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ISSN 1913-6196

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Globalización y migraciones laborales: importancia de la protección

Por Patrick A. Taran y Eduardo Geronimi     

Parte 2 /5

1.1. Demanda de mano de obra migrante

La demanda de mano de obra migrante no declina. Las tendencias demográficas y el envejecimiento de la fuerza de trabajo en muchos países industrializados indican que la inmigración constituirá una importante opción para incrementar la relación entre población activa y población en envejecimiento, tomando en cuenta asimismo que la fuerza de trabajo de más edad tiende a ser más menos innovadora, menos flexible, y menos adaptable a los cambios tecnológicos. Algunos gobiernos han comenzado a considerar como una opción de política la "migración de reemplazo".4

La globalización y la liberalización del comercio han tenido un impacto contradictorio en las condiciones de empleo en los países de destino. Asimismo, existe una demanda de mano de obra barata y con bajas calificaciones en los países industrializados, así como en un número considerable de países en desarrollo en la agricultura, la alimentación, la construcción o los trabajos semicalificados o no calificados en la manufactura (por ejemplo, la industria textil), y sectores con bajos salarios como el servicio doméstico, la atención de salud a domicilio y el sector del sexo.

Las pequeñas y medianas empresas y los sectores económicos que hacen un uso intensivo de mano de obra no tienen la alternativa de trasladar sus operaciones al extranjero. Así pues, la respuesta de estos sectores reposa en la reducción de sus procesos manufactureros, la desregulación y la flexibilización del empleo, con un creciente énfasis en medidas de reducción de costos y de subcontratación5 . En un número considerable de países, estas medidas han ampliado el número de puestos de trabajo en la base de la escala ocupacional. Las necesidades de empleo son satisfechas en escasa medida, o ninguna, por trabajadores nativos, aun los desempleados, debido a los bajos salarios, a las condiciones peligrosas, y/o al bajo estatus social de estos puestos de trabajo o sectores, así como por las alternativas que algunos países ofrecen a los desempleados de gozar de la asistencia social y de los seguros de desempleo.

La demanda resultante de trabajadores migrantes le otorga una significativa intensidad a los flujos de mano de obra y facilita la incorporación de los migrantes indocumentados al mercado de trabajo.6 Pese a que un cierto número de países desarrollados registran una tasa de desempleo relativamente alta, los trabajadores extranjeros – incluidos los no autorizados – encuentran puestos de trabajo con facilidad7. Por ejemplo, un trabajador migrante indocumentado mexicano encontrará un empleo, en promedio, dos semanas después de su llegada. De la misma forma, es raro que en Europa los migrantes indocumentados se encuentren "desempleados".8

La mano de obra migrante a menudo ocupa los llamados puestos sucios, peligrosos y difíciles (dirty, dangerous and difficult jobs – DDD). En Europa Meridional, los migrantes ocupan los puestos de trabajo que los nativos rechazan. Se trata de una simple cuestión de sustitución9. Por otra parte, puede concluirse que los migrantes tienen una inserción competitiva sólo con los sectores marginales de la fuerza de trabajo nativa, cuando éstos no se encuentran amparados sustancialmente por un sistema de bienestar, en sectores específicos, y/o en las zonas menos desarrolladas de estos países10.

Los países industrializados y muchos países en desarrollo son un polo de atracción para los trabajadores migrantes, quienes emigran antes de que las presuntas fuerzas económicas de equilibrio de la liberalización del comercio puedan producir efectos.11 A menudo se trata de personas educadas que están dispuestas a aceptar puestos de trabajo que sin embargo hubieran rechazado en su país de origen, lo que constituye un proceso de pérdida de recursos humanos. No obstante, su interés se explica en las diferencias de salarios entre los países de origen y destino, en especial cuando existen condiciones de pobreza en el país de origen.

En tanto que en los últimos decenios, muchos de los países tradicionalmente receptores de migrantes han adoptado políticas restrictivas de inmigración, va en aumento la competencia por captar a especialistas altamente calificados en sectores de servicios en expansión, lo que ha resultado en un aumento importante de la migración de mano de obra calificada. En efecto, los serios déficit de mano de obra en sectores como la tecnología de la información y la comunicación han motivado a varios países a lanzar estrategias de reclutamiento de migrantes altamente calificados.

A ese respecto, la OIT señala12 que algunos países en desarrollo pierden entre el 10 y el 30 por ciento de su mano de obra calificada a través del proceso de "fuga de cerebros", lo que tiene efectos claramente negativos en la productividad y el crecimiento económicos. No obstante, existe un cierto número de efectos colaterales positivos tales como el aumento de divisas producido por las remesas de los trabajadores, la adquisición de nuevas calificaciones por los migrantes retornantes y los "intercambios de cerebros" entre países, que aumenta las posibilidades de transferencias de conocimientos y tecnología.

1.2. Inserción sociolaboral de los migrantes irregulares

La persistencia de los mercados de trabajo duales y la globalización parecen acentuar el número de empleos precarios y que los trabajadores locales son renuentes a ocupar, por lo que la demanda de mano de obra extranjera pasa a ser parte de una tendencia a largo plazo hacia la informalización de los empleos no calificados y poco remunerados, aun prefiriendo a los migrantes irregulares, dispuestos a trabajar por salarios inferiores, por cortos períodos en los picos de producción, o para desempeñar trabajos físicamente arduos o sucios.13

A pesar de que recientemente se han modificado las políticas migratorias en varios países de la OCDE con miras a adecuarlas a las necesidades del mercado de trabajo, éstas se orientan en general sólo a candidatos a la inmigración calificados, y no a los migrantes con bajas calificaciones. Sin embargo, en varios de los países más desarrollados, la fuerza de trabajo extranjera resulta ser menos calificada que la nacional, se concentra en las categorías socioprofesionales más bajas, y se caracteriza por una gran movilidad en el empleo como respuesta a las fluctuaciones cíclicas del mercado de trabajo.14

La inserción de los migrantes irregulares en las ocupaciones menos calificadas responde a una necesidad estructural de las sociedades desarrolladas. Los empleadores demandan, para los puestos de trabajo menos calificados, a trabajadores que no presionen sobre la estructura de salarios. Dado que, por otra parte, los inmigrantes no ponderan la relación entre salario y prestigio social vinculado a una determinada ocupación – por lo menos al inicio de la migración–, mediante su contratación se evitan los inconvenientes económicos (inflación estructural) que podrían provocar los nativos que exigieran aumentos salariales.

La posibilidad de explotación de la mano de obra migrante la convierte en un instrumento atractivo para algunos empleadores para mantener la competitividad, a expensas de la protección que otorgan las normas internacionales del trabajo para garantizar un trabajo decente. Los migrantes no autorizados al ingreso o al empleo se encuentran al margen de toda protección en cuanto a seguridad y salud en el lugar de trabajo, o salario mínimo. A menudo son empleados en sectores en los que estas normas no se respetan o no se hacen respetar.

De acuerdo a la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), resulta muy difícil sindicar a los migrantes para poder defender sus intereses y derechos. Incluso en algunos casos la legislación nacional considera ilegal la sindicación para quienes carecen de permiso de trabajo, sin contar los efectos del temor de los migrantes a la deportación.15

1.3. Dilemas fundamentales de política

La práctica de muchos Estados centrales de tolerar la presencia de trabajadores migrantes en situación irregular para atender a las necesidades de mano de obra de ciertos segmentos del mercado de trabajo constituye una política de empleo de facto en la que parte de la fuerza de trabajo pasa a ser una variable que puede ser disminuida o aun suprimida en períodos de ralentización económica, mediante el ejercicio del derecho de los Estados de expulsión de extranjeros de su territorio. En efecto, de la misma manera que la política de migraciones puede utilizarse para satisfacer las necesidades del mercado de trabajo de mano de obra extranjera, la deportación o expulsión puede utilizarse para regular y forzar el retorno a sus países de origen de esa mano de obra temporaria.

En un número considerable de Estados se alienta y combate la migración al mismo tiempo. La distancia entre las declaraciones políticas y su puesta en práctica refleja una importante contradicción en la política contemporánea de algunos Estados. No obstante su retórica política acerca de la migración irregular, muchos gobiernos la toleran, en tanto que oficialmente refuerzan los controles contra los trabajadores migrantes "ilegales". Los efectos son que, por una parte, existe una oferta continua de mano de obra barata, en tanto que por la otra, los migrantes en situación irregular no pueden organizarse en el lugar de trabajo para defender unas condiciones de trabajo decente, y se encuentran estigmatizados y aislados de quienes pueden prestarles ayuda.

La dualidad en la gestión de la migración irregular puede ilustrarse con el ejemplo, en los primeros meses de 2000, del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) de los Estados Unidos que suspendió la aplicación de deportaciones relacionadas con la inmigración, excepto en las zonas de frontera. Este evento se produjo poco después de que las autoridades económicas advirtieran que la amenaza más importante contra la economía norteamericana la constituía la inflación que producirían unos aumentos salariales. En el mensaje de Alan Greenspan se encuentra implícito, y en los comentarios de ciertos analistas económicos se lo menciona de manera menos velada, que las potenciales presiones sobre los salarios serían contrarrestadas por un aumento del empleo femenino y la gran presencia de trabajadores migrantes indocumentados. Otros artículos periodísticos también señalan una decisión política a nivel nacional que vincula la no aplicación de los controles migratorios en el mercado de trabajo con la necesidad de la economía de tener la inflación bajo control16.

Algunos sindicatos y los propios trabajadores indocumentados también parecen haber tomado nota de los efectos de esta política. En Chicago, algunos trabajadores indocumentados lograron aumentar los esfuerzos de los sindicatos y negociar acuerdos por los que los empleadores previnieran con anticipación a los trabajadores sobre toda inspección prevista por las autoridades migratorias.17

El comercio y las finanzas se encuentran cada vez más desregulados e integrados tanto al nivel regional como global. En cambio, las políticas migratorias no han sido liberalizadas ni han colmado la brecha entre la continua demanda de mano de obra barata y la creciente oferta de esa mano de obra por parte de otros países. Por el contrario, los países industrializados han sancionado leyes y formulado políticas migratorias restrictivas en el último decenio, tendencia que parece ser seguida por muchos países en desarrollo.

Tales medidas restrictivas fueron establecidas con poca, o ninguna, consideración de la oferta y la demanda internas de mano de obra. En algunas regiones, la imposición de unos controles fronterizos más estrictos y de restricciones en la circulación de personas constituyen obstáculos a rutas y patrones tradicionales de migración de mano de obra y del comercio. Puede concluirse que unas barreras restrictivas entre una demanda y una oferta importantes creará un mercado potencialmente lucrativo de servicios para acercar la oferta a la demanda.

Los controles fronterizos más estrictos no detuvieron los flujos migratorios ni obtuvieron los resultados previstos de reducción del número de trabajadores que atravesaban las fronteras. Al existir pocas opciones posibles de migración regular para hacer frente a las presiones de atracción y de expulsión, los canales de migración irregular se convierten en prácticamente la única alternativa, que representa un negocio lucrativo para quienes organizan viajes, obtienen documentos, ayudan a atravesar fronteras o a encontrar puestos de trabajo en los países de destino.

Así pues, la presión migratoria de los migrantes no calificados hacia las regiones más desarrolladas se canaliza a través de medios clandestinos debido a la inexistencia en muchos países de categorías migratorias que prevean su admisión y, por tanto, una vez que se encuentran en el territorio del país receptor estos trabajadores restan confinados en empleos del sector no estructurado, en el trabajo en negro o bajo condiciones de explotación.18

La escala de los negocios del tráfico y la trata de migrantes, que se estiman en entre 10.000-15.000 millones de dólares19 , y es superada sólo en magnitud por el tráfico de armas y de estupefacientes, da una prueba de la ineficiencia de las políticas inmigratorias restrictivas. "El reciente aumento de la trata de trabajadores puede atribuirse fundamentalmente a los desequilibrios entre la oferta laboral y la disponibilidad de empleo legal en un lugar en el que [la persona que busca] empleo tiene derecho legal a residir". 20

En definitiva, la trata de mano de obra tendría menores razones de existir si las personas que buscan empleo tuvieran una mayor libertad de movimiento geográfico y de acceso al empleo. El tráfico se produce debido a que las fronteras se han convertido en barreras entre la oferta y la demanda de ciertos empleos. La trata internacional se produce no sólo cuando las fronteras actúan como barreras de este tipo sino cuando existe un desconocimiento de los canales de migración adecuados, cuando el empleo es ilegal y/o subterráneo, y cuando se toleran o ignoran unas condiciones de trabajo inferiores a los mínimos legales.21

Notas


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