Voy a hablar del que considero el más importante y del mismo
se pueden deducir otros. Creo que lo que hoy caracteriza a América Latina en
el contexto mundial es la absoluta desigualdad e inequidad que hay en
América Latina en el reparto de la riqueza de sus países. Este continente es
un continente sumamente rico pero que expulsa a sus habitantes. Existe una
pobreza brutal y hay personas muy ricas, es el continente de mayores
desigualdades sociales.
En este período podemos decir, desde el punto de vista
político-institucional, que ya no tenemos las dictaduras de la década del
80, los países desde el punto de vista de su democracia formal están
estabilizados –siempre hay excepciones– y tenemos gobiernos con muchos
problemas políticos pero no tenemos las dictaduras sangrientas que asolaron
el continente.
Sin embargo no tenemos una democracia real porque una
democracia real implica igualdad y justicia para todos y en este momento
depende en dónde se nació para saber no sólo que vas a estudiar y a que
trabajo se puede aspirar sino cuántos años vas a vivir, si vas a tener un
vivienda digna donde poder desarrollarte. Ese es el problema básico y
fundamental: la pobreza.
La pobreza está sobre todo
localizada en los más jóvenes,
fenómeno este que ocurre en
todos los países de América Latina.
Otro problema grave en América Latina tiene que ver con la
perspectiva de género. El desconocimiento de los derechos de las mujeres y
el crecimiento desmedido de la violencia contra la mujer, tanto en el ámbito
familiar como en el laboral y social. Muchas veces se dice que es porque
antes no se denunciaba y ahora sí. Tengo mis dudas. La consecuencia de la
injusticia o de la falta de valores es que siempre se golpea a los más
débiles y en este caso los más débiles como siempre son las mujeres y los
niños.
¿Y los desafíos?
Tenemos en nuestra subregión uno de los países más
desiguales, no sólo de América Latina sino del mundo, que es Brasil. Pero
quisiera referirme, con un poco de esperanza, a un desafío que tenemos los
países de la subregión y es que podemos tener gobiernos que centren su
preocupación en los problemas de la gente y en el respeto de los derechos de
la gente. Es un desafío que tiene la sociedad política pero lo tiene
asimismo la sociedad civil.
Debemos apoyar esos procesos que se están dando en América
Latina desde hace años, desde la salida de la dictadura. Chile es un país
con grandes inequidades y desigualdades pero en los últimos años han ido
disminuyendo y actualmente tiene un gobierno progresista –aunque la
Concertación gobierna desde la apertura democrática–. Ahora hay un gobierno
progresista en Argentina, hay otro en Brasil, y nuestro desafío en este
momento es no apoyarlos acríticamente sino aportar todo aquello que pueda
crear procesos de mayor democratización, de mayor profundización de los
derechos de la gente y de mejorar la situación de las personas.
Y con respecto al Uruguay, ¿cuáles identifica
Ud. son los
principales problemas?
En Uruguay tenemos, sin lugar a duda, una distribución del
ingreso que no es igualitaria, es injusta aún, pero comparada con otros
países sabemos que nuestro país es el que tiene una situación de
distribución de su renta más equitativa dentro de la región.
El mayor problema por el que cruza nuestro país en este
momento es por un lado la pobreza y, sobre todo, la pobreza centrada en la
niñez. En Uruguay más del 50 por ciento de los niños provienen de hogares de
bajos ingresos. Recientemente, el fenómeno se concentró fuertemente en
hogares que están por debajo de la línea de pobreza y hogares que tienen a
su frente una jefe de hogar mujer.
El segundo problema indudablemente es la falta de trabajo.
Llevamos muchos años de retroceso productivo en nuestro país y ese retroceso
se ha visto en el cierre de fábricas e industrias. Nuestra geografía
ciudadana tiene hoy fábricas –establecimientos industriales que fueron muy
importantes– que están vacías. Existe hoy en día mucha mano de obra
desempleada en el Uruguay y el poco trabajo que hay se concentra en el
sector servicios y los salarios del sector servicios son menores que los del
sector industrial. Creo que el segundo problema en nuestro país es ese:
buscar formas de incentivar la creación de empleo, pero empleo genuino capaz
de aumentar la productividad nacional.
El tercer problema a resolver es como mantener un sistema
educativo fuerte y que forme en no sólo en conocimientos sino también en
valores. Aquellos que vivimos en el exterior y por razones laborales salimos
mucho al extranjero, nos encontramos en que en todos lados nos consideran
como que tenemos un alto nivel educativo y así era nuestro país, pero
estamos viviendo un proceso de deterioro de nuestro sistema educativo no
sólo a nivel de sus contenidos curriculares sino también desde el punto de
vista de las remuneraciones al personal docente. Nuestro mayor capital que
era nuestra gente y la cultura va desapareciendo.
¿Cuáles es su análisis respecto al año 2003?
Los problemas que teníamos se incrementaron
inmensamente con la crisis financiera que tuvimos en julio de 2002.
De un día para otro,
dejamos de ser el país que aparentemente
todos recomendaban como un lugar en el cual se podía invertir
y pasamos a ser un país al borde de la quiebra y,
realmente, mantenemos esa situación de incertidumbre.
Esa situación, no sólo los problemas que tuvieron las
personas que tenían depósitos bancarios, tuvo consecuencias importantes
prácticamente en todas las clases sociales. Pero obviamente los que ya
tenían problemas económicos después les fue mucho peor porque las fuentes de
trabajo comenzaron a escasear. Asimismo aquellos que tenían trabajos
informales, como es el caso de los vendedores ambulantes o las mujeres que
realizaban labores domesticas, también sufrieron las graves consecuencias de
la crisis. La población disminuyó sus gastos y esto repercutió negativamente
en el sector comercial –sobre todo en el ramo mayorista– y también dejaron
de contratar personal de limpieza repercutiendo en el ingreso de los hogares
más desfavorecidos. En definitiva se generó más pobreza.
Otro dato a tener en cuenta es que nunca en nuestro país se
había hablado de que había niños que no tenían para comer.
En Uruguay se
llegó al extremo de conocer
la noticia que había niños que comían pasto.
Nunca habíamos tenido niños en estado de desnutrición. Eso
es realmente muy fuerte porque el uruguayo pensaba
que esas cosas pasaban en otros lados.
La crisis
financiera perjudicó a todos,
a todas las
clases sociales del país pero sobre todo a aquellos que están más
desprotegidos, que vivían el día a día: de changas, de trabajo en negro.
Ese es el problema básico y siguió empeorando.
Ahora hablan de reactivación pero recuerdo que se hablaba de
una reactivación aparente en el verano de 2003 y el año pasado fue un año
negro. Porque una cosa es cuando un país tiene un quiebre paulatino, pero
tuvimos cuatro años en los que nuestro producto bruto descendió
drásticamente. Frente a ese duro golpe que implicó el quiebre financiero,
que nos dejo a todos muy mal, aquellos que tenían trabajo o percibían
jubilaciones se les aplicaron impuestos mayores. De este modo disminuyeron
sus ingresos y retribuciones y los que no tenían trabajo redujeron sus
ingresos por tareas informales.
Por otra parte, en Uruguay, hay seguro de desempleo y cada
vez hay menos gente en el seguro de desempleo; y se puede dice: «que bien».
En cualquier país decir que hay menos personas en el seguro de paro es un
dato favorable pero en Uruguay hay menos personas hoy en el seguro porque se
llegó a un máximo histórico y era imposible que siguiera subiendo porque ya
no había más fábricas que cerrar.
Así que los problemas que tuvimos en el 2003 fueron todos
derivados de esa situación, de un gobierno que no aplicó medidas en favor de
los mas desposeídos, que en muchos casos actuó con indiferencia, que se
potenciaron opciones totalmente vinculadas a seguir profundizando el
Uruguay país de servicios. Entonces no importaba que cerraran todas las
textiles, que cerraran todas las empresas de calzado. Uruguay no puede
pretender seguir vendiendo materias primas no manufacturadas porque eso no
da trabajo. Las materias primas sufren oscilaciones importantes en los
mercados internacionales. El fenómeno de la fiebre aftosa en el ganado trajo
una señal de advertencia para el sistema productivo uruguayo: no debemos
depender exclusivamente de un producto de exportación.
Otro aspecto relevante de 2003 fue la devaluación. En lugar
de ir devaluando lentamente se prefirió un sistema cambiario muy rígido y
que provocaba atraso cambiario, y cuando los países de la región optaron por
un tipo de cambio flexible Uruguay no tuvo más remedio que hacerlo y devaluó
la moneda. Esto también tuvo consecuencias negativas en Uruguay ya que
muchos uruguayos estaban endeudados en dólares.