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Cultura de paz, resolución de conflictos y derechos humanos

Entrevista a Vincenç Fisas

Parte 1/2

Vincenç Fisas ganó el Premio Nacional de Derechos Humanos en 1988 en España, es titular de la cátedra UNESCO sobre Paz y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Barcelona y lleva muchos años estudiando y trabajando en la temática de paz y resolución de conflictos. Por paradógico que parezca, lo cierto es que es poco usual que existan personas e instituciones que conecten e integren el quehacer de ambos campos. Incluso se trata de dos comunidades de activistas de la sociedad civil, -prevención de conflictos y derechos humanos-, entre las cuales no escasean los desencuentros.

Por ello Futuros le preguntó:

¿Cuál es su perspectiva y experiencia sobre la conveniencia y factibilidad de trascender e integrar las temáticas de paz y resolución de conflictos con la de derechos humanos?

Efectivamente hay una cierta tensión entre las personas que están centradas en el ámbito académico con los profesionales que tienen una visión más cercana de los conflictos porque tienen un enfoque práctico en el terreno. También hay una cierta tensión entre la comunidad que se dedica a los derechos humanos y las personas que se dedican a la actuación, la gestión, o la transformación de los conflictos sobre el terreno; pero es una tensión que existe de la misma manera entre medios de comunicación, periodistas, y personal humanitario, es decir, ambos se necesitan y hay que buscar la manera de que la teoría y la práctica vayan de la mano y entonces sigan superando estos desajustes que hay en la actualidad. Lo cierto es que en el ámbito de construcción de paz y en análisis de conflictos hay una gran complejidad por lo que se necesita de la aportación, la visión, la intuición, y los conocimientos de todos los sectores.

¿Cómo piensa que pudieran estas organizaciones de derechos humanos mezclarse, de alguna manera, en prevención de conflictos y cultura de paz?

En realidad, en estos momentos, ya estamos viendo algo que pudiera ser como un cambio de paradigma en la manera de hacer y de entender de todas estas diferentes comunidades. Es evidente que, por ejemplo, no tiene ningún sentido, ni es eficaz, ni nos lleva a ninguna parte actuar de una manera muy reactiva, puramente asistencial, sin tener una mirada a lo que son las raíces de los conflictos violentos, y cuáles han sido sus detonantes, pero sobretodo a las raíces más lejanas, porque una vez que se aborda este conflicto, estas raíces van a volver a tener expresiones en diferentes etapas y esto lo tienen que hacer personas o instituciones especializadas. Pero al mismo tiempo las instituciones que están trabajando en el campo asistencial o de ayuda humanitaria tienen que hacer su trabajo de tal manera que esta asistencia sirva también para el proceso de reconciliación, de participación de las comunidades en la gestión de lo que va a ser su vida. Es decir no se puede ver este proceso parcelado. Hay que buscar una integración en el trabajo y de esta manera todas las comunidades estarán apoyando al resto que estarán trabajando sobre el terreno.

Sobre algo que mencionó primero. Usted es un académico y también tiene una práctica activa, ¿cómo mezcla estas dos actividades? ¿cómo se relacionan entre ellas?

Yo me considero más un activista que un académico. Para poner un ejemplo, he dedicado años a estudiar el desarme, he estado haciendo investigaciones sobre el comercio de armas, pero esos estudios los llevé al terreno práctico. Tuve la experiencia de haber estado 7 años coordinando campañas de Amnistía, Greenpeace, INTERMON, Médicos Sin Fronteras. Este trabajo práctico estaba enfocado a cambiar leyes, actitudes de los centros de dirección política, a sensibilizar a la opinión pública, a hacer posible que hayan programas de recolección y destrucción de armas ligeras. Este trabajo en el terreno práctico hace que los conocimientos sobre desarme sirvan para algo, no solamente para escribir libros. De la misma manera, las experiencias que uno puede tener al intervenir en contextos conflictivos, transforman los principios teóricos o las intuiciones que uno tiene y luego las puedes escribir a partir de la propia experiencia al haber practicado determinadas facilitaciones.

¿Podría decirnos en que actividades concretas y en cuál etapa de desarrollo de un conflicto cree que sea mas efectiva la participación de la sociedad civil?

Siempre. La sociedad civil siempre tiene un papel importante en cualquier etapa, lo que no quita que hay determinadas cosas que no podrá hacer la sociedad civil, pero puede presionar, ejercer una fuerza para que los actores claves en el conflicto se sienten a negociar, entablen un diálogo, no pacten un salida falsa, se vaya a la raíz de los problemas.

 La participación cívica es absolutamente
necesaria en el conjunto de un proceso de paz
.

Cuando un acuerdo de paz es solamente entre cúpulas o las élites de poder y no hay una bajada a la base para que sea suscrito, rubricado por el conjunto de la sociedad, entonces este acto simbólico de firmar un acuerdo no sirve para mucho.

Habló del papel de la sociedad civil en presionar, pero ¿qué piensa sobre la etapa de negociaciones? ¿cómo ve la actuación de la sociedad civil en la etapa de negociación?

Es evidente que la sociedad civil, por su amplitud, no va a hacer el actor protagonista, porque no es posible hacer una negociación con miles de personas, o centenares de miles o millones. La negociación es una etapa donde los centros de dirección política, los gobiernos y los grupos armados con sus líderes a la cabeza tendrán que tomar decisiones y entablar un diálogo y llegar a acuerdos. El papel de la sociedad civil es estar atenta a ese diálogo, hacer lo posible para que no se rompa, para que sean justos, y luego que sea cumplido lo acordado, entonces evidentemente tienen un papel muy importante, pero no protagónico, en una fase determinada de las negociaciones.

Usted ha afirmado lo siguiente "...desde la educación para la paz, se ha dicho siempre y con razón, que hemos de educar para la disidencia, la indignación, la desobediencia responsable y la elección con conocimientos y la crítica, es decir, para salirnos de las propuestas de alienación cultural y política" ¿De qué modo podrían las actuales sociedades orientadas hacia la normatividad, el orden, la disciplina ciudadana, incorporar una educación orientada hacia el pensamiento crítico, la autonomía ética y la disidencia desde ellas?

A mí me parece fundamental porque en este mundo se dice tantas veces que hay un pensamiento único, una sola manera de entender las cosas que al final se provoca mucha pasividad. Por eso para romper eso, desde la educación formal o no formal, hay que dar espacios de libertad, pero insisto en añadirle la palabra de responsabilidad, Tiene que ser una crítica y una disidencia responsable para que la gente tome elecciones diferenciadas a lo que es lo normal o lo habitual y se rebele contra lo que considere injusto. Esto es fundamental hacerlo desde la primera infancia y que continúe hasta la universidad. Aplicar el principio de solidaridad que incorpora conocimiento y que incorpora también la responsabilidad de escuchar a los demás y de entender sus demandas y actuar de manera más fraternal y con mayor justicia.

Para poder avanzar en el mundo y cambiar el planeta
uno de los requisitos básicos
es educar en una disidencia responsable.


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