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Parte 3 /5
2. Discriminación y
xenofobia
En la actualidad casi todos los Estados son países de
origen, tránsito y/o destino de migrantes. Virtualmente, todo país se ha
convertido o se está convirtiendo en multicultural, multiétnico,
multirracial, multilingüe y multirreligioso.
Al mismo tiempo, prácticamente todos los países están
experimentando cada vez más manifestaciones de hostilidad y de violencia
contra los extranjeros, ya se trate de migrantes, refugiados, o incluso
estudiantes y turistas. En África, Asia, América Latina y el Oriente Medio
la discriminación y los abusos van en aumento contra personas provenientes
de países vecinos, con características raciales, étnicas, culturales o
históricas compartidas.
En tanto que el racismo implica por lo general una
distinción basada en una diferencia en las características físicas, como ser
el color de la piel, el tipo de cabello, o las características faciales, la
xenofobia describe actitudes, prejuicios y comportamientos de rechazo,
exclusión o a menudo de vilipendio a las personas, basadas en la percepción
de que son intrusos o extranjeros a la identidad de la comunidad, sociedad o
nación.22
Consciente de la gravedad de la discriminación en el
trabajo, en 1991 la OIT lanzó un proyecto sobre "Lucha contra la
discriminación de los trabajadores migrantes y las minorías étnicas en el
mundo del trabajo" que documenta niveles de discriminación e identifica
soluciones en un cierto número de países en Europa y América del Norte. Unos
estudios de caso de Bélgica, Alemania, los Países Bajos y España encontraron
que las tasas de discriminación en el acceso al empleo podían alcanzar un 37
por ciento, es decir que una de cada tres solicitudes de empleo realizadas
por migrantes era rechazada o no era considerada, en tanto que sí lo eran
las de nacionales con idénticas calificaciones.23
Idénticos hallazgos fueron hechos en Canadá, el Reino Unido y los Estados
Unidos, entre otros países.
Por otra parte, la discriminación fuera del mundo del
trabajo afecta y a menudo impide el acceso al empleo y a unas condiciones de
trabajo decente. Una discriminación sistémica puede manifestarse por un
acceso diferenciado al alojamiento, tal como el relegamiento de las minorías
a guetos o suburbios distantes; por la prestación de una educación inferior,
debido a escuelas con poca financiación y escaso personal en los vecindarios
con mayoría de extranjeros; con servicios de salud inferiores; o falta de
transporte público entre las zonas de residencia y las zonas de empleo.
Estas formas de discriminación tienen importantes repercusiones en el acceso
al empleo. En tal sentido, la racialización de ciertas zonas puede operar
como una forma de discriminación estructural que perpetúa la exclusión y las
desventajas de los grupos étnicos minoritarios.
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En cuanto a la incidencia de la raza, la etnicidad y la
nacionalidad, las percepciones populares en un considerable número de países
asocian identidad racial y étnica como las que difieren de la "norma
nacional" y que presuponen una condición de extranjería. En muchos países
europeos las personas que no son de raza blanca son percibidos como
"extranjeros". Por su parte, las convergencias entre raza y nacionalidad
conducen a una política de contención en los Estados Unidos, al punto que la
Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones
Industriales (AFL-CIO) retiró su apoyo al régimen de sanciones contra los
empleadores puestas en vigor en 1986. Las sanciones contra los empleadores
que contrataban a trabajadores extranjeros resultaron en una discriminación
generalizada contra ciudadanos y residentes autorizados de origen africano,
hispano, asiático u otras razas distintas de la blanca. Los empleadores a
menudo invocaban las dificultades encontradas en la verificación de los
permisos de trabajo presentados por los solicitantes de empleo como la razón
para excluir a algunos o todos los candidatos de las minorías étnicas. Los
defensores de los derechos civiles y laborales expresaron su preocupación en
el sentido de que las sanciones a los empleadores otorgaban una cobertura
conveniente a ciertos empleadores. La entidad de los tipos y prácticas de
trato discriminatorio fueron suficientes para que el movimiento sindical de
los Estados Unidos, y la mayoría de las organizaciones de derechos civiles,
cambiaran su política para oponerse explícitamente al régimen de sanciones a
los empleadores.
Por último, resulta conveniente detenerse en la percepción
de las relaciones entre migración y delincuencia. Suele imputarse a la
migración una incidencia en el aumento de los delitos, así como considerar
las violaciones a los controles migratorios en la misma categoría de delitos
que el tráfico de armas o de estupefacientes. También se utiliza una
terminología calificando a los migrantes o extranjeros como ilegales.
Resulta asimismo bastante común imputar a la inmigración la
existencia de la xenofobia y el racismo, o más específicamente, a la
migración ilegal. De acuerdo con esta lógica demagógica, las víctimas
resultan ser la causa, y por tanto se propone resolver el problema
eliminando o deteniendo estas causas. Este tipo de medidas, así como la
violencia contra los extranjeros, sólo puede ser alentada con una
combinación dialéctica del concepto de ilegalidad, de la terminología de
combate contra la migración ilegal, como si se tratase del enemigo en una
confrontación militar, y de la asociación natural entre migración irregular
con delito, tráfico de armas, estupefacientes y terrorismo.
2.1 Género y migración
Las oportunidades a un empleo legítimo son distintas para
los hombres que para las mujeres. La demanda de trabajadores migrantes en
los países receptores se encuentra definida en gran medida por la
segmentación del mercado de trabajo en esos países, es decir que las
oportunidades disponibles son precisamente las de los puestos de trabajo con
menores calificaciones que se consideran adecuados para las mujeres.
La feminización de la migración internacional de mano de
obra, junto con el hecho de que la mayor parte de las oportunidades de
empleo para las mujeres migrantes se encuentran en sectores no regulados
(trabajo doméstico, industria del sexo) y la existencia de mercados de
trabajo segmentados por sexo contribuye al incremento de mercados laborales
discriminatorios en los países de destino. Además, las mujeres tienen por lo
general menos acceso a la información sobre las oportunidades de migración y
de empleo en el extranjero, a los canales de reclutamiento, y a menudo
cuentan con menos preparación que los hombres para hacer frente a las
condiciones de trabajo y de vida de los países de destino.
Por otra parte, las restricciones a la entrada, admisión y
empleo afectan de distinta manera a los hombres que a las mujeres. Por
ejemplo, la mayor parte de los canales legales de migración ofrecen
oportunidades a sectores que tradicionalmente son ocupados por hombres
(construcción y agricultura), con el resultado de que las mujeres gozan de
un menor acceso a la migración legal de mano de obra en comparación con los
hombres. Esta situación parece marginalizar a las mujeres migrantes y
aumentar el grado de exposición a las peores formas de abusos. Las políticas
migratorias y las reglamentaciones de entrada y admisión que realizan
selecciones por género, a menudo reproducen e intensifican las desigualdades
sociales, económicas y culturales existentes entre los migrantes hombres y
mujeres, es decir, para las mujeres, el derecho al ingreso no implica
necesariamente el derecho al trabajo en ciertos países de Europa Occidental.
Notas
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