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Globalización y migraciones laborales: importancia de la protección

Por Patrick A. Taran y Eduardo Geronimi     

Parte 1/5

Este trabajo es reproducido por Futuros
con autorización de la
Organización Internacional del Trabajo

La falta de una protección jurídica para los trabajadores migrantes subraya su atractivo como instrumento para mantener la competitividad, cuando se ven obligados a trabajar en situaciones en que no son aplicadas las condiciones de trabajo decente.

La OIT fue creada en 1919 con el mandato de elaborar, promover y supervisar la implementación de normas internacionales del trabajo, a prestar asesoramiento y asistencia técnica a sus mandantes tripartitos y a concentrarse en los temas contemporáneos que afectan a los trabajadores, empleadores y gobiernos en el mundo entero. La OIT es una agencia especializada del sistema de las Naciones Unidas; tiene una composición única puesto que su estructura tripartita incluye a representantes de las organizaciones nacionales de empleadores, de trabajadores y de los gobiernos.


Resumen

 

1. Globalización y movilidad

   

1.1. Demanda de mano de obra migrante
1.2. Inserción sociolaboral de los migrantes irregulares
1.3. Dilemas fundamentales de política

2. Discriminación y xenofobia

    2.1. Género y migración

3. Marco jurídico para las migraciones

   

3.1. Derechos fundamentales en el trabajo
3.2. Normas internacionales del trabajo sobre trabajadores migrantes

     

a) Alcance de los derechos derivados de empleos anteriores
b) Acceso a la justicia

   

3.3. Un conjunto de normas internacionales

4. Respuestas integradas de política

   

4.1. Elementos de política
4.2. Lagunas de política
4.3. El papel de la OIT
4.4. El papel de los interlocutores sociales y de la sociedad civil
4.5. Consecución de los derechos de los migrantes

Acerca de los autores

Resumen

La movilidad internacional de mano de obra ha aumentado bajo las condiciones contemporáneas de globalización, al tiempo que se han acelerado los niveles de explotación y de desregulación. La falta de una protección jurídica para los trabajadores migrantes subraya su atractivo como instrumento para mantener la competitividad, cuando se ven obligados a trabajar en situaciones en que no son aplicadas las condiciones de trabajo decente. Los migrantes en situación irregular son particularmente vulnerables debido a que los temores de aprehensión y deportación los desalientan a sindicarse y los exponen a condiciones de trabajo peligrosas.

Las actuales prácticas de migraciones laborales representan verdaderos dilemas de política para los Estados, los interlocutores sociales y la sociedad civil. Muchos Estados que han estructurado barreras contra el ingreso legal de trabajadores migrantes parecen ahora tolerar la presencia de grandes cantidades de migrantes en situación irregular, especialmente los que laboran en los sectores peor pagados y menos atractivos para los trabajadores nativos. En general, los sectores que emplean mano de obra migrante son objeto de poco o ningún control que garantice la seguridad y salud en el trabajo o condiciones de trabajo decente, lo que provoca el empleo de trabajadores migrantes en condiciones inadecuadas y otorga incentivos para que el capital y el empleo se desplacen de la economía formal a la informal.

Se trate o no de una actitud deliberada, la aplicación generalizada de políticas restrictivas se corresponde en muchos países con el creciente vilipendio de los migrantes y extranjeros en la prensa, el discurso político y la percepción del público. La asociación de los migrantes y la migración con la delincuencia y, actualmente, con el terrorismo, parecen reforzar el uso de una terminología de la ilegalidad, en la cual los migrantes son ilegales y existe un combate contra la migración ilegal.

La gobernabilidad democrática depende del imperio de la ley; la gobernabilidad de las migraciones y la regulación del mercado de trabajo sólo resultarán viables si su marco jurídico incluye la normativa internacional.

De la misma manera que se fortalece el imperio de la ley y la democracia en condiciones de globalización económica y social, también debe fortalecerse la gestión de las migraciones y del mercado de trabajo. La complementariedad entre los instrumentos jurídicos internacionales sobre migración servirá de marco exhaustivo global tanto para la elaboración de políticas migratorias a nivel nacional como internacional. Basándose en estas normas y en su experiencia, la OIT señala cinco elementos clave para la formulación de toda política nacional basada en las normas. Resulta fundamental el papel de los interlocutores sociales y de las organizaciones de la sociedad civil en la promoción de un enfoque sobre la migración exhaustivo, sostenible y basado en las normas.

La OIT insta a los Estados que aun no lo hayan hecho a ratificar los Convenios No. 97 y 143 sobre trabajadores migrantes. Por otra parte, también promueve la ratificación de la Convención de las Naciones Unidas de 1990 sobre trabajadores migratorios, instrumentos que, junto con los Protocolos de Palermo contra el tráfico migrantes y la trata de personas, constituyen la "Carta internacional de las migraciones".

1. Globalización y movilidad

Uno de los elementos más ampliamente reconocidos de la globalización es la creciente interdependencia económica de los Estados. Aunque los efectos inmediatos de la globalización son más difíciles de determinar, es probable que las presiones migratorias tiendan a aumentar en muchas partes del mundo. El proceso integral de globalización ha intensificado los efectos disruptivos de la modernización y del desarrollo capitalista 1 , y muchos países en desarrollo enfrentan una grave dislocación social y económica asociada a una pobreza persistente, a un desempleo creciente, a la pérdida de los modelos tradicionales de comercio y a una crisis cada vez más acentuada de la seguridad económica.

La mayor parte de los inmigrantes permanentes y refugiados – así como los trabajadores migrantes – intentan desempeñar una actividad remunerada y participar en la fuerza de trabajo, pero deben hacer frente a fenómenos de discriminación y xenofobia en los países receptores.

Según señala la OIT, lamentablemente las estadísticas sobre migraciones internacionales de muchos países son escasas y no tienen en cuenta, o sólo lo hacen parcialmente, a las personas que se encuentran presentes en el país sin la debida documentación. Las estimaciones del número de trabajadores migrantes y de sus familias en 1995, último año del que se cuenta con datos exhaustivos son:

África

18-21.000.000

Asia Oriental y Meridional

5-7.000.000

Europa 2

26-30.000.000

América del Norte

16-18.000.000

América del Sur y Central

7-12.000.000

Estados árabes

8-9.000.000

Total

80-97.000.000 3

Extrapolando estas cifras y las tendencias recientes, la OIT estima que el número total de trabajadores migrantes y miembros de sus familias asciende actualmente a unos 120 millones de personas. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y las Naciones Unidas estiman que el total de la población que reside temporal o permanentemente fuera de sus países de origen asciende a 180 millones de personas.

No obstante el alcance de estas proyecciones, las cifras de la migración internacional se duplicaron entre 1975 y 2000, pasando de 75 millones a 150 millones de personas que viven fuera de sus lugares de origen (incluyendo los migrantes laborales, sus dependientes, refugiados e inmigrantes permanentes).

Un aumento en el comercio de bienes y de la inversión extranjera directa no reducirá significativamente la propensión a migrar en la mayor parte de los países. Por el contrario, la naturaleza de los flujos migratorios se verá condicionada por una continua demanda de mano de obra extranjera tanto calificada como no calificada, así como por las grandes diferencias en las condiciones de vida.

En un cierto número de países, la aceleración del comercio disminuye la producción nacional industrial y agrícola, o la reemplaza con importaciones más baratas, a expensas de la pérdida de muchos empleos en estos sectores. Por ejemplo, en la actualidad, una tonelada de maíz en Callao (Perú), o una tonelada de arroz en Manila (Filipinas), puede ser importada por un valor inferior a los costos de una producción local en pequeña escala y con uso intensivo de mano de obra. En efecto, la eficiencia de las agroindustrias mecanizadas con una producción a gran escala abarata los costos de los alimentos. Sin embargo, el cultivo de cada tonelada de grano en Perú, o de arroz en Filipinas, ocupaba muchos granjeros y trabajadores, y permitía el mantenimiento de sus familias.

Los programas de ajuste estructural impusieron reducciones en el gasto público, el presupuesto y los subsidios del Estado. Estos ajustes significaron también importantes reducciones en el empleo público, que incluía tanto a profesionales como a trabajadores calificados y no calificados. La creación de empleo por el sector privado en muchos países donde se aplicaron estos programas no fue de la mano de las cifras del desempleo provocado por la reducción del aparato estatal, sino que más bien se ha producido lo contrario. Asimismo, las condiciones del ajuste estructural incluyeron la eliminación de subsidios gubernamentales a los alimentos, que indirectamente subsidiaban el empleo en la agricultura y en los sectores del procesamiento y la distribución de alimentos.

De esta forma, la suma de estos factores provoca que se reduzcan o desaparezcan las posibilidades de obtener un empleo y de asegurarse la supervivencia económica en el país de origen y que aumenten las presiones emigratorias.

Notas


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