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Hay unos 2.800 millones de personas — dos de cada cinco —
que siguen esforzándose por sobrevivir con menos de 2 dólares diarios. La
mala salud, la desigualdad de género y el rápido crecimiento de la población
perpetúan la pobreza y, al mismo tiempo, son exacerbados por la pobreza.
Los encargados de formular
políticas han estado remisos en abordar la falta de equidad en la
distribución de información y servicios de salud, lo cual contribuye a
mantener a la gente en la pobreza.
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Los países están logrando reales progresos en la realización
de un enérgico Programa de Acción mundial que vincula la mitigación de la
pobreza con los derechos de la mujer y el acceso universal a servicios de
salud reproductiva. Transcurridos 10 años de la nueva era iniciada en 1994
en El Cairo por la Conferencia Internacional sobre la Población y el
Desarrollo (CIPD), han mejorado la calidad y el alcance de los programas de
planificación de la familia y maternidad sin riesgo, se están intensificando
las acciones preventivas del VIH, y los gobiernos adoptan el Programa de
Acción de la CIPD como plan de campaña esencial para alcanzar los objetivos
de desarrollo.
Pero la insuficiencia en los recursos, los prejuicios de
género y las deficiencias en los servicios a los pobres y los adolescentes,
están obstando a un mayor adelanto en momentos en que se agravan los
problemas; esto es lo que indica el informe El Estado de la Población
Mundial 2004, preparado por el UNFPA, Fondo de Población de las Naciones
Unidas.
El informe, titulado El Consenso de El Cairo, diez años
después: Población, salud reproductiva y acciones mundiales para eliminar la
pobreza, pasa revista a los adelantos y a los obstáculos para que los países
apliquen el Programa de Acción, casi a mitad de camino hacia la meta, fijada
para 2015. En el informe se examinan las acciones para abordar: los vínculos
entre población y pobreza, la protección del medio ambiente, la migración y
urbanización, la discriminación contra mujeres y niñas; y las principales
cuestiones de salud reproductiva, entre ellas el acceso a anticonceptivos,
la salud de las madres, el VIH/SIDA, y las necesidades de los adolescentes y
de la población en general en situaciones de emergencia.
El Programa, aprobado en El Cairo hace 10 años por 179
países, aspira a equilibrar la población mundial y los recursos del planeta,
mejorar la condición de la mujer y velar por el acceso universal a los
servicios de salud reproductiva, inclusive planificación de la familia. El
punto de partida fue la premisa de que el tamaño, el crecimiento y la
distribución de la población están estrechamente vinculados con las
perspectivas de desarrollo y que las acciones en uno de esos temas refuerzan
las acciones en los demás.
Pero el Consenso de El Cairo asignó prioridad a efectuar
inversiones en los seres humanos y ampliar sus oportunidades, en lugar de
tratar de reducir el crecimiento de la población. Se consideró que al
ampliar los medios de acción de la mujer y asegurar los derechos de cada
mujer, cada hombre y cada joven — inclusive el derecho a la salud
reproductiva y a la opción en cuanto al número de hijos y al momento de
tenerlos — son medidas clave para el crecimiento económico sostenido y la
mitigación de la pobreza.
Al cabo de diez años de la nueva era, ha llegado el momento
de evaluar la situación:
- El Programa de Acción de la CIPD proporciona un plan de campaña
en
cuestiones de población y salud reproductiva que, a juicio de los países,
es imprescindible para alcanzar las metas de desarrollo en todo el
mundo, inclusive eliminar la extrema pobreza y el hambre, ampliar los
medios de acción de la mujer, reducir la mortalidad derivada de la
maternidad, preservar el medio ambiente y frenar la pandemia de VIH/SIDA.
En recientes reuniones a escala regional y mundial y en la práctica, los
gobiernos han reafirmado decididamente su compromiso, basado en la
experiencia de utilizar el Programa de Acción como indispensable
estrategia para mejorar el bienestar de las personas y velar por la
vigencia de los derechos humanos.
- Muchos países en desarrollo han logrado enormes adelantos en la
aplicación de las recomendaciones de la CIPD
y han logrado resultados
apreciables. Esos países están tratando de integrar los factores de
población con los planes de desarrollo, mejorar la calidad y el alcance de
los programas de salud reproductiva, promover los derechos de la mujer,
satisfacer las necesidades de los jóvenes y de las personas en situaciones
de emergencia y fortalecer las acciones de prevención del VIH. Sigue
aumentando el acceso a los servicios de planificación de la familia; en
los países en desarrollo, de las parejas casadas, un 60% utiliza
actualmente métodos anticonceptivos modernos, en comparación con entre 10%
y 15% en 1960.
- No obstante, la insuficiencia de los recursos y la persistencia de
los déficit en los servicios a las poblaciones más pobres están
obstaculizando el adelanto para responder a los continuos retos,
inclusive la propagación del VIH/SIDA, especialmente entre los jóvenes,
las necesidades insatisfechas de planificación de la familia y las altas
tasas de fecundidad y mortalidad materna en los países menos adelantados.
Es preciso que los donantes den cumplimiento a los compromisos asumidos en
El Cairo y asignen la debida prioridad a la salud reproductiva en los
planes de asistencia para el desarrollo y lucha contra la pobreza; además,
es menester aumentar la escala de los programas y ampliarla para alcanzar
la meta de la CIPD en cuanto a ofrecer servicios integrales de salud
reproductiva para todos antes de 2015.
En varias conferencias regionales celebradas al cumplir se
10 años de la CIPD, y en las respuestas a la Encuesta Mundial del UNFPA,
muchos gobiernos de todo el mundo han reafirmado decididamente su compromiso
en pro del Programa de Acción. Están de acuerdo en que su eficaz aplicación
tiene importancia crítica para alcanzar antes de 2015 los Objetivos de
Desarrollo del Milenio, entre ellos eliminar la extrema pobreza y el hambre,
promover la igualdad de género y la educación primaria universal, reducir la
mortalidad de madres y niños, combatir el VIH/SIDA y preservar el medio
ambiente.
Casi todos los países en desarrollo encuestados manifiestan
que han incorporado las cuestiones de población en sus estrategias de
desarrollo y reducción de la pobreza; muchos han instaurado leyes y
políticas para proteger los derechos de la mujer y la niña; muchos han
comenzado a integrar los servicios de salud reproductiva en la atención
primaria de la salud, mejorar los establecimientos y la capacitación del
personal y ampliar el acceso del público. Las organizaciones no
gubernamentales despliegan cada vez mayor actividad en la provisión de
servicios de salud reproductiva y en la promoción para ejecutar el Programa
de Acción.
El uso de anticonceptivos modernos aumentó desde un 55% de
las parejas en 1994 hasta 61% en la actualidad. A fin de reducir las
defunciones y lesiones derivadas de la maternidad, se está haciendo cada vez
mayor hincapié en la atención del parto, la atención obstétrica de
emergencia y los sistemas de remisión de pacientes a establecimientos de
mayor capacidad. Muchos países han intensificado las acciones para combatir
el VIH/SIDA mediante medidas de prevención, tratamiento, atención y apoyo.
La salud reproductiva de los adolescentes ha pasado a ser motivo de
preocupación en todo el mundo; y las campañas contra la violencia por
motivos de género reciben un apoyo cada vez mayor.
Pero es mucho lo que queda por hacer para garantizar la
salud reproductiva y los derechos reproductivos, inclusive los de 1.300
millones de adolescentes en todo el mundo, promover la maternidad sin riesgo
y frenar la propagación del VIH/SIDA.
Diez años después de El Cairo:
- Más de 350 millones de parejas siguen careciendo de acceso a una gama
completa de servicios de planificación de la familia.
- Las complicaciones del embarazo y el parto siguen siendo una
importante causa de defunción y enfermedad de las mujeres: cada año,
529.000 pierden la vida por causas mayormente prevenibles.
- En 2003, 5 millones de personas se agregaron a las infectadas con el
VIH; las mujeres constituyen casi la mitad de todos los adultos infectados
y casi las tres quintas partes de los que viven en África al sur del
Sahara.
- Si bien en muchas regiones están declinando las tasas de fecundidad,
la población mundial aumentará desde los 6.400 millones actuales hasta
8.900 millones hacia 2050; los 50 países más pobres triplicarán su
población hasta 1.700 millones.
El décimo aniversario de la CIPD es una oportunidad para que
los gobiernos y la comunidad internacional renueven sus compromisos y
encuentren los medios de subsanar los problemas que aún perduran.
Población y pobreza
Hay unos 2.800 millones de personas — dos de cada cinco —
que siguen esforzándose por sobrevivir con menos de 2 dólares diarios. La
mala salud, la desigualdad de género y el rápido crecimiento de la población
perpetúan la pobreza y, al mismo tiempo, son exacerbados por la pobreza.
Los encargados de formular políticas han estado remisos en
abordar la falta de equidad en la distribución de información y servicios de
salud, lo cual contribuye a mantener a la gente en la pobreza. Los grupos
más pudientes de la población tienen un acceso mucho mayor que los pobres a
la atención del parto por personal capacitado y a la provisión de
anticonceptivos y otros servicios de salud reproductiva. Las mujeres pobres
comienzan a dar a luz a edades tempranas y a lo largo de sus vidas tienen
más hijos que las mujeres en posición económica más desahogada.
Los países en desarrollo que han reducido la fecundidad y la
mortalidad efectuando inversiones en servicios de salud y educación tienen
mayor productividad, mayor ahorro y mayores inversiones productivas, lo cual
redunda en un crecimiento económico más acelerado.
Al posibilitar que las personas tengan menor cantidad de
hijos, si así lo desean, se ayuda a estimular el desarrollo y a reducir la
pobreza, tanto en los hogares como en la sociedad. Las familias más pequeñas
disponen de más excedentes para efectuar inversiones en la educación y la
salud de sus hijos. El rápido crecimiento de la población contribuye al
estrés medioambiental, la urbanización descontrolada y la pobreza rural y
urbana.
Al reducirse las tasas de fecundidad se reduce la proporción
de niños dependientes de la población en edad activa y se abre así por única
vez (antes de que las poblaciones de más edad pasen a ser una carga) la
oportunidad de que los países efectúen inversiones para estimular el
crecimiento económico y contribuir a la reducción de la pobreza.
En consecuencia, el Programa de la CIPD, basado en los
derechos humanos, que aborda la interdependencia entre población y pobreza,
es imprescindible para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Los países en desarrollo que respondieron a la Encuesta Mundial del UNFPA,
en su mayoría, adoptaron diversas estrategias para abordar los vínculos
entre población y pobreza.
Huellas sobre el planeta
Las pautas insostenibles de consumo y producción, sumadas al
rápido crecimiento de la población, están deteriorando el medio ambiente. Va
en aumento el número de personas que utilizan cada vez más intensamente
mayor cantidad de recursos y así están dejando una "huella" sobre el planeta
mayor que nunca antes.
Una clase consumidora mundial en rápido crecimiento está
usando los recursos del planeta a una velocidad sin precedentes con efectos
proporcionalmente mayores que el aumento en el número de consumidores. Los
agricultores, los ganaderos, los explotadores forestales y los urbanizadores
han eliminado casi la mitad de los bosques que existían originariamente en
el mundo. De las existencias piscícolas del mundo, las tres cuartas partes
se han agotado o han excedido los límites sostenibles.
Hay 500 millones de personas residentes en países que
padecen estrés hídrico o escasez de agua; se prevé que hacia 2025, esa
cantidad llegará a entre 2.400 millones y 3.400 millones de personas. Las
poblaciones pobres en acelerado crecimiento suelen no tener otra opción sino
explotar su medio ambiente local a fin de satisfacer las necesidades de
alimentos y combustible para su subsistencia.
Muchos países informaron de que habían adoptado medidas para
abordar los vínculos entre población, pobreza y medio ambiente.
Las cuestiones de género influyen en gran medida sobre la
manera en que se utilizan y aprovechan los recursos. Tanto en la CIPD como
en el examen de la aplicación de su Programa de Acción en 1999, los países
de todo el mundo afirmaron que la igualdad entre hombres y mujeres es
imprescindible para un desarrollo sostenible y un ordenamiento racional de
los recursos naturales.
Migración y urbanización
Debido a la constante migración del campo a las ciudades, el
número de residentes urbanos aumenta con una velocidad doble del crecimiento
de la población total. Hacia 2007, los residentes en ciudades constituirán
la mayoría de la población mundial; hacia 2030, esa mayoría existirá en
todas las regiones. Pero las megaciudades con 10 o más millones de
habitantes (que actualmente son 20, 15 de ellas en países en desarrollo) y
las ciudades de tamaño pequeño e intermedio siguen creciendo y excediendo
gravemente la capacidad de las infraestructuras y los servicios locales.
La CIPD reconoció que las personas se desplazan dentro de su
país a consecuencia de la falta de equidad en la distribución de recursos,
servicios y oportunidades. Una respuesta normativa esencial es la provisión
de servicios sociales, inclusive los de salud reproductiva, en las zonas
urbanas pobres; también es imprescindible satisfacer las necesidades de
comunidades locales donde los servicios son insuficientes.
En el año 2000 había en todo el mundo 175 millones de
migrantes internacionales — una de cada 35 personas —, en comparación con 79
millones en 1960. Muchas personas, y un creciente número de mujeres, buscan
empleo en el extranjero y esto tiene repercusiones de gran magnitud en los
países de origen y en los de destino. Los efectos económicos son
bidireccionales.
La CIPD exhortó a los países a abordar las causas profundas
de la migración, especialmente el problema de la pobreza. Unas tres cuartas
partes de los países manifiestan que han adoptado algún tipo de medida para
abordar la migración internacional; en 1994, la proporción era una quinta
parte. Algunos países han establecido controles fronterizos más rigurosos,
mientras otros tratan de integrar mejor a los migrantes. Muchos países
favorecen la mayor coordinación de las políticas de migración, pero el tema
sigue siendo delicado.
Ampliación de los medios de acción de la mujer
La igualdad de género y la habilitación de la mujer fueron
aspectos medulares de los propósitos de la CIPD, vinculados fuertemente a la
salud reproductiva y los derechos reproductivos. Desde 1994, más de la mitad
de todos los países han adoptado leyes nacionales sobre los derechos de la
mujer, han ratificado convenciones de las Naciones Unidas o han establecido
comisiones nacionales para la mujer.
El progreso ha sido desigual. Muchos países han introducido
leyes sobre la violencia por motivos de género, pero después no las han
hecho respetar en la práctica. Sólo 28 países han aumentado la participación
política de la mujer. De todos los países, menos de la mitad cuenta con
iniciativas para educar a los hombres acerca de la propia salud reproductiva
y la de sus compañeras. Las medidas de promoción del adelanto de la mujer
son susceptibles de cortes presupuestarios. Sólo 42 países pudieron aumentar
el gasto público en escuelas y sólo 16 aumentaron el número de escuelas
secundarias para niñas.
Son prioridades para mejorar la condición de la mujer:
eliminar la discrepancia de género en la educación; aumentar el acceso a
servicios de salud sexual y reproductiva y a la información al respecto;
efectuar inversiones en infraestructura para mitigar la carga de trabajo de
la mujer; reducir la discriminación en el empleo, en la propiedad de bienes
raíces y en la herencia; acrecentar el papel de la mujer en los órganos
gubernamentales; y reducir radicalmente la violencia contra las mujeres y
las niñas.
Salud reproductiva y planificación de la familia
Las deficiencias en los servicios de salud reproductiva y
sexual causan en todo el mundo una quinta parte de la carga de morbilidad y
mortalidad prematura y una tercera parte de las enfermedades y las
defunciones de mujeres en edad de procrear.
Sigue aumentando el apoyo al concepto general, propugnado
por la CIPD, de salud reproductiva y derechos reproductivos, inclusive
planificación de la familia y salud sexual. Este año, la 57a. Asamblea
Mundial de la Salud reconoció el Consenso de El Cairo y aprobó por primera
vez una estrategia de la OMS para la salud reproductiva, a fin de acelerar
el adelanto hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
La planificación de la familia posibilita que las personas y
las parejas determinen la cantidad de sus hijos y el espaciamiento entre
ellos, un derecho humano básico reconocido. Hay aproximadamente 201 millones
de mujeres, especialmente en los países más pobres, que siguen teniendo
necesidad insatisfecha de anticonceptivos eficaces. Satisfacer esas
necesidades costaría unos 3.900 millones de dólares por año y así se
prevendrían 23 millones de alumbramientos no planificados, 22 millones de
abortos inducidos, 142.000 defunciones relacionadas con el embarazo
(inclusive 53.000 a causa de abortos realizados en malas condiciones) y 1,4
millón de defunciones de lactantes.
Se han logrado importantes adelantos hacia la meta de la
CIPD de lograr acceso universal a los servicios de salud reproductiva antes
de 2015. Se ha prestado mayor atención a los derechos reproductivos al
dictar leyes y formular políticas. Muchos países han reorientado sus
servicios e intensificado la capacitación a fin de mejorar la calidad de los
servicios, ampliar las opciones en métodos de planificación de la familia y
satisfacer mejor las necesidades y aspiraciones de los clientes. Se han
adoptado medidas para integrar el tratamiento de las infecciones de
transmisión sexual (ITS) en otros servicios y para involucrar más a los
hombres en la protección de su propia salud reproductiva y la de sus
compañeras.
No obstante, en los últimos 10 años ha ido declinando el
apoyo de los donantes a los productos de salud reproductiva, con lo cual ha
empeorado la distancia entre necesidades y suministros. Según se prevé, en
los países en desarrollo aumentarán en un 40% los usuarios de
anticonceptivos entre 2000 y 2015.
Salud materna
Las complicaciones obstétricas son la principal causa de
defunción de mujeres en edad de procrear en los países en desarrollo y
constituyen uno de los problemas de salud más urgentes y refractarios en
todo el mundo. Pese a los adelantos en unos pocos países, no se ha asignado
alta prioridad a la cuestión y el número anual de defunciones en todo el
mundo no ha cambiado apreciablemente desde 1994.
La pobreza acrecienta pronunciadamente las probabilidades de
que una mujer muera a causa del embarazo o el parto; ese riesgo en el
período vital de una mujer es de 1 en 12 en el África occidental; pero en
los países desarrollados, es de 1 en 4.000.
De las defunciones debidas a la maternidad, la mayoría tiene
a causas tratables pero de difícil detección. Para reducir ese número de
defunciones es preciso aumentar el acceso a la atención del parto por
personal capacitado, ofrecer atención obstétrica de emergencia cuando hay
complicaciones del embarazo y disponer de sistemas de transporte y remisión
a establecimientos de mayor capacidad, de modo que las mujeres puedan
recibir sin tardanza la atención que necesitan.En los países en desarrollo,
la mitad de los partos cuentan con atención de personal capacitado; pero en
el Asia meridional, sólo un 35% y en África al sur del Sahara, sólo un 41%.
Hay millones de mujeres que sobreviven después del parto
pero padecen enfermedades y discapacidad. Una de las consecuencias más
devastadoras es la fístula obstétrica, lesión interna a consecuencia del
trabajo de parto obstruido, que causa incontinencia y con frecuencia relega
a las mujeres al ostracismo. El UNFPA y otros organismos están tratando de
prevenir la fístula y promover que se aplace el matrimonio precoz y que se
proporcione mayor acceso a la atención de emergencia.
Después de la CIPD, los países, en su mayoría, han
adoptado medidas para promover la maternidad sin riesgo y también están
proporcionando mayor acceso a los servicios de planificación de la familia
para reducir el número de embarazos no planificados. Al menos 40 países han
iniciado programas de atención posterior al aborto. Las complicaciones del
aborto realizado en malas condiciones son importantes causas de defunción de
las madres; la CIPD exhortó a prestar mayor atención a este tema tan
descuidado.
Prevención del VIH/SIDA
En sólo dos decenios, la pandemia de SIDA se ha cobrado 20
millones de vidas e infectado a 38 millones de personas. Estas cantidades
podrían aumentar mucho si los países no adoptaran estrategias de prevención
del VIH. De las personas que corren alto riesgo de infección, menos del 20%
tienen acceso a medidas preventivas de probada eficacia.
Las consecuencias del SIDA son de vasto alcance. En algunas
zonas de África al sur del Sahara, un 25% de la población en edad activa
está infectada con el VIH. Los estudios indican que si el 15% de la
población de un país está infectada con el VIH, su PIB disminuirá a razón
del 1% anual.
Dado que en la mayoría de los casos, el VIH se transmite por
vía del contacto sexual, los servicios de salud reproductiva y sexual y la
información al respecto proporcionan un punto de entrada de importancia
crítica para la prevención, dado que pueden: impartir educación sobre los
riesgos e influir sobre los comportamientos sexuales; detectar y tratar las
ITS; promover el uso correcto y sistemático de condones (preservativos)
masculinos y femeninos; y contribuir a prevenir la transmisión de la madre
al hijo. Al vincular las acciones de prevención y la detección voluntaria
del VIH y el asesoramiento al respecto con los servicios de salud
reproductiva existentes, es posible llegar a mayor cantidad de personas,
reducir el estigma y economizar recursos.
La CIPD reconoció que la discriminación y la violencia
aumentan particularmente la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas, de
modo que se están intensificando las medidas para abordar esa desigualdad
por motivos de género. Entre las jóvenes africanas de 15 a 24 años de edad,
los casos de infección son de dos a tres veces superiores a los de varones
de la misma edad. Con frecuencia, las mujeres casadas no pueden negociar el
uso de condones, aun cuando sepan que sus esposos tienen múltiples
compañeras sexuales.
En el último decenio han mejorado los medios para el
tratamiento del VIH, pero la enorme mayoría de las personas infectadas
carecen de acceso a terapias contra los retrovirus que podrían salvarles la
vida. La OMS y el programa ONUSIDA se han propuesto hacer asequible el
tratamiento para 3 millones de personas antes de 2005 y reducir el costo de
los medicamentos. Al aumentar la disponibilidad de tratamiento, una mayor
cantidad de personas acudirán a los servicios de salud, donde pueden recibir
mensajes de prevención.
De los países que respondieron a la Encuesta Mundial, las
tres cuartas partes cuentan con una estrategia nacional sobre el VIH/SIDA.
En muchos países, nuevas políticas y la coordinación con las ONG señalan
cambios positivos, pero muchas personas en los grupos de alto riesgo no se
benefician. La financiación de los donantes con destino a condones
(preservativos) es muy inferior a la necesaria y las acciones educacionales
son insuficientes.
Servicios para los adolescentes y los jóvenes
A partir de 1994 y, especialmente en los últimos años,
muchos países han logrado notables adelantos en cuanto a abordar los temas,
a menudo delicados, de la salud reproductiva de los adolescentes, inclusive
las necesidades de información y servicios que posibiliten que los
adolescentes prevengan la infección y el embarazo no deseado.
Los jóvenes de 15 a 24 años de edad constituyen la mitad de
todas personas que se agregan a los infectados con el VIH — una cada 14
segundos — y las mujeres jóvenes corren especiales riesgos. En todo el
mundo, la tendencia es a aplazar el matrimonio; aumentan las cantidades de
adolescentes que tienen actividad sexual antes del matrimonio y suelen
carecer de los conocimientos o los medios para protegerse a sí mismos.
En muchos países, el matrimonio y la procreación precoces
siguen siendo la norma para las niñas, que a menudo se casan con hombres de
mucha mayor edad. Las adolescentes casadas tienen menos probabilidades que
las demás de la misma edad de finalizar sus estudios y muchas probabilidades
de infectarse con el VIH u otra ITS.
El UNFPA y otros organismos despliegan múltiples acciones
para enseñar a los jóvenes acerca de la salud reproductiva, además de
impartir aptitudes para la vida y para el empleo. Una importante prioridad
es llegar a las jóvenes casadas, a las que viven en zonas rurales y en
asentamientos urbanos pobres y a las que no asisten a la escuela.
De los países encuestados, un 90% informa acerca de medidas
para abordar la salud reproductiva de los adolescentes. Pero las medidas
adoptadas van muy a la zaga de las necesidades y es preciso intensificar
pronunciadamente las intervenciones eficaces.
Ayuda a las comunidades en crisis
Después de la CIPD, aumentó en gran medida la atención
prestada a las necesidades de salud reproductiva de las mujeres en situación
vulnerable a causa de guerras y desastres.
De las decenas de millones de refugiados en el mundo, una
cuarta parte son mujeres en edad de procrear; de esas mujeres, una de cada
cinco probablemente esté embarazada. La muerte a causa de complicaciones del
parto es sumamente frecuente en países afectados por desastres, donde las
mujeres carecen de acceso a la atención de la maternidad.
Durante la guerra, son más frecuentes los casos de violación
y violencia por motivos de género y las víctimas muy probablemente
contraerán una ITS, inclusive el VIH/SIDA. En una situación de desastre,
pueden desintegrarse las relaciones estables y las unidades familiares. Los
jóvenes resultan muy afectados por esos cambios, conducentes al aumento de
las tasas de embarazo en la adolescencia, relaciones sexuales en condiciones
de riesgo y aborto.
El UNFPA y otros grupos de asistencia humanitaria responden
a las emergencias aportando los materiales básicos necesarios para el parto
en condiciones de seguridad, la protección contra el embarazo no deseado y
las ITS. También apoyan las campañas de educación y las medidas de seguridad
en los campamentos para prevenir la violencia sexual y ofrecer asesoramiento
psicosocial y tratamiento a las víctimas de violación.
Prioridades para la acción
Las medidas eficaces para aplicar el Programa de Acción de
El Cairo y combatir la pobreza dependen de contar con financiación
suficiente y alianzas eficaces. Después de la CIPD y del examen de la
aplicación de su Programa al cabo de cinco años, se han entablado alianzas
entre gobiernos y muy diversas organizaciones de la sociedad civil, entre
ellas grupos comunitarios de mujeres, organizaciones de derechos humanos,
sindicatos, universidades, fuentes privadas de servicios de salud y
parlamentarios.
Pero hay un déficit en los recursos. Los donantes
convinieron en aportar 6.100 millones de dólares anuales con destino a
programas de población y salud reproductiva antes de 2005, es decir,
sufragar un tercio del total de las necesidades. En 2002 (el año más
reciente para el que se dispone de datos), las contribuciones ascendieron a
3.100 millones de dólares, sólo la mitad de lo prometido.
En 2003, los gastos nacionales de países en desarrollo para
el conjunto de medidas acordadas en la CIPD ascendieron a 11.700 millones de
dólares; pero una gran proporción de ese total corresponde a unos pocos
países de gran magnitud. Los países más pobres dependen en gran medida de
los recursos de donantes para sus programas de planificación de la familia,
salud reproductiva y otras actividades relativas a la población. Es preciso
contar con mayores recursos para combatir la pandemia de VIH/SIDA; la
financiación al respecto va en aumento, pero aún está muy lejos de lo
necesario.
Las prioridades de políticas para la acción en los próximos
10 años son: integrar mejor las cuestiones de población en la planificación
nacional; ampliar los programas para satisfacer las necesidades de los
grupos más pobres de población; fortalecer la planificación urbana para
prestar servicios a comunidades marginales; efectuar inversiones en
desarrollo rural; reformar leyes y políticas para eliminar la discriminación
contra la mujer; e incorporar sistemáticamente la participación de la
sociedad civil en las prácticas institucionales.
Es menester fortalecer en gran medida la prestación de
servicios integrales de salud reproductiva y planificación de la familia,
mediante mejoras en la capacidad, las cadenas de suministros y la calidad.
Es preciso aumentar la escala de las intervenciones para asegurar la
maternidad sin riesgo. Las intervenciones relativas al VIH/SIDA deben
vincularse más eficazmente con otros componentes de la salud reproductiva.
Es necesario intensificar las acciones para llegar a todos los adolescentes
necesitados de información y servicios, inclusive los casados y los que no
asisten a la escuela.
Diez años después de la CIPD, el mundo necesita más que
nunca esa meta de desarrollo centrado en el ser humano. Los problemas
actuales — entre ellos cuestiones de seguridad, continua propagación del
VIH/SIDA y persistente pobreza acompañada de prosperidad sin precedentes —
hacen imprescindible la aplicación del Programa de El Cairo, a fin de que se
plasme en la realidad su sueño de un futuro mejor para todos.
Para obtener más información:
Fondo de Población de las Naciones Unidas
División de Información, Asuntos de la Junta Ejecutiva y
Movilización de Recursos 220 East 42nd Street, 23rd Fl. New York, NY 10017,
Estados Unidos de América
Tel.: +1 212 297 5020; Fax +1 212 557 6416
Correo electrónico:
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