|
Parte 1/5
Este trabajo es reproducido por
Futuros
con autorización de la
Organización
Internacional del Trabajo
 |
La falta de
una protección jurídica para los trabajadores migrantes subraya su
atractivo como instrumento para mantener la competitividad, cuando se
ven obligados a trabajar en situaciones en que no son aplicadas las
condiciones de trabajo decente.
La OIT fue creada en 1919 con el mandato de elaborar,
promover y supervisar la implementación de normas internacionales del
trabajo, a prestar asesoramiento y asistencia técnica a sus mandantes
tripartitos y a concentrarse en los temas contemporáneos que afectan a los
trabajadores, empleadores y gobiernos en el mundo entero. La OIT es una
agencia especializada del sistema de las Naciones Unidas; tiene una
composición única puesto que su estructura tripartita incluye a
representantes de las organizaciones nacionales de empleadores, de
trabajadores y de los gobiernos.
|
Resumen
La movilidad internacional de mano de obra ha aumentado bajo
las condiciones contemporáneas de globalización, al tiempo que se han
acelerado los niveles de explotación y de desregulación. La falta de una
protección jurídica para los trabajadores migrantes subraya su atractivo
como instrumento para mantener la competitividad, cuando se ven obligados a
trabajar en situaciones en que no son aplicadas las condiciones de trabajo
decente. Los migrantes en situación irregular son particularmente
vulnerables debido a que los temores de aprehensión y deportación los
desalientan a sindicarse y los exponen a condiciones de trabajo peligrosas.
Las actuales prácticas de migraciones laborales representan
verdaderos dilemas de política para los Estados, los interlocutores sociales
y la sociedad civil. Muchos Estados que han estructurado barreras contra el
ingreso legal de trabajadores migrantes parecen ahora tolerar la presencia
de grandes cantidades de migrantes en situación irregular, especialmente los
que laboran en los sectores peor pagados y menos atractivos para los
trabajadores nativos. En general, los sectores que emplean mano de obra
migrante son objeto de poco o ningún control que garantice la seguridad y
salud en el trabajo o condiciones de trabajo decente, lo que provoca el
empleo de trabajadores migrantes en condiciones inadecuadas y otorga
incentivos para que el capital y el empleo se desplacen de la economía
formal a la informal.
Se trate o no de una actitud deliberada, la aplicación
generalizada de políticas restrictivas se corresponde en muchos países con
el creciente vilipendio de los migrantes y extranjeros en la prensa, el
discurso político y la percepción del público. La asociación de los
migrantes y la migración con la delincuencia y, actualmente, con el
terrorismo, parecen reforzar el uso de una terminología de la ilegalidad,
en la cual los migrantes son ilegales y existe un combate contra la
migración ilegal.
La gobernabilidad democrática depende del imperio de la ley;
la gobernabilidad de las migraciones y la regulación del mercado de trabajo
sólo resultarán viables si su marco jurídico incluye la normativa
internacional.
De la misma manera que se fortalece el imperio de la ley y
la democracia en condiciones de globalización económica y social, también
debe fortalecerse la gestión de las migraciones y del mercado de trabajo. La
complementariedad entre los instrumentos jurídicos internacionales sobre
migración servirá de marco exhaustivo global tanto para la elaboración de
políticas migratorias a nivel nacional como internacional. Basándose en
estas normas y en su experiencia, la OIT señala cinco elementos clave para
la formulación de toda política nacional basada en las normas. Resulta
fundamental el papel de los interlocutores sociales y de las organizaciones
de la sociedad civil en la promoción de un enfoque sobre la migración
exhaustivo, sostenible y basado en las normas.
La OIT insta a los Estados que aun no lo hayan hecho a
ratificar los Convenios No. 97 y 143 sobre trabajadores migrantes. Por otra
parte, también promueve la ratificación de la Convención de las Naciones
Unidas de 1990 sobre trabajadores migratorios, instrumentos que, junto con
los Protocolos de Palermo contra el tráfico migrantes y la trata de
personas, constituyen la "Carta internacional de las migraciones".
1. Globalización y movilidad
Uno de los elementos más ampliamente reconocidos de la
globalización es la creciente interdependencia económica de los Estados.
Aunque los efectos inmediatos de la globalización son más difíciles de
determinar, es probable que las presiones migratorias tiendan a aumentar en
muchas partes del mundo. El proceso integral de globalización ha
intensificado los efectos disruptivos de la modernización y del desarrollo
capitalista 1 , y muchos países en desarrollo enfrentan una grave
dislocación social y económica asociada a una pobreza persistente, a un
desempleo creciente, a la pérdida de los modelos tradicionales de comercio y
a una crisis cada vez más acentuada de la seguridad económica.
La mayor parte de los inmigrantes permanentes y refugiados –
así como los trabajadores migrantes – intentan desempeñar una actividad
remunerada y participar en la fuerza de trabajo, pero deben hacer frente a
fenómenos de discriminación y xenofobia en los países receptores.
Según señala la OIT, lamentablemente las estadísticas sobre
migraciones internacionales de muchos países son escasas y no tienen en
cuenta, o sólo lo hacen parcialmente, a las personas que se encuentran
presentes en el país sin la debida documentación. Las estimaciones del
número de trabajadores migrantes y de sus familias en 1995, último año del
que se cuenta con datos exhaustivos son:
|
África |
18-21.000.000 |
|
Asia Oriental y Meridional |
5-7.000.000 |
|
Europa 2 |
26-30.000.000 |
|
América del Norte |
16-18.000.000 |
|
América del Sur y Central |
7-12.000.000 |
|
Estados árabes |
8-9.000.000 |
|
Total |
80-97.000.000 3 |
Extrapolando estas cifras y las tendencias recientes, la OIT
estima que el número total de trabajadores migrantes y miembros de sus
familias asciende actualmente a unos 120 millones de personas. La
Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y las Naciones Unidas
estiman que el total de la población que reside temporal o permanentemente
fuera de sus países de origen asciende a 180 millones de personas.
No obstante el alcance de estas proyecciones, las cifras de
la migración internacional se duplicaron entre 1975 y 2000, pasando de 75
millones a 150 millones de personas que viven fuera de sus lugares de origen
(incluyendo los migrantes laborales, sus dependientes, refugiados e
inmigrantes permanentes).
Un aumento en el comercio de bienes y de la inversión
extranjera directa no reducirá significativamente la propensión a migrar en
la mayor parte de los países. Por el contrario, la naturaleza de los flujos
migratorios se verá condicionada por una continua demanda de mano de obra
extranjera tanto calificada como no calificada, así como por las grandes
diferencias en las condiciones de vida.
En un cierto número de países, la aceleración del comercio
disminuye la producción nacional industrial y agrícola, o la reemplaza con
importaciones más baratas, a expensas de la pérdida de muchos empleos en
estos sectores. Por ejemplo, en la actualidad, una tonelada de maíz en
Callao (Perú), o una tonelada de arroz en Manila (Filipinas), puede ser
importada por un valor inferior a los costos de una producción local en
pequeña escala y con uso intensivo de mano de obra. En efecto, la eficiencia
de las agroindustrias mecanizadas con una producción a gran escala abarata
los costos de los alimentos. Sin embargo, el cultivo de cada tonelada de
grano en Perú, o de arroz en Filipinas, ocupaba muchos granjeros y
trabajadores, y permitía el mantenimiento de sus familias.
Los programas de ajuste estructural impusieron reducciones
en el gasto público, el presupuesto y los subsidios del Estado. Estos
ajustes significaron también importantes reducciones en el empleo público,
que incluía tanto a profesionales como a trabajadores calificados y no
calificados. La creación de empleo por el sector privado en muchos países
donde se aplicaron estos programas no fue de la mano de las cifras del
desempleo provocado por la reducción del aparato estatal, sino que más bien
se ha producido lo contrario. Asimismo, las condiciones del ajuste
estructural incluyeron la eliminación de subsidios gubernamentales a los
alimentos, que indirectamente subsidiaban el empleo en la agricultura y en
los sectores del procesamiento y la distribución de alimentos.
De esta forma, la suma de estos factores provoca que se
reduzcan o desaparezcan las posibilidades de obtener un empleo y de
asegurarse la supervivencia económica en el país de origen y que aumenten
las presiones emigratorias.
Notas
|