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Parte
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Los hechos dicen más que las palabras: la
aplicación de las directrices
La formulación y ratificación de las directrices
constituyeron un triunfo para la sociedad civil y los estados miembros que
han abogado durante mucho tiempo por una mayor inclusión de la sociedad
civil en el seno de la organización. Desgraciadamente, debido al carácter
conservador, burocrático y multidepartamental de la OEA y los miembros que
la integran – un grupo de 34 países con realidades políticas, económicas y
sociales distintas – los beneficios de este mecanismo han quedado en algunas
ocasiones en el plano teórico y sus logros han sido principalmente
simbólicos. A pesar de contar con aprobación oficial, la aplicación práctica
de estos instrumentos es un proceso complejo. Tal como reflejan el tiempo
empleado y las negociaciones realizadas a fin de lograr acuerdo en las
Directrices, los cambios se hacen escalonadamente y por lo general no existe
un plan integrador, sino que las acciones, actividades y políticas están
guiadas por revisiones y modificaciones anuales; y las reglas cambian
constantemente. Desde el punto de vista burocrático, las resoluciones se
originan en el Consejo Permanente, se aprueban en las asambleas generales, y
se ejecutan por la entidad correspondiente. En el plano técnico, esto puede
motivar la creación de una comisión o grupo de trabajo nuevo, y las
estructuras y procedimientos para poner en práctica las reglas pueden
demorarse en funcionar, cuya eficacia está ligada a un proceso largo de
aprendizaje. Las negociaciones políticas y la creación de consenso tienen
sus propios retos. La puesta en práctica de los mecanismos para facilitar la
participación de la sociedad civil se ha visto afectada de alguna manera por
todas estas limitantes. El proceso de acreditación ha funcionado bastante
bien; sin embargo, la tarea más ardua aún de establecer relaciones y crear
confianza, de facilitar la inclusión y tolerancia auténticas de opiniones
diferentes, así como la voluntad de parte de los gobiernos de compartir
ciertos espacios guardados celosamente han demostrado ser más difíciles de
lograr.
El proceso de acreditación
Las Directrices establecen parámetros que definen los
derechos y responsabilidades tanto de la OEA como de las OSC, ya sea para
propiciar acceso como para disipar las inquietudes de determinados países
que estén menos animados con la inclusión de la sociedad civil. La
elaboración de criterios específicos para la acreditación se hizo con el
objetivo de garantizar que las organizaciones que se acrediten posean la
competencia requerida y experiencia en alguna área de interés de la OEA
y que sean representativas de un grupo mayor o de un criterio
compartido entre una amplia membresía (OEA 1999). Aunque la acreditación
velaba por que las organizaciones fueran representativas y calificadas,
existían preocupaciones acerca de la utilidad del proceso para garantizar la
inclusión de criterios y puntos de vista divergentes en los marcos de toma
de decisiones de la OEA. Cuando las Directrices estaban siendo redactadas,
varias organizaciones de la sociedad civil expresaron sus inquietudes con
respecto al proceso de acreditación. Algunos grupos temían que los criterios
de selección fueran muy estrictos y que en última instancia restringieran
el número y tipo de organizaciones a las que se les concederían el estatus
de acreditada (Shamsie, p. 12). Aunque las Directrices definen a las OSC de
manera general y flexible, de manera que incluye "toda institución o entidad
nacional o internacional integrada por personas naturales o jurídicas de
carácter no gubernamental," los criterios exigen que además de información
básica las OSC presenten informes anuales, datos financieros e indiquen su
principal área de competencia y de qué manera pueden contribuir con la labor
de la OEA. Más problemático aún es el requisito de mostrar los estatutos
sobre los que se basan su estructura institucional lo cual dejaría afuera a
numerosos grupos de bases y menos formales que representan intereses
importantes en la región.
El proceso de acreditación ha estado en funcionamiento por
más de tres años. Al observar los grupos que han solicitado y recibido la
acreditación, vemos que los criterios de selección contenidos en las
Directrices no han sido tan excluyentes. En la actualidad hay un total de 67
organizaciones acreditadas de todo el hemisferio: 12 se acreditaron en 2000;
33 en 2001; 5 en 2002; y 17 hasta la fecha en 2003. Todas las organizaciones
que han solicitado acreditación, la han recibido. Entre las acreditadas se
encuentran organizaciones prominentes como CIVITAS International, Human
Rights Watch y el Centro Carter, así como otras más pequeñas centradas
en un tema en particular como Casa da Cultura da Mulher Negra, de
Brasil, y la Fundación Promotora de la Vivienda, de Costa Rica. Partiendo de
un informe reciente de la OEA, los mandatos y las áreas de interés de las
organizaciones acreditadas abarcan una variedad de temas, entre los que se
encuentran la protección de los derechos humanos, el desarrollo de sistemas
electorales y los derechos de los indígenas (OEA 2003a).
La distribución geográfica de las organizaciones, presentada
en la Tabla 1 a continuación, es menos completa. Muchos países miembros no
tienen representación de la sociedad civil en la OEA. Esta "laguna
geográfica" quizás se deba a falta de recursos, lejanía y falta de apoyo de
los gobiernos nacionales respecto a sus OSC. Asimismo, se pudieran añadir a
estas deficiencias la escasez de información sobre los mandatos y objetivos
de la OEA e insuficiente información sobre el proceso mismo de acreditación.
|
Región |
Número de OSC
acreditadas ante la OEA |
Composición
|
|
Andes |
11 |
Bolivia, 1; Colombia, 2;
Ecuador, 3; Perú, 2; y Venezuela, 3 |
|
Caribe |
2 |
República Dominicana, 2; ningún
otro país está representado |
|
América Central |
|
Costa Rica, 6; Panamá, 1;
ninguna de Belice, El Salvador, Guatemala, Honduras ni Nicaragua |
|
Europa |
5 |
Francia, Alemania, España,
Suiza, y el Reino Unido, 1 cada país |
|
Norteamérica |
32 |
Canadá, 5; México, 1;
EE.UU., 26 |
|
Cono
Sur |
10 |
Argentina, 7; Brasil, 2; Chile,
1; Paraguay y Uruguay, ninguna |
|
TOTAL |
67 |
|
En sentido general, el proceso de acreditación parece
estar funcionando sin contratiempos y no parece ser tan complicado ni
excluyente como se temía.7 El período de espera entre que se hace la
solicitud y se otorga la aprobación varía, pero este parece depender
exclusivamente de la fecha que el Consejo Permanente haya fijado para su
reunión, donde se emite la decisión final sobre el otorgamiento de la
acreditación. Aunque hasta hoy ninguna organización que haya solicitado la
acreditación ha sido rechazada, el número de organizaciones acreditadas
sigue siendo bajo. Los gobiernos nacionales de los países miembros de la OEA
deben hacer una mejor labor de promoción del proceso con miras a elevar el
número de OSC involucradas en la OEA.
La Acreditación en Acción
A pesar de que las OSC que lo han solicitado han recibido el
estatus de acreditadas, existen ciertas disposiciones en las Directrices que
siguen siendo inoperantes y subutilizadas. Una vez acreditadas, las OSC
obtienen un estatus especial y beneficios que les permiten participar más
plenamente dentro de la OEA. Es precisamente la labor de atraer, informar e
incluir a las OSC en el trabajo de la OEA la que ha presentado mayores retos
a la OEA y la puesta en práctica de las Directrices.
Primero, tanto el número de temas como la profundidad de los
debates en que han tomado parte las OSC han sido insatisfactorios ya que han
sido pobres y superficiales. Las OSC acreditadas tienen derecho a nombrar
representantes para que asistan a las conferencias de la OEA y encuentros
públicos de los órganos políticos, así como a las reuniones a puertas
cerradas de dichos órganos cuando así lo apruebe el Presidente y los países
miembros participantes. En enero de 2003, la Secretaría de Cumbres de las
Américas de la OEA publicó un informe detallado con todos los eventos de la
OEA en que habían participado OSC. Dicho informe indica que desde 1999,
dentro del marco de las Directrices, la participación de las OSC en las
actividades del Consejo Permanente ha estado circunscrita mayormente a la
Comisión de Gestión de Cumbres Interamericanas (3 reuniones) y a la Comisión
sobre la Participación de la Sociedad Civil en las Actividades de la OEA (2
reuniones). Igualmente señala que hasta octubre de 2002 las OSC habían
participado en 7 conferencias especializadas desde 1999 y un total de 11
organizaciones habían trabajado con el Consejo Interamericano para el
Desarrollo Integral (CIDI) desde 1996 (OEA 2003a).
Estas cifras muestran que el número de eventos en que las
OSC han participado conforme a las Directrices es relativamente reducido.
Como resultado de esta pobre participación, los debates de temas en los que
las OSC han podido participar no han sido lo amplio y sustancial que se
esperaba. Aunque en los encuentros de Gestión de Cumbres se abordaron
brevemente temas como justicia, salud, derechos humanos y corrupción, la
mayor parte de los debates en que la sociedad civil participa está centrada
en el propio tema sobre participación de la sociedad civil. Aunque esto es
comprensible dado que no fue hasta recientemente que se le dio participación
a las OSC, es necesario avanzar más allá de este tema y darle participación
activa a las OSC en debates sustanciales sobre diversos temas.
Con vistas a desarrollar debates provechosos en materia de
políticas, es necesario tener un intercambio de ideas amplio y un diálogo
activo que no existen en la actualidad. Las OSC acreditadas solo pueden
asistir a un limitado número de debates donde tienen un papel pasivo. Las
Directrices le permiten a las OSC elaborar y circular documentos y realizar
presentaciones en encuentros para los que han recibido autorización. En
estos encuentros existe poco espacio para el diálogo, la retroalimentación y
el debate sobre distintos temas. Poder participar es el primer paso, pero es
necesario ampliar estas oportunidades para fomentar un intercambio
auténtico. La sociedad civil debe tener la posibilidad de entablar contactos
más significativos con los representantes y órganos de la OEA. La OEA
debería sacar provecho de la pericia de las OSC, las que a su vez deben
estar preparadas para contribuir a los debates en sus áreas de competencia.
Además de enriquecer los de debates, las OSC poseen una gran
capacidad sin explotar aún de contribuir a la aplicación de los planes e
instrumentos de la OEA. Por ejemplo, cierto analista apuntaba la falta de
iniciativa por parte de la sociedad civil en la puesta en práctica de la
Carta Democrática Interamericana a pesar del papel que desempeñó durante su
fase inicial de redacción. Las OSC no han actuado activamente para hacer de
este documento una herramienta fuerte y eficaz en defensa de la democracia
en todo el hemisferio. El mismo analista señala que las OSC podrían tener un
papel importante como canalizadoras de datos e información sobre el éxito de
la democracia y las estructuras democráticas en sus respectivos países.
Podrían igualmente dar apoyo a la OEA y sonar la "alarma" cuando los
gobiernos no sean capaces de advertir a los otros estados miembros de crisis
inminentes (Cameron 2003). Las OSC poseen un caudal de experiencia,
habilidades e información que podrían apoyar y complementar la labor de las
organizaciones multilaterales y de los gobiernos nacionales.
Acceso a la Información
Muchos de estos problemas se acrecientan por la falta de
información oportuna, accesible y completa. A pesar de que se supone que las
OSC reciban los documentos y el calendario de actividades de la OEA, hay una
carencia de información fidedigna sobre las reuniones (calendario de
reuniones, temas a tratar, etc.) resúmenes de encuentros y documentos de
trabajo. En ocasiones la información llega tan tardíamente que pierde toda
uso práctico.8 El sitio web de la OEA ofrece información de utilidad, pero
generalmente esta desactualizada e incompleta. En ocasiones los visitantes
del sitio sufren una "sobredosis de información" al tener que contender con
un gran volumen de información antes de encontrar lo que buscan. Esto se
suma al hecho de que la OEA es un aparato burocrático grande y complejo del
que hay que tener una buena base de conocimientos para poder navegar el
sitio eficientemente. A pesar de que es responsabilidad de cada organización
instruirse acerca de la estructura, funcionamiento y asuntos que le competen
a la OEA, la disponibilidad de información clara y concisa sobre los
pormenores y objetivos de la OEA (por ejemplo, explicación de procedimientos
y nombres de individuos clave) así como el contexto de los documentos que se
emiten sería de gran utilidad. Una información más precisa y organizada
ayudaría a las OSC a estar mejor informadas y preparadas, lo que a su vez
les permitiría realizar contribuciones más útiles.
Más alla de las directrices: la
evolución de la inclusión
Si bien las Directrices habían sido adoptadas y el proceso
de acreditación ya se había iniciado, los debates cerca de la participación
de la sociedad civil en las actividades de la OEA proseguían. Muchos
defensores clave veían la Directrices como un importante primer paso hacia
la inclusión y como un trabajo en curso. La Tercera Cumbre de las Américas
en la Ciudad de Québec le otorgó mayor fuerza al tema de la sociedad civil,
donde por primera vez se instó a los firmantes a trabajar por una mayor
inclusión de la sociedad civil en el sistema interamericano. Durante la
Asamblea General anual en junio de 2001 se aprobó la resolución 1384, la
cual instó a la Comisión sobre la Participación de la Sociedad Civil en las
Actividades de la OEA a desarrollar estrategias en pos de elevar la
participación de la sociedad civil en la OEA. Estas estrategias tendrían
como propósito poner en funcionamiento algunas partes que aún faltaban de
las Directrices y fortalecer los procedimientos y prácticas existentes.
Con el objetivo de cumplir con este mandato, un grupo de
trabajo especial la Comisión comenzó el análisis de estrategias posibles
para elevar la participación de la sociedad civil. El grupo realizó
consultas con representantes del Banco Mundial, el BID y CARICOM para tratar
de obtener información sobre modelos participativos además de sostener
encuentros en marzo de 2002 con organizaciones acreditadas sobre como elevar
el intercambio de información y la participación de la sociedad civil en la
OEA. Un total de 25 organizaciones participaron e hicieron sugerencias sobre
cómo hacer más fructífera esta renovada relación entre la OEA y la sociedad
civil y señalaron algunos problemas relacionados con las Directrices, como
ya se analizó en la sección anterior. Posteriormente, el grupo de trabajo
presentó los resultados de estas consultas en un borrador de estrategias
para elevar la participación de la sociedad civil. Infelizmente, los países
miembros no lograron alcanzar consenso sobre el borrador de estrategias lo
cual impidió que el documento se analizara en el seno de Asamblea General de
2002. El proceso se pospuso. En su lugar, durante la Asamblea General de
2002 se aprobó una segunda resolución en la que se le encomendaba al Consejo
Permanente una vez más evaluar la aplicación de las Directrices y a que
"diseñe, consulte y adopte estrategias con el fin de aumentar y fortalecer
la participación de la sociedad civil en las actividades de la OEA."
Equipada con la resolución de mayor alcance aprobada por la
Asamblea General hasta la fecha, y con un nuevo mandato para fortalecer las
Directrices, la Comisión tenía toda libertad para analizar estas cuestiones
con mayor profundidad. El Grupo de Trabajo sobre las Directrices y
Estrategias para la Participación de la Sociedad Civil en las Actividades de
la OEA quedó formado oficialmente en septiembre de 2002 con el objetivo de
elaborar un plan para incrementar y consolidar la participación de las OSC.
El Grupo de Trabajo sostuvo siete encuentros entre septiembre de 2002 y
enero de 2003. El 13 de febrero de 2003 presentó el proyecto de resolución
"Estrategias para Incrementar y Fortalecer la Participación de la Sociedad
Civil en las Actividades de la OEA" (en lo sucesivo Estrategias) a la
Comisión, el cual pasó posteriormente al Consejo Permanente para su estudio.
Las Estrategias constituyen un acuerdo entre todos los
estados miembros de la OEA alcanzado luego de lo que se ha caracterizado
como un "debate arduo." Cuando el proyecto de Estrategias fue presentado
inicialmente, algunos estados se mostraron reticentes a permitir mayor
influencia de la sociedad civil en la OEA. Algunos representantes de países
esgrimían que la presencia de entidades no miembros perturbaría la capacidad
negociadora de los estados miembros. Una vez concluidas las negociaciones y
alcanzado un acuerdo sobre aspectos de redacción del documento, el Consejo
Permanente aprobó las Estrategias el 26 de marzo de 2003, justo a tiempo
para el encuentro de la Comisión con la sociedad civil el 28 de marzo del
mismo año. A pesar de las dificultades, el Presidente de la Comisión expresó
que "la resolución es un paso de avance basado en la experiencia adquirida a
partir de la puesta en práctica de las directrices" (OEA 2003b). Apenas dos
meses desde su aprobación, sólo podemos valorar las posibilidades latentes
que tienen las Estrategias en aras de mejorar el acceso de la sociedad civil
a la OEA. En la sección siguiente se ofrece una valoración de sus
perspectivas de éxito en el futuro.
Notas
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