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Crear ciudadanía es lograr integración

Entrevista a María Elena Martínez  

Parte 1 / 2

María Elena Martínez es la Presidenta de la Asociación Nacional de Organizaciones No Gubernamentales orientadas al Desarrollo en representación del Centro Latinoamericano de Economía Humana

Entrevista realizada por la Unidad de Investigación en Políticas Sociales (UNIPS) del Centro Latinoamericano de Economía Humana

¿Qué hace en ANONG?

La Asociación Nacional de Organizaciones No Gubernamentales orientadas al Desarrollo (ANONG) cumple 12 años de existencia este año. Algunas de las organizaciones más antiguas del país participaron de su fundación hace 12 años. Estuve en su consejo directivo hasta 1996 y desde el año pasado como presidenta. Creo que ANONG ha crecido en dimensión, profundidad e integra asociaciones que tratan distintas temáticas que son de importancia en el Uruguay contemporáneo. Creo que hoy ANONG es un actor ineludible en la realidad social uruguaya.

América Latina vive momentos verdaderamente muy difíciles. A su entender, ¿cuáles son los principales problemas de América Latina?

Voy a hablar del que considero el más importante y del mismo se pueden deducir otros. Creo que lo que hoy caracteriza a América Latina en el contexto mundial es la absoluta desigualdad e inequidad que hay en América Latina en el reparto de la riqueza de sus países. Este continente es un continente sumamente rico pero que expulsa a sus habitantes. Existe una pobreza brutal y hay personas muy ricas, es el continente de mayores desigualdades sociales.

En este período podemos decir, desde el punto de vista político-institucional, que ya no tenemos las dictaduras de la década del 80, los países desde el punto de vista de su democracia formal están estabilizados –siempre hay excepciones– y tenemos gobiernos con muchos problemas políticos pero no tenemos las dictaduras sangrientas que asolaron el continente.

Sin embargo no tenemos una democracia real porque una democracia real implica igualdad y justicia para todos y en este momento depende en dónde se nació para saber no sólo que vas a estudiar y a que trabajo se puede aspirar sino cuántos años vas a vivir, si vas a tener un vivienda digna donde poder desarrollarte. Ese es el problema básico y fundamental: la pobreza.

La pobreza está sobre todo
localizada en los más jóvenes,
fenómeno este que ocurre en
 todos los países de América Latina.

Otro problema grave en América Latina tiene que ver con la perspectiva de género. El desconocimiento de los derechos de las mujeres y el crecimiento desmedido de la violencia contra la mujer, tanto en el ámbito familiar como en el laboral y social. Muchas veces se dice que es porque antes no se denunciaba y ahora sí. Tengo mis dudas. La consecuencia de la injusticia o de la falta de valores es que siempre se golpea a los más débiles y en este caso los más débiles como siempre son las mujeres y los niños.

¿Y los desafíos?

Tenemos en nuestra subregión uno de los países más desiguales, no sólo de América Latina sino del mundo, que es Brasil. Pero quisiera referirme, con un poco de esperanza, a un desafío que tenemos los países de la subregión y es que podemos tener gobiernos que centren su preocupación en los problemas de la gente y en el respeto de los derechos de la gente. Es un desafío que tiene la sociedad política pero lo tiene asimismo la sociedad civil.

Debemos apoyar esos procesos que se están dando en América Latina desde hace años, desde la salida de la dictadura. Chile es un país con grandes inequidades y desigualdades pero en los últimos años han ido disminuyendo y actualmente tiene un gobierno progresista –aunque la Concertación gobierna desde la apertura democrática–. Ahora hay un gobierno progresista en Argentina, hay otro en Brasil, y nuestro desafío en este momento es no apoyarlos acríticamente sino aportar todo aquello que pueda crear procesos de mayor democratización, de mayor profundización de los derechos de la gente y de mejorar la situación de las personas.

Y con respecto al Uruguay, ¿cuáles identifica Ud. son los principales problemas?

En Uruguay tenemos, sin lugar a duda, una distribución del ingreso que no es igualitaria, es injusta aún, pero comparada con otros países sabemos que nuestro país es el que tiene una situación de distribución de su renta más equitativa dentro de la región.

El mayor problema por el que cruza nuestro país en este momento es por un lado la pobreza y, sobre todo, la pobreza centrada en la niñez. En Uruguay más del 50 por ciento de los niños provienen de hogares de bajos ingresos. Recientemente, el fenómeno se concentró fuertemente en hogares que están por debajo de la línea de pobreza y hogares que tienen a su frente una jefe de hogar mujer.

El segundo problema indudablemente es la falta de trabajo. Llevamos muchos años de retroceso productivo en nuestro país y ese retroceso se ha visto en el cierre de fábricas e industrias. Nuestra geografía ciudadana tiene hoy fábricas –establecimientos industriales que fueron muy importantes– que están vacías. Existe hoy en día mucha mano de obra desempleada en el Uruguay y el poco trabajo que hay se concentra en el sector servicios y los salarios del sector servicios son menores que los del sector industrial. Creo que el segundo problema en nuestro país es ese: buscar formas de incentivar la creación de empleo, pero empleo genuino capaz de aumentar la productividad nacional.

El tercer problema a resolver es como mantener un sistema educativo fuerte y que forme en no sólo en conocimientos sino también en valores. Aquellos que vivimos en el exterior y por razones laborales salimos mucho al extranjero, nos encontramos en que en todos lados nos consideran como que tenemos un alto nivel educativo y así era nuestro país, pero estamos viviendo un proceso de deterioro de nuestro sistema educativo no sólo a nivel de sus contenidos curriculares sino también desde el punto de vista de las remuneraciones al personal docente. Nuestro mayor capital que era nuestra gente y la cultura va desapareciendo.

¿Cuáles es su análisis respecto al año 2003?

Los problemas que  teníamos se incrementaron inmensamente con la crisis financiera que tuvimos en julio de 2002.

De un día para otro,
dejamos de ser el país que aparentemente
todos recomendaban como un lugar en el cual se podía invertir
y pasamos a ser un país al borde de la quiebra y,
realmente, mantenemos esa situación de incertidumbre.

Esa situación, no sólo los problemas que tuvieron las personas que tenían depósitos bancarios, tuvo consecuencias importantes prácticamente en todas las clases sociales. Pero obviamente los que ya tenían problemas económicos después les fue mucho peor porque las fuentes de trabajo comenzaron a escasear. Asimismo aquellos que tenían trabajos informales, como es el caso de los vendedores ambulantes o las mujeres que realizaban labores domesticas, también sufrieron las graves consecuencias de la crisis. La población disminuyó sus gastos y esto repercutió negativamente en el sector comercial –sobre todo en el ramo mayorista– y también dejaron de contratar personal de limpieza repercutiendo en el ingreso de los hogares más desfavorecidos. En definitiva se generó más pobreza.

Otro dato a tener en cuenta es que nunca en nuestro país se había hablado de que había niños que no tenían para comer.

En Uruguay se llegó al extremo de conocer
la noticia que había niños que comían pasto.

Nunca habíamos tenido niños en estado de desnutrición. Eso es realmente muy fuerte porque el uruguayo pensaba que esas cosas pasaban en otros lados.

La crisis financiera perjudicó a todos, a todas las clases sociales del país pero sobre todo a aquellos que están más desprotegidos, que vivían el día a día: de changas, de trabajo en negro.  Ese es el problema básico y siguió empeorando.

Ahora hablan de reactivación pero recuerdo que se hablaba de una reactivación aparente en el verano de 2003 y el año pasado fue un año negro. Porque una cosa es cuando un país tiene un quiebre paulatino, pero tuvimos cuatro años en los que nuestro producto bruto descendió drásticamente. Frente a ese duro golpe que implicó el quiebre financiero, que nos dejo a todos muy mal, aquellos que tenían trabajo o percibían jubilaciones se les aplicaron impuestos mayores. De este modo disminuyeron sus ingresos y retribuciones y los que no tenían trabajo redujeron sus ingresos por tareas informales.

Por otra parte, en Uruguay, hay seguro de desempleo y cada vez hay menos gente en el seguro de desempleo; y se puede dice: «que bien». En cualquier país decir que hay menos personas en el seguro de paro es un dato favorable pero en Uruguay hay menos personas hoy en el seguro porque se llegó a un máximo histórico y era imposible que siguiera subiendo porque ya no había más fábricas que cerrar.

Así que los problemas que tuvimos en el 2003 fueron todos derivados de esa situación, de un gobierno que no aplicó medidas en favor de los mas desposeídos, que en muchos casos actuó con indiferencia, que se potenciaron opciones totalmente vinculadas a seguir profundizando el Uruguay país de servicios. Entonces no importaba que cerraran todas las textiles, que cerraran todas las empresas de calzado. Uruguay no puede pretender seguir vendiendo materias primas no manufacturadas porque eso no da trabajo. Las materias primas sufren oscilaciones importantes en los mercados internacionales. El fenómeno de la fiebre aftosa en el ganado trajo una señal de advertencia para el sistema productivo uruguayo: no debemos depender exclusivamente de un producto de exportación.

Otro aspecto relevante de 2003 fue la devaluación. En lugar de ir devaluando lentamente se prefirió un sistema cambiario muy rígido y que provocaba atraso cambiario, y cuando los países de la región optaron por un tipo de cambio flexible Uruguay no tuvo más remedio que hacerlo y devaluó la moneda. Esto también tuvo consecuencias negativas en Uruguay ya que muchos uruguayos estaban endeudados en dólares.


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