Pese a esas cifras descorazonadoras, la crisis sanitaria que
vive Haití no es irremediable. Una muestra de ello son los casos ejemplares
de dos haitianos cuya vida ha dado un giro gracias a la terapia
antirretroviral. Pese a los recientes disturbios políticos, ambos siguen
recibiendo tratamiento como parte de un proyecto innovador de refuerzo de la
infraestructura de los servicios de salud locales.
La Historia de Joseph
Joseph Jeune es un campesino de 26 años de Lascahobas,
localidad situada en la Meseta Central baja de Haití. Joseph gozó de buena
salud hasta agosto de 2002, momento en que empezó a perder peso y a tener
fiebre. Con la ayuda de su familia viajó hasta varios consultorios en busca
de ayuda, pero su salud se deterioró con rapidez, y finalmente tuvo que
guardar cama aquejado de una infección oportunista gastrointestinal. Por
entonces Joseph había abandonado toda esperanza de recuperación, y sus
padres, resignados a perderlo, ya habían comprado su ataúd.
Demacrado y a punto de morir, Joseph fue ingresado en la
clínica de Lascahobas en marzo de 2003 tras ser derivado a ese centro por un
agente de salud comunitario. Los médicos que le atendieron diagnosticaron
una coinfección tuberculosa y empezaron a administrarle terapia
antirretroviral para el VIH/SIDA, así como tratamiento antituberculoso.
Permaneció en la clínica durante casi dos meses, luchando contra las
infecciones. Joseph ha experimentado una notable recuperación y ha ganado
más de 18 kg. Ha recobrado fuerzas hasta el punto de que ha vuelto a
trabajar en el campo, y además gana algo de dinero limpiando zapatos en el
mercado local.
Refiriéndose a la terapia antirretroviral, Joseph nos dice
que:
«Estos medicamentos me han salvado cuando estaba al
borde de la muerte. Todos excepto mi madre habían perdido la esperanza
hasta que empecé el tratamiento, pero ahora nadie se da cuenta de que
estoy enfermo a menos que yo se lo diga. Hacía años que no me encontraba
tan bien. Este tratamiento ha sido milagroso para mí y para muchos
otros. ¡Pensar que mi familia ya había comprado mi ataúd cuando inicié
el tratamiento, y ahora mírenme!»
La Historia de Anna

Anna Vincent, de 36 años, también es de Lascahobas y, como
Joseph, llegó a estar muy enferma – erupciones por todo su cuerpo, pérdida
de peso y dolores abdominales – antes de que la llevaran a la clínica. Había
estado también en varios hospitales. Finalmente, en octubre de 2002 se le
diagnosticó VIH/SIDA y tuberculosis y fue hospitalizada durante tres
semanas, durante las cuales recibió tratamiento contra esas dos
enfermedades. La recuperación de Anna ha sido excelente, incluido un aumento
de peso de más de 16 kg.
Anna estaba formándose para ser costurera hasta que la
enfermedad la obligó a dejar las clases. Su marido trabajaba en la capital
de Haití, Puerto Príncipe, desde donde se desplazaba a Lascahobas cada dos
semanas. Cuando el estado de Anna se agravó, se separaron.
«Sin terapia antirretroviral, no estaría aquí para cuidar
de mis niños. Seguro que no estaría aquí», dice Anna. «Mi familia me ha
ayudado en todo momento, pero sin el tratamiento se hubieran tenido que
resignar a preparar mi funeral. Ahora puedo labrar un futuro para mis
hijos.»
Anna piensa reanudar sus clases de costura, y mientras tanto
ha recibido una ayuda de la clínica de Lascahobas para trabajar como
vendedora. Ahora podemos verla todos los días, sonriente, en el mercado
local.
Fortalecer los sistemas de salud locales
En Haití la terapia antirretroviral se empezó a administrar
en un hospital de la aldea de Cange en 1998. Recientemente, el Fondo Mundial
y Partners In Health, con sede en Boston, han financiado un proyecto que
permite ampliar los servicios de tratamiento contra el VIH/SIDA y la
tuberculosis, desde una zona de captación de 55 000 personas hasta una zona
con 260 000 habitantes que abarca la Meseta Central baja. El proyecto se
basa en cuatro pilares:
- atención integral contra el VIH/SIDA, lo que incluye tratamiento
antirretroviral y medidas de prevención;
- búsqueda exhaustiva y tratamiento supervisado de los casos de
tuberculosis;
- búsqueda exhaustiva y tratamiento de los casos de infección de
transmisión sexual;
- mejora de los servicios de salud de la mujer.
Uno de los beneficios colaterales del proyecto ha sido su
impacto en la atención primaria. Como ha supuesto la llegada de personal
médico y de medicamentos esenciales, la implementación de los cuatro pilares
ha tenido un efecto favorable y cuantificable en varios objetivos de
atención primaria, entre ellos la vacunación, la planificación familiar, la
atención prenatal, la búsqueda y curación de los casos de tuberculosis y la
promoción de la salud. Otros beneficios, si bien más difícilmente
cuantificables, son la mejora de la moral del personal, una mayor confianza
de la población en los servicios de salud pública, y una mayor participación
de la comunidad.
La clínica de Lascahobas es el centro que primero se
benefició de la extensión emprendida en el marco del proyecto, y actualmente
cuenta con 15 camas para pacientes agudos. Recibe a más de 300 pacientes al
día, en comparación con unos 30 a mediados de 2002. Anteriormente la
clínica, de carácter público, padecía un grave déficit de financiación y de
personal. La implementación de los cuatro componentes del proyecto comenzó a
finales de agosto de 2002, tan sólo dos meses antes de que Anna Vincent
fuese ingresada. Desde entonces se han puesto a punto otras cinco clínicas y
hospitales, que abarcan toda la Meseta Central baja.
El programa de tratamiento para el VIH/SIDA de Lascahobas se
basa en un programa preexistente para la tuberculosis en cuyo marco los
pacientes reciben visitas diarias de agentes de salud comunitarios, los
llamados accompagnateurs, durante todo el periodo de tratamiento.
Esos accompagnateurs administran ahora también terapia
antirretroviral a los enfermos de VIH/SIDA, acudiendo a su domicilio todos
los días por la mañana y por la noche para comprobar que toman la
medicación. Sólo se hospitaliza a los pacientes agudos y, como en el caso de
Anna y Joseph, una vez que se logra estabilizarlos clínicamente, pueden
volver a su hogar y recibir tratamiento diario allí.
Anna y Joseph fueron tratados por David A. Walton, médico
que reparte su tiempo entre la clínica de Lascahobas y el Brigham and Women’s
Hospital, Boston, EE.UU.
«Me alegro mucho de que se divulguen las historias de Anna
y Joseph», dice este médico. «Son un ejemplo contundente de que el
tratamiento antirretroviral salva y transforma la vida de la gente cuando
todo parece perdido. Muestran también lo mucho que se puede lograr con
unos recursos bastante limitados, y subrayan la urgencia que reviste la
extensión masiva del tratamiento antirretroviral a otros países en
desarrollo.»
Nota