En los últimos años los países de América Latina y el Caribe
han hecho considerables esfuerzos por aumentar su crecimiento económico y
mejorar los indicadores sociales relacionados con los ocho objetivos
fundamentales aprobados en la Declaración del Milenio. En esta Declaración,
celebrada en el año 2000, se consiguió un compromiso por parte de los
líderes de 189 países para que en el año 2015 el número de personas que
viven en condiciones de pobreza extrema (menos de un dólar al día) llegue a
ser la mitad de lo que se contabilizó en el año 1990. Esta meta equivaldría,
en el caso de América Latina y el Caribe, a que el número de personas pobres
fuera inferior a 10,5 millones antes del año 2015 o, lo que es lo mismo, la
mitad de los pobres registrados en el año 1990 (21 millones). Para ello se
describieron ocho objetivos fundamentales que, por su parte, se subdividían
en 18 metas más concretas (Cuadro 1).
A pesar de los numerosos esfuerzos realizados, lo cierto es
que los índices de pobreza y de desigualdad en la región no han mejorado
demasiado en los últimos años y, en muchos casos, han sufrido un declive
importante en términos relativos.
Cuadro 1. Los ocho objetivos de la Declaración del Milenio
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1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre
2. Conseguir la educación universal primaria
3. Promover la igualdad de genero
4. Reducir la mortalidad infantil
5. Incrementar la salud maternal
6. Combatir el VIH/SIDA y otras enfermedades endémicas
7. Asegurar la sostenibilidad medioambiental
8. Forjar la colaboración mundial para el desarrollo
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Según un estudio reciente de la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL)1 sólo 7, de los 18 países de América
Latina analizados, podrían llegar a alcanzar la meta de reducción de la
pobreza a la mitad en el año 2015. Estos países serían Argentina, Chile,
Colombia, Honduras, Panamá, la República Dominicana y Uruguay. En otros seis
países la pobreza extrema seguiría disminuyendo, pero ésta no se reduciría a
la mitad (Brasil, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México y Nicaragua).
Por último, en los cinco países restantes (Bolivia, Ecuador, Paraguay, Perú
y Venezuela) los niveles de pobreza extrema se elevarían. En el año 2003 tan
sólo ha habido un país (Chile) que ya ha alcanzado la meta de reducir a la
mitad el número de personas pobres. En definitiva, las conclusiones del
informe son preocupantes y suscitan muchas inquietudes acerca del
cumplimiento de las metas de la Declaración del Milenio, poniendo en
evidencia que los elevados índices de desigualdad de la región
latinoamericana son un obstáculo para el logro de un crecimiento más
dinámico y, por ende, para la reducción de la pobreza.
El objetivo de este artículo es describir la región
latinoamericana en términos de pobreza y de desigualdad social, dando
detalles sobre las posibles causas de estos dos fenómenos. Dado que los
países de la región son extremadamente diferentes, este artículo no puede
describir el amplio abanico de causas, políticas sociales, cambios en el
entorno y factores específicos que en cada país condicionan la existencia de
un número de pobres o de un nivel determinado de exclusión social. En todo
caso, nos centraremos en tres grandes indicadores, a saber, pobreza,
desigualdad y crecimiento económico, e intentaremos presentar de modo
sintético la evidencia empírica reciente, de la que se pueden extraer
algunas relaciones causales entre los tres fenómenos, así como algunas
implicaciones, retos y oportunidades que se plantean para sus gobiernos y
para la sociedad latinoamericana en su conjunto.
Uno de los métodos más utilizados para medir la pobreza es
calcular los ingresos que tienen las familias y ver si con ellos son capaces
de acceder al consumo de una cesta de bienes y servicios de carácter
primario, necesarios para satisfacer sus necesidades más elementales.
Teniendo en cuenta este enfoque, y de acuerdo con los datos más recientes
(CEPAL), la región latinoamericana experimentó a lo largo de los años
noventa, una reducción de la pobreza de aproximadamente el 10 por ciento.
Sin embargo, el reverso económico y las crisis que han azotado a algunos
países de la región en los últimos cinco años (sobre todo a partir de 1997)
han invertido, al menos en parte, las ganancias logradas en los años
noventa.
Se puede decir, por tanto, que el proceso de reducción de la
pobreza se encuentra prácticamente estancado en la región desde el año 1997.
Por poner un ejemplo, la pobreza en América Latina pasó del 42,5% de la
población total en el año 2000 al 44’2% en el año 2003, lo que equivale a
decir que hoy en día hay nada menos que 224 millones de personas que viven
en América Latina y el Caribe con menos de dos dólares al día (umbral de
pobreza). De éstas, unos 98 millones de personas (19,4% de la población) se
encuentran en situación de pobreza extrema o indigencia, es decir, viven con
menos de un dólar al día (gráfico 1).
Gráfico 1.
Evolución de la pobreza y la pobreza extrema en América Latina y el Caribe
1980-2004 (porcentaje de la población total)

Fuente: CEPAL,
Panorama Social de América Latina 2003-2004.
Uno de los casos más significativos en cuanto al drástico
aumento de la pobreza es el de Argentina donde, y debido a la crisis
económica que afectó al país, el número de personas pobres prácticamente se
duplicó desde el año 2000 hasta el año 2003, a la vez que los niveles de
indigencia (o pobreza extrema) se multiplicaron por cuatro. La pobreza
también creció en los últimos años en países como Bolivia, Uruguay o
Colombia (especialmente la pobreza extrema). Además, el número de personas
pobres también aumentó en los últimos años en Ecuador, Guatemala, Honduras,
México o República Dominicana.
Pero el número absoluto de pobres aumentó no sólo por el
efecto de las crisis económicas de los últimos años sino que hay que tener
en cuenta que el aumento de la población ha sido más importante que el
aumento de la producción de la región, lo que en términos económicos
significa una pérdida de riqueza per cápita para el conjunto de la región2
. Además, el descenso de las tasas de fecundidad en América Latina se ha
dado con mayor intensidad en los grupos socioeconómicos más favorecidos, lo
cual ha incrementado la brecha socioeconómica entre grupos sociales.
De todas formas, y pese a que la situación económica de los
últimos años ha anulado una parte importante de la superación de la pobreza
que se consiguió hasta el año 1997, el balance de la última década sigue
siendo positivo. Así, la situación de la incidencia de la pobreza es
notablemente mejor en el año 2004 que en 1990 en el conjunto de la región
(ver gráfico 1). Eso sí, hay que hacer notar que todavía no se ha alcanzado
el nivel de pobreza de hace dos décadas, que era ligeramente inferior en el
año 1980 que en la actualidad.
Aún así, sería necesario que los países incrementaran sus
tasas de crecimiento económico para conseguir un avance significativo en el
logro de los objetivos de la Declaración del Milenio. Concretamente, se
estima que el PIB per cápita de la región debería crecer nada menos que un
2.8% de media al año, durante el período 2004-2015, para reducir la pobreza
a los niveles objetivo. Pero la situación es aún más complicada para los
países donde la indigencia o pobreza extrema es elevada (Honduras,
Nicaragua, Bolivia o Paraguay) ya que tendrían que crecer más de un 3,8% al
año para reducir su pobreza a la mitad3 .
Un análisis más pormenorizado de las tasas de pobreza y de
indigencia en la región latinoamericana revelan que existen grandes
diferencias entre países. Las tasas de pobreza y de pobreza extrema más
altas se dan en Honduras, Nicaragua, Bolivia, Paraguay, Guatemala y Perú,
mientras que las más bajas se dan en Uruguay, Costa Rica, Chile y Panamá (Ver Cuadro 2).
2.2. La pobreza como insatisfacción de las necesidades
básicas
Como hemos dicho, la pobreza es un fenómeno muy complejo,
que abarca a distintas facetas relacionadas con el bienestar individual y
colectivo. Además de medir la pobreza a través de la capacidad de compra,
como hicimos en el apartado precedente, se pueden evaluar las condiciones de
vida de las personas a través de indicadores que reflejan su satisfacción de
las necesidades básicas, como por ejemplo el acceso a la sanidad, la
educación, la vivienda, el agua potable, la alimentación, la electricidad, o
las tasas de mortalidad infantil, esperanza de vida al nacer, desnutrición,
analfabetismo, entre otras. Con ello, tendremos diferentes indicadores para
cada manifestación de la pobreza, de manera que podremos ofrecer un panorama
más extenso de este fenómeno en América Latina.
Generalmente, la satisfacción de las necesidades básicas
será menor a medida que la pobreza del país (medida a través del ingreso) es
mayor. Así, en países como Bolivia, Nicaragua y Honduras, donde la pobreza
extrema es alta, más del 50% de las familias pobres no tienen acceso a este
tipo de servicios básicos. Igualmente, los países con menores niveles de
pobreza (Uruguay, Chile o Costa Rica) tienen un mayor acceso a los servicios
sociales.
De todas formas, aunque hemos visto en el apartado
precedente que el proceso de superación de la pobreza se ha visto estancado
en los últimos años, el hecho es que algunos indicadores de bienestar han
mejorado. Así por ejemplo, y según datos de la CEPAL4 (Ver cuadro 3), la
esperanza de vida al nacer se ha incrementado más de un año desde 1990
(llegando a los 70 años en media), la tasa de mortalidad al nacer ha
disminuido un 5% (no alcanzando el 66 por mil en los peores casos –Bolivia y
Haití-), la tasa de mortalidad infantil también ha disminuido entre un 8%
(Ecuador) y un 25% (Cuba) y han caído las tasas de desnutrición, aunque hay
países como Haití donde esta tasa todavía es del 50% de la población total.
También han mejorado las tasas de analfabetismo en todos los países, así
como el acceso al agua potable (con la excepción de Haití) y a la salud
básica. (Ver Cuadro 3)
Por otra parte el análisis de la situación social revela
grandes diferencias en el acceso a los servicios sociales por sexo, edad o
lugares de residencia. Por ejemplo, de los datos de la CEPAL se desprende
que la mayor parte de los pobres de América Latina viven en áreas rurales
(62% de la población rural), siendo la pobreza extrema también más alta en
el campo que en la ciudad (38% frente a 13,5%). Por otra parte, la pobreza
afecta en mayor medida a los niños (entre 0 y 17 años) que a los adultos.
Así, alrededor del 44% de todos los niños latinoamericanos son pobres, en
comparación con el 28,6% de los adultos. Las causas del elevado número de
niños pobres tienen que ver las mayores tasas de fertilidad de las familias
en las que viven, combinada con los bajos niveles de educación y menores
oportunidades de los padres, especialmente de las mujeres. La educación
(también llamada "capital humano") es un factor clave que nos puede ofrecer
algunas pistas sobre las causas de la pobreza: en muchos países de la
región, los adultos que viven en familias pobres no han terminado la
educación primaria y en muchos casos no llegan a tener tres años de
estudios.
La pobreza también afecta en mayor medida a las mujeres que
a los hombres, sobre todo en las ciudades (el 30,4% de las mujeres urbanas
son pobres, frente al 25% de los hombres). Por último, habría que destacar
que la pobreza en América Latina y el Caribe tiene un componente racial o
étnico importante. Así, en países como Bolivia, Brasil, Guatemala o Perú, la
pobreza es dos veces mayor entre los indígenas o descendientes de africanos
que en el resto de la población5 . Todos estos datos vienen a demostrar que
a pesar de que la calidad de vida de los más desfavorecidos ha mejorado
significativamente en los últimos años, aún hay un largo camino por
recorrer, no sólo en la mejora de los indicadores sociales, sino en la
corrección de las disparidades que aún existen entre los diferentes
colectivos sociales.
Notas