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La construcción de un nuevo sentido común, basado en la
centralidad del ser humano y la naturaleza requiere de procesos de
socialización de prácticas y valores culturales, que pueda generar procesos empáticos entre los valores que se profesan y los que se practican, en este
campo la educación juega un papel estratégico, en palabras del Padre David
Fernández la acción educativa debe aportar "a la transformación de los
criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las
líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la
humanidad, desde una concepción que postule la centralidad de la persona, de
los seres humanos, por encima de cualquier otra consideración."1
Para ello hay que afirmar el concepto de calidad de la
educación, que no solo pasa por el fomento de destrezas e instrumentos, sino
en la generación de procesos valóricos que permitan a los seres humanos
mirarnos como tales y construir proyectos históricamente a nivel personal y
grupal, pensando que el uno es consecuencia del otro, es decir, la
construcción de ciudadanía, basada en derechos y responsabilidades en el
presente y hacia el futuro en colectividad. En este sentido la educación
para la paz, los derechos humanos, humanista, o como se la quiera llamar nos
puede aportar enormemente para este quehacer.
Esta propuesta manifiesta que para generar procesos
valóricos, en la pedagogía y la metodología tenemos que partir por el ser
humano, el cual vive una serie de conflictos, los cuales necesitan un
tratamiento para transformarlos y generar una nueva forma de relacionarnos
hacia la construcción de personas e instituciones que sean capaces de mirar
al futuro y vivir en forma ética, integrada, armónica y empática. Es decir,
empezar del sentir, para generar procesos de sensibilización humana y como
manifiesta al Padre Fernández una "educación abierta a las preguntas
fundamentales, la verdad, la belleza, el conflicto el fracaso y la
esperanza, abierta también a los saberes no racionales, como la intuición y
la imaginación"
Decimos que partimos del sentir, porque nos damos cuenta de
que el ser humano, no ha perdido su capacidad de indignarse éticamente a los
injusticias, que tiene capacidad de asombro, ver como nos angustiamos cuando
hay niños en la calle, a mujeres golpeadas y humilladas, ver a jóvenes que
miran al futuro sin esperanza; un ser humano que tiene la capacidad para
asombrarse a los actos de belleza y de ternura que nos da la vida, todos
esos sentires de odio, rabia, miedo, pena y sobretodo de amor, que dan
cuenta de que somos seres que estamos vivos, que estamos presentes y que
tenemos capacidad para transformar transformándonos. Este sentir, que nos
enfrenta al otro como seres humanos, con lo cual nos permite transformar,
recrear y proyectar la realidad, es lo que algunos educadores han denominado
la sensibilidad inteligente, o la inteligencia múltiple, no quedarnos
solamente en la racionalidad, que también es importante, pero toma en
cuenta, otras dimensiones del ser humano.
Pero este sentir, no tiene que quedarse, solo ahí, tenemos
que tener los instrumentos para comprender, darle sentido a nuestros
sentires, es decir, jerarquizar, analizar, comprender el porque de las
cosas, que las personas tengan la capacidad de discernir, hombres y mujeres
con la capacidad para pensar. La educación basada en los paradigmas de
eficiencia y competitividad se basan en la uniformidad y la disciplina, en
donde, tenemos que repetir los contenidos de menoría, castigamos los actos
libres y la discrepancia. La educación nos da los instrumentos para que
podamos, darle este sentido, una nueva sensibilidad social que nos permita
comprender las cosas, aprender aprendiendo. En este proceso de
discernimiento es necesario que incorporemos los valores que tomen en cuenta
las actuales generaciones y las futuras, que el otro está en nosotros como
manifiesta Octavio Paz.2
Esta educación debe dar los elementos para el actuar, desde
las realidades concretas despertar una nueva sensibilidad para la
transformación social, identificando los paradigmas culturales que promueven
y generan violencia en las relaciones entre personas y grupos, fomentando
así nuevas formas de interrelación basadas en reciprocidad, solidaridad y
respeto que permitan recuperar un nuevo sentido de la vida.
Esta propuesta parte del reconocimiento de la necesidad de
hacer transformaciones en el ámbito actitudinal y estructural, con el fin de
romper la espiral de la violencia y brindar los elementos necesarios para la
construcción de una espiral de la paz. En muchas ocasiones, los partidos de
la izquierda, en la década de los ochenta apostaron a la transformación de
las estructuras injustas, pero se olvidaron del ser humano, en cambio, "la
iglesia" se enfocó en los cambios de las actitudes, pero se olvidó la
estructura, si queremos trasformar la sociedad en su conjunto, tenemos que
desplegar esfuerzos en estos dos ámbitos.
Pero además la educación debería incorporar las siguientes
características, que permiten fomentar un mundo más humano y solidario.
- El respeto a la diversidad, comprender que vivimos un mundo diverso,
que somos seres particulares, no somos iguales, pero que en la
interrelación con el otro nos vamos construyendo como seres humanos. En
este sentido la educación debe fomentar la construcción de identidades y
autoestima, promoviendo la autoestima como dice Helio Gallardo
queriéndonos con los otros.
- Unas de las cosas que nos han reprochado los jóvenes y los niños, es
de que nuestra sociedad se ha constituido en adultocéntrica, en donde han
dejado poco espacio para los jóvenes y los niños-as, de ahí la necesidad
de dar espacios para estos dos sectores, fomentando una participación
activa en la toma de decisiones y en el quehacer de las cosas. Tomando en
cuenta que los que más tiempo van a vivir en este mundo son ellos, y son a
los que menos les hemos preguntado en que mundo quieren vivir.
- Incorporar la dimensión de género, con el fin de avanzar en la equidad
entre hombres y mujeres, reivindicando lo femenino y lo masculino como
algo valioso que los seres humanos tenemos y que hay que potencializarlo.
- Fomentar que el ser humano no puede existir sin un medio ambiente
sano, que nosotros somos parte de la naturaleza, si destruimos la
naturaleza nos estamos destruyendo a nosotros mismos, partir del
reconocimiento de que no podemos seguir viviendo en una sociedad
antropocéntrica, pensando que el único beneficiario del planeta es el ser
humano, tenemos que incorporar una dimensión planetaria, que todo lo que
hacemos, de alguna manera afecta al otro, aunque esté al otro extremo de
la tierra. Preguntarnos permanentemente, entre el ser y el tener, la
educación nos permitirá, fomentar cambios en la cultura, donde podamos
construir nuevos paradigmas, basados, en la construcción de seres humanos
liberalizados del tener, como lógica para la realización humana. Crear una
nueva conciencia ecológica, particularmente en la responsabilidad de
nuestros acciones, y de nuestras omisiones, educar en los tres eslabones
del cambio ambiental saber - querer - poder. Es decir que esté conciente
de la existencia de otras alternativas de vida, que yo quiera incorporar
esas alternativas en mi vida cotidiana y que existan las condiciones para
asumirlas
- Fomentar una educación en valores, ofrecer un nuevo modo de mirar los
sucesos y los temas, recrear conceptos y contenidos en las formas de
participación y las prácticas educativas. No se trata solo de promover los
valores sino de recrearlos, se trata de abrir perspectivas nuevas en el
trabajo de promoción y construcción de una cultura democrática, equitativa
entre los géneros, respetuosa de las diferencias generacionales, que se
alimenta de la diversidad y promueve el cuestionamiento de estereotipos
que sustentan prácticas discriminatorias.
- Comprender que los procesos educativos no solamente se hacen en el
aula, sino que se construye en interrelación con la realidad social, el
educador tiene que trabajar en el ámbito de la familia, trabajo, a la
comunidad; debemos dar los elementos para comprender la realidad nacional,
participar en los procesos de la transformación social, de ahí la
necesidad de poder participar en la vida comunitaria y en el trabajo
social. Muchas universidades han caído en el elitismo, pensando que la
calidad de la educación pasa por el manejo de estadísticas y formulas, la
calidad pasa, por el contrario por el aporte que podemos dar a los
procesos concretos de la transformación social;
- Y por último una de las características fundamentales, como dice
Mafalda, la "historia se construye para adelante", de igual manera la
educación, por lo que debemos construir seres humanos que se miren hacia
el futuro, con personas que tengan capacidad de imaginación, que no
pierdan la esperanza, que construyan nuevos horizontes, "sin utopías no
hay avance humano ni educación humanista: la educación sin utopía sería
inconcebible, contradiría su tarea de mejoramiento constante del ser
humano, su propósito de mantener a la persona siempre abierta a mejores
posibilidades en rumbo hacia la excelencia humana y profesional. Las
utopías no son, hay que decirlo con fuerza, un falseamiento de la
realidad, sino un necesario para explorar sus posibilidades reales."3
La idea de comunidad está en cada uno y en todos, se
necesita de los otros para establecer derechos, obligaciones y
responsabilidades comunes que construyan una nueva forma de convivir humano,
eso supone una nueva ética, donde valores como la tolerancia para construir
en la diversidad, el respeto, la comprensión, la solidaridad y la justicia
sean elementos constitutivos.
Estamos convencidos que solo una formación sistemática
permitirá desarrollar nuevas percepciones y reconstruir valores que
devuelvan al ser humano la esperanza, la solidaridad y la ternura, perdidos
en el empeño de lograr la sobrevivencia personal.
Bibliografía
Fernández David, S.J. rector del IESO, Nuevos paradigmas
para una Educación Humanista, tomado del Internet.
Rodas Susana, Módulos de Educación para la Paz., Servicio
Paz y Justicia del Ecuador. Octubre del 2.002.
Propuesta pedagógica del Instituto de Educación para la Paz
(IDEPAZ), 2.000, en mimeo.
Notas
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