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Parte 1/4
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El surgimiento de las comunidades
transnacionales de inmigrantes es un fenómeno que se da en el plano
comunitario pues se origina a partir de la iniciativa de personas
comunes de establecer, mantener, y extender vínculos económicos,
políticos y sociales duraderos con las familias y comunidades que
dejaron atrás al emigrar, a la vez que se adaptan a la vida en sus
países de asentamiento. |
Resumen
Muchos culpan a la globalización de exacerbar la pobreza y
la desigualdad en los países en vías de desarrollo. Los críticos apuntan a
los millones de personas en América Latina, el Caribe, Asia y África que
viven en condiciones de pobreza cada vez peores y lo atribuyen al avance de
la globalización cuya dimensión humana haya expresión en la migración
internacional. Los debates que se sostienen sobre este tema pasan por alto
que dentro del fenómeno de la globalización, este es un elemento que, al
menos a nivel de base, está ayudando a aliviar la pobreza a partir del auge
de las denominadas comunidades "transnacionales" que crean los inmigrantes
en todo el planeta. Estas comunidades agrupan a millones de familias e
individuos procedentes de naciones pobres que no han renunciado a sus
vínculos patrios luego de emigrar. Por el contrario, estas comunidades
emplean magistralmente las herramientas que la globalización pone a su
disposición para forjar, mantener y extender lazos con sus países de origen,
así como desarrollar nuevas oportunidades para el intercambio social,
político y económico transnacional. La prueba más evidente de esto es que el
envío de remesas de divisas ha pasado a ser un mercado valorado en miles de
millones de dólares que vincula a países ricos y pobres "desde abajo". En la
actualidad, tanto los gobiernos nacionales como las instituciones para el
desarrollo internacional han dejado a un lado actitudes anteriores y
perciben el mercado de las remesas de divisas como una fuente de recursos
para el desarrollo de gran potencial aún sin explotar cabalmente.
Además de los EE.UU. y Australia, Canadá es una de las tres
naciones que acogen mayor número de inmigrantes en el mundo. En 2002, la
cifra de inmigrantes procedentes de países en desarrollo alcanzó unos 4
millones, 52% de los cuales provenientes de Asia. En proporción con su
población total, Canadá sobrepasa a EE.UU. y a Australia en cuanto a las
cifras de inmigrantes que recibe de las naciones pobres. A pesar del
creciente número de estudios sobre el surgimiento de comunidades
transnacionales en las otras dos naciones y su impacto sobre el desarrollo
de los países pobres, existe una evidente carencia de investigaciones sobre
el tema en el contexto canadiense. No obstante, tal ausencia no es prueba de
la inexistencia de estas comunidades.
Este documento aborda particularmente la problemática del
desarrollo del mercado de remesas, así como algunas de las más recientes
iniciativas para mejorar su eficiencia, implementadas o en fase de estudio,
por parte de países desarrollados e instituciones para el desarrollo
internacional. Para los efectos de este estudio, estas iniciativas han sido
agrupadas en dos categorías, a saber, iniciativas "desde arriba" o "desde
abajo," y advierte que, en lugar de facilitarlo, las iniciativas "desde
arriba" podrían dificultar el flujo de remesas destinadas a familias pobres.
En segundo lugar, el trabajo aborda algunas de las cuestiones claves
concernientes a las comunidades inmigrantes transnacionales radicadas en
Canadá y su influencia sobre las políticas de desarrollo nacional e
internacional del país. Por último, se propone una agenda de investigaciones
en un marco multidisciplinario comparativo para estimular el debate de
políticas y perspectivas académicas, así como promover el estudio de estas
problemáticas, y otras afines al tema.
Surgimiento e Importancia de las Comunidades
Transnacionales de Inmigrantes
Por lo único que pueden darse el lujo de preocuparse los
pobres de los países en desarrollo son de soluciones simples y concretas que
les ayuden a mejorar sus precarios ingresos. Para ellos poco importan
conceptos elevados como los de estructura y gobierno globales o cualquier
otra noción similar relativa al desarrollo, diseñadas para hacerlos marchar
al ritmo de la batuta de los países ricos. Muchos apuntan a los efectos de
la globalización como los causantes del empeoramiento de su pobreza. El
surgimiento de comunidades transnacionales de inmigrantes se debe
exclusivamente a la globalización contemporánea. En medio del animado debate
en contra de la globalización, se ha pasado por alto el hecho de que al
menos un elemento de ese fenómeno contribuye al alivio de la pobreza y al
desarrollo de las naciones pobres: las acciones de los millones de
inmigrantes por todo el planeta que se organizan en comunidades
transnacionales y, como tales, contribuyen socialmente en dos países, dos
economías y dos culturas de manera simultánea.1 Esto se pone
particularmente de manifiesto en el aprovechamiento sagaz que hacen de las
ventajas de la globalización para acortar tiempo y distancias, y forjar y
mantener lazos económicos, políticos y culturales sólidos con sus países de
origen. A través de estos nexos, estas comunidades ejercen un impacto
positivo y directo sobre el desarrollo económico y la reducción de la
pobreza en las comunidades de sus países de origen.
Comparado con otras expresiones del transnacionalismo
contemporáneo, como la actividad de las corporaciones multinacionales, el
surgimiento de las comunidades transnacionales de inmigrantes es un fenómeno
que se da en el plano comunitario pues se origina a partir de la iniciativa
de personas comunes de establecer, mantener, y extender vínculos económicos,
políticos y sociales duraderos con las familias y comunidades que dejaron
atrás al emigrar, a la vez que se adaptan a la vida en sus países de
asentamiento.2 Durante mucho tiempo, la existencia de estas comunidades y su
impacto transnacional en el desarrollo pasaron inadvertidos. En la
actualidad, se dispone de un monto cada vez mayor de estadísticas
etnográficas que demuestran la existencia de estas comunidades a lo largo y
ancho del planeta. Estas pruebas han hecho imposible que la comunidad
internacional a cargo del fomento del desarrollo (incluidos los gobiernos de
los países de origen de las migraciones) continúe ignorando el potencial de
estas comunidades como factores que pueden contribuir al alivio de la
pobreza y al estímulo del desarrollo en sus países natales. A despecho de
los pronósticos basados en teorías tradicionales acerca de la migración
internacional y la integración de inmigrantes, los miembros de estas
comunidades no han cortado los lazos sociales, políticos y económicos que
tenían con sus países natales tras su asentamiento e integración en el nuevo
país. Por el contrario, con el apoyo de las herramientas que la
globalización pone a su disposición— medios avanzados de transporte y
telecomunicaciones, así como una infraestructura financiera global— estos
lazos más bien se han ido transformando y afianzando hasta formar
comunidades transnacionales de inmigrantes. Los miembros de estas
comunidades, colectiva e individualmente, dividen de manera simultánea su
tiempo, recursos intelectuales y materiales, así como su lealtad, entre sus
países de asentamiento y sus comunidades de origen. Asimismo, sus
actividades transfronterizas fortalecen los vínculos comerciales,
económicos, culturales y de negocios entre los países de origen y los de
destino. Sin embargo, no todos los inmigrantes participan de actividades de
desarrollo económico transfronterizo,3 ni todos los inmigrantes que se
vinculan a actividades transfronterizas contribuyen a impulsar el desarrollo
económico.
El descubrimiento de estas comunidades y su impacto
transnacional sobre el desarrollo económico ha puesto en evidencia las
limitaciones de las teorías tradicionales acerca de la migración
internacional. Estos cambios han permitido comprender mejor los elementos
que contribuyen a éxito de la adaptación de los inmigrantes al nuevo medio,
así como han conducido a un reajuste del alcance y magnitud de las
investigaciones acerca del papel activo de la migración, y por lo tanto de
la comprensión a efectos de políticas prácticas de la relación entre el
proceso de adaptación de los inmigrantes y el desarrollo económico de los
países pobres. Por lo tanto, la existencia de estas comunidades y de sus
actividades transnacionales en función del desarrollo tiene importantes
implicaciones para toda una gama de políticas y prácticas en los países
tanto de origen como de destino de los migrantes.
En términos de receptividad a inmigrantes de todo el mundo,
en particular de las regiones pobres, las estadísticas actuales muestran que
Canadá marcha al frente del grupo de países que reciben el mayor
número de inmigrantes (R. Robinson, de próxima publicación). A modo
de ilustración, los inmigrantes constituyen el 18% de la población de
Canadá, mientras que en los casos de Australia y los EE.UU. alcanzan el
21.2% y 11.4%, respectivamente. En cuanto a las cifras de inmigrantes
recibidos de países de todas las regiones del planeta, Canadá supera a los
EE.UU. y Australia en todas las categorías, con las excepciones de las
Américas y Oceanía, respectivamente. Con respecto a acceso demográfico y
receptividad y de acceso a la fuerza laboral por parte de los inmigrantes
procedentes de países en desarrollo o en fase de transición, una vez más
Canadá deja atrás a los EE.UU. y Australia. Los países en desarrollo
asiáticos constituyen la principal fuente de inmigración hacia Canadá (52%).
Algunos expertos en temas de inmigración consideran que para 2012, el
crecimiento neto de la fuerza laboral en Canadá se deberá en su totalidad a
los inmigrantes.4 Aunque existe abundante evidencia científica con respecto
a la organización de comunidades transnacionales de inmigrantes en las otras
naciones que más inmigrantes reciben, la evidencia investigativa sobre su
formación en el contexto canadiense es prácticamente inexistente. No
obstante, ello no significa que tales comunidades no existan en Canadá.
La comunidad internacional a cargo del fomento del
desarrollo percibe hoy a las comunidades transnacionales de inmigrantes, su
potencial para generar ingresos y ahorros, su comprometimiento para con sus
países natales, y su inclinación filantrópica como una fuente de recursos
considerablemente inexplorada que podría emplearse para fomentar el
desarrollo sostenible de los países pobres.5 En consecuencia, su existencia
y rol potencial en el financiamiento del desarrollo con frecuencia aparecen
como puntos de alta prioridad en las agendas de debates y desarrollo de
planes de acción de las más altas instancias internacionales [por ejemplo,
del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Interamericano
para el Desarrollo (BID), la Unión Europea, el Departamento Británico para
el Desarrollo Internacional (DFID), la Agencia de Estados Unidos para el
Desarrollo Internacional (USAID), y la Organización Internacional del
Trabajo (OIT)]. En algunos países "emisores" como México, El Salvador,
Granada, Haití, Ghana, Somalia, Turquía, y otros, estas comunidades se
consideran socios potenciales en los esfuerzos de desarrollo político y
económico de sus países natales. Estas constituyen tendencias significativas
en el contexto del diseño de políticas de la comunidad internacional a cargo
del fomento del desarrollo y de los gobiernos de los países de origen. Tales
tendencias contrastan con las actitudes negativas del pasado, cuando
"expertos en problemáticas de desarrollo" y académicos del mundo
desarrollado consideraban que la migración de países pobres a ricos era
intrínsecamente contraproducente para las perspectivas de desarrollo de los
países pobres, y cuando los gobiernos de estos percibían a sus emigrantes
como traidores a la patria.
Notas
La versión original de este artículo fue publicado por
FOCAL,
Octubre 2004
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