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ISSN 1913-6196

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 El Foro de Diplomacia Ciudadana de América Latina y el Caribe

Por Human Rights Internet     

Parte 3 /4

Los retos del recién creado Foro de Diplomacia Ciudadana

Tras un largo proceso de consultas bilaterales y en ocasiones colectivas, Human Rights Internet llegó a la conclusión de que sería beneficioso a la sociedad civil regional latinoamericana poder contar con un espacio autónomo de reflexión sobre estos temas. Esta idea fue consultada y apoyada por las principales redes ahora involucradas en el Foro de Diplomacia Ciudadana

En el descargo del mandato que recibiésemos del Foro Internacional "Viena + 5" en 1998, en el sentido de propiciar las interrelaciones entre las preocupaciones de derechos humanos y las de aquellas otras fuerzas involucradas en el seguimiento de otros temas, decidimos reunir los recursos que hiciesen posible a la sociedad civil latinoamericana realizar una reflexión y búsqueda de soluciones colectivas a algunos de estos temas de naturaleza estratégica para el ejercicio del derecho a desarrollar una diplomacia ciudadana por la sociedad civil de nuestra región.

Como resumen y respuesta al inventario de ideas expuesto anteriormente se hacía pertinente puntualizar ciertos aspectos que creíamos reclamaban la atención prioritaria de las organizaciones de la sociedad civil regional. Ellos son:

  • La búsqueda consensuada de un entendimiento y alianza estratégicas sobre un número limitado de objetivos de mutuo interés entre ONGs y movimientos sociales en torno a sus complementariedades y funciones específicas en las iniciativas de diplomacia ciudadana.
  • La valoración de nuestro trabajo en esta pasada década de activismo en diplomacia ciudadana y el reajuste de nuestras estrategias y tácticas a la luz de nuestros logros, debilidades y actuales circunstancias. Esto implica interrogarnos temáticamente (en medio ambiente, derechos humanos, mujeres e infancia, desarrollo social, etc.) qué métodos de trabajo trajeron buenos resultados, cuáles ya se han agotado con el tiempo, cuáles son nuestras debilidades institucionales en este campo y qué medidas debemos tomar, en general, para fortalecernos en el ejercicio de la diplomacia ciudadana.
  • La necesidad de crear un espacio autónomo y permanente –sea éste físico, virtual o una mezcla de ambos- de reflexión y concertación anual entre ambas fuerzas (ONGs y movimientos sociales) respecto al calendario de foros multilaterales. Ese espacio les permitiría trabajar de manera proactiva en lugar de reactiva en relación con las conferencias oficiales y elaborar estrategias integrales de influencia, comunicación, denuncia, sensibilización, movilización y cabildeo permanentes respecto a esos objetivos.
  • La necesidad de contar con grupos de trabajo para facilitar la concertación en torno a los objetivos priorizados entre una y otra asamblea anual de reflexión.
  • La importancia de facilitar la capacitación y el fortalecimiento institucional de las ONGs y movimientos sociales que lo necesiten en materia de diplomacia ciudadana y otros temas vinculados a ella, tales como son las metodologías de la negociación y resolución pacífica de conflictos.

Los días 22 y 23 de febrero de 2002 se constituyó el I Foro sobre Diplomacia Ciudadana de América Latina y Caribe en la Ciudad de México. En esa primera reunión constitutiva participaron 46 representantes de las principales redes y organizaciones de América Latina y el Caribe con mayor trayectoria de incidencia en diversas cumbres internacionales y en negociación con organismos multilaterales. Estas redes y organizaciones dan seguimiento a una amplia gama de temas –derechos humanos, desarrollo, paz, democracia, género, discriminación racial, etc.- pero todas comparten el criterio de que estas causas son interdependientes y se entrelazan con y desde una perspectiva integral de derechos humanos.

El primer día de trabajo varias de estas redes presentaron su experiencia y aprendizajes sobre la base de cuatro ejes temáticos: la incidencia en conferencias de la ONU y otros foros en los últimos diez años, las relaciones entre ONGs y movimientos sociales en el contexto de esos procesos de incidencia, la cooperación entre organizaciones del Norte y del Sur y el la posible actuación de las organizaciones de la sociedad civil regional en la solución pacífica de conflictos.

El segundo día se dedicó a valorar las posibilidades del Foro como "espacio de reflexión y articulación de recursos y voluntades, convirtiéndolo en una herramienta permanente para mejorar nuestra acción ciudadana en los foros multilaterales y otras instancias internacionales". A ese fin el FDC identificó algunas áreas de posibles acciones comunes y definió un mecanismo de seguimiento y concertación.

El Foro de Diplomacia Ciudadana (FDC) nacido en Ciudad México en febrero, deberá ahora dar nuevo impulso y eficacia a las gestiones ciudadanas en el ámbito internacional y regional. Para ello el FDC deberá tener presente en todo momento los rasgos que – si se esperan resultados de ella- han de caracterizar a la nueva diplomacia ciudadana:

  1. su naturaleza proactiva y permanente,
  2. la búsqueda de sinergias en las concertaciones horizontales de diferentes redes temáticas,
  3. el empleo de las nuevas tecnologías de información y comunicación en el ejercicio de intercambios, articulaciones, cabildeo, campañas, etc.,
  4. una visión holística y empleo eficaz del conjunto de los escenarios y mecanismos existentes dentro del sistema Interamericano y de Naciones Unidas para la promoción conjunta de sus objetivos,
  5. la combinación de tácticas de cabildeo y negociación con estrategias de denuncia, movilización y confrontación,
  6. la interrelación y articulación de las agendas de base nacionales con la agenda internacional de la sociedad civil,
  7. la visión integral de los derechos humanos y su interpenetración con los temas de pobreza, género, igualdad, democracia y desarrollo,
  8. articulación de recursos y voluntades en el marco de un trabajo consensuado entre redes.

El Foro expresó su convicción de que la práctica y desarrollo de la diplomacia ciudadana exigen:

  • La elaboración de un pensamiento propio, latinoamericano, sobre su temática.
  • La adopción -como base y perspectiva común para su ejercicio- de una visión integral del conjunto de derechos humanos.
  • La ubicación de su actividad en la especificidad de los espacios de lucha democrática ciudadana y el deslindar su actuación de aquella otra que realizan actores armados.
  • El desarrollo de una permanente y eficaz acción pública.
  • La reafirmación de nuestros valores, sabiendo a cada instante por qué y cómo estamos haciendo las cosas. Nosotros privilegiamos los objetivos políticos, pero con valores éticos. Esta dimensión ética es fundamental en la construcción de alternativas.
  • Trabajar por asegurarnos el prestigio institucional como interlocutores que hemos venido construyendo, lo que implica seriedad y consistencia técnica y política.
  • Intensificar y extender nuestra capacitación en el manejo de las herramientas de la diplomacia ciudadana, comenzando por el conocimiento de los instrumentos y mecanismos internacionales
  • Vincularnos activamente con las organizaciones de base, explicarles e informarles, de manera transparente, las gestiones que se realizan en el ejercicio de la DC y promover mecanismos para que las demandas y propuestas de las organizaciones de base sean asumidas en la DC.
  • Trabajar en la elaboración de una estrategia de incidencia en los medios de comunicación dirigida a dar a conocer el contenido e iniciativas de la DC.
  • Avanzar hacia metodologías consensuadas de monitoreo y evaluación que vayan más allá de los informes nacionales –sin excluir a éstos- y reforzar los equipos sólidos de investigación ya existentes.
  • El comprometimiento en la búsqueda de relaciones de trabajo más eficaces entre organizaciones del Norte y del Sur basadas en la construcción de agendas políticas comunes y en la cooperación sobre esa base. Para ello es necesario contar con agendas políticas propias por parte de las redes del Norte y del Sur.
  • La superación de la falsa dicotomía entre la protesta social y la denuncia, por un lado, y la negociación y el diálogo por otro. Si bien se hace necesario identificar con claridad contra qué se está luchando, resulta igualmente imprescindible clarificar, al mismo tiempo, a favor de qué estamos y cuáles son nuestras propuestas. Tenemos la necesidad en ese sentido de articular la protesta con la propuesta.
  • El desarrollo del análisis permanente de las tendencias y las coyunturas, internacionales y nacionales, así como la identificación y conocimiento de los centros de poder internacional.

El Foro de Diplomacia Ciudadana celebrado en México enfatizó cuatro ideas:

  • Encontrar la manera de darle continuidad a este espacio de reflexión y articulación.
  • Desarrollar un sistema de servicios de información, comunicación y capacitación eficaz.
  • Encontrar nuevas y más eficaces formas para actuar conjuntamente en temas transversales prioritarios y en situaciones de gravedad y emergencia.
  • Desarrollar nuestro propio pensamiento crítico sobre las interdependencias entre procesos de democracia, desarrollo, derechos humanos y paz.

Por último, se identificaron también cuatro temas en los que, como producto de la discusión del primer día, resultaba factible ordenar acciones conjuntas. Estos fueron:

  • La necesidad de buscar nuevas vías para avanzar en la exigibilidad integral de los derechos cívicos, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales.
  • La necesidad de avanzar en la consolidación de una relación cooperativa y constructiva entre las ONGs y los movimientos sociales como sustento de la DC.
  • La necesidad de desarrollar nuestro propio pensamiento y propuestas en torno a temas sensibles y urgentes como son los de la paz, la seguridad y la lucha contra el terrorismo.
  • La necesidad de dar respuesta adecuada al tema del fortalecimiento de nuestras capacidades institucionales en general, y en materia de DC en particular.

II Asamblea Extraordinaria del Foro de Diplomacia Ciudadana, Nov 2002

Apenas unos meses mas tarde de haberse constituido el FDC la creciente tensión internacional y continuas violaciones de derechos políticos y civiles bajo la consigna de guerra al terrorismo condujo a la convocatoria anticipada y extraordinaria de una II Asamblea del Foro de Diplomacia Ciudadana (noviembre, 2002). En esta ocasión el tema se concentró en las posibles acciones de la sociedad civil regional para fortalecer el estado de derecho y la paz en las nuevas circunstancias. La relación existente entre el déficit democrático, los modelos económicos socialmente excluyentes y las crisis de gobernabilidad fueron analizados en esa II Asamblea del FDC. En una de las presentaciones se hizo el siguiente análisis coyuntural.  

"Algunos altos oficiales de los ejércitos de la región, desde mucho antes del 11 de septiembre del 2001, habían venido resucitando las viejas teorías de la doctrina de seguridad nacional en documentos internos en los que arbitrariamente clasifican como grupos subversivos y criminales –por tanto como enemigos a neutralizar o aplastar- a diversos grupos organizados y legalmente registrados de la sociedad civil cuyas demandas no comparten.

Antes de esa fecha ya existían varios focos de conflictos en diversas etapas de evolución en nuestra región. En Colombia se viene desarrollando una guerra civil en la que los grupos armados regulares e irregulares violan de manera dramática, cada día, las normas básicas del derecho internacional humanitario. En Chiapas el conflicto armado ha sido contenido pero permanece en estado latente, sin dársele aun una solución negociada satisfactoria y definitiva. En Centroamérica los acuerdos que pusieron fin a casi de varios años de sangriento conflicto regional pierden su eficacia ante la persistencia de violaciones de derechos humanos alentada por la impunidad y la ausencia de proyectos de reconstrucción económica y social de envergadura. En Perú y México la lenta y siempre compleja transición hacia regímenes políticos democráticos se han dificultado aun más por la ausencia de una transición hacia regímenes económicos socialmente inclusivos. En Argentina, -en el momento de celebrarse esa II Asamblea del FDC-, crecía la tendencia de los cuerpos armados a emplear la violencia frente a la protesta social lo que había afectado sensiblemente el tejido nacional y desbordado los limites de juego a la gobernabilidad dentro del status quo. En Venezuela el Presidente democráticamente electo, al tiempo que desarrollaba positivos programas sociales había también aplicado tácticas políticas autoritarias, lo que había contribuido al crecimiento de una masa crítica de oposición a su gestión en la que tienen gran influencia sectores tradicionales de la oligarquía antipopular y antidemocrática. Varios estados del Caribe experimentan índices preocupantes de deterioro económico en ocasiones acompañado de inestabilidad política. Algunos de ellos tienen altos índices de violencia con el empleo de pequeñas armas personales, como es el caso de Jamaica. Haití sigue experimentando una crisis social y conflicto político pese a los esfuerzos mas recientes de la OEA por promover el desarme y una solución política. (No mucho después sobrevendría la crisis final y la intervención externa en ese país). La creciente polarización política con Cuba de la nueva Administración de EEUU no contribuye a mejorar la situación en ese país y pudiera llegar a complicarlas aun más para toda la región si llegase a escalar el ya prolongado conflicto bilateral entre ambas naciones.

Si hubiese que diagnosticar de manera sintética la situación, podríamos afirmar que el modelo neoliberal de integración y desarrollo regional no sólo ha resultado conflictivo con el respeto de los derechos económicos, sociales y culturales, sino también con relación al mantenimiento y desarrollo de regímenes políticos democráticos con estado de derecho. La incapacidad de la clase política de muchos de nuestros países para comprender la interdependencia entre los procesos de integración y desarrollo neoliberales y la creciente crisis de gobernabilidad regional las ha hecho perder legitimidad y autoridad. Al pretender dar respuestas cosméticas a las etapas tempranas de estos conflictos sociales se ha venido contribuyendo a su enraizamiento y a la posibilidad de que continúen su peligrosa evolución hacia etapas superiores de confrontación violenta.

En pocas palabras: si el régimen político democrático demostrase su definitiva incapacidad para controlar y corregir los impactos sociales del régimen económico, terminaría por desacreditarse. De llegarse a esa situación, aquellos que promueven soluciones autoritarias y/o violentas – de derecha o izquierda- a la creciente ingobernabilidad y crisis social, incrementarían sus posibilidades de pasar nuevamente a primer plano. En ambos casos la conflictividad regional se incrementaría más allá de los parámetros actuales.

Por otro lado, la situación regional también tiende a un mayor nivel de complicación dado el fortalecimiento de las tendencias unilateralistas, militaristas e intervencionistas de la política exterior estadounidense. La nueva Administración republicana conjuga una visión simplista y lineal de la realidad exterior con una ideología maniquea acerca de cómo clasificar a aliados y "enemigos". Su proyección global equivale a una suerte de neo-reaganismo de post guerra fría. Los ataques terroristas del 11 de septiembre no determinaron la existencia de una agenda conservadora en la Casa Blanca, pero sin duda viabilizaron su expedita aplicación, nacional y globalmente. Este factor exógeno hace más difícil el surgimiento y manejo de soluciones democráticas y pacíficas a los conflictos que aquejan a nuestra región. Al proclamar un mundo de alineaciones dicotómicas, descalificar moralmente toda opinión disidente y sospechar de quienes abogan por el diálogo, la diplomacia y la negociación, la Administración Bush alienta tendencias favorables a la intolerancia y autoritarismo que siempre han estado presentes en la cultura política regional.

Cabe decir que dentro de este cuadro de tendencias negativas se manifiestan también hechos positivos tales como el triunfo electoral del PT en Brasil que abre una oportunidad a las fuerzas populares para experimentar la búsqueda de la justicia social por vías pacíficas y democráticas. En la región se expresa cada vez con más fuerza un movimiento social que cuestiona la ortodoxia económica de las instituciones financieras internacionales en las que ven la raíz profunda de muchos de los conflictos en curso. También se han venido acumulando experiencias nacionales en el monitoreo e incidencia civilista para la contención y solución de conflictos que constituyen una excelente base para alcanzar una visión regional de la situación en su conjunto. De ese esfuerzo va emergiendo una lectura regional desde la sociedad civil acerca de los conflictos y su complejidad que permiten ya avanzar hacia un pensamiento propio latinoamericano en este campo que pueda conectar su praxis con la de otras fuerzas de la sociedad civil global. Dentro de esa visión latinoamericana de los conflictos y su solución el principio de defensa de la soberanía nacional de los estados continúa teniendo un peso sustantivo.

Reducir la complejidad de algunos de estos conflictos a la contraposición "soberanía nacional vs intervención" sería, sin embargo, un peligroso simplismo. Para que un gobierno pueda considerarse representante legítimo de la soberanía nacional de un Estado frente a otros actores internacionales tiene primero que ser respetuoso de la soberanía popular expresada libremente por sus ciudadanos dentro de un estado democrático y de derecho. Los Estados no sólo están obligados a respetar el principio de no-intervención en los asuntos de internos de otros, sino también a respetar aquellas normas internacionalmente establecidas acerca de los derechos de sus ciudadanos. Cuando al calor de un conflicto interno se gestan genocidios o crímenes de lesa humanidad de la envergadura de los cometidos en Rwanda, la comunidad internacional tiene la obligación de intervenir para proteger el derecho a la vida de esos ciudadanos. De hecho, se espera de ella una intervención oportuna que permita prevenir que esos crímenes sean cometidos.

Pero la intervención militar foránea en el conflicto interno de un estado a menudo es una receta para el desastre a menos que se cumplan ciertos requisitos y - aun así- traen aparejadas nuevos problemas. La fórmula más fructífera –pero pocas veces empleada- para resolver conflictos contiene varios elementos: a) monitoreo del surgimiento y evolución de las etapas tempranas de los conflictos, b) empoderamiento y capacitación de las fuerzas locales de vocación pacífica con credibilidad para mediar entre las partes y enfrentar las causas profundas de los conflictos en curso, c) promoción de una cultura política de paz y solución no violenta de los conflictos sociales que privilegie la diversidad, el pluralismo y la tolerancia en un marco institucional democrático- participativo, d) apoyo externo a los procesos de dialogo y solución negociada extendido por actores creíbles para las partes."


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