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Parte 1/4
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América Central y el Caribe
están viviendo los efectos económicos y sociales de nuevos actores
transnacionales, principalmente los de una diáspora emergente. Estas
diásporas constituyen un factor importante en la integración de estos
países a la economía global. El presente documento ofrece un análisis
de estos cambios. Asimismo, examina el fenómeno de la migración en
estas regiones y los cambios que sus economías han experimentado a
consecuencia de ésta, la cuales se han transformado de exportadoras de
productos agrícolas a exportadoras de mano de obra.
Un tema importante de
atención en este trabajo es el impacto económico que ha tenido el
envío de remesas hacia América Central y el Caribe. Además, se pone
énfasis en los vínculos que se han desarrollado más allá del ámbito
familiar —es decir, en el ámbito comunitario, social y político. Los
aportes económicos y comerciales de centroamericanos y caribeños que
residen en Canadá y en Estados Unidos son enormes, lo cual ha creado
una nueva dinámica tanto con respecto a la movilidad laboral como al
comercio y a la inversión.
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1. Emigración centroamericana y caribeña
En la mayoría de los países de América Central y el Caribe
existe una antigua tradición migratoria que ha llevado a miles de ciudadanos
del Sur al Norte debido a las condiciones históricas, políticas y
económicas. El efecto acumulativo de esta corriente, especialmente en la
última parte del siglo XX, explica que actualmente hay al menos cinco
millones de caribeños y centroamericanos que residen en Estados Unidos.
Muchos de estos emigrantes fueron impulsados al Norte por las crisis
políticas en América Central, Cuba, Haití y Jamaica y la mayoría se
estableció en Estados Unidos. Sin embargo, actualmente hay en Canadá casi
medio millón de centroamericanos y caribeños, aunque los inmigrantes
procedentes de Jamaica, Haití, Trinidad y Guyana sobrepasan en número a los
centroamericanos.

Emigración desde América Central y el Caribe
La mayor parte de los inmigrantes centroamericanos en Canadá
y en Estados Unidos llegó a principios del decenio de 1980. La guerra, la
represión y los abusos sistemáticos de los derechos humanos en la región
forzaron a muchos guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses y hondureños a
huir de sus países en busca de un lugar más seguro. En la actualidad, los
centroamericanos constituyen una ‘diáspora joven’, esto es, una minoría
étnica, producida por las corrientes migratorias, que mantiene vínculos con
sus países de origen. Hacia 1990, más de un millón de guatemaltecos,
nicaragüenses y salvadoreños abandonaron sus países para establecerse en
Canadá, Estados Unidos, México y Costa Rica. Entre tanto, el número de
salvadoreños en Estados Unidos superó en el año 2000 el millón, cifra ésta
que representa casi la mitad de los centroamericanos que viven en Estados
Unidos. En el caso de Canadá, las proporciones son acordes. Canadá también
es el país anfitrión de una importante comunidad de haitianos, guyaneses,
jamaicanos y trinitenses que mantienen vínculos directos con sus países de
origen. Los jamaicanos, haitianos y trinitenses representan el 80 % de los
inmigrantes caribeños en Canadá. De este modo, uno de cada tres caribeños de
lengua inglesa vive en el extranjero, la mayoría en Estados Unidos o en
Canadá.
Frente al caso centroamericano, las corrientes migratorias
de gente procedente del Caribe tienen mayores raíces históricas. Las olas
migratorias más recientes se produjeron por una combinación de
inestabilidades políticas y económicas apoyada por una red de lazos
culturales y lingüísticos cada vez mayor. En el campo político, la
emigración cubana alcanzó su máxima expresión tras la revolución de 1959 y,
de nuevo, a principio del decenio de 1980, cuando el Gobierno cubano suavizó
los trámites de salida. Los haitianos huyeron en gran número en el decenio
de 1980, durante la dictadura de Duvalier y la incertidumbre del posterior
gobierno de Aristide mantuvo la misma presión migratoria. En el caso de la
República Dominicana, la emigración se produjo en distintas etapas. Muchos
dominicanos se marcharon al exilio durante el régimen de Trujillo y durante
los años de la transición; a mediados de los años 1980 se produce una nueva
ola migratoria provocada por las dificultades económicas y las protestas
sociales en el país. Frente a la inmigración caribeña hispana, la corriente
de inmigrantes caribeños anglófonos en Canadá se debe principalmente a las
afinidades culturales y políticas, a los vínculos comerciales y económicos y
al hecho de que los países emisores y el país receptor pertenecen a la
Commonwealth. Sin embargo, en el caso de Jamaica, la violencia constante que
vivía ese país también fue un factor que contribuyó a las corrientes
migratorias más recientes y esto también se aplica en cierta medida a
Guyana.
Todos estos grupos inmigrantes crearon diversos vínculos
simbólicos, sentimentales y materiales con sus países de origen. Muchos de
estos vínculos van mucho más allá del simple mantenimiento de contactos con
los familiares.
Notas
La versión original de este artículo fue publicado por
FOCAL,
Septiembre, 2004
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