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Parte 2 /5
1.1. Demanda de mano de obra migrante
La demanda de mano de obra migrante no declina. Las
tendencias demográficas y el envejecimiento de la fuerza de trabajo en
muchos países industrializados indican que la inmigración constituirá una
importante opción para incrementar la relación entre población activa y
población en envejecimiento, tomando en cuenta asimismo que la fuerza de
trabajo de más edad tiende a ser más menos innovadora, menos flexible, y
menos adaptable a los cambios tecnológicos. Algunos gobiernos han comenzado
a considerar como una opción de política la "migración de reemplazo".4
La globalización y la liberalización del comercio han tenido
un impacto contradictorio en las condiciones de empleo en los países de
destino. Asimismo, existe una demanda de mano de obra barata y con bajas
calificaciones en los países industrializados, así como en un número
considerable de países en desarrollo en la agricultura, la alimentación, la
construcción o los trabajos semicalificados o no calificados en la
manufactura (por ejemplo, la industria textil), y sectores con bajos
salarios como el servicio doméstico, la atención de salud a domicilio y el
sector del sexo.
Las pequeñas y medianas empresas y los sectores económicos
que hacen un uso intensivo de mano de obra no tienen la alternativa de
trasladar sus operaciones al extranjero. Así pues, la respuesta de estos
sectores reposa en la reducción de sus procesos manufactureros, la
desregulación y la flexibilización del empleo, con un creciente énfasis en
medidas de reducción de costos y de subcontratación5
. En un número considerable de países, estas medidas han ampliado el número
de puestos de trabajo en la base de la escala ocupacional. Las necesidades
de empleo son satisfechas en escasa medida, o ninguna, por trabajadores
nativos, aun los desempleados, debido a los bajos salarios, a las
condiciones peligrosas, y/o al bajo estatus social de estos puestos de
trabajo o sectores, así como por las alternativas que algunos países ofrecen
a los desempleados de gozar de la asistencia social y de los seguros de
desempleo.
La demanda resultante de trabajadores migrantes le otorga
una significativa intensidad a los flujos de mano de obra y facilita la
incorporación de los migrantes indocumentados al mercado de trabajo.6
Pese a que un cierto número de países desarrollados registran una tasa de
desempleo relativamente alta, los trabajadores extranjeros – incluidos los
no autorizados – encuentran puestos de trabajo con facilidad7.
Por ejemplo, un trabajador migrante indocumentado mexicano encontrará un
empleo, en promedio, dos semanas después de su llegada. De la misma forma,
es raro que en Europa los migrantes indocumentados se encuentren
"desempleados".8
La mano de obra migrante a menudo ocupa los llamados puestos
sucios, peligrosos y difíciles (dirty, dangerous and difficult jobs – DDD).
En Europa Meridional, los migrantes ocupan los puestos de trabajo que los
nativos rechazan. Se trata de una simple cuestión de sustitución9.
Por otra parte, puede concluirse que los migrantes tienen una inserción
competitiva sólo con los sectores marginales de la fuerza de trabajo nativa,
cuando éstos no se encuentran amparados sustancialmente por un sistema de
bienestar, en sectores específicos, y/o en las zonas menos desarrolladas de
estos países10.
Los países industrializados y muchos países en desarrollo
son un polo de atracción para los trabajadores migrantes, quienes emigran
antes de que las presuntas fuerzas económicas de equilibrio de la
liberalización del comercio puedan producir efectos.11
A menudo se trata de personas educadas que están dispuestas a aceptar
puestos de trabajo que sin embargo hubieran rechazado en su país de origen,
lo que constituye un proceso de pérdida de recursos humanos. No obstante, su
interés se explica en las diferencias de salarios entre los países de origen
y destino, en especial cuando existen condiciones de pobreza en el país de
origen.
En tanto que en los últimos decenios, muchos de los países
tradicionalmente receptores de migrantes han adoptado políticas restrictivas
de inmigración, va en aumento la competencia por captar a especialistas
altamente calificados en sectores de servicios en expansión, lo que ha
resultado en un aumento importante de la migración de mano de obra
calificada. En efecto, los serios déficit de mano de obra en sectores como
la tecnología de la información y la comunicación han motivado a varios
países a lanzar estrategias de reclutamiento de migrantes altamente
calificados.
A ese respecto, la OIT señala12
que algunos países en desarrollo pierden entre el 10 y el 30 por ciento de
su mano de obra calificada a través del proceso de "fuga de cerebros", lo
que tiene efectos claramente negativos en la productividad y el crecimiento
económicos. No obstante, existe un cierto número de efectos colaterales
positivos tales como el aumento de divisas producido por las remesas de los
trabajadores, la adquisición de nuevas calificaciones por los migrantes
retornantes y los "intercambios de cerebros" entre países, que aumenta las
posibilidades de transferencias de conocimientos y tecnología.
1.2. Inserción sociolaboral de los migrantes
irregulares
La persistencia de los mercados de trabajo duales y la
globalización parecen acentuar el número de empleos precarios y que los
trabajadores locales son renuentes a ocupar, por lo que la demanda de mano
de obra extranjera pasa a ser parte de una tendencia a largo plazo hacia la
informalización de los empleos no calificados y poco remunerados, aun
prefiriendo a los migrantes irregulares, dispuestos a trabajar por salarios
inferiores, por cortos períodos en los picos de producción, o para
desempeñar trabajos físicamente arduos o sucios.13
A pesar de que recientemente se han modificado las políticas
migratorias en varios países de la OCDE con miras a adecuarlas a las
necesidades del mercado de trabajo, éstas se orientan en general sólo a
candidatos a la inmigración calificados, y no a los migrantes con bajas
calificaciones. Sin embargo, en varios de los países más desarrollados, la
fuerza de trabajo extranjera resulta ser menos calificada que la nacional,
se concentra en las categorías socioprofesionales más bajas, y se
caracteriza por una gran movilidad en el empleo como respuesta a las
fluctuaciones cíclicas del mercado de trabajo.14
La inserción de los migrantes irregulares en las ocupaciones
menos calificadas responde a una necesidad estructural de las sociedades
desarrolladas. Los empleadores demandan, para los puestos de trabajo menos
calificados, a trabajadores que no presionen sobre la estructura de
salarios. Dado que, por otra parte, los inmigrantes no ponderan la relación
entre salario y prestigio social vinculado a una determinada ocupación – por
lo menos al inicio de la migración–, mediante su contratación se evitan los
inconvenientes económicos (inflación estructural) que podrían provocar los
nativos que exigieran aumentos salariales.
La posibilidad de explotación de la mano de obra migrante la
convierte en un instrumento atractivo para algunos empleadores para mantener
la competitividad, a expensas de la protección que otorgan las normas
internacionales del trabajo para garantizar un trabajo decente. Los
migrantes no autorizados al ingreso o al empleo se encuentran al margen de
toda protección en cuanto a seguridad y salud en el lugar de trabajo, o
salario mínimo. A menudo son empleados en sectores en los que estas normas
no se respetan o no se hacen respetar.
De acuerdo a la Confederación Internacional de
Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), resulta muy difícil sindicar a los
migrantes para poder defender sus intereses y derechos. Incluso en algunos
casos la legislación nacional considera ilegal la sindicación para quienes
carecen de permiso de trabajo, sin contar los efectos del temor de los
migrantes a la deportación.15
1.3. Dilemas fundamentales de política
La práctica de muchos Estados centrales de tolerar la
presencia de trabajadores migrantes en situación irregular para atender a
las necesidades de mano de obra de ciertos segmentos del mercado de trabajo
constituye una política de empleo de facto en la que parte de la
fuerza de trabajo pasa a ser una variable que puede ser disminuida o aun
suprimida en períodos de ralentización económica, mediante el ejercicio del
derecho de los Estados de expulsión de extranjeros de su territorio. En
efecto, de la misma manera que la política de migraciones puede utilizarse
para satisfacer las necesidades del mercado de trabajo de mano de obra
extranjera, la deportación o expulsión puede utilizarse para regular y
forzar el retorno a sus países de origen de esa mano de obra temporaria.
En un número considerable de Estados se alienta y combate la
migración al mismo tiempo. La distancia entre las declaraciones políticas y
su puesta en práctica refleja una importante contradicción en la política
contemporánea de algunos Estados. No obstante su retórica política acerca de
la migración irregular, muchos gobiernos la toleran, en tanto que
oficialmente refuerzan los controles contra los trabajadores migrantes
"ilegales". Los efectos son que, por una parte, existe una oferta continua
de mano de obra barata, en tanto que por la otra, los migrantes en situación
irregular no pueden organizarse en el lugar de trabajo para defender unas
condiciones de trabajo decente, y se encuentran estigmatizados y aislados de
quienes pueden prestarles ayuda.
La dualidad en la gestión de la migración irregular puede
ilustrarse con el ejemplo, en los primeros meses de 2000, del Servicio de
Inmigración y Naturalización (INS) de los Estados Unidos que suspendió la
aplicación de deportaciones relacionadas con la inmigración, excepto en las
zonas de frontera. Este evento se produjo poco después de que las
autoridades económicas advirtieran que la amenaza más importante contra la
economía norteamericana la constituía la inflación que producirían unos
aumentos salariales. En el mensaje de Alan Greenspan se encuentra implícito,
y en los comentarios de ciertos analistas económicos se lo menciona de
manera menos velada, que las potenciales presiones sobre los salarios serían
contrarrestadas por un aumento del empleo femenino y la gran presencia de
trabajadores migrantes indocumentados. Otros artículos periodísticos también
señalan una decisión política a nivel nacional que vincula la no aplicación
de los controles migratorios en el mercado de trabajo con la necesidad de la
economía de tener la inflación bajo control16.
Algunos sindicatos y los propios trabajadores indocumentados
también parecen haber tomado nota de los efectos de esta política. En
Chicago, algunos trabajadores indocumentados lograron aumentar los esfuerzos
de los sindicatos y negociar acuerdos por los que los empleadores
previnieran con anticipación a los trabajadores sobre toda inspección
prevista por las autoridades migratorias.17
El comercio y las finanzas se encuentran cada vez más
desregulados e integrados tanto al nivel regional como global. En cambio,
las políticas migratorias no han sido liberalizadas ni han colmado la brecha
entre la continua demanda de mano de obra barata y la creciente oferta de
esa mano de obra por parte de otros países. Por el contrario, los países
industrializados han sancionado leyes y formulado políticas migratorias
restrictivas en el último decenio, tendencia que parece ser seguida por
muchos países en desarrollo.
Tales medidas restrictivas fueron establecidas con poca, o
ninguna, consideración de la oferta y la demanda internas de mano de obra.
En algunas regiones, la imposición de unos controles fronterizos más
estrictos y de restricciones en la circulación de personas constituyen
obstáculos a rutas y patrones tradicionales de migración de mano de obra y
del comercio. Puede concluirse que unas barreras restrictivas entre una
demanda y una oferta importantes creará un mercado potencialmente lucrativo
de servicios para acercar la oferta a la demanda.
Los controles fronterizos más estrictos no detuvieron los
flujos migratorios ni obtuvieron los resultados previstos de reducción del
número de trabajadores que atravesaban las fronteras. Al existir pocas
opciones posibles de migración regular para hacer frente a las presiones de
atracción y de expulsión, los canales de migración irregular se convierten
en prácticamente la única alternativa, que representa un negocio lucrativo
para quienes organizan viajes, obtienen documentos, ayudan a atravesar
fronteras o a encontrar puestos de trabajo en los países de destino.
Así pues, la presión migratoria de los migrantes no
calificados hacia las regiones más desarrolladas se canaliza a través de
medios clandestinos debido a la inexistencia en muchos países de categorías
migratorias que prevean su admisión y, por tanto, una vez que se encuentran
en el territorio del país receptor estos trabajadores restan confinados en
empleos del sector no estructurado, en el trabajo en negro o bajo
condiciones de explotación.18
La escala de los negocios del tráfico y la trata de
migrantes, que se estiman en entre 10.000-15.000 millones de dólares19
, y es superada sólo en magnitud por el tráfico de armas y de
estupefacientes, da una prueba de la ineficiencia de las políticas
inmigratorias restrictivas. "El reciente aumento de la trata de trabajadores
puede atribuirse fundamentalmente a los desequilibrios entre la oferta
laboral y la disponibilidad de empleo legal en un lugar en el que [la
persona que busca] empleo tiene derecho legal a residir".
20
En definitiva, la trata de mano de obra tendría menores
razones de existir si las personas que buscan empleo tuvieran una mayor
libertad de movimiento geográfico y de acceso al empleo. El tráfico se
produce debido a que las fronteras se han convertido en barreras entre la
oferta y la demanda de ciertos empleos. La trata internacional se produce no
sólo cuando las fronteras actúan como barreras de este tipo sino cuando
existe un desconocimiento de los canales de migración adecuados, cuando el
empleo es ilegal y/o subterráneo, y cuando se toleran o ignoran unas
condiciones de trabajo inferiores a los mínimos legales.21
Notas
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