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Parte
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La gestión centralizada del agua versus la descentralizada
La gestión
del agua es un asunto complejo que transciende con mucho el problema de
tratar de equilibrar la oferta con las varias demandas para el recurso. Para
empezar, hay un creciente reconocimiento que el problema del agua no es sólo
de volúmenes sino de calidad (Biswas, 2001). Sin embargo, como se apuntó
anteriormente, tanto la oferta como la demanda para el agua depende de la
manera en que la sociedad se organiza para su acopio y para otorgar
licencias para su uso; los marcos sociales y regulatorios, así como las
tradiciones y el funcionamiento de los mercados tendrán sus respectivos
pesos en la situación en cada región.
Esta complejidad podría ilustrarse con sólo mencionar un
aspecto, la cosecha de agua de lluvia. Vieja práctica, la recolecta de aguas
de lluvia fue parte de la organización social que incluía técnicas para el
manejo del suelo, incluyendo sistemas de conservación de los bosques, la
construcción de terrazas, conductos superficiales y acueductos, y el
aprovechamiento y la conformación de estanques naturales y artificiales para
la captación y utilización de aguas de distintas calidades. Por supuesto,
también influía en las técnicas y diseños de las habitaciones, llevando a
muchos pueblos de incluir importantes obras para la conducción y el
almacenamiento subterráneo del agua. En otras regiones, donde los regímenes
pluviales con extremos, previsiones importantes para el desalojo del agua
eran tan significativas como los del almacenamiento en las regiones más
secas.
Pero la misma cosecha del agua se ha vuelto un asunto
controversial. En las urbanizaciones de las ciudades en rápido crecimiento,
las técnicas industriales de construcción han relegado las prácticas
tradicionales a favor de la economía de diseños modulares y reproducibles y
el imperativo de la reducción de los costos iniciales de las inversiones. En
otras zonas, donde la agricultura comercial ve a las grandes obras
hidráulicas, financiadas a través del erario público, como un derecho para
su aportación al "desarrollo" nacional (¡y para la acumulación privada!),
han surgido conflictos entre los agricultores y las comunidades que están
tomando conciencia del potencial de un esfuerzo propio para forjar
estrategias propias. En la India, algunos grupos poderosos han intervenido
tratando de impedir a las comunidades seguir extendiendo sus sistemas de
"cosecha" de lluvias, ya que ha logrado tal grado de eficacia que está
amenazando la viabilidad ‘comercial’ de algunas de las obras construidas con
la justificación de evitar inundaciones. Los agricultores, que dependían de
las aguas para el riego de sus cultivos comerciales, están demandando a las
comunidades por los daños pecuniarios, mientras que el Estado se ve obligado
al uso de la fuerza pública para tratar de impedir a las comunidades de
seguir practicando estas técnicas tradicionales (Agarwal y Narain, 1997).
Los mismos conflictos se reproducen de distintas maneras en
otras partes del mundo. Grupos empresariales están buscando implantar nuevos
proyectos para transformar –léase modernizar – la sociedad. Pero estas
transformaciones ponen en duda la capacidad de otros grupos sociales de
seguir con sus propios proyectos de antaño. Las nuevas propuestas requieren
de volúmenes adicionales de agua, de una reconformación del territorio y
nuevos cuadros de trabajadores.4 Los
sistemas especializados dejan sus estragos en todas las dimensiones de la
vida nacional: nuevas enfermedades, deterioros en el ambiente, trastornos en
la organización social. Para corregir estos desequilibrios se plantea
rehacer al país, sujetarlo a una nueva lógica y a una nueva relación con los
demás países, denominada nueva división internacional del trabajo. Esta
globalización, con sus sistemas especializadas de producción y su ilimitada
capacidad de desplazar sus exigencias alrededor del mundo, se desenvuelve
por un continúo proceso de centralización, del proceso de acumulación así
como del control de la asignación de los recursos naturales y sociales.
En cuanto al agua, se nota en los planes para intensificar
la oferta turística en la Costa del Sol en España, las plantas maquiladoras
en México, y las granjas de camarones en las costas de los países tropicales
del mundo. Para que funcione cada uno de estos proyectos se requiere del
desplazamiento de importantes grupos sociales y del reordenamiento del
territorio, una reasignación del agua de un sector a otro, de un grupo de
usuarios a otro. El debate social en torno al agua, entonces, no es
solamente una disputa para el recurso, es una manifestación de un conflicto
profundo entre proyectos de vida y respecto a la dirección que las
sociedades tratarán de imprimir sobre el futuro del planeta.5
Ejemplos de un enfoque integrado de gestión de sistemas
hídricos
En lo que sigue, se ofrecen tres ejemplos de la forma en que
comunidades tradicionales han propuesto un manejo propio de sus propios
ecosistemas. Lo que es especial en estos casos es la forma en que sus éxitos
redunden en provecho propio y en beneficio de las poblaciones circunvecinas
y de la sociedad en general. En el último caso, donde las restricciones
institucionales y la avaricia han impedido la participación de los grupos
comunitarios en la gestión del territorio y de sus recursos, el costo que
éste ha acarreado para la nación ha sido grande, y con trágicas
consecuencias para el ecosistema.
Agua Para Siempre: En una región en el centro-sur de
México, conocido como La Mixteca, viven varios grupos de indígenas en
condiciones de pobreza extrema. Es una zona de desolación y de expulsión de
población. Hace más de un cuarto de siglo, una organización no-gubernamental
planteó implantar un programa a largo plazo para el rescate de algunas
partes de la región –un área que abarca más de 1.5 millones de hectáreas con
más de 150,000 habitantes, esparcidos en centenares de pequeñas comunidades.
Se propuso una ambiciosa serie de pequeños proyectos para modificar el
entorno, facilitando la captación de la escasa lluvia que cae y encauzando
los reducidos flujos de agua en los arroyuelos para su uso social.
Construyeron centenares de pequeñas obras para reducir la
erosión y aprovechar la fuerza del agua para reconformar la topografía, para
aumentar la productividad de sus labores y permitir una mayor
diversificación de sus actividades. Los resultados son impresionantes: los
bordes de sus terrazas han sido estabilizados con árboles frutales y agaves
que surten de productos susceptibles de una sencilla industrialización. Los
nuevos jagüeys (pequeños estanques de agua) han permitido la expansión de
sus hatos de bovinos y ovinos; algunas de sus represas se han azolvado, de
manera planeada, para ampliar las superficies cultivables con valiosas
cosechas horti-frutícolas, mientras que otras represas surten agua para
cosechas de granos para surtir algunas de sus necesidades básicas.
Se han consolidado las organizaciones sociales y, con ellas,
la capacidad de autogestión en una región que estaba sufriendo de
desmembramiento hace poco años. Las actividades artesanales han florecido y
nuevas ocupaciones han surgido a medida que los asesores les han apoyado en
esfuerzos para tomar ventaja de nuevas demandas para productos campesinos y
orgánicos. El proyecto ha demostrado el realismo de los planteamientos de la
"tecnología apropiada" y las posibilidades de implementar proyectos que
descansan en conocimientos tradicionales. Además, ha logrado combinar estos
enfoques con conocimientos modernos de sistemas de producción, de
estructuras de mercado y patrones de negociación que ha permitido revertir
el proceso de empobrecimiento en una región marginal de México (Hernández
Garcíadiego y Herrerías, 2001).6
Bosques y agua como instrumentos del manejo sustentable:
Un nuevo proyecto (ca. 1985) para implantar un proyecto internacional
de turismo de playa en la costa del Pacifico contribuyó a agudizar el
problema de degradación ambiental en la región. Las demandas incontroladas
de agua obligaron a bombear a ritmos muy superiores a la tasa de recarga,
con la amenaza de un agotamiento (o, peor, la salinización) del acuífero
costero. Algunos de los problemas hidráulicos tienen sus orígenes en la
incontrolada extracción de ejemplares valiosos de las maderas tropicales en
el medio siglo anterior, y la falta de sistemas efectivos de control para la
plantación de la milpa entre los pobladores en la región.
Al principio de la operación del mega-proyecto, una
organización no-gubernamental planteó la necesidad de revertir la dinámica
de marginar a las comunidades locales. Diseñó un programa de reforestación,
usando principios de lo que denominó conservación productiva, para la
incorporación de los comuneros en actividades remuneradas que contribuiría a
la consolidación y diversificación de la economía regional con una creciente
participación de las comunidades indígenas en su propia administración. Con
el descubrimiento de la magnitud del problema del abatimiento del acuífero
costero, volvió urgente la profundización de las labores, ampliando su
alcance para incluir un manejo adecuado de las cuencas para facilitar la
infiltración de mayores volúmenes de agua mediante un manejo cuidadoso de
los suelos y la reducción de la velocidad superficial del agua, tanto sobre
la tierra como en los ríos.
Se planteó la incorporación de las empresas turísticas en el
financiamiento de estas labores que requerirían de cuantiosas inversiones
adicionales. Como el marco institucional en México impide el pago por
servicios ambientales relacionados con la conservación o la producción del
agua,7 se elaboró esquemas
alternativos para involucrar a los empresarios en el financiamiento de
algunas de las actividades productivas, como es el caso del ecoturismo y las
carpinterías (Barkin y Paillés, 2002). Estas actividades incluyen la
plantación de algunos árboles con densidades mayor que lo deseable a largo
plazo para permitir una corte selectiva y una poda deliberada de los
ejemplares de conservación con miras a producir ramas utilizables en la
fabricación de productos que podrían calificar para una etiqueta de
"producto sustentable" y su colocación en los mercados de comercio justo (Barkin
y Paillés, 2000).
Dos Milagros: Monarcas y campesinos en las sierras mexicanas:
Sin entrar en los detalles del caso, basta decir que la mariposa monarca
ofrece un espectáculo de gran belleza durante su hibernación de cuatro meses
en el centro-oriente de la meseta central de México. Llegan literalmente
decenas de millones de las mariposas, la mayor parte de las cuales nunca
volverán a ver los lagos canadienses de donde salieron. Este viaje multi-generacional
todavía tiene intrigado a los científicos que lo estudian y se ha convertido
en el símbolo de la integración económica norteamericana. Acuden a la
reserva de la biosfera que se ha creado especialmente para las monarcas más
de 400,000 visitantes para admirar el espectáculo.
En condiciones normales, una afluencia de está magnitud debe
ser causa de gran optimismo y movilización social en la región. De hecho,
muchas organizaciones ecologistas han expresado su preocupación por el
deterioro continúo de los bosques en la zona a raíz de la tala clandestina y
la falta de organizaciones locales para combatir los incendios y dar
mantenimiento a los ecosistemas. Como consecuencia, durante el último cuarto
del siglo, han asignado cuantiosas cantidades de dinero a la conservación
del área y para la protección del lepidóptero. Desgraciadamente, los
prejuicios institucionales y personales, junto con distorsiones del mercado
controlado por los empresarios nacionales del turismo, han impedido que las
más de 80,000 personas que habitan en la zona puedan participar en los
programas, y mucho menos, encontrar apoyo para la implementación de las
propuestas surgidas de sus propias organizaciones, en colaboración con
asesores externos.
Esta marginación de la población local ha cobrado un elevado
costo en la región. Importantes grupos se ven obligados a salir para buscar
trabajo en ciudades cercanas o en destinos lejanos. No pueden realizarse de
manera normal las labores regulares de vigilancia y de conservación de los
bosques por falta de mano de obra y de ingresos. Pero la discriminación
también exige su cuota de los propios villanos, ya que la región se
encuentra en la cuenca de uno de los sistemas hidráulicos más sensibles del
país: el Lema-Chapala-Santiago que alimenta el lago natural más grande de
México que se encuentre amenazado por la falta de agua. Algunos estiman que
la zona de hibernación de la Monarca podría aumentar su aportación a las
aguas de la Cuenca por un factor de tres, si hubiera las inversiones
necesarias para la rehabilitación de los bosques y sus entornos (Barkin
1999).
Ni los campesinos ni las mariposas están amenazados con
desaparecer (Barkin, 1999). Cada uno tiene sus propias estrategias para
protegerse contra la voracidad de sus predadores. Sin embargo, los dos
podrían ayudarse mutuamente si las "fuerzas vivas" en la región les
permitiera participar en las oportunidades generadas por el turismo.
Actualmente, es poco probable que las estructuras monopolistas se
flexibilicen para permitir una distribución más amplia de los beneficios.
Como consecuencia, tampoco es previsible que se encuentran soluciones para
que la región surta mayores volúmenes de agua a su cuenca, que tanta la
requiere.
Notas
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