Una publicación de CDF     | Enlaces | Comentarios | Contacto | Búsqueda |

ISSN 1913-6196

Inicio Temas Autores Reseñas Libros Recursos digitales
Ediciones Documentos Multimedia Lectores opinan Entrevistas Nosotros
Año 2008 Vol. VI
Futuros 21
 Futuros 20
Año 2007 Vol. V
 Futuros 19
 Futuros 18
 Futuros 17
Año 2006 Vol . IV
 Futuros 16
 Futuros 15
 Futuros 14
 Futuros 13

Año 2005 Vol.  III

 Futuros 12
 Futuros 11
 Futuros 10
 Futuros 9
Año 2004 Vol. II
 Futuros 8
 Futuros 7
 Futuros 6
 Futuros 5
Año 2006 Vol.  I
 Futuros 4
 Futuros 3
 Futuros 2
 Futuros 1
 
Más leídos

1. ¿Qué entender por sostenibilidad?

2. ¿Qué son los conflictos?

3.Democracia real, democracia formal. ¿Existe la democracia?

4. Energías renovables: ventajas y desventajas de la energía eólica

5. ¿Cómo evitar el suicidio en adolescentes?

6. El emprendedor y las pequeñas empresas

7. Sociedad política y sociedad civil: ¿nuevos modelos de democracia?

8. ¿Qué impacto puede tener la ética?

9. Comunicación para la equidad de géneros: el poder de la palabra

10. Mediación dirigida por los individuos

 

La Gestión Popular del Agua: respuestas locales frente a la globalización centralizadora

Por David Barkin    

Parte 1 /3

Para ver el marco teórico de este trabajo,
refiero los lectores a mi libro:
Riqueza, Pobreza y Desarrollo Sustentable,
(México: Editorial Jus y Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco).

Con la incorporación de una creciente parte de la vida social en transacciones del mercado, no sorprende la privatización de los servicios de gestión de los sistemas hídricos y la distribución del preciado líquido. Sin embargo, no es evidente que este proceso ofrezca soluciones adecuadas para responder a las múltiples funciones y demandas que surgen en una cuenca, sobre todo en la medida en que se comercializa la producción agropecuaria, se intensifica la producción industrial y se eleva la densidad poblacional. Más aun, con el retiro de los apoyos para la producción rural que acompañó a la integración económica internacional en muchas partes de América Latina, muchas de las comunidades que tradicionalmente se habían ocupado del mantenimiento de los complejos ecosistemas como parte normal de sus procesos productivos han dejado de emplearse en estas labores, ya que requieren de ingresos que la actividad rural no es capaz de proveer.

En México, y otras partes de América Latina, se ha visto una nueva conciencia entre comunidades rurales –indígenas y campesinas– de su aportación potencial al manejo correcto de cuencas y de sistemas hídricos para el uso urbano-industrial como parte de una estrategia alternativa de supervivencia. Con un reconocimiento de la necesidad de asegurar la oferta de agua para grupos marginales y la incapacidad de los organismos oficiales de proteger los ecosistemas donde nacen los ríos y de donde se proveen los acuíferos subterráneos, las nuevas propuestas "populares" para el control local de estos procesos de "la producción del agua" requieren de un apoyo político y un respaldo técnico para diseñar las alternativas adecuadas frente a los esquemas simplificadores de la globalización centralizadora.

A la vez, el reconocimiento de los retos de un manejo más responsable de los sistemas de almacenamiento, distribución y tratamiento de aguas para usos urbanos e industriales está transformando el panorama institucional. Se está reconociendo la incapacidad de los gobiernos locales y nacionales para asegurar una administración al nivel requerido de los recursos hídricos. Por eso, y por presiones de las instituciones multilaterales de "desarrollo," se están emprendiendo negociaciones para otorgar en concesión el manejo de estos sistemas a empresas transnacionales quienes están encontrando problemas inesperados, ya que sus sistemas de "full cost recovery" les están obligando a elevar las tarifas de una manera que despierta resistencia entre usuarios y administraciones locales. De esta manera, las opciones ofrecidas por las organizaciones sociales podrían despertar interés para negociar alternativas políticas.

En este trabajo se ofrece una discusión de algunas de estas opciones con una evaluación de algunas de sus características que podrían contribuir a la resolución de los graves conflictos que están surgiendo. En primer lugar, facilitan colocar en primera plana el objetivo de un manejo "sustentable" de los ecosistemas –unidades territoriales que reúnen recursos naturales con sistemas sociales. Se nota también que esas opciones crean la posibilidad de reconfigurar los escenarios de debate y de negociación en regiones donde la movilización social permite u obliga la búsqueda de nuevos caminos para la administración de los recursos hídricos.

El agua como determinante del modelo de desarrollo

En gran medida, los debates en torno al agua son discusiones sobre la naturaleza de la sociedad, de su estructura productiva y del acceso de los distintos grupos sociales a las oportunidades que se generan. Esto fue particularmente evidente en épocas pasadas cuando se implementaron los grandes proyectos para promover el desarrollo regional con base en la organización espacial en torno a las cuencas hidráulicas (estilo Tennessee Valley Authority).

Estas obras para el aprovechamiento integrado del agua, requirieron de cuantiosas inversiones. Transformarían a regiones aisladas y atrasadas en motores del desarrollo regional y la acumulación nacional. Tal era el potencial de estas obras que los economistas del momento generaron una abundante literatura sobre la aportación de los "polos de desarrollo" (Perroux, 1962), el "gran empuje" (Rosenstein-Rodan, 1943), o el escalonamiento inducido (Hirschman, 1958), para nombrar ejemplos de tres ‘escuelas’ muy conocidas; son modelos que modificaron la manera en que la comunidad internacional concebía el papel del Estado para abrir caminos que podrían aprovecharse los empresarios, operando con el impulso oficial o con los recursos provistos por el mercado. Plantearon una sinergia entre las obras multipropósitos para abrir nuevas tierras al riego y generar hidroelectricidad, con los programas de saneamiento regional (por ejemplo, contra el paludismo o el schistosomiasis) e integración social. Resultaron particularmente atractivo en América Latina, donde la Comisión Económica para América Latina asumió un papel protagónico en difundir el modelo y facilitar apoyos internacionales para su implementación (ILPES, 1976).1

A la luz de decenios de años de funcionamiento, las críticas iniciales se mostraron certeras: mientras que efectivamente abrieron nuevas zonas a la explotación comercial de sus recursos naturales y de la producción comercial para mercados internacionales, en la mayoría de los casos raras veces lograron convertir a las poblaciones locales en beneficiarias de los proyectos. Aun peor: frecuentemente se vieron profundamente perjudicadas a mediada que sus comunidades fueron desmembradas, sus tradiciones culturales menospreciadas. También sufrieron a manos de los nuevos dueños de las tierras abiertas al cultivo (colonizadores e inversionistas) y de los gerentes de las nuevas plantas procesadoras quienes se apropiaron de las utilidades, convirtiendo a los moradores en peones o trabajadores asalariados, sin mayor participación en las riquezas generadas por la intervención estatal (Barkin, 1976). Se introdujeron profundos cambios económicos –nuevas industrias y tecnologías productivas– que agudizaron las diferencias sociales y dejaron una terrible herencia de destrucción ambiental con consecuencias poco estudiadas para la naturaleza, la salud y el bienestar de las poblaciones locales.

A diferencia de los primeros momentos del desarrollismo, hoy en día los debates respecto al carácter de las inversiones y el futuro de las regiones es tema de debate local y, a menudo, internacional. Hay mayor conciencia de los estragos de acciones del pasado y mejor organización de la sociedad civil para opinar sobre los proyectos privados y del estado que proponen alterar los ecosistemas con sus complejos entornos biológicos y sociales. Sin embargo, aun ahora la primacía de lo económico y el poder de los grupos financieros internacionales –en el mercado y en muchos dominios de la opinión pública– constriñe los términos de la discusión a las consideraciones de crecimiento, de generación de empleos (aunque sean de dudosa calidad) y de rentabilidad, en vez de permitir la inclusión de elementos como la calidad de la vida individual y colectiva y la evolución del patrón de actividad en las regiones. Uno de los sectores donde el debate muestra las diferencias entre las partes de forma más notoria es en el área del turismo, donde los imperativos de la implantación del modelo del turismo masivo con la gran inversión que requiere ha desolado a preciosos sitios naturales, con pocos beneficios para las poblaciones locales y terribles daños para los sistemas naturales; un ejemplo trágico de esto está en la costa del Caribe mexicano con la ininterrumpida expansión de Cancún.

Los conflictos entre usos sociales y privados del agua son parte de un debate sobre los requerimientos de la naturaleza, el carácter de la sociedad y la suerte de los diversos participantes (stakeholders). Se repiten en muchos ámbitos: en propuestas para la implantación de proyectos de campos de golf o marinas náuticas en muchas regiones del mundo o la expansión de los nuevos modelos para la producción de camarones (gambas) en ambientes costeros tropicales que requieren de la destrucción de los manglares, complejos sistemas naturales con gran productividad para poblaciones que los saben aprovechar que regulan la interacción entre cuerpos de agua dulce y salada y aseguran la filtración hídrica. Los conflictos plantean un desacuerdo fundamental de cómo van a evolucionar nuestras sociedades y quienes serán los que se dejan escuchar. Hoy en día el despliegue desigual de fuerzas obliga a muchos grupos sociales a salir a la calle para hacerse oír, a emprender actividades de desobediencia civil y a irrumpir en las reuniones de los poderosos quienes se (mal) acostumbraron a dictar los términos de su participación en las inversiones locales. Esto es el contexto en el cuál se está debatiendo "una nueva cultura del agua," que no es realmente una discusión sobre la disposición del agua, ni siquiera los derechos de acceso, sino un debate acerca del camino sobre el cuál se avancen nuestras sociedades.

Los recursos hídricos y el manejo sustentable de los ecosistemas

Quizá el factor primordial en la búsqueda moderna para el manejo sustentable de los ecosistemas es el carácter integrado de las múltiples dimensiones que interactúan en un espacio determinado. Los análisis actuales de la sustentabilidad nunca dejan de poner en primer nivel la importancia de superar los limitantes de visiones disciplinarias o los programas que abarcan los impactos de un actor u otro, aún cuando éste sea dominante en la región. He aquí el punto de partida por una crítica de las propuestas de desprender la gestión local o regional del agua del conjunto de programas para la construcción de una estrategia de "desarrollo sustentable." Aún sin tomar en consideración los problemas de equidad y elementos fundamentales de derechos humanos que se presentan inevitablemente con la administración privada de los servicios de agua, el desprendimiento de la gestión del agua como un servicio esencial que requiere de un trato "técnico" conduce a un diseño que casi siempre han contrapuesto los objetivos de las autoridades del agua contra los de otras administraciones y con los diversos grupos sociales en contienda.

Estas diferencias en objetivos se vuelven crecientemente fundamentales en la medida que se apremia la oferta del vital líquido o su oferta en una región se hace atractiva para otra región que plantea trasvases de ‘excedentes.’ También crecen las incompatibilidades entre actores con la privatización de los servicios de suministro, que generalmente incluyen las etapas previas de acopio y almacenamiento y las posteriores de tratamiento (depuración) y disposición. No es el propósito de este análisis ofrecer una discusión exhaustiva de todos los elementos que contribuyen a agudizar el conflicto entre las partes. Más bien en esta sección quisiera enfatizar un problema fundamental que dificulta la resolución de conflictos dentro del marco del mercado en nuestras sociedades: la diferencia entre el objetivo primordial del concesionario para maximizar sus ganancias o el retorno sobre su inversión, por un lado, y la demanda por una oferta adecuada en cuantía y en calidad a un costo accesible para los usuarios.

Al concesionar la responsabilidad para el abasto de un producto esencial como es el agua –un producto cuya disponibilidad depende en gran medida del buen manejo de ‘los comunes’– es inevitable una serie importante de diferencias en criterios adecuados para la operación. Quizá uno de los más influyentes es el horizonte de tiempo con que se diseñan los sistemas operativos: para una empresa particular la rapidez con que se recupera una inversión es determinante en la valoración que ponen los mercados en su desempeño. Para el público, en contraste, la durabilidad de la instalación –medido en decenios, e implicando inversiones iniciales superiores– podría ser primordial. De igual manera, el conflicto entre gastos corrientes y de inversión también son importantes, tanto para un operador público como para el operario particular. Es especialmente notable como se están descubriendo que muchos sistemas de agua potable en todas partes del mundo se han deteriorado a raíz de la ausencia de programas regulares de mantenimiento, y por la tendencia de desviar parte de los ingresos de cobros por los servicios de agua para otros renglones del presupuesto 2.

La ausencia de programas regulares de sustitución de secciones anticuadas de las redes de distribución y de conservación adecuada de las áreas de recolección de agua para garantizar la calidad de la misma son problemas muy comunes en los sistemas de agua potable alrededor del mundo; más frecuente aún es la ausencia de sistemas adecuados de tratamiento de aguas servidas (negras), por problemas financieros y porque refleja el peligro común de un recurso como el agua: la posibilidad para que un vecino fuerte pueda transferir sus problemas a otras comunidades, sin consecuencias.

Estos mismos problemas, que han venido generando algunos de los problemas que actualmente aquejan a muchas jurisdicciones en el mundo, están llevando a la privatización de la operación de los sistemas públicos. De esta manera, se cree que es posible transferir la responsabilidad sobre los errores del pasado y hacer invisible la carga financiera de las nuevas inversiones requeridas para su actualización y expansión; al trasladar la gestión a otra entidad es posible reducir la deuda pública y, sobre todo, las obligaciones futuras de endeudamiento. Se considera que las grandes empresas que se están especializando en la operación de sistemas públicos de agua tienen fácil acceso a los mercados de capital y están en condiciones de introducir las últimas tecnologías para la adecuación de los anticuados e inadecuados sistemas públicos.

Este enfoque es inadecuado porque visualiza el problema de la operación de los sistemas públicos como un asunto técnico y de financiamiento. Sin embargo, la justificación para el manejo de estos sistemas dentro de la esfera pública es otra: el carácter del agua como "bien público" y el derecho implícito que tiene todo el mundo de guardar un acceso a este recurso vital; tal es el caso, que en los libros básicos de economía en periodos pasados se usaba el agua y el aire como ejemplos arquetípicos de "bienes públicos" cuyos valores de uso superan con mucho sus precios y sus "costos" de producción. El conflicto en objetivos se vuelve evidente en la programación de inversiones y en las estrategias para la fijación de tarifas: se dan prioridad a las inversiones que responden a las necesidades de los usuarios mejor capacitados para pagar las cuotas requeridas para la recuperación de las inversiones, y se rechaza como inmanejable el concepto de un "piso de dignidad" que garantiza el acceso a una cantidad mínima del producto sin costo. Igualmente difícil en esas condiciones es plantear que el ente privado sea agente para implementar una política tarifaria ecológica y/o progresiva, incorporando en los precios una estructura que promoviera el ahorro en el consumo y subsidios cruzados, para combinar metas sociales y ecológicas con obligaciones financieras.

Como consecuencia, no es de sorprender que en muchos casos no se cumpla con las expectativas públicas en las instancias donde se implementaron políticas para la privatización del agua. Quizá una de las evaluaciones más cuidadosas del proceso –del ejemplo de Buenos Aires, donde la experiencia tenía más de 10 años en madurar– es reveladora de los problemas. En un mercado donde sus ganancias son más que el doble de los promedios internacionales los investigadores concluyeron (Loftus y McDonald, 2001):

  1. En vez de volver más responsable al público, Aguas Argentinas parece haberse vuelto en una serie de prácticas clandestinas y de dudosa ética;
  2. A pesar de haber reducido las tarifas inicialmente de manera importante, el costo del agua ha aumento en más de 20% en términos reales;
  3. Estos aumentos han sido cargados de manera desproporcional a los pobres (como consecuencia, tasas de no-pago han llegado a 30% con terminación de servicio más común);
  4. La infraestructura de alcantarillado no ha crecido con la entrega de agua (ya que es más redituable el servicio del agua) y no ha cumplido con su obligación de construir una nueva planta de tratamiento de aguas servidas;
  5. Se han observado serios problemas ambientales a raíz de estas fallas; y
  6. Se han acudido a cuotas especiales y a la banca multilateral de inversión para financiamientos (a expensas de otras partes del sector público) en vez de utilizar los mercados comerciales de crédito.

Otros analistas son todavía más acerbos. El Public Service International Research Unit de la Universidad de Greenwich en Londres ha documentado la concesión de los sistemas de agua potable y ha llegado a fuertes conclusiones: "La corrupción es una parte inherente en los procesos de privatización del agua como en otras áreas." De igual manera no ha logrado realizar las promesas de eficiencia y de ampliación efectiva en la cobertura, ya que las extensiones realizadas de las redes han sido contrarrestadas por los recortes en servicio ocasionados por la incapacidad de pago de grandes segmentos de la población (Hall, 2001; Hall, et. al. 2001).3


Notas


Ir a:
 

Primera Parte
Segunda Parte
Tercera Parte

Siguiente: La gestión centralizada...  

Imprimir este artículo   Imprimir


Este website esta bajo la licencia de Creative Commons Licence
Cualquier material de esta revista puede reproducirse libremente de forma impresa o electrónica sin previa autorización, siempre que se cite como  fuente a la Revista Futuros y su uso no sea con fines comerciales. Agradeceríamos ser informados y que se nos hiciera llegar una copia o referencia del material reproducido.
Se exceptúan de la libre reproducción los materiales tomados de otras fuentes; para reproducir estos artículos debe pedirse autorización a la fuente original.

Las opiniones expresadas en los artículos son de los y las autores y no del American Friends Service Committee o de Citizen Digital Facilitation
Los invitamos a enviarnos sus colaboraciones, las cuales serán  publicadas de ser seleccionadas por la dirección de la revista.
Si tiene problemas o preguntas relacionadas con esta Web, póngase en contacto con el Equipo Futuros.
Última actualización: