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 Población y ambiente

Por Julio Cesar Centeno

Cerca de tres cuartas partes de la población de los países en desarrollo se encuentra sometida por la pobreza. Mas de 14 millones de niños menores de 5 años mueren, cada año, victimas de hambre, sed, malnutrición, o de enfermedades  fácilmente prevenibles y curables.  Un promedio de 26 niños cada minuto.

Al mismo tiempo, cerca de 14 millones de hectáreas de bosques naturales se destruyen, cada año, en los países en desarrollo localizados en el trópico. Una destrucción masiva e irreversible, causada principalmente por la ampliación de la frontera agropecuaria para albergar a un creciente número de personas en pobreza extrema, en su mayor parte dedicada a la agricultura de subsistencia. El creciente número de personas involucradas en este proceso no corresponde sólo al aumento poblacional. Se debe principalmente a los explosivos índices de desempleo y al dramático empobrecimiento de la población.

 

Mucho se ha dicho sobre la necesidad de controlar la población de los países en desarrollo. La población humana ha alcanzado tales proporciones que se teme excederá la capacidad del planeta para sostenerla.

Cerca del 80 por ciento de la población humana se encuentra en los países en desarrollo. El crecimiento de la población se encuentra también concentrado es estos mismos países. Cada año, la población humana aumenta en 90 millones de personas. Cerca del 90 por ciento de estos nuevos habitantes del planeta se localiza en el mundo en desarrollo. Como consecuencia, las soluciones propuestas se encuentran dirigidas a controlar la población de los países en desarrollo. El flujo masivo de contraceptivos, esterilización en masa, dislocación cultural, y aun el genocidio han sido propuestos para alcanzar este fin. Todo en nombre del medio ambiente y del "desarrollo sostenible".

Sin embargo, la mayor parte de estos argumentos, así como la mayor parte de las soluciones propuestas, son sólo el reflejo de la ignorancia, el racismo y los prejuicios que saturan el debate internacional sobre población y desarrollo.

Algunas medidas efectivas para contrarrestar el crecimiento de la población de los países en desarrollo, tales como mejoras substanciales en la educación, la salud y la nutrición; la creación de empleos productivos; la diversificación de la actividad económica; y la exportación de productos procesados o semi-procesados, en lugar de materias primas, han sido apoyadas retóricamente en negociaciones internacionales. Pero en la práctica, han sido tomadas con una considerable dosis de aprehensión. 

Se ha argumentado que tales medidas implicarían un aumento en el nivel de vida de las poblaciones afectadas. Esto a la vez conduciría a un mayor consumo de recursos naturales, así como a una mayor producción de desperdicios y de contaminantes.

Se han utilizado así argumentos ambientalistas para reforzar el ya poderoso interés por evitar modificaciones al orden económico vigente.

El resultado ha sido un dramático colapso de los indicadores de educación, salud y nutrición en América Latina, así como en otras regiones en desarrollo, durante los últimos 15 años; el aumento masivo del desempleo; mayor dependencia de las exportaciones de materias primas; y masas crecientes de seres humanos viviendo en la mas extrema pobreza. Al mismo tiempo, la brecha entre el nivel de vida de países industriales y países en desarrollo ha alcanzado magnitudes alarmantes.

El principal impacto de la población sobre el medio ambiente se relaciona con dos variables fundamentales:

  • El consumo de recursos
  • La producción de desperdicios y de contaminantes

En el año 2000 habían aproximadamente 6.000 millones de personas en el planeta, 21% en países industrializados, y el 79% restante en países en desarrollo. Sin embargo, los países industriales eran responsables por cerca del 80% del consumo de recursos naturales a nivel mundial. Eran también responsables por cerca del 80% de la producción de desperdicios y contaminantes.

Si midiéramos el impacto ambiental de la población humana con una medida uniforme, tal como la cantidad de recursos que consume una persona average en países en desarrollo, o la cantidad de desperdicios y contaminantes que produce esa misma persona, concluiríamos que, mientras en el año 2000 habían 4.700 millones de personas en el mundo en desarrollo, el equivalente poblacional de los países industrializados era de 19.000 millones de personas.

Desde el punto de vista del impacto ambiental, ¿dónde está entonces localizado el problema poblacional?

Si incorporamos a la discusión la larga historia de esclavitud, explotación y miseria que por siglos ha sido impuesta a los países en desarrollo por los principales países industrializados, nos encontramos ante una gigantesca deuda ambiental, económica y social, con la que hasta ahora se ha podido escapar una minoría de la población humana, localizada en países industrializados.

La devastación ambiental que se observa en países en desarrollo se encuentra también vinculada a las relaciones políticas y económicas internacionales. Los países en desarrollo deben cumplir con su función de exportadores de una cantidad cada vez mayor de materias primas [recursos naturales],a un precio cada vez menor, para mantener la producción industrial y la riqueza de los países del "Norte". Los países proveedores de materias primas internalizan los costos ambientales y sociales, a su vez ignorados por el sistema económico vigente.

Los países en desarrollo son los mas afectados por los daños sociales y ambientales derivados de décadas de imposición del orden económico internacional vigente.   La explotación de sus recursos naturales para alimentar procesos industriales diseñados y dirigidos principalmente por intereses económicos y políticos de países industrializados.

Cerca de tres cuartas partes de la población de los países en desarrollo se encuentra sometida por la pobreza. Mas de 14 millones de niños menores de 5 años mueren, cada año, victimas de hambre, sed, malnutrición, o de enfermedades  fácilmente prevenibles y curables.  Un promedio de 26 niños cada minuto.

Al mismo tiempo, cerca de 14 millones de hectáreas de bosques naturales se destruyen, cada año, en los países en desarrollo localizados en el trópico. Una destrucción masiva e irreversible, causada principalmente por la ampliación de la frontera agropecuaria para albergar a un creciente número de personas en pobreza extrema, en su mayor parte dedicada a la agricultura de subsistencia. El creciente número de personas involucradas en este proceso no corresponde sólo al aumento poblacional. Se debe principalmente a los explosivos índices de desempleo y al dramático empobrecimiento de la población.

Cerca del 70% de las emisiones acumuladas de dióxido de carbono (CO2) en los últimos 50 años se deben al consumo excesivo de energía en los países industrializados. Las emisiones de CO2 se encuentran entre las principales causas del calentamiento global, amenazando la estabilidad y seguridad de toda la humanidad y de los procesos ecológicos en todo el mundo, particularmente en los países en desarrollo localizados en el trópico.

El crecimiento de la población es ciertamente uno de los principales problemas con que se enfrentan los países en desarrollo. Acciones decisivas son necesarias para resolverlo, tomando en consideración el respeto que merecen las características culturales, éticas y religiosas de los diferentes sectores de la humanidad.

La falta de sistemas efectivamente democráticos de gobierno, y la profunda iniquidad social, evidentes en la mayor parte de los países en desarrollo, se encuentran en la gama de aspectos donde cambios fundamentales son necesarios.

Pero el dilema de la población no debe aislarse del contexto económico y político en el que se ha gestado. La percepción del crecimiento demográfico en países en desarrollo como el responsable de la debacle ambiental mundial, es una falacia que debe ser erradicada. Sin embargo, se encuentra profundamente arraigada en la política internacional de la mayoría de los países industriales, como parte de su determinación por mantener el orden económico internacional existente, independientemente de cuan profundamente injusto para la mayor parte de la humanidad.


 

 

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