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 Pobreza y desigualdad en América Latina

Por Aurora Trigo Catalina  

Parte 1/2

El proceso de reducción de la pobreza se encuentra prácticamente estancado en la región desde el año 1997. Por poner un ejemplo, la pobreza en América Latina pasó del 42.5% de la población total en el año 2000 al 44.2% en el año 2003, lo que equivale a decir que hoy en día hay nada menos que 224 millones de personas que viven en América Latina y el Caribe con menos de dos dólares al día (umbral de pobreza). De éstas, unos 98 millones de personas (19,4% de la población) se encuentran en situación de pobreza extrema o indigencia, es decir, viven con menos de un dólar al día. La pobreza en América Latina y el Caribe tiene un componente racial o étnico importante. Así, en países como Bolivia, Brasil, Guatemala o Perú, la pobreza es dos veces mayor entre los indígenas o descendientes de africanos que en el resto de la población.

1. Introducción

En los últimos años los países de América Latina y el Caribe han hecho considerables esfuerzos por aumentar su crecimiento económico y mejorar los indicadores sociales relacionados con los ocho objetivos fundamentales aprobados en la Declaración del Milenio. En esta Declaración, celebrada en el año 2000, se consiguió un compromiso por parte de los líderes de 189 países para que en el año 2015 el número de personas que viven en condiciones de pobreza extrema (menos de un dólar al día) llegue a ser la mitad de lo que se contabilizó en el año 1990. Esta meta equivaldría, en el caso de América Latina y el Caribe, a que el número de personas pobres fuera inferior a 10,5 millones antes del año 2015 o, lo que es lo mismo, la mitad de los pobres registrados en el año 1990 (21 millones). Para ello se describieron ocho objetivos fundamentales que, por su parte, se subdividían en 18 metas más concretas (Cuadro 1).

A pesar de los numerosos esfuerzos realizados, lo cierto es que los índices de pobreza y de desigualdad en la región no han mejorado demasiado en los últimos años y, en muchos casos, han sufrido un declive importante en términos relativos.

Cuadro 1. Los ocho objetivos de la Declaración del Milenio

1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre

2. Conseguir la educación universal primaria

3. Promover la igualdad de genero

4. Reducir la mortalidad infantil

5. Incrementar la salud maternal

6. Combatir el VIH/SIDA y otras enfermedades endémicas

7. Asegurar la sostenibilidad medioambiental

8. Forjar la colaboración mundial para el desarrollo

Según un estudio reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)1 sólo 7, de los 18 países de América Latina analizados, podrían llegar a alcanzar la meta de reducción de la pobreza a la mitad en el año 2015. Estos países serían Argentina, Chile, Colombia, Honduras, Panamá, la República Dominicana y Uruguay. En otros seis países la pobreza extrema seguiría disminuyendo, pero ésta no se reduciría a la mitad (Brasil, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México y Nicaragua). Por último, en los cinco países restantes (Bolivia, Ecuador, Paraguay, Perú y Venezuela) los niveles de pobreza extrema se elevarían. En el año 2003 tan sólo ha habido un país (Chile) que ya ha alcanzado la meta de reducir a la mitad el número de personas pobres. En definitiva, las conclusiones del informe son preocupantes y suscitan muchas inquietudes acerca del cumplimiento de las metas de la Declaración del Milenio, poniendo en evidencia que los elevados índices de desigualdad de la región latinoamericana son un obstáculo para el logro de un crecimiento más dinámico y, por ende, para la reducción de la pobreza.

El objetivo de este artículo es describir la región latinoamericana en términos de pobreza y de desigualdad social, dando detalles sobre las posibles causas de estos dos fenómenos. Dado que los países de la región son extremadamente diferentes, este artículo no puede describir el amplio abanico de causas, políticas sociales, cambios en el entorno y factores específicos que en cada país condicionan la existencia de un número de pobres o de un nivel determinado de exclusión social. En todo caso, nos centraremos en tres grandes indicadores, a saber, pobreza, desigualdad y crecimiento económico, e intentaremos presentar de modo sintético la evidencia empírica reciente, de la que se pueden extraer algunas relaciones causales entre los tres fenómenos, así como algunas implicaciones, retos y oportunidades que se plantean para sus gobiernos y para la sociedad latinoamericana en su conjunto.

2. La pobreza en América Latina

2.1. La pobreza como falta de ingresos

La pobreza es un fenómeno muy complejo y que tiene muchas dimensiones, pues no sólo afecta a la reducción del bienestar individual o colectivo, medido a través de la privación para comprar bienes o servicios, sino que incide en la capacidad de las personas para satisfacer sus necesidades más básicas, tales como el acceso a la vivienda, la salud, la educación, al agua potable, la electricidad y un largo etcétera. Es por ello que existen diferentes modos de definir y de medir la pobreza de un país o de una región.

Uno de los métodos más utilizados para medir la pobreza es calcular los ingresos que tienen las familias y ver si con ellos son capaces de acceder al consumo de una cesta de bienes y servicios de carácter primario, necesarios para satisfacer sus necesidades más elementales. Teniendo en cuenta este enfoque, y de acuerdo con los datos más recientes (CEPAL), la región latinoamericana experimentó a lo largo de los años noventa, una reducción de la pobreza de aproximadamente el 10 por ciento. Sin embargo, el reverso económico y las crisis que han azotado a algunos países de la región en los últimos cinco años (sobre todo a partir de 1997) han invertido, al menos en parte, las ganancias logradas en los años noventa.

Se puede decir, por tanto, que el proceso de reducción de la pobreza se encuentra prácticamente estancado en la región desde el año 1997. Por poner un ejemplo, la pobreza en América Latina pasó del 42,5% de la población total en el año 2000 al 44’2% en el año 2003, lo que equivale a decir que hoy en día hay nada menos que 224 millones de personas que viven en América Latina y el Caribe con menos de dos dólares al día (umbral de pobreza). De éstas, unos 98 millones de personas (19,4% de la población) se encuentran en situación de pobreza extrema o indigencia, es decir, viven con menos de un dólar al día (gráfico 1).

Gráfico 1. Evolución de la pobreza y la pobreza extrema en América Latina y el Caribe 1980-2004 (porcentaje de la población total)

Fuente: CEPAL, Panorama Social de América Latina 2003-2004.

Uno de los casos más significativos en cuanto al drástico aumento de la pobreza es el de Argentina donde, y debido a la crisis económica que afectó al país, el número de personas pobres prácticamente se duplicó desde el año 2000 hasta el año 2003, a la vez que los niveles de indigencia (o pobreza extrema) se multiplicaron por cuatro. La pobreza también creció en los últimos años en países como Bolivia, Uruguay o Colombia (especialmente la pobreza extrema). Además, el número de personas pobres también aumentó en los últimos años en Ecuador, Guatemala, Honduras, México o República Dominicana.

Pero el número absoluto de pobres aumentó no sólo por el efecto de las crisis económicas de los últimos años sino que hay que tener en cuenta que el aumento de la población ha sido más importante que el aumento de la producción de la región, lo que en términos económicos significa una pérdida de riqueza per cápita para el conjunto de la región2 . Además, el descenso de las tasas de fecundidad en América Latina se ha dado con mayor intensidad en los grupos socioeconómicos más favorecidos, lo cual ha incrementado la brecha socioeconómica entre grupos sociales.

De todas formas, y pese a que la situación económica de los últimos años ha anulado una parte importante de la superación de la pobreza que se consiguió hasta el año 1997, el balance de la última década sigue siendo positivo. Así, la situación de la incidencia de la pobreza es notablemente mejor en el año 2004 que en 1990 en el conjunto de la región (ver gráfico 1). Eso sí, hay que hacer notar que todavía no se ha alcanzado el nivel de pobreza de hace dos décadas, que era ligeramente inferior en el año 1980 que en la actualidad.

Aún así, sería necesario que los países incrementaran sus tasas de crecimiento económico para conseguir un avance significativo en el logro de los objetivos de la Declaración del Milenio. Concretamente, se estima que el PIB per cápita de la región debería crecer nada menos que un 2.8% de media al año, durante el período 2004-2015, para reducir la pobreza a los niveles objetivo. Pero la situación es aún más complicada para los países donde la indigencia o pobreza extrema es elevada (Honduras, Nicaragua, Bolivia o Paraguay) ya que tendrían que crecer más de un 3,8% al año para reducir su pobreza a la mitad3 .

Un análisis más pormenorizado de las tasas de pobreza y de indigencia en la región latinoamericana revelan que existen grandes diferencias entre países. Las tasas de pobreza y de pobreza extrema más altas se dan en Honduras, Nicaragua, Bolivia, Paraguay, Guatemala y Perú, mientras que las más bajas se dan en Uruguay, Costa Rica, Chile y Panamá (Ver Cuadro 2).

2.2. La pobreza como insatisfacción de las necesidades básicas

Como hemos dicho, la pobreza es un fenómeno muy complejo, que abarca a distintas facetas relacionadas con el bienestar individual y colectivo. Además de medir la pobreza a través de la capacidad de compra, como hicimos en el apartado precedente, se pueden evaluar las condiciones de vida de las personas a través de indicadores que reflejan su satisfacción de las necesidades básicas, como por ejemplo el acceso a la sanidad, la educación, la vivienda, el agua potable, la alimentación, la electricidad, o las tasas de mortalidad infantil, esperanza de vida al nacer, desnutrición, analfabetismo, entre otras. Con ello, tendremos diferentes indicadores para cada manifestación de la pobreza, de manera que podremos ofrecer un panorama más extenso de este fenómeno en América Latina.

Generalmente, la satisfacción de las necesidades básicas será menor a medida que la pobreza del país (medida a través del ingreso) es mayor. Así, en países como Bolivia, Nicaragua y Honduras, donde la pobreza extrema es alta, más del 50% de las familias pobres no tienen acceso a este tipo de servicios básicos. Igualmente, los países con menores niveles de pobreza (Uruguay, Chile o Costa Rica) tienen un mayor acceso a los servicios sociales.

De todas formas, aunque hemos visto en el apartado precedente que el proceso de superación de la pobreza se ha visto estancado en los últimos años, el hecho es que algunos indicadores de bienestar han mejorado. Así por ejemplo, y según datos de la CEPAL4 (Ver cuadro 3), la esperanza de vida al nacer se ha incrementado más de un año desde 1990 (llegando a los 70 años en media), la tasa de mortalidad al nacer ha disminuido un 5% (no alcanzando el 66 por mil en los peores casos –Bolivia y Haití-), la tasa de mortalidad infantil también ha disminuido entre un 8% (Ecuador) y un 25% (Cuba) y han caído las tasas de desnutrición, aunque hay países como Haití donde esta tasa todavía es del 50% de la población total. También han mejorado las tasas de analfabetismo en todos los países, así como el acceso al agua potable (con la excepción de Haití) y a la salud básica. (Ver Cuadro 3)

Por otra parte el análisis de la situación social revela grandes diferencias en el acceso a los servicios sociales por sexo, edad o lugares de residencia. Por ejemplo, de los datos de la CEPAL se desprende que la mayor parte de los pobres de América Latina viven en áreas rurales (62% de la población rural), siendo la pobreza extrema también más alta en el campo que en la ciudad (38% frente a 13,5%). Por otra parte, la pobreza afecta en mayor medida a los niños (entre 0 y 17 años) que a los adultos. Así, alrededor del 44% de todos los niños latinoamericanos son pobres, en comparación con el 28,6% de los adultos. Las causas del elevado número de niños pobres tienen que ver las mayores tasas de fertilidad de las familias en las que viven, combinada con los bajos niveles de educación y menores oportunidades de los padres, especialmente de las mujeres. La educación (también llamada "capital humano") es un factor clave que nos puede ofrecer algunas pistas sobre las causas de la pobreza: en muchos países de la región, los adultos que viven en familias pobres no han terminado la educación primaria y en muchos casos no llegan a tener tres años de estudios.

La pobreza también afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres, sobre todo en las ciudades (el 30,4% de las mujeres urbanas son pobres, frente al 25% de los hombres). Por último, habría que destacar que la pobreza en América Latina y el Caribe tiene un componente racial o étnico importante. Así, en países como Bolivia, Brasil, Guatemala o Perú, la pobreza es dos veces mayor entre los indígenas o descendientes de africanos que en el resto de la población5 . Todos estos datos vienen a demostrar que a pesar de que la calidad de vida de los más desfavorecidos ha mejorado significativamente en los últimos años, aún hay un largo camino por recorrer, no sólo en la mejora de los indicadores sociales, sino en la corrección de las disparidades que aún existen entre los diferentes colectivos sociales.

Notas


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