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Parte 1/4
Tot està per fer i tot és possible
Miquel Martí i Pol
Nosotros los pacifistas somos los realistas
Vicent Martinez Guzman
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Con cerca de 40 años de conflicto armado, Colombia es el
país de América Latina más azotado por la guerra. Cerca de tres millones de
personas desplazadas, los índices de asesinato de sindicalistas y de
secuestro más elevados del mundo, la economía del narcotráfico que todo lo
permea… son indicadores ciertamente desoladores que llevan a pensar si
realmente habrá una salida a este conflicto aparentemente enquistado.
Una de las dificultades que entraña
abordar la guerra en Colombia es que se trata de un conflicto complejo,
donde resulta difícil entender la lógica que lo sostiene y, por lo tanto,
las acciones necesarias para desactivarlo. Cualquier lectura que reduzca el
conflicto a un análisis en blanco y negro, a "buenos "y "malos", fracasará
en su propósito por comprender lo que sucede.
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La diplomacia ciudadana es un concepto peculiar. Al ser de
acuñamiento relativamente reciente (unas dos décadas), le pasa como al
término desarrollo sostenible o sustentable: todo el mundo lo menciona y
nadie sabe muy bien a qué se refiere. No hay, por lo tanto, una definición
única y universalmente aceptada, a pesar de los intentos de varios autores
por concretar o especificar su contenido. En 1982 Joseph Montville definió
la diplomacia de segunda vía (track-two diplomacy) como:
Un proceso diseñado para asistir a líderes oficiales en
la exploración de posibles soluciones, fuera del ojo público y sin los
requerimientos para negociar formalmente o buscar situaciones de ventaja
1 .
Posteriormente, Louis Diamond y John McDonald propusieron el
término de diplomacia de vía múltiple (multy-track diplomacy) para
incluir las contribuciones de movimientos sociales y otros actores no
gubernamentales. Ambas definiciones hacen referencia al papel de "diplomacia
alternativa" que pueden jugar organizaciones de la sociedad civil (OSC) con
relación a la diplomacia formal. El grafico 1 muestra el las esferas de
actuación de las diferentes formas de diplomacia, así como la intersección
entre las mismas.

OSC: Organizciones de la Sociedad Civil
DC: Diplomacia Ciudadana
T2: Diplomacia de segunda vía.
DF: Diplomacia formal
Gráfico 1: Esferas de actuación y complementariedad
entre las diferentes formas de diplomacia.
El presente articulo hará un breve recorrido por los retos,
los instrumentos y las estrategias de la diplomacia ciudadana. Para ello se
sirve de la experiencia empírica acumulada en un contexto de conflicto
armado y construcción de paz, como lo es Colombia. El articulo no pretende,
pues, un análisis sistemático sobre los límites y alcances de las labores de
diplomacia ciudadana de las OSC colombianas. El objetivo, más bien, es
reflexionar sobre las potencialidades de la diplomacia ciudadana en general,
a partir del análisis de los esfuerzos que realizan las OSC en Colombia.
El contexto (Colombia)
Con cerca de 40 años de conflicto armado, Colombia es el
país de América Latina más azotado por la guerra. Cerca de tres millones de
personas desplazadas, los índices de asesinato de sindicalistas y de
secuestro más elevados del mundo, la economía del narcotráfico que todo lo
permea… son indicadores ciertamente desoladores que llevan a pensar si
realmente habrá una salida a este conflicto aparentemente enquistado.
Una de las dificultades que entraña abordar la guerra en
Colombia es que se trata de un conflicto complejo, donde resulta difícil
entender la lógica que lo sostiene y, por lo tanto, las acciones necesarias
para desactivarlo. Cualquier lectura que reduzca el conflicto a un análisis
en blanco y negro, a "buenos "y "malos", fracasará en su propósito por
comprender lo que sucede. La larga duración del conflicto armado, la
variedad de regiones y ecosistemas donde se desarrolla y la multiplicidad de
actores involucrados llevan a que:
Según quién mire y cómo mire, el caso de Colombia puede
ser tomado como un ejemplo de insurgencia comunista, o de guerra
económica, o de balcanización entre ejércitos privados, o de alzamiento
del campo contra la ciudad, o de narcoguerra, o de las llamadas "nuevas
guerras", etc. 2
Hay que tener en cuenta que:
Cada grupo armado es simultáneamente y en un distinto
grado, un proyecto político, un aparato militar, un actor en los
conflictos sociales de la región, un cazador de rentas, un modo de vida,
un poder territorial, un autor de violencia degradada y, por ende, un
freno al desarrollo humano.3
Y, sin embargo, los esfuerzos por salir del callejón son
amplios, diversos y persistentes. Mientras la opinión pública se caracteriza
por pendular repetidamente entre el respaldo a una solución negociada al
conflicto y la mano dura contra los grupos armados ilegales, hay un tejido
asociativo que persiste contra viento y marea en sus esfuerzos de
construcción de paz, de defensa de los derechos humanos y de fortalecimiento
de la democracia.
El hecho que estas expresiones ciudadanas se mantengan a
pesar de tantos años de guerra, de amenazas, desapariciones y asesinatos de
líderes sociales, es una prueba de la capacidad de resistencia de la
sociedad ante las adversidades y, por ende, una esperanza para el futuro.
Los antecentes
Los inicios de las respuestas ciudadanas ante las
consecuencias de la guerra se remontan a casi tres décadas (cuadro 1), en el
contexto de la aplicación de la tristemente famosa doctrina de Seguridad
Nacional, implantada con devastadoras consecuencias para los derechos
humanos en tantos países de América Latina.
Desde ese momento, la capacidad de respuesta crítica y de
movilización fue creciendo hasta llegar a comprometer a millones de
ciudadanos y ciudadanas con el rechazo a la guerra. El exponente máximo
probablemente fuera el Mandato Ciudadano por la Paz, en 1997: una consulta
popular en la que diez millones de personas votaron a favor de la paz,
sumando así más votos que todos los candidatos presidenciales juntos en las
elecciones del año siguiente. El Gobierno, los partidos políticos, los
medios de comunicación e incluso las guerrillas saludaron la iniciativa y
felicitaron a sus promotores por el resultado. Sin embargo, hoy se puede
afirmar que la iniciativa murió de éxito, pues nadie había pensado
seriamente en el día después. La falta de capacidad de concreción de
propuestas y de mantenimiento de la presión ciudadana acabó relegando de
nuevo a las OSC a un papel testimonial. A pesar de eso, el Mandato fue un
hito muy relevante y ha quedado grabado en la memoria colectiva como un
ejemplo de la capacidad potencial de incidencia de la ciudadanía en la vida
política del país y en la búsqueda de soluciones al conflicto armado.
Cuadro
1: Resumen de las
iniciativas de paz de las OSC de Colombia.
|
Periodo |
Características |
|
1978 –
1985 |
Antecedentes de las movilizaciones de paz
Inicio de
las labores de defensa de los derechos humanos, a raíz de la
implementación del Estatuto de Seguridad Nacional por parte del
Gobierno.
Primera
participación de OSC en el marco de la Comisión de Paz creada por el
presidente Betancur. |
|
1986 –
1992 |
Activación de las movilizaciones de paz
Primeras
movilizaciones a favor de una solución política negociada al
conflicto. Acompañamiento a los procesos de negociación y
desmovilización de las guerrillas del M-19, PRT, EPL y
Quintin Lame.
Asamblea
Constituyente y Constitución de 1991 (en sustitución de la de 1886!). |
|
1993 –
1999 |
Fase
organizacional y grandes movilizaciones
Desarrollo del artículo 22 de la Constitución (que se refiere a
derecho y al deber de la paz); creación de la Red Nacional de
Inicitaivas por la Paz (1993), la Ruta
Pacífica de Mujeres (1996) y la Asamblea Permanente de la Sociedad
Civil por la Paz (1996); movilizaciones de millones de persones a
partir del Mandato de los Niños por la Paz (1996), del Mandato
Ciudadano por la Paz (1997) y de la campaña del "No Más" contra el
secuestro (1999). |
|
2000 –
2002 |
Inicio de
la crisis. Fortalecimiento de la base.
El
movimiento nacional de paz y derechos humanos asiste al vaivén de las
negociaciones entre el Gobierno y las FARC sin poder incidir
significativamente en su curso ni en su contenido.
Inicio
del Plan Colombia y réplica ciudadana a partir de la iniciativa de Paz
Colombia.
Conferencia de Costa Rica, convocada por OSC, con presencia de
Gobierno, guerrilla del ELN y comunidad internacional.
Multiplicación y fortalecimiento de iniciativas locales y regionales. |
|
2002 -
|
La nueva
coyuntura
Cambio de
paradigma con la política de "Seguridad Democrática" del Gobierno
Uribe: negación del conflicto armado, polarización creciente,
negociación con paramilitares. Autismo de las guerrillas. Agotamiento
del discurso de las OSC. Creación de la Alianza, para el seguimiento
del Acuerdo de Londres. |
También hay que reconocer al Mandato Ciudadano su aportación
para que la paz se convirtiera en el eje de las elecciones presidenciales de
1998, y para el posterior inicio de conversaciones entre el Gobierno y la
guerrillas de las FARC. Ahora bien, las dificultades de las OSC para
concretar su papel se hicieron más evidentes con el inicio de las
negociaciones de paz. Empezaron a aflorar las diferencias entre ONG de paz y
de derechos humanos, entre organizaciones de ámbito nacional y expresiones
locales y regionales, entre los que querían construir un tercer espacio
político con agenda propia y los que se limitaban a acompañar el proceso
entre Gobierno y guerrilla, etc. En paralelo, el conflicto armado se
recrudecía, pues las negociaciones no implicaron un cese de hostilidades y
los grupos paramilitares entraron en una fase de crecimiento sin
precedentes. La población civil fue castigada más que nunca, y las OSC no
supieron como hacer frente a la nueva coyuntura.
Es en ese momento en que algunos actores sociales empiezan a
cuestionarse el hiperactivismo cortoplacista, a darse cuenta de la falta o
de la debilidad de redes de apoyos internacionales (específicamente con
América Latina) y la necesidad de profundizar en un trabajo más estratégico.
En 1999 varias OSC colombianas e internacionales crean la
Red de Pueblos Hermanos – Lazos Visibles, con el objetivo de incrementar la
participación ciudadana, fortalecer la unidad de acción, establecer alianzas
internacionales, construir una agenda propia y diseñar estrategias de
protección humanitaria del movimiento y sus voceros4. La red hace suya la
definición de Juan Gabriel Tokatlián en un artículo de opinión:
La diplomacia ciudadana consiste en que grupos no
gubernamentales desarmados usurpen benignamente un rol tradicional del
Estado, asuman una labor de interlocución legítima con distintas
contrapartes en el exterior y desplieguen alianzas novedosas con la
sociedad civil internacional.5
Algunos actores sociales asumirán ese reto y centraran su
trabajo en el marco de la diplomacia ciudadana. El resultado más visible de
esta labor se fraguó en la Conferencia de Costa Rica, el año 2000. Un amplio
abanico de OSC fue capaz de convocar al Gobierno, a las guerrillas y a la
comunidad internacional a una conferencia de paz en San José. Aunque las
FARC no asistieran, y la conferencia no lograra todos sus objetivos, sin
lugar a dudas constituyó un segundo gran hito referencial sobre la
potencialidad de las iniciativas ciudadanas en su quehacer diplomático.
Las negociaciones de paz entre Gobierno y FARC se rompieron
en febrero del 2002 y el actual presidente Uribe ganó las elecciones
presidenciales del mismo año (con un apoyo popular sin precedentes), con el
compromiso de "mano dura y corazón grande". El pendulo se volvio a inclinar
del lado de la guerra. Del proceso de negociaciones fracasado quedaron sin
embargo por lo menos dos grandes lecciones aprendidas: la importancia del
acompañamiento y de la corresponsabilización de la comunidad internacional6
, y la necesidad de una mayor participación de la sociedad civil en los
procesos de construcción de paz7.
Evidentemente no se trata de conclusiones que se
circunscriban al caso de Colombia. El debate internacional entorno a la
prevención de conflictos y la construcción de paz defiende de forma
creciente ambas premisas. El sistema de Naciones Unidas ha estado muy activo
en identificar nuevas vías de diálogo y colaboración con las OSC
8. En esta
línea, el PNUD en Colombia se ha propuesto ayudar a las OSC en su tarea de
articulación y cabildeo internacional. Antes de la última conferencia
internacional sobre Colombia, celebrada en Londres en julio del 2003, el
PNUD facilitó varios talleres para que las OSC se pudieran hacer presentes
con un mensaje propio y consensuado. Sin embargo la tarea no fue fácil. En
un contexto político de polarización creciente, ha vuelto a florecer el
clásico debate que Serbin define así:
Hay marcadas diferencias de presupuestos conceptuales,
teóricos e ideológicos, entre la visión del "Tercer sector" como
complemento y corrector del Estado y del mercado (versión neoliberal), y
la concepción del "bloque contra-hegemónico" (versión gramsciana) o de
espacios de contestación (versión postmoderna y activista) en pugna con
el Estado. (...) Estos dos grupos marcan también estrategias diferentes
de relación con los gobiernos. Simplificando, en el primero predomina la
tendencia al diálogo, la interlocución y el cabildeo; en el segundo, la
movilización y la confrontación, como instrumentos para promover el
cambio. 9
Esta definición no recoge la riqueza, la complejidad y los
matices de los debates y tensiones entre las diferentes OSC pues, como
afirma el propio Serbín, ambas estrategias no son necesariamente excluyentes
y, eventualmente, tienden a combinarse. Aun así, las agendas de ambos grupos
no siempre son coincidentes.
La diferencia de agenda se ha hecho más evidente en Colombia
en los últimos dos años, pues parece claro que la diplomacia ciudadana en
Colombia no pasa por uno de sus mejores momentos. Sin embargo este bache no
es nuevo: la experiencia demuestra que probablemente las OSC no tardarán
mucho en reorganizarse de nuevo para hacerse presentes con nuevas propuestas
e iniciativas. De hecho, el metabolismo del tejido asociativo colombiano se
parece al de las células de los organismos vivos, pues se desarrolla a
partir de continuos procesos paralelos de construcción (anabolismo) y de
destrucción (catabolismo). Este dinamismo permite avanzar, manteniendo parte
de la estructura activa de todos los procesos y construyendo procesos nuevos
a partir de la experiencia acumulada. El resultado, como lo muestra el
gráfico 2, es un proceso de "oleadas del movimiento de paz" a lo largo del
tiempo.

Gráfico 2: "oleadas del movimiento de paz"
Notas
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