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Una nueva educación para un nuevo mundo

Por Jhonny Jiménez

 

La construcción de un nuevo sentido común, basado en la centralidad del ser humano y la naturaleza requiere de procesos de socialización de prácticas y valores culturales, que pueda generar procesos empáticos entre los valores que se profesan y los que se practican, en este campo la educación juega un papel estratégico, en palabras del Padre David Fernández la acción educativa debe aportar "a la transformación de los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, desde una concepción que postule la centralidad de la persona, de los seres humanos, por encima de cualquier otra consideración."1

Para ello hay que afirmar el concepto de calidad de la educación, que no solo pasa por el fomento de destrezas e instrumentos, sino en la generación de procesos valóricos que permitan a los seres humanos mirarnos como tales y construir proyectos históricamente a nivel personal y grupal, pensando que el uno es consecuencia del otro, es decir, la construcción de ciudadanía, basada en derechos y responsabilidades en el presente y hacia el futuro en colectividad. En este sentido la educación para la paz, los derechos humanos, humanista, o como se la quiera llamar nos puede aportar enormemente para este quehacer.

Esta propuesta manifiesta que para generar procesos valóricos, en la pedagogía y la metodología tenemos que partir por el ser humano, el cual vive una serie de conflictos, los cuales necesitan un tratamiento para transformarlos y generar una nueva forma de relacionarnos hacia la construcción de personas e instituciones que sean capaces de mirar al futuro y vivir en forma ética, integrada, armónica y empática. Es decir, empezar del sentir, para generar procesos de sensibilización humana y como manifiesta al Padre Fernández una "educación abierta a las preguntas fundamentales, la verdad, la belleza, el conflicto el fracaso y la esperanza, abierta también a los saberes no racionales, como la intuición y la imaginación"

Decimos que partimos del sentir, porque nos damos cuenta de que el ser humano, no ha perdido su capacidad de indignarse éticamente a los injusticias, que tiene capacidad de asombro, ver como nos angustiamos cuando hay niños en la calle, a mujeres golpeadas y humilladas, ver a jóvenes que miran al futuro sin esperanza; un ser humano que tiene la capacidad para asombrarse a los actos de belleza y de ternura que nos da la vida, todos esos sentires de odio, rabia, miedo, pena y sobretodo de amor, que dan cuenta de que somos seres que estamos vivos, que estamos presentes y que tenemos capacidad para transformar transformándonos. Este sentir, que nos enfrenta al otro como seres humanos, con lo cual nos permite transformar, recrear y proyectar la realidad, es lo que algunos educadores han denominado la sensibilidad inteligente, o la inteligencia múltiple, no quedarnos solamente en la racionalidad, que también es importante, pero toma en cuenta, otras dimensiones del ser humano.

Pero este sentir, no tiene que quedarse, solo ahí, tenemos que tener los instrumentos para comprender, darle sentido a nuestros sentires, es decir, jerarquizar, analizar, comprender el porque de las cosas, que las personas tengan la capacidad de discernir, hombres y mujeres con la capacidad para pensar. La educación basada en los paradigmas de eficiencia y competitividad se basan en la uniformidad y la disciplina, en donde, tenemos que repetir los contenidos de menoría, castigamos los actos libres y la discrepancia. La educación nos da los instrumentos para que podamos, darle este sentido, una nueva sensibilidad social que nos permita comprender las cosas, aprender aprendiendo. En este proceso de discernimiento es necesario que incorporemos los valores que tomen en cuenta las actuales generaciones y las futuras, que el otro está en nosotros como manifiesta Octavio Paz.2

Esta educación debe dar los elementos para el actuar, desde las realidades concretas despertar una nueva sensibilidad para la transformación social, identificando los paradigmas culturales que promueven y generan violencia en las relaciones entre personas y grupos, fomentando así nuevas formas de interrelación basadas en reciprocidad, solidaridad y respeto que permitan recuperar un nuevo sentido de la vida.

Esta propuesta parte del reconocimiento de la necesidad de hacer transformaciones en el ámbito actitudinal y estructural, con el fin de romper la espiral de la violencia y brindar los elementos necesarios para la construcción de una espiral de la paz. En muchas ocasiones, los partidos de la izquierda, en la década de los ochenta apostaron a la transformación de las estructuras injustas, pero se olvidaron del ser humano, en cambio, "la iglesia" se enfocó en los cambios de las actitudes, pero se olvidó la estructura, si queremos trasformar la sociedad en su conjunto, tenemos que desplegar esfuerzos en estos dos ámbitos.

Pero además la educación debería incorporar las siguientes características, que permiten fomentar un mundo más humano y solidario.

  • El respeto a la diversidad, comprender que vivimos un mundo diverso, que somos seres particulares, no somos iguales, pero que en la interrelación con el otro nos vamos construyendo como seres humanos. En este sentido la educación debe fomentar la construcción de identidades y autoestima, promoviendo la autoestima como dice Helio Gallardo queriéndonos con los otros.

  • Unas de las cosas que nos han reprochado los jóvenes y los niños, es de que nuestra sociedad se ha constituido en adultocéntrica, en donde han dejado poco espacio para los jóvenes y los niños-as, de ahí la necesidad de dar espacios para estos dos sectores, fomentando una participación activa en la toma de decisiones y en el quehacer de las cosas. Tomando en cuenta que los que más tiempo van a vivir en este mundo son ellos, y son a los que menos les hemos preguntado en que mundo quieren vivir.

  • Incorporar la dimensión de género, con el fin de avanzar en la equidad entre hombres y mujeres, reivindicando lo femenino y lo masculino como algo valioso que los seres humanos tenemos y que hay que potencializarlo.

  • Fomentar que el ser humano no puede existir sin un medio ambiente sano, que nosotros somos parte de la naturaleza, si destruimos la naturaleza nos estamos destruyendo a nosotros mismos, partir del reconocimiento de que no podemos seguir viviendo en una sociedad antropocéntrica, pensando que el único beneficiario del planeta es el ser humano, tenemos que incorporar una dimensión planetaria, que todo lo que hacemos, de alguna manera afecta al otro, aunque esté al otro extremo de la tierra. Preguntarnos permanentemente, entre el ser y el tener, la educación nos permitirá, fomentar cambios en la cultura, donde podamos construir nuevos paradigmas, basados, en la construcción de seres humanos liberalizados del tener, como lógica para la realización humana. Crear una nueva conciencia ecológica, particularmente en la responsabilidad de nuestros acciones, y de nuestras omisiones, educar en los tres eslabones del cambio ambiental saber - querer - poder. Es decir que esté conciente de la existencia de otras alternativas de vida, que yo quiera incorporar esas alternativas en mi vida cotidiana y que existan las condiciones para asumirlas

  • Fomentar una educación en valores, ofrecer un nuevo modo de mirar los sucesos y los temas, recrear conceptos y contenidos en las formas de participación y las prácticas educativas. No se trata solo de promover los valores sino de recrearlos, se trata de abrir perspectivas nuevas en el trabajo de promoción y construcción de una cultura democrática, equitativa entre los géneros, respetuosa de las diferencias generacionales, que se alimenta de la diversidad y promueve el cuestionamiento de estereotipos que sustentan prácticas discriminatorias.

  • Comprender que los procesos educativos no solamente se hacen en el aula, sino que se construye en interrelación con la realidad social, el educador tiene que trabajar en el ámbito de la familia, trabajo, a la comunidad; debemos dar los elementos para comprender la realidad nacional, participar en los procesos de la transformación social, de ahí la necesidad de poder participar en la vida comunitaria y en el trabajo social. Muchas universidades han caído en el elitismo, pensando que la calidad de la educación pasa por el manejo de estadísticas y formulas, la calidad pasa, por el contrario por el aporte que podemos dar a los procesos concretos de la transformación social;

  • Y por último una de las características fundamentales, como dice Mafalda, la "historia se construye para adelante", de igual manera la educación, por lo que debemos construir seres humanos que se miren hacia el futuro, con personas que tengan capacidad de imaginación, que no pierdan la esperanza, que construyan nuevos horizontes, "sin utopías no hay avance humano ni educación humanista: la educación sin utopía sería inconcebible, contradiría su tarea de mejoramiento constante del ser humano, su propósito de mantener a la persona siempre abierta a mejores posibilidades en rumbo hacia la excelencia humana y profesional. Las utopías no son, hay que decirlo con fuerza, un falseamiento de la realidad, sino un necesario para explorar sus posibilidades reales."3

La idea de comunidad está en cada uno y en todos, se necesita de los otros para establecer derechos, obligaciones y responsabilidades comunes que construyan una nueva forma de convivir humano, eso supone una nueva ética, donde valores como la tolerancia para construir en la diversidad, el respeto, la comprensión, la solidaridad y la justicia sean elementos constitutivos.

Estamos convencidos que solo una formación sistemática permitirá desarrollar nuevas percepciones y reconstruir valores que devuelvan al ser humano la esperanza, la solidaridad y la ternura, perdidos en el empeño de lograr la sobrevivencia personal.

Bibliografía

Fernández David, S.J. rector del IESO, Nuevos paradigmas para una Educación Humanista, tomado del Internet.

Rodas Susana, Módulos de Educación para la Paz., Servicio Paz y Justicia del Ecuador. Octubre del 2.002.

Propuesta pedagógica del Instituto de Educación para la Paz (IDEPAZ), 2.000, en mimeo.

Notas


 

 

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