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  La esperanza triunfa sobre la desesperanza: cambiando la historia del VIH/SIDA

Por la Organización Mundial de la Salud   

Parte 1/2

"Casos como los de Anna y Joseph
están ayudando a cambiar la historia del VIH/SIDA"
Informe sobre la salud en el Mundo
Cambiemos el rumbo de la historia

«Estos medicamentos me han salvado cuando estaba al borde de la muerte. Todos excepto mi madre habían perdido la esperanza hasta que empecé el tratamiento, pero ahora nadie se da cuenta de que estoy enfermo a menos que yo se lo diga. Hacía años que no me encontraba tan bien. Este tratamiento ha sido milagroso para mí y para muchos otros. ¡Pensar que mi familia ya había comprado mi ataúd cuando inicié el tratamiento, y ahora mírenme!»

Lastrado por décadas de inestabilidad política y agitación social, Haití es el país más pobre de las Américas y uno de los más castigados por la rápida propagación del VIH/SIDA. En gran medida como consecuencia de esa epidemia, la esperanza de vida media cayó de 57 años en 1993 a 50 años en 2002. Según el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria:

«Haití afronta la peor epidemia de SIDA existente fuera de África. El año pasado fallecieron de SIDA 30 000 haitianos, el doble de los que sucumbieron a la enfermedad en los Estados Unidos. Se estima en 250 000 las personas afectadas por el VIH/SIDA, la mitad de ellas mujeres.»1

Pese a esas cifras descorazonadoras, la crisis sanitaria que vive Haití no es irremediable. Una muestra de ello son los casos ejemplares de dos haitianos cuya vida ha dado un giro gracias a la terapia antirretroviral. Pese a los recientes disturbios políticos, ambos siguen recibiendo tratamiento como parte de un proyecto innovador de refuerzo de la infraestructura de los servicios de salud locales.

La Historia de Joseph

Joseph Jeune es un campesino de 26 años de Lascahobas, localidad situada en la Meseta Central baja de Haití. Joseph gozó de buena salud hasta agosto de 2002, momento en que empezó a perder peso y a tener fiebre. Con la ayuda de su familia viajó hasta varios consultorios en busca de ayuda, pero su salud se deterioró con rapidez, y finalmente tuvo que guardar cama aquejado de una infección oportunista gastrointestinal. Por entonces Joseph había abandonado toda esperanza de recuperación, y sus padres, resignados a perderlo, ya habían comprado su ataúd.

Demacrado y a punto de morir, Joseph fue ingresado en la clínica de Lascahobas en marzo de 2003 tras ser derivado a ese centro por un agente de salud comunitario. Los médicos que le atendieron diagnosticaron una coinfección tuberculosa y empezaron a administrarle terapia antirretroviral para el VIH/SIDA, así como tratamiento antituberculoso. Permaneció en la clínica durante casi dos meses, luchando contra las infecciones. Joseph ha experimentado una notable recuperación y ha ganado más de 18 kg. Ha recobrado fuerzas hasta el punto de que ha vuelto a trabajar en el campo, y además gana algo de dinero limpiando zapatos en el mercado local.

Refiriéndose a la terapia antirretroviral, Joseph nos dice que:

«Estos medicamentos me han salvado cuando estaba al borde de la muerte. Todos excepto mi madre habían perdido la esperanza hasta que empecé el tratamiento, pero ahora nadie se da cuenta de que estoy enfermo a menos que yo se lo diga. Hacía años que no me encontraba tan bien. Este tratamiento ha sido milagroso para mí y para muchos otros. ¡Pensar que mi familia ya había comprado mi ataúd cuando inicié el tratamiento, y ahora mírenme!»

La Historia de Anna

Anna Vincent, de 36 años, también es de Lascahobas y, como Joseph, llegó a estar muy enferma – erupciones por todo su cuerpo, pérdida de peso y dolores abdominales – antes de que la llevaran a la clínica. Había estado también en varios hospitales. Finalmente, en octubre de 2002 se le diagnosticó VIH/SIDA y tuberculosis y fue hospitalizada durante tres semanas, durante las cuales recibió tratamiento contra esas dos enfermedades. La recuperación de Anna ha sido excelente, incluido un aumento de peso de más de 16 kg.

Anna estaba formándose para ser costurera hasta que la enfermedad la obligó a dejar las clases. Su marido trabajaba en la capital de Haití, Puerto Príncipe, desde donde se desplazaba a Lascahobas cada dos semanas. Cuando el estado de Anna se agravó, se separaron.

«Sin terapia antirretroviral, no estaría aquí para cuidar de mis niños. Seguro que no estaría aquí», dice Anna. «Mi familia me ha ayudado en todo momento, pero sin el tratamiento se hubieran tenido que resignar a preparar mi funeral. Ahora puedo labrar un futuro para mis hijos.»

Anna piensa reanudar sus clases de costura, y mientras tanto ha recibido una ayuda de la clínica de Lascahobas para trabajar como vendedora. Ahora podemos verla todos los días, sonriente, en el mercado local.

Fortalecer los sistemas de salud locales

En Haití la terapia antirretroviral se empezó a administrar en un hospital de la aldea de Cange en 1998. Recientemente, el Fondo Mundial y Partners In Health, con sede en Boston, han financiado un proyecto que permite ampliar los servicios de tratamiento contra el VIH/SIDA y la tuberculosis, desde una zona de captación de 55 000 personas hasta una zona con 260 000 habitantes que abarca la Meseta Central baja. El proyecto se basa en cuatro pilares:

  1. atención integral contra el VIH/SIDA, lo que incluye tratamiento antirretroviral y medidas de prevención;
  2. búsqueda exhaustiva y tratamiento supervisado de los casos de tuberculosis;
  3. búsqueda exhaustiva y tratamiento de los casos de infección de transmisión sexual;
  4. mejora de los servicios de salud de la mujer.

Uno de los beneficios colaterales del proyecto ha sido su impacto en la atención primaria. Como ha supuesto la llegada de personal médico y de medicamentos esenciales, la implementación de los cuatro pilares ha tenido un efecto favorable y cuantificable en varios objetivos de atención primaria, entre ellos la vacunación, la planificación familiar, la atención prenatal, la búsqueda y curación de los casos de tuberculosis y la promoción de la salud. Otros beneficios, si bien más difícilmente cuantificables, son la mejora de la moral del personal, una mayor confianza de la población en los servicios de salud pública, y una mayor participación de la comunidad.

La clínica de Lascahobas es el centro que primero se benefició de la extensión emprendida en el marco del proyecto, y actualmente cuenta con 15 camas para pacientes agudos. Recibe a más de 300 pacientes al día, en comparación con unos 30 a mediados de 2002. Anteriormente la clínica, de carácter público, padecía un grave déficit de financiación y de personal. La implementación de los cuatro componentes del proyecto comenzó a finales de agosto de 2002, tan sólo dos meses antes de que Anna Vincent fuese ingresada. Desde entonces se han puesto a punto otras cinco clínicas y hospitales, que abarcan toda la Meseta Central baja.

El programa de tratamiento para el VIH/SIDA de Lascahobas se basa en un programa preexistente para la tuberculosis en cuyo marco los pacientes reciben visitas diarias de agentes de salud comunitarios, los llamados accompagnateurs, durante todo el periodo de tratamiento. Esos accompagnateurs administran ahora también terapia antirretroviral a los enfermos de VIH/SIDA, acudiendo a su domicilio todos los días por la mañana y por la noche para comprobar que toman la medicación. Sólo se hospitaliza a los pacientes agudos y, como en el caso de Anna y Joseph, una vez que se logra estabilizarlos clínicamente, pueden volver a su hogar y recibir tratamiento diario allí.

Anna y Joseph fueron tratados por David A. Walton, médico que reparte su tiempo entre la clínica de Lascahobas y el Brigham and Women’s Hospital, Boston, EE.UU.

«Me alegro mucho de que se divulguen las historias de Anna y Joseph», dice este médico. «Son un ejemplo contundente de que el tratamiento antirretroviral salva y transforma la vida de la gente cuando todo parece perdido. Muestran también lo mucho que se puede lograr con unos recursos bastante limitados, y subrayan la urgencia que reviste la extensión masiva del tratamiento antirretroviral a otros países en desarrollo.»

Nota


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