límites del sistema interamericano. Por lo tanto, se hace indispensable un mayor conocimiento por parte de las OSC del funcionamiento de la OEA, en especial con relación a las facultades de cada uno de los estados miembros. De ese modo, esos espacios de trabajo se tornarán realmente más productivos y eficientes.

La Declaración de Quito sobre Desarrollo Social y Democracia frente a la Incidencia de la Corrupción tuvo una aceptación de carácter general y poco precisa en relación a las recomendaciones de la sociedad civil en los distintos temas: acceso a la información, Convención Interamericana contra la Corrupción, financiamiento político, justicia y combate a la corrupción.

El día previo a la Asamblea General se realizó el llamado diálogo entre los representantes gubernamentales y los participantes de la sociedad civil. A diferencia de lo ocurrido en Monterrey, en Quito, la reunión fue extensa, asumida con mayor seriedad, predisposición y con una asistencia perfecta de parte de los gobiernos. Las razones de dicho cambio entre dos reuniones tan próximas carece de una explicación adecuada, pero parece quedar en claro que la rutina de este diálogo se va afianzando al interior de la OEA. La designación de diálogo de este intercambio sigue siendo aun más ampulosa de lo debido, pues no hay espacios raleas de intercambio recíproco, de reflexión abierta y discusión franca; sigue siendo un espacio protocolar donde hay poco lugar para el debate, pero es un espacio conquistado por las OSC que permite, al menos, que se puedan hacer escuchar las distintas voces y los distintos dialectos de la plural e irreductible sociedad civil del hemisferio.


Notas


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