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ISSN 1913-6196

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Diplomacia ciudadana en conflictos armados: el caso de Colombia

Diplomacia ciudadana

  Por Kristian Herbolzheimer Flamtermesky  

Parte 1/4

Tot està per fer i tot és possible
Miquel Martí i Pol

Nosotros los pacifistas somos los realistas
Vicent Martinez Guzman

Con cerca de 40 años de conflicto armado, Colombia es el país de América Latina más azotado por la guerra. Cerca de tres millones de personas desplazadas, los índices de asesinato de sindicalistas y de secuestro más elevados del mundo, la economía del narcotráfico que todo lo permea… son indicadores ciertamente desoladores que llevan a pensar si realmente habrá una salida a este conflicto aparentemente enquistado.

Una de las dificultades que entraña abordar la guerra en Colombia es que se trata de un conflicto complejo, donde resulta difícil entender la lógica que lo sostiene y, por lo tanto, las acciones necesarias para desactivarlo. Cualquier lectura que reduzca el conflicto a un análisis en blanco y negro, a "buenos "y "malos", fracasará en su propósito por comprender lo que sucede.

La diplomacia ciudadana es un concepto peculiar. Al ser de acuñamiento relativamente reciente (unas dos décadas), le pasa como al término desarrollo sostenible o sustentable: todo el mundo lo menciona y nadie sabe muy bien a qué se refiere. No hay, por lo tanto, una definición única y universalmente aceptada, a pesar de los intentos de varios autores por concretar o especificar su contenido. En 1982 Joseph Montville definió la diplomacia de segunda vía (track-two diplomacy) como:

Un proceso diseñado para asistir a líderes oficiales en la exploración de posibles soluciones, fuera del ojo público y sin los requerimientos para negociar formalmente o buscar situaciones de ventaja 1 .

Posteriormente, Louis Diamond y John McDonald propusieron el término de diplomacia de vía múltiple (multy-track diplomacy) para incluir las contribuciones de movimientos sociales y otros actores no gubernamentales. Ambas definiciones hacen referencia al papel de "diplomacia alternativa" que pueden jugar organizaciones de la sociedad civil (OSC) con relación a la diplomacia formal. El grafico 1 muestra el las esferas de actuación de las diferentes formas de diplomacia, así como la intersección entre las mismas.

OSC: Organizciones de la Sociedad Civil

DC: Diplomacia Ciudadana

T2: Diplomacia de segunda vía.

DF: Diplomacia formal

Gráfico 1: Esferas de actuación y complementariedad entre las diferentes formas de diplomacia.

El presente articulo hará un breve recorrido por los retos, los instrumentos y las estrategias de la diplomacia ciudadana. Para ello se sirve de la experiencia empírica acumulada en un contexto de conflicto armado y construcción de paz, como lo es Colombia. El articulo no pretende, pues, un análisis sistemático sobre los límites y alcances de las labores de diplomacia ciudadana de las OSC colombianas. El objetivo, más bien, es reflexionar sobre las potencialidades de la diplomacia ciudadana en general, a partir del análisis de los esfuerzos que realizan las OSC en Colombia.

El contexto (Colombia)

Con cerca de 40 años de conflicto armado, Colombia es el país de América Latina más azotado por la guerra. Cerca de tres millones de personas desplazadas, los índices de asesinato de sindicalistas y de secuestro más elevados del mundo, la economía del narcotráfico que todo lo permea… son indicadores ciertamente desoladores que llevan a pensar si realmente habrá una salida a este conflicto aparentemente enquistado.

Una de las dificultades que entraña abordar la guerra en Colombia es que se trata de un conflicto complejo, donde resulta difícil entender la lógica que lo sostiene y, por lo tanto, las acciones necesarias para desactivarlo. Cualquier lectura que reduzca el conflicto a un análisis en blanco y negro, a "buenos "y "malos", fracasará en su propósito por comprender lo que sucede. La larga duración del conflicto armado, la variedad de regiones y ecosistemas donde se desarrolla y la multiplicidad de actores involucrados llevan a que:

Según quién mire y cómo mire, el caso de Colombia puede ser tomado como un ejemplo de insurgencia comunista, o de guerra económica, o de balcanización entre ejércitos privados, o de alzamiento del campo contra la ciudad, o de narcoguerra, o de las llamadas "nuevas guerras", etc. 2

Hay que tener en cuenta que:

Cada grupo armado es simultáneamente y en un distinto grado, un proyecto político, un aparato militar, un actor en los conflictos sociales de la región, un cazador de rentas, un modo de vida, un poder territorial, un autor de violencia degradada y, por ende, un freno al desarrollo humano.3

Y, sin embargo, los esfuerzos por salir del callejón son amplios, diversos y persistentes. Mientras la opinión pública se caracteriza por pendular repetidamente entre el respaldo a una solución negociada al conflicto y la mano dura contra los grupos armados ilegales, hay un tejido asociativo que persiste contra viento y marea en sus esfuerzos de construcción de paz, de defensa de los derechos humanos y de fortalecimiento de la democracia.

El hecho que estas expresiones ciudadanas se mantengan a pesar de tantos años de guerra, de amenazas, desapariciones y asesinatos de líderes sociales, es una prueba de la capacidad de resistencia de la sociedad ante las adversidades y, por ende, una esperanza para el futuro.

Los antecentes

Los inicios de las respuestas ciudadanas ante las consecuencias de la guerra se remontan a casi tres décadas (cuadro 1), en el contexto de la aplicación de la tristemente famosa doctrina de Seguridad Nacional, implantada con devastadoras consecuencias para los derechos humanos en tantos países de América Latina.

Desde ese momento, la capacidad de respuesta crítica y de movilización fue creciendo hasta llegar a comprometer a millones de ciudadanos y ciudadanas con el rechazo a la guerra. El exponente máximo probablemente fuera el Mandato Ciudadano por la Paz, en 1997: una consulta popular en la que diez millones de personas votaron a favor de la paz, sumando así más votos que todos los candidatos presidenciales juntos en las elecciones del año siguiente. El Gobierno, los partidos políticos, los medios de comunicación e incluso las guerrillas saludaron la iniciativa y felicitaron a sus promotores por el resultado. Sin embargo, hoy se puede afirmar que la iniciativa murió de éxito, pues nadie había pensado seriamente en el día después. La falta de capacidad de concreción de propuestas y de mantenimiento de la presión ciudadana acabó relegando de nuevo a las OSC a un papel testimonial. A pesar de eso, el Mandato fue un hito muy relevante y ha quedado grabado en la memoria colectiva como un ejemplo de la capacidad potencial de incidencia de la ciudadanía en la vida política del país y en la búsqueda de soluciones al conflicto armado.

 Cuadro 1: Resumen de las iniciativas de paz de las OSC de Colombia. 

Periodo

Características

1978 – 1985

Antecedentes de las movilizaciones de paz

Inicio de las labores de defensa de los derechos humanos, a raíz de la implementación del Estatuto de Seguridad Nacional por parte del Gobierno.

Primera participación de OSC en el marco de la Comisión de Paz creada por el presidente Betancur.

1986 – 1992

Activación de las movilizaciones de paz

Primeras movilizaciones a favor de una solución política negociada al conflicto. Acompañamiento a los procesos de negociación y desmovilización de las guerrillas del M-19, PRT, EPL y Quintin Lame.

Asamblea Constituyente y Constitución de 1991 (en sustitución de la de 1886!).

1993 – 1999

Fase organizacional y grandes movilizaciones

Desarrollo del artículo 22 de la Constitución (que se refiere a derecho y al deber de la paz); creación de la Red Nacional de Inicitaivas por la Paz (1993), la Ruta Pacífica de Mujeres (1996) y la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz (1996); movilizaciones de millones de persones a partir del Mandato de los Niños por la Paz (1996), del Mandato Ciudadano por la Paz (1997) y de la campaña del "No Más" contra el secuestro (1999).

2000 – 2002

Inicio de la crisis. Fortalecimiento de la base.

El movimiento nacional de paz y derechos humanos asiste al vaivén de las negociaciones entre el Gobierno y las FARC sin poder incidir significativamente en su curso ni en su contenido.

Inicio del Plan Colombia y réplica ciudadana a partir de la iniciativa de Paz Colombia.

Conferencia de Costa Rica, convocada por OSC, con presencia de Gobierno, guerrilla del ELN y comunidad internacional.

Multiplicación y fortalecimiento de iniciativas locales y regionales.

2002 -

La nueva coyuntura

Cambio de paradigma con la política de "Seguridad Democrática" del Gobierno Uribe: negación del conflicto armado, polarización creciente, negociación con paramilitares. Autismo de las guerrillas. Agotamiento del discurso de las OSC. Creación de la Alianza, para el seguimiento del Acuerdo de Londres.

Fuente: Elaboración propia y tomado de: Fernández, C., García-Durán, M., Sarmiento, F. Peace monilization in Colombia, en Alternatives to war: Colombia's peace processes, Accord nº14., 2004.

También hay que reconocer al Mandato Ciudadano su aportación para que la paz se convirtiera en el eje de las elecciones presidenciales de 1998, y para el posterior inicio de conversaciones entre el Gobierno y la guerrillas de las FARC. Ahora bien, las dificultades de las OSC para concretar su papel se hicieron más evidentes con el inicio de las negociaciones de paz. Empezaron a aflorar las diferencias entre ONG de paz y de derechos humanos, entre organizaciones de ámbito nacional y expresiones locales y regionales, entre los que querían construir un tercer espacio político con agenda propia y los que se limitaban a acompañar el proceso entre Gobierno y guerrilla, etc. En paralelo, el conflicto armado se recrudecía, pues las negociaciones no implicaron un cese de hostilidades y los grupos paramilitares entraron en una fase de crecimiento sin precedentes. La población civil fue castigada más que nunca, y las OSC no supieron como hacer frente a la nueva coyuntura.

Es en ese momento en que algunos actores sociales empiezan a cuestionarse el hiperactivismo cortoplacista, a darse cuenta de la falta o de la debilidad de redes de apoyos internacionales (específicamente con América Latina) y la necesidad de profundizar en un trabajo más estratégico.

En 1999 varias OSC colombianas e internacionales crean la Red de Pueblos Hermanos – Lazos Visibles, con el objetivo de incrementar la participación ciudadana, fortalecer la unidad de acción, establecer alianzas internacionales, construir una agenda propia y diseñar estrategias de protección humanitaria del movimiento y sus voceros4. La red hace suya la definición de Juan Gabriel Tokatlián en un artículo de opinión:

La diplomacia ciudadana consiste en que grupos no gubernamentales desarmados usurpen benignamente un rol tradicional del Estado, asuman una labor de interlocución legítima con distintas contrapartes en el exterior y desplieguen alianzas novedosas con la sociedad civil internacional.5

Algunos actores sociales asumirán ese reto y centraran su trabajo en el marco de la diplomacia ciudadana. El resultado más visible de esta labor se fraguó en la Conferencia de Costa Rica, el año 2000. Un amplio abanico de OSC fue capaz de convocar al Gobierno, a las guerrillas y a la comunidad internacional a una conferencia de paz en San José. Aunque las FARC no asistieran, y la conferencia no lograra todos sus objetivos, sin lugar a dudas constituyó un segundo gran hito referencial sobre la potencialidad de las iniciativas ciudadanas en su quehacer diplomático.

Las negociaciones de paz entre Gobierno y FARC se rompieron en febrero del 2002 y el actual presidente Uribe ganó las elecciones presidenciales del mismo año (con un apoyo popular sin precedentes), con el compromiso de "mano dura y corazón grande". El pendulo se volvio a inclinar del lado de la guerra. Del proceso de negociaciones fracasado quedaron sin embargo por lo menos dos grandes lecciones aprendidas: la importancia del acompañamiento y de la corresponsabilización de la comunidad internacional6 , y la necesidad de una mayor participación de la sociedad civil en los procesos de construcción de paz7.

Evidentemente no se trata de conclusiones que se circunscriban al caso de Colombia. El debate internacional entorno a la prevención de conflictos y la construcción de paz defiende de forma creciente ambas premisas. El sistema de Naciones Unidas ha estado muy activo en identificar nuevas vías de diálogo y colaboración con las OSC 8. En esta línea, el PNUD en Colombia se ha propuesto ayudar a las OSC en su tarea de articulación y cabildeo internacional. Antes de la última conferencia internacional sobre Colombia, celebrada en Londres en julio del 2003, el PNUD facilitó varios talleres para que las OSC se pudieran hacer presentes con un mensaje propio y consensuado. Sin embargo la tarea no fue fácil. En un contexto político de polarización creciente, ha vuelto a florecer el clásico debate que Serbin define así:

Hay marcadas diferencias de presupuestos conceptuales, teóricos e ideológicos, entre la visión del "Tercer sector" como complemento y corrector del Estado y del mercado (versión neoliberal), y la concepción del "bloque contra-hegemónico" (versión gramsciana) o de espacios de contestación (versión postmoderna y activista) en pugna con el Estado. (...) Estos dos grupos marcan también estrategias diferentes de relación con los gobiernos. Simplificando, en el primero predomina la tendencia al diálogo, la interlocución y el cabildeo; en el segundo, la movilización y la confrontación, como instrumentos para promover el cambio. 9

Esta definición no recoge la riqueza, la complejidad y los matices de los debates y tensiones entre las diferentes OSC pues, como afirma el propio Serbín, ambas estrategias no son necesariamente excluyentes y, eventualmente, tienden a combinarse. Aun así, las agendas de ambos grupos no siempre son coincidentes.

La diferencia de agenda se ha hecho más evidente en Colombia en los últimos dos años, pues parece claro que la diplomacia ciudadana en Colombia no pasa por uno de sus mejores momentos. Sin embargo este bache no es nuevo: la experiencia demuestra que probablemente las OSC no tardarán mucho en reorganizarse de nuevo para hacerse presentes con nuevas propuestas e iniciativas. De hecho, el metabolismo del tejido asociativo colombiano se parece al de las células de los organismos vivos, pues se desarrolla a partir de continuos procesos paralelos de construcción (anabolismo) y de destrucción (catabolismo). Este dinamismo permite avanzar, manteniendo parte de la estructura activa de todos los procesos y construyendo procesos nuevos a partir de la experiencia acumulada. El resultado, como lo muestra el gráfico 2, es un proceso de "oleadas del movimiento de paz" a lo largo del tiempo.

Gráfico 2: "oleadas del movimiento de paz"

Notas


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