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Parte 4 /4
4. El futuro de América Central y el Caribe: opciones de
políticas
América
Central y el Caribe se han incorporado de manera substancial a la economía
global, no sólo a través del comercio y de la inversión, sino también a
través del fenómeno de la emigración. De manera más precisa, la región está
pasando de ser una economía exportadora de productos agrícolas a una
economía exportadora de mano de obra. Los envíos de remesas a las familias y
los vínculos transnacionales ofrecen una amplia gama de posibilidades de
desarrollo y de incentivos para estos países. Todo esto plantea una cuestión
importante y es saber si el gobierno o las instituciones del mercado pueden
actuar como agentes de desarrollo y, de ser así, cómo. ¿Es suficiente la
competencia para proteger a los clientes de las especulaciones del mercado o
son necesarias la reglamentación y otras intervenciones de la sociedad (p. ej., la educación)? Proteger a los consumidores de las especulaciones del
mercado ya es un paso. Para promover el desarrollo a través de la
transferencia de remesas, una de las condiciones clave debería ser crear
incentivos tanto para los remitentes como para los destinatarios con el fin
de que utilicen las instituciones financieras ya establecidas para aumentar
la disponibilidad de capital, que es el factor básico que genera
crecimiento, ahorro e inversión. Los bancos y las cooperativas de crédito
son las principales incubadoras de capital. Estas instituciones hacen que el
dinero se reproduzca gracias a las tasas de interés y a las inversiones. Los
remitentes y los destinatarios deberían conocer mejor las ventajas de
canalizar sus recursos a través de instituciones bancarias oficiales.
Los vínculos transnacionales preponderantes ya van más allá
de los envíos de remesas a las familias. Los emigrantes invierten en América
Central y en el Caribe, los grupos sociales se están movilizando en la
región, los ciudadanos tratan de participar en los procesos políticos de sus
países de origen y las infraestructuras económicas se han creado como
resultado de la migración. En la mayoría de los países del Caribe se han
promulgado leyes que permiten a los ciudadanos tener ahora la doble
nacionalidad. Por eso, las actividades políticas transnacionales están
desempeñando un papel fundamental al definir los debates políticos en la
dinámica de los países de origen y empieza a exigirse el derecho al voto en
el extranjero.
Dadas estas realidades, la dependencia de los fondos
exteriores y el estado actual de las frágiles economías de la región, es
necesario poner en marcha nuevas políticas económicas en relación con la
emigración de la mano de obra. Las ganancias procedentes de las
exportaciones, del turismo, de las remesas, de las inversiones y de la ayuda
representan un promedio del 65 % de los ingresos nacionales totales de estos
países.
Opciones de políticas para América Central y el Caribe
Teniendo en cuenta la dinámica y las realidades en evolución
de América Central y del Caribe, han de utilizarse otro tipo de políticas.
Para que sean eficaces, estas políticas deberían tener un efecto directo en
las cuestiones relativas a la reducción de los costos de las transacciones,
al impulso del potencial capital del envío de remesas a través de los
servicios bancarios y financieros, al fomento del turismo y del comercio
nostálgico y al establecimiento de una política estatal favorable a las
diásporas de los países.
i) Reducción de costos
Aunque los países destinatarios ven en las remesas una
fuente importante de ingresos, los costos de las transacciones siguen
siendo una preocupación para los organismos de desarrollo, emigrantes y
otras partes interesadas. Dada la moderna tecnología actual que permite
que las transferencias de dinero cuesten muy poco o nada a la mayoría de
los astutos remitentes y destinatarios, vale la pena preguntarse cómo
pueden ampliarse estas ventajas a los emigrantes remitentes y a los
destinatarios de la clase obrera. Algunas de las opciones para reducir los
costos son: crear alianzas estratégicas entre las compañías que
transfieren dinero y los bancos, y entre los bancos latinoamericanos y
norteamericanos (ambos utilizan tecnologías de tarjetas de débito que
dependen de los cajeros automáticos); utilizar plataformas informáticas
concebidas para la transferencia de dinero; o transferencias desde una
cooperativa de crédito a otra cooperativa de crédito utilizando para ello
la red internacional de envío de remesas.
ii) Dotar de servicios bancarios a quienes no los tienen
Sólo seis de cada diez inmigrantes latinoamericanos
utilizan cuentas bancarias o consideran que tienen un acceso significativo
a cuentas bancarias. Además, en América Central y en el Caribe, sólo dos
de cada diez personas tienen acceso a cuentas bancarias. Las consecuencias
de esta ausencia de servicios bancarios son importantes. Las personas que
no disponen de servicios bancarios no sólo están expuestas a mayores
costos y dificultades diarias, sino que, además, carecen de capacidad para
establecer un historial crediticio y para obtener otras ventajas de las
instituciones financieras. Ayudar a los remitentes y a los destinatarios a
participar en el sector bancario permitiría conseguir transferencias con
menos costos. Algunos gobiernos e instituciones privadas ya están
trabajando en este sentido y podrían definir una estrategia que vincule
las transferencias de remesas con opciones bancarias de manera que los
migrantes se sientan atraídos a participar en el sistema financiero.
Además de dotar de servicios bancarios a quienes no los
tienen, utilizando las remesas como una forma para lograr tales objetivos,
las tiendas que venden al por menor y las otras tiendas pueden aceptar las
remesas para adquirir artículos de base para el consumo diario. Por el
momento, VISA International ha creado una tarjeta de débito de remesas que
está siendo utilizada por las compañías de transferencia de dinero y por
los bancos en el lado receptor. Dicha tarjeta puede utilizarse en
cualquier lugar donde se acepte la tarjeta VISA. La ventaja para el
receptor es la seguridad y la garantía de que la persona tiene el dinero
guardado y de que no lo puede gastar todo a la vez. Además, tiendas como
las farmacias o los supermercados pueden atender a esos clientes.
iii) Inversiones e incentivos para microempresas
Diversos estudios han demostrado que, como promedio,
alrededor del 10 % de las remesas recibidas se ahorran o se invierten, y
que un cierto número de personas está en condiciones de utilizar su dinero
en una actividad empresarial. Tanto el sector privado como los diversos
agentes que intervienen en el ámbito del desarrollo pueden ofrecerse a sí
mismos como socios prestamistas de esos inversionistas potenciales. El
efecto de esto es la disponibilidad de crédito, apoyado por las remesas en
las comunidades locales que no disponen de mercados activos ni de redes de
producción. El hecho de asociar las remesas al microcrédito tiene un
potencial de desarrollo para mejorar los mercados locales.
iv) Turismo
Actualmente, un porcentaje importante de inmigrantes
visita sus países de origen como turistas; sin embargo, ningún gobierno
tiene una política turística destinada a su propia diáspora. Esta falta de
política refleja no sólo una negligencia por parte del gobierno sino
también una pérdida de oportunidades. Los gobiernos y el sector privado
pueden participar en empresas conjuntas para proponer a sus diásporas
ofertas de viajes para visitar lugares tradicionales y no tradicionales en
los que podrán descubrir o volver a descubrir sus países de origen.
También podrían elaborar alianzas de inversión con las diásporas
interesadas en participar en empresas conjuntas relacionadas con el
turismo.
v) Comercio nostálgico
Existe una demanda importante de bienes nostálgicos y
muchas de las pequeñas empresas creadas por las diásporas dependen de la
importación de dichos bienes. Los gobiernos, los organismos de desarrollo
y el sector privado, especialmente las empresas locales de artesanía, ven
en esta demanda una oportunidad natural de mejorar sus competencias para
la productividad y para el mercadeo, canalizando sus productos a través de
pequeñas empresas étnicas en América del Norte, donde ya existe la
demanda. Dado que el proceso de negociación para un área de libre comercio
de las Américas ha progresado de manera importante, proteger estos bienes
en el proceso negociador podría ser una baza y una medida estratégica
clave.
vi) Las asociaciones de inmigrantes como agentes de
desarrollo
Las actividades filantrópicas de las asociaciones de
inmigrantes tienen un potencial de desarrollo muy importante. Algunos de
los trabajos de desarrollo económico y de infraestructuras realizados por
dichas asociaciones representan una oportunidad para los agentes de
desarrollo de participar en el desarrollo local. Los gobiernos de América
Central y del Caribe deben trabajar con organizaciones internacionales y
con las asociaciones de inmigrantes para establecer conjuntamente planes
de generación de ingresos para sus comunidades locales. Las experiencias
mexicana y salvadoreña nos ofrecen importantes ejemplos de operaciones
conjuntas en pos del desarrollo.
vii) Posibilitar la reglamentación
Ampliar los métodos de envío y la competencia (o sea,
hacer que las reglas de juego sean equitativas) son factores que ayudan a
reducir las transferencias de dinero. Otro método importante es
sensibilizar a los clientes sobre los costos y cargos. En América Latina
es necesario facilitar las transferencias de dinero de cualquier tipo, ya
sean los envíos de remesas, los ahorros, la inversión o el consumo. Todo
esfuerzo por apoyar a los remitentes y a los destinatarios debería
fomentar unas condiciones en las que los envíos de remesas resulten menos
costosos y puedan ser también un factor de desarrollo.
Conclusiones
América Central y el Caribe se han incorporado
considerablemente a la economía global no sólo a través del comercio y de la
inversión, sino también a través de la emigración, que ha transformado la
región en una economía exportadora de mano de obra cuando tradicionalmente
había sido exportadora de productos agrícolas. Los vínculos transnacionales
y los envíos de remesas a las familias ofrecen una gran variedad de
posibilidades de desarrollo y de incentivos para estos países.
Las continuas amenazas y los daños debidos a los desastres
naturales (maremotos, erupciones volcánicas, huracanes, terremotos y
sequías) han obstaculizado drásticamente la recuperación económica y una
mayor atención a las políticas sociales en las zonas rurales. Por lo tanto,
las posibilidades de mejoras en América Central y en el Caribe siguen siendo
relativamente sombrías. Las tasas de pobreza continúan siendo altas y los
ingresos per cápita bajos. En los dos últimos años, la tasa media de
crecimiento fue de un 2 % aproximadamente y en 2003 sólo habrá un ligero
aumento. Por consiguiente, las políticas que vinculan los envíos de remesas
y los recursos en capital de los emigrantes con el crecimiento y el
desarrollo económico son estrategias importantes que hay que tener en
cuenta.
Los efectos positivos de la migración ofrecen ejemplos
importantes de los que podemos aprender, así como oportunidades políticas.
La globalización ha comprimido la continuidad espacial y temporal en muchas
zonas de América Central y del Caribe y el transnacionalismo se ha
convertido en parte de la realidad de esta región. A pesar de que la
emigración es el fruto de una decisión difícil para todos —para las
familias, para la sociedad y para las naciones—, sus efectos en el
desarrollo requieren políticas concretas. Por ello, los gobiernos, el sector
privado y las organizaciones internacionales deben volver a pensar sus
políticas con arreglo a esta nueva realidad transnacional y hacer que estos
agentes desempeñen un papel en el desarrollo.
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