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  La esperanza triunfa sobre la desesperanza: cambiando la historia del VIH/SIDA

Por la Organización Mundial de la Salud   

Parte 2/2  

Cambiemos el rumbo de la historia

El Informe sobre la salud en el mundo 2004 muestra cómo proyectos de este tipo pueden llevar el tratamiento médico que salvó a Joseph Jeune hasta millones de personas de países de ingresos bajos y medios y, lo que es muy importante, muestra también que estos esfuerzos pueden propiciar mejoras en los sistemas sanitarios.

Combatir eficazmente el VIH/SIDA es el reto de salud pública más urgente en el mundo. La enfermedad ha matado ya a más de 20 millones de personas, y se estima que la cifra actual de seropositivos está comprendida entre 34 y 46 millones. En 2003, tres millones de personas murieron y cinco millones se infectaron. El VIH/SIDA, desconocido hace un cuarto de siglo, es ahora la principal causa mundial de muerte y de años perdidos de vida productiva entre los adultos de 15 a 59 años.

Una estrategia integral de lucha contra el VIH/SIDA aúna la prevención, el tratamiento, la atención y el apoyo a las personas seropositivas. Hasta hoy, el tratamiento ha sido el elemento más desatendido en la mayoría de los países en desarrollo. Sin embargo, de todas las intervenciones posibles relacionadas con el VIH, es la que puede impulsar con mayor eficacia el fortalecimiento de los sistemas sanitarios y permitir así a los países pobres proteger a sus habitantes de una amplia gama de amenazas para la salud. Este informe muestra cómo las organizaciones internacionales, los gobiernos nacionales, el sector privado y las comunidades pueden combinar sus respectivos puntos fuertes para extender el tratamiento del VIH/SIDA, reforzar la prevención y robustecer los sistemas de salud en algunos de los países en los que son más precarios, en beneficio de todos a largo plazo.

Casi seis millones de personas del mundo en desarrollo morirán en un futuro próximo si no reciben tratamiento, pero en 2003 sólo se les estaba dispensando a 400 000. En septiembre de ese mismo año, la OMS, el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) y el Fondo Mundial declararon que la falta de acceso al tratamiento del SIDA con antirretrovirales constituye una emergencia sanitaria mundial. En respuesta a ella, estas organizaciones y sus asociados presentaron una iniciativa para proporcionar tratamiento antirretroviral a tres millones de enfermos de países en desarrollo para el final de 2005: es la iniciativa «3 por 5», uno de los proyectos de salud pública más ambiciosos jamás concebidos.

Una oportunidad para cambiar el curso de la historia

Las campañas de sensibilización de la OMS y sus asociados en pro de una mayor inversión mundial en salud han empezado a dar fruto. Dicha inversión está aumentando, ya sea en forma de ayuda oficial al desarrollo o mediante otras fórmulas. La mayor parte de los nuevos recursos se destinan al VIH/SIDA, lo que, unido a la necesidad urgente de atajar la pandemia, hace de esta enfermedad el principal campo de batalla de la salud pública mundial. Esa circunstancia brinda a los países la oportunidad de obtener beneficios adicionales en ese ámbito. Surge así la ocasión de invertir estos recursos de manera que se salven millones de vidas gracias al tratamiento, se refuerce la respuesta integral al VIH/SIDA y se robustezcan algunos de los sistemas sanitarios más frágiles del mundo.

Dispensar antirretrovirales a tres millones de personas en los países en desarrollo para el final de 2005 es un paso en el camino hacia el acceso al tratamiento antirretroviral y la atención del VIH/SIDA para todos los que lo necesiten, objetivo que desborda con mucho la capacidad de cualquier organización aislada. Sin embargo, puede lograrse mediante una colaboración que aúne las capacidades de muchos asociados. La iniciativa de tratamiento no sólo es importante para hacer frente a una grave crisis sanitaria; también lo es porque está desarrollando unos innovadores mecanismos de colaboración en materia de salud que vinculan a gobiernos nacionales, organizaciones internacionales, interesados del sector privado, grupos de la sociedad civil y comunidades. Si se establecen unas alianzas eficaces en el marco de la iniciativa, se impulsarán otras áreas de actividad de la salud mundial.

La iniciativa adapta enseñanzas de programas de lucha contra el VIH/SIDA de países desarrollados y se basa en lo conseguido por países en desarrollo como Botswana, el Brasil, el Senegal y Tailandia en materia de extensión masiva del tratamiento antirretroviral. El hecho de que crezca el número de alianzas eficaces significa que ningún país tendrá que afrontar solo el reto de extender el tratamiento antirretroviral. El ONUSIDA lleva casi una década manteniendo el VIH/SIDA en el primer plano de la conciencia mundial y ha luchado por que se reconozca que sólo una respuesta excepcional puede estar a la altura de ese reto. Bajo su liderazgo, el sistema de las Naciones Unidas al completo ha asumido sus mismas responsabilidades. La creación del Fondo Mundial ha impulsado la colaboración entre los gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y las comunidades afectadas. El Banco Mundial ha aportado innovaciones, y se le han sumado la Unión Europea, iniciativas bilaterales como el Plan de Emergencia de la Presidencia de los Estados Unidos para la Mitigación del SIDA, y las cuantiosas contribuciones de algunos gobiernos y fundaciones privadas, como la Fundación Bill y Melinda Gates y la William J. Clinton Foundation. Cabe citar también algunas iniciativas nuevas e ingeniosas de cooperación técnica, como el hermanamiento de hospitales a través del Ensemble pour une Solidarité Thérapeutique en Réseau (ESTHER), iniciado por el Gobierno francés y apoyado ahora por España, Italia, Luxemburgo y otros asociados.

El éxito de la extensión del tratamiento del VIH/SIDA depende de la participación de la sociedad civil. Sin la movilización de las organizaciones y comunidades activistas, el tributo del VIH/SIDA en el último cuarto de siglo habría sido mucho mayor. El impulso para extender masivamente el tratamiento antirretroviral debe mucho a esos activistas y a sus continuas acciones de sensibilización a nivel local, nacional y mundial, así como a organizaciones no gubernamentales como Médicos Sin Fronteras y Partners In Health–Zanmi Lasante, que han demostrado al mundo que es factible dispensar tratamiento antirretroviral en los entornos más pobres. Este informe muestra el compromiso de la OMS de colaborar estrechamente con las autoridades sanitarias nacionales, el sector privado, los dispensadores no gubernamentales, organizaciones comunitarias y otros actores en la aplicación de programas integrales de lucha contra el VIH/SIDA sobre el terreno.

¿Por qué hay que extender masivamente el acceso al tratamiento?

Se han subestimado gravemente los costos económicos y sociales del VIH/SIDA a largo plazo en muchos países. En la actualidad, proyecciones más precisas auguran que algunos países del África subsahariana se enfrentarán al colapso económico si no logran controlar sus epidemias, sobre todo porque el VIH/SIDA debilita y mata a adultos que, como Joseph Jeune, están en la flor de la vida. Los datos del presente informe y del próximo Informe mundial del ONUSIDA y la OMS confirman que la devastación social que causa la epidemia sigue aumentando. Es vital reforzar la prevención para proteger a las generaciones futuras, pero también lo es extender el tratamiento antirretroviral para salvaguardar la estabilidad y la seguridad de las comunidades, los países y las regiones, así como para fortalecer los cimientos del desarrollo futuro.

Dada su especial responsabilidad dentro de la familia de copatrocinadores del ONUSIDA, la OMS debe afrontar el hecho de que, habiendo un tratamiento eficaz, no se haya puesto a disposición de los millones de personas que lo necesitan con urgencia. La Constitución de la OMS encarga a ésta que luche por la materialización universal del derecho a la salud: «alcanzar para todos los pueblos el grado más alto posible de salud». Para quienes necesitan tratamiento contra el VIH/SIDA, la materialización de ese derecho pasa por el acceso a los antirretrovirales.

Extender el acceso al tratamiento

El informe explica que la iniciativa de tratamiento se basa en los puntos fuertes de los respectivos participantes multilaterales, nacionales y locales, explotando el efecto motivador de una meta sujeta a un calendario.

Entre la declaración de emergencia mundial realizada en septiembre de 2003 y el final de febrero de 2004, más de 40 países de entre los más castigados por el VIH/ SIDA se comprometieron a extender rápidamente el acceso al tratamiento y solicitaron cooperación técnica para elaborar y aplicar programas ampliados. La OMS y sus asociados han trabajado estrechamente con funcionarios de salud, dispensadores de tratamiento, organizaciones comunitarias y otros interesados directos de los países para revisar las metas terapéuticas, trazar planes nacionales de extensión del tratamiento y ponerlos en práctica. En países como Kenya, la República Unida de Tanzanía y Zambia, la OMS está creando lazos con socios bilaterales clave para desarrollar un enfoque racionalizado y orientado a metas que maximizará la eficiencia bajo un liderazgo nacional bien definido. El compromiso político y la propiedad nacional de los programas son fundamentales. Los mecanismos racionalizados de financiación que ha elaborado el Fondo Mundial están permitiendo a muchos países acceder a fondos y extender los programas con más rapidez.

Cuando lleguen los nuevos fondos, los recursos técnicos y humanos deberán estar preparados para garantizar que se usen eficazmente. Los países necesitan asistencia técnica para apoyar la aplicación sobre el terreno y han solicitado unas recomendaciones bien definidas sobre la dispensación de tratamiento y la gestión de programas. Proporcionando esas recomendaciones, la OMS hace una aportación fundamental.

Una tarea importante consiste en pasar lo más rápidamente posible de pequeños proyectos piloto a programas de tratamiento de cobertura nacional, manteniendo la calidad asistencial pese a la grave falta de medios. Para lograr esta rápida expansión hay que detectar las deficiencias en materia de recursos, como punto de partida de un plan que rediseñe la atención de forma que ésta sea «escalable» desde el primer momento. La iniciativa adopta un enfoque práctico de «ingeniería» o «diseño de sistemas». La clave no está en exigir que los países se limiten a acumular los recursos habituales (suficientes médicos, enfermeras, centros sanitarios, etc.) para atender a toda la población; en muchos países pobres, hoy día esto no resultaría eficaz. La estrategia de la OMS empieza por fijar objetivos claramente definidos y trabaja luego en el desarrollo de diseños de sistemas innovadores que puedan ampliarse sensiblemente incluso cuando los recursos médicos habituales sean muy escasos. Estas soluciones diferirán de unos países a otros, pero muchos factores son relativamente constantes, y se pueden compartir muchas enseñanzas. La estrategia se basa en sólidas pruebas de la eficacia de proyectos pioneros y de algunos programas nacionales en funcionamiento. Una vez evaluados y analizados de forma sistemática, los conocimientos obtenidos pueden aplicarse con rapidez y difundirse ampliamente.

Para ayudar a acelerar la iniciativa, la OMS ha elaborado un conjunto simplificado de pautas de tratamiento antirretroviral, pruebas y directrices terapéuticas conformes a los más rigurosos criterios de calidad asistencial. Ofrece la ventaja adicional de permitir un uso mucho más eficaz del personal de enfermería, los ayudantes clínicos y los agentes de salud comunitarios en apoyo del tratamiento. Mientras los médicos supervisan los equipos clínicos, las tareas cotidianas de atención a los pacientes y apoyo al cumplimiento terapéutico pueden delegarse de forma segura y eficaz en otros profesionales, incluidos agentes de salud comunitarios convenientemente formados. Con ello hay más probabilidades de que se atienda rápidamente a los pacientes aunque escaseen los médicos, los laboratorios y otros servicios. Estas pautas simplificadas son el elemento fundamental para garantizar que, en los países pobres, la extensión del acceso al tratamiento respete la equidad. La OMS ha elaborado también directrices racionalizadas para capacitar a los profesionales sanitarios en una amplia gama de actividades relacionadas con el uso de los antirretrovirales, desde el asesoramiento y las pruebas del VIH y el reclutamiento de pacientes a la dispensación de tratamiento, la atención clínica y el seguimiento de la farmacorresistencia.

La OMS está trabajando sobre el terreno con los funcionarios de salud, los dispensadores de tratamiento y las comunidades para superar las dificultades técnicas; también actúa como centro de coordinación, comunicaciones y distribución de información para reunir, analizar y difundir datos, y transmite dicha información a los programas para que éstos puedan aplicarla rápidamente a la mejora de su funcionamiento. Esta mayor colaboración en la extensión masiva del tratamiento antirretroviral forma parte del compromiso general de la OMS de cooperar estrechamente con los países para que alcancen sus principales objetivos en materia de salud.

La OMS, en asociación con el UNICEF y el Banco Mundial, ha creado el Servicio de Medicamentos y Pruebas Diagnósticas del SIDA como sección operacional encargada de velar por que los países en desarrollo tengan acceso a antirretrovirales y pruebas diagnósticas de calidad a los mejores precios. Su misión es ayudar a los países a comprar, elaborar previsiones y gestionar el suministro y la dispensación de los productos necesarios para el tratamiento y el seguimiento del VIH/SIDA.

Mientras se intensifican las actividades de apoyo normativo y técnico a nivel nacional, la OMS, el ONUSIDA y sus asociados proseguirán sus actividades mundiales de sensibilización encaminadas a garantizar un aporte suficiente de recursos en apoyo de los países. Para que la iniciativa tenga éxito será fundamental contar con más medios aportados por el Fondo Mundial y otros asociados. La OMS está prestando ayuda técnica a los países que la piden para preparar las solicitudes al Fondo Mundial y otros posibles financiadores.

Hacia la salud para todos

La brecha terapéutica mundial del VIH/SIDA refleja desigualdades más generales en materia de salud y pone a prueba el compromiso de la comunidad internacional de corregirlas. Además de trabajar para salvar a millones de personas de una muerte inminente, la OMS y sus asociados se enfrentan a muy diversos problemas de salud que aquejan a las comunidades con pocos recursos y las mantienen sumidas en la pobreza, y consideran que la expansión del tratamiento del VIH/SIDA y los Objetivos de Desarrollo del Milenio son etapas del camino hacia la Salud para Todos.

La iniciativa de tratamiento no terminará en 2005. Después aguarda el reto de extender el tratamiento a muchos millones de personas más y mantenerlo durante el resto de sus vidas, al tiempo que se construyen y sostienen las infraestructuras sanitarias que hagan posible esa ingente tarea. El objetivo final es nada menos que reducir las desigualdades sociales mediante el desarrollo de sistemas sanitarios eficaces y equitativos para todos.

Conclusión

Al principio de este informe conocimos la historia de Joseph Jeune, un campesino haitiano de 26 años. Su caso ilustra cómo la esperanza puede triunfar sobre la desesperación, y es un buen ejemplo de cómo muchas personas son capaces de plantar cara al VIH/SIDA.

Éste es un momento crucial en la historia del VIH/SIDA, una oportunidad sin precedentes para imprimirle un nuevo rumbo. El mensaje más importante del presente informe es que la comunidad internacional tiene ahora la posibilidad de cambiar el curso de la salud para las generaciones futuras y de allanar el camino hacia una mejor salud para todos.

El Informe sobre la salud en el mundo 2004 describe la propagación mundial del VIH/SIDA a lo largo del último cuarto de siglo. En él también se reseñan los esfuerzos desplegados por los grupos de apoyo, las organizaciones de la sociedad civil, los agentes de salud comunitarios, los investigadores y muchos otros actores para controlarlo y para combatir sus múltiples efectos secundarios, como la estigmatización o la discriminación. Pese a estos esfuerzos, a menudo heroicos, el VIH/SIDA se ha cobrado ya la vida de 20 millones de personas, y se estima que otros 34–46 millones están infectados en estos momentos por el virus, para el que aún no existe vacuna ni curación.

Pero sí existe tratamiento. Joseph Jeune, al igual que muchos otros, está vivo gracias a él. Las fotos de Joseph antes y después de recibir tratamiento son ilustrativas de lo que se puede hacer. La terapia antirretroviral lo ha salvado de una muerte temprana; gracias a ella ha podido volver a trabajar el campo y a cuidar de su familia.

Articular una respuesta eficaz contra el VIH/SIDA es el reto más apremiante que afronta la salud pública mundial. El presente informe, que apuesta por una estrategia integral que aúne prevención, tratamiento, atención y apoyo, pone especial énfasis en la importancia del tratamiento, que en la mayoría de los países en desarrollo ha venido siendo el componente más desatendido.

El tratamiento es la clave para el cambio. De los casi seis millones de personas que en estos momentos precisan tratamiento, sólo unas 400 000 lo recibieron en 2003. Ahora es posible salvar la vida de millones de personas que precisan tratamiento pero aún no pueden acceder a él. Esta convicción es la base sobre la que descansa el compromiso de la OMS y sus asociados de ayudar a suministrar terapia antirretroviral a tres millones de personas en el mundo en desarrollo para el final de 2005, y avanzar más allá de esa meta.

La iniciativa de extensión del tratamiento supera con creces las capacidades individuales de cualquier organización. Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos en la historia de la salud pública, y son muchas las dificultades que comporta. Ahora bien, dentro de los múltiples lazos de asociación forjados dentro de la comunidad internacional, la convicción de que la meta propuesta se puede alcanzar está dejando paso al reconocimiento de que se debe alcanzar.

Amén de los imperativos de orden moral, que no precisan ser reafirmados, existen otros excelentes motivos para apoyar la iniciativa de extensión del tratamiento. Como se demuestra en este informe, se habían subestimado gravemente los costos económicos y sociales a largo plazo que el VIH/SIDA impone a numerosos países: es posible que algunos países del África subsahariana se vean empujados al borde del colapso económico. La extensión del tratamiento es vital para proteger su estabilidad y seguridad y consolidar los cimientos para su desarrollo futuro. Además, factor éste de inestimable importancia, el tratamiento puede convertirse en acicate de los esfuerzos de fortalecimiento de los sistemas de salud en todos los países en desarrollo.

El robustecimiento de los sistemas de salud es fundamental, no sólo para la lucha contra el VIH/SIDA sino también, en términos más generales, para ampliar el acceso a una mejor atención de salud para quienes más la precisan. En este informe hemos comprobado cómo las organizaciones internacionales, los gobiernos nacionales, el sector privado y las comunidades pueden aunar sus fuerzas formando alianzas para alcanzar ese objetivo.

Los esfuerzos de sensibilización sobre la necesidad de incrementar la inversión internacional en salud, promovidos por la OMS y sus asociados, comienzan a dar fruto. Los países deben sacar de los nuevos fondos que están empezando a tener a su alcance el mayor provecho posible para la salud pública. Aunque eminentemente destinados a la lucha contra el VIH/SIDA, esos recursos pueden contribuir al mismo tiempo al fortalecimiento de algunos de los sistemas de salud más frágiles del mundo.

Más allá de 2005, está el reto de ampliar el tratamiento a muchos millones de personas más y de mantenerlo durante el resto de su vida, instaurando y sosteniendo al mismo tiempo las infraestructuras de salud necesarias para esa ingente tarea. Nadie puede garantizar el éxito de esta acción. Pero la pasividad, lejos de ser perdonada, será juzgada por quienes hoy sufren y mueren sin necesidad y por los historiadores de mañana, que tendrán derecho a preguntar por qué, cuando estaba en nuestras manos cambiar el rumbo de la historia, dejamos escapar esa oportunidad.

Notas


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